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Las Tormentas Solares y su influencia
sobre el planeta Tierra (V)
Angel Alberto González Coroas
Grupo Galileo Galilei, de Camaguey
Licenciado en Física y Astronomía
Meteorólogo del Radar en la provincia de Camagüey, CUBA
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Las auroras boreales.
Las Eyecciones de Masa Coronal (CMEs, por sus siglas en
inglés) ocurren desde unas pocas veces por semanas hasta varias
veces por día, dependiendo de cuan activo pueda estar el Sol. Y
debido al tamaño de las nubes de plasmas que ellas producen, las
probabilidades indican que la Tierra será alcanzada por una CME
de vez en cuando.
Pero algunas partículas energéticas ingresan
en la magnetosfera, filtrándose por zonas cercanas a los polos
geográficos Norte y Sur, donde el campo magnético es más
débil y la magnetosfera está parcialmente abierta hacia
el espacio. El flujo de plasma que ingresa puede inducir tormentas magnéticas,
alterar el campo magnético medido sobre la superficie y producir
un fenómeno conocido como auroras.
Infinidades de cosas pueden suceder en la magnetosfera
durante una tormenta magnética, ya que mucha energía es
arrojada en el sistema. Al ser bombardeados por el plasma del espacio
o aún de las zonas más lejanas de la magnetosfera, los electrones,
protones e iones de oxígeno de los cinturones de Van Allen, se
hacen más densos, calientes y veloces. Debido a su movimiento,
estas partículas producen 1 x 10 6 amperios de corriente eléctrica,
una sacudida de energía que puede disminuir la intensidad del campo
magnético terrestre. Parte de esa corriente fluye a lo largo de
las líneas de fuerza del campo magnético terrestre hacia
la alta atmósfera. El paso de corriente eléctrica a través
de la alta atmósfera y la pérdida de electrones y protones
de la magnetosfera pueden causar el calentamiento y expansión de
la atmósfera, incrementando su intensidad a gran altura.
Finalmente algunas de las partículas excitadas
de los cinturones de radiación pueden sumergirse en la alta atmósfera,
donde chocan con el oxígeno y el nitrógeno. Estas colisiones
-que usualmente suceden entre 65 y 320 km sobre la superficie - excitan
eléctricamente al oxígeno y al nitrógeno y éstos
emiten luz (los tubos fluorescentes y los televisores funcionan de modo
similar). El resultado es una danza cautivamente de luces verde, azul,
blanca y roja, conocidas como la aurora boreal y austral ("luces
del norte y luces del sur"). Las auroras aparecen como sutiles cortinas
ondulantes en el cielo nocturno, o simplemente como parpadeantes bandas
difusas. Ambas nos dicen que algo eléctrico está sucediendo
en el espacio que rodea a la Tierra.
Los períodos de máxima y mínima intensidad
de las auroras coinciden casi exactamente con los del ciclo de manchas
solares y las mismas adopta una inmensa variedad de formas, entre ellas
las siguientes: el arco auroral, un arco luminoso que cruza el meridiano
magnético; la banda auroral, que suele ser más ancha y mucho
más irregular que el arco; los filamentos y luces ondulantes perpendiculares
al arco o a la banda; la corona, un círculo luminoso cercano al
cenit; las nubes aurorales, masas nebulosas difusas que pueden aparecer
en cualquier parte del cielo; el brillo auroral, un fenómeno luminoso
situado a gran altura sobre el horizonte, con filamentos que convergen
hacia el cenit; cortinas, abanicos, llamas o luces ondulantes de distintas
formas. También se han observado auroras en las atmósferas
de otros planetas, en particular de Júpiter.
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