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Actualizado 01-Nov-2003
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Las Tormentas Solares y su influencia
sobre el planeta Tierra (V)

Angel Alberto González Coroas
Grupo Galileo Galilei, de Camaguey
Licenciado en Física y Astronomía
Meteorólogo del Radar en la provincia de Camagüey, CUBA

Las auroras boreales.

Las Eyecciones de Masa Coronal (CMEs, por sus siglas en inglés) ocurren desde unas pocas veces por semanas hasta varias veces por día, dependiendo de cuan activo pueda estar el Sol. Y debido al tamaño de las nubes de plasmas que ellas producen, las probabilidades indican que la Tierra será alcanzada por una CME de vez en cuando.

Pero algunas partículas energéticas ingresan en la magnetosfera, filtrándose por zonas cercanas a los polos geográficos Norte y Sur, donde el campo magnético es más débil y la magnetosfera está parcialmente abierta hacia el espacio. El flujo de plasma que ingresa puede inducir tormentas magnéticas, alterar el campo magnético medido sobre la superficie y producir un fenómeno conocido como auroras.

Infinidades de cosas pueden suceder en la magnetosfera durante una tormenta magnética, ya que mucha energía es arrojada en el sistema. Al ser bombardeados por el plasma del espacio o aún de las zonas más lejanas de la magnetosfera, los electrones, protones e iones de oxígeno de los cinturones de Van Allen, se hacen más densos, calientes y veloces. Debido a su movimiento, estas partículas producen 1 x 10 6 amperios de corriente eléctrica, una sacudida de energía que puede disminuir la intensidad del campo magnético terrestre. Parte de esa corriente fluye a lo largo de las líneas de fuerza del campo magnético terrestre hacia la alta atmósfera. El paso de corriente eléctrica a través de la alta atmósfera y la pérdida de electrones y protones de la magnetosfera pueden causar el calentamiento y expansión de la atmósfera, incrementando su intensidad a gran altura.

Finalmente algunas de las partículas excitadas de los cinturones de radiación pueden sumergirse en la alta atmósfera, donde chocan con el oxígeno y el nitrógeno. Estas colisiones -que usualmente suceden entre 65 y 320 km sobre la superficie - excitan eléctricamente al oxígeno y al nitrógeno y éstos emiten luz (los tubos fluorescentes y los televisores funcionan de modo similar). El resultado es una danza cautivamente de luces verde, azul, blanca y roja, conocidas como la aurora boreal y austral ("luces del norte y luces del sur"). Las auroras aparecen como sutiles cortinas ondulantes en el cielo nocturno, o simplemente como parpadeantes bandas difusas. Ambas nos dicen que algo eléctrico está sucediendo en el espacio que rodea a la Tierra.

Los períodos de máxima y mínima intensidad de las auroras coinciden casi exactamente con los del ciclo de manchas solares y las mismas adopta una inmensa variedad de formas, entre ellas las siguientes: el arco auroral, un arco luminoso que cruza el meridiano magnético; la banda auroral, que suele ser más ancha y mucho más irregular que el arco; los filamentos y luces ondulantes perpendiculares al arco o a la banda; la corona, un círculo luminoso cercano al cenit; las nubes aurorales, masas nebulosas difusas que pueden aparecer en cualquier parte del cielo; el brillo auroral, un fenómeno luminoso situado a gran altura sobre el horizonte, con filamentos que convergen hacia el cenit; cortinas, abanicos, llamas o luces ondulantes de distintas formas. También se han observado auroras en las atmósferas de otros planetas, en particular de Júpiter.

 
 

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