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Actualizado 01-Nov-2003
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El Mínimo de Maunder: ¿Una prueba de la influencia del Sol sobre el clima de nuestro planeta?
Autor: Angel Alberto González Coroas
Licenciado en Física y Astronomía
Meteorólogo del Radar en el Instituto de Meteorología,
Provincia de Camagüey, CUBA.
E-mail: [email protected]

El Mínimo de Maunder

En 1874 el Observatorio Real de Greenwich, ubicado al Sur de Inglaterra, había comenzado sus medidas de las posiciones y áreas de manchas solares que iban a continuar durante más de un siglo. Uno de sus primeros observadores fue el astrónomo Inglés Edward Walter Maunder (1851 - 1928), el cual en 1894 construyó la curva undecanal de la actividad solar de los años anteriores a 1700, a base de los datos en su poder de Galileo y otros observadores de la época, era un trabajo fácil, desde que el gran astrónomo italiano hiciera sus observaciones se había extendido el uso del telescopio, por lo que eran abundantes los registros de los períodos de máxima y de mínima actividad, pero quedo sorprendido al ver que a partir de 1643 prácticamente no existía ningún dato o si aparecía alguno, era de alguien que planteaba no haber podido detectar las manchas solares. Entonces publica el articulo "A Prologet Sunspot Mínimum" (Un Prolongado Mínimo de Manchas Solares), en el que, tras haber revisado por más de un año antiguas publicaciones y haciendo referencia especialmente a otro trabajo publicado por Gustav Spörer pocos años antes en alemán, llego a la conclusión que durante unos 70 años aproximadamente (desde 1645 a 1717) apenas se formaron manchas sobre la superficie del Sol, otros astrónomos siguieron a Maunder y, aunque parecía imposible que no hubiera registros entre esos años, no los encontraron.

Maunder arribo a una conclusión importante: Durante el período comprendido entre 1645 y 1715 se habían formado menos manchas solares, que durante el año que tiene lugar el mínimo de un ciclo solar de 11 años, e incluso se llego al extremo que, durante la década de 1660 a 1670, ningún observador había detectado mancha alguna, cuando en la actualidad sabemos que incluso durante el desarrollo del mínimo de actividad solar es difícil que esto suceda en tan solo unas semanas.

Muy pocos fueron los científicos que creyeron en los planteamientos realizados por Maunder, puesto que su aprobación estaba en contra de las bases de la Física Solar, ya que el ciclo de 11 años era admitido como algo continuo en el desarrollo de la actividad solar y aseguraban que la no existencia de dichas observaciones en documentos antiguos, era debido a la pérdida de los mismos o a errores cometidos por los propios observadores de la época. El anuncio pasó un tanto desapercibido, lo cual ha ocurrido en otros momentos de la historia de la ciencia en que el clima al respecto no es el adecuado para despertar el interés del resto de la comunidad científica.

En el año 1922, es decir, 28 años más tarde, Maunder volvió a publicar un nuevo artículo con el mismo título que el anterior, recalcando la existencia física de dicho fenómeno, y sus posibles consecuencias para nuestro planeta, pero nadie le prestó atención y sus publicaciones fueron casi totalmente olvidadas, considerándose de nuevo que estaban fundamentadas en el análisis de registros antiguos dudosos y no muy confiables, además el ciclo de manchas solares estaba muy bien fundamentado y no parecía posible que algo lo afectara. En 1900 un Sol sin manchas resultaba tan imposible como uno con ellas en el período comprendido entre 1645 y 1717.

Fue necesario esperar entonces hasta 1976, cuando el astrónomo solar del High Altitude Observatory de Colorado (U.S.A) John A. Eddy, estudió los informes de Maunder, hallando que eran correctos y significativos por lo que publico un artículo, titulado "The Maunder Minimum", en la revista SCIENCE de junio de ese año, en él aportaba las primeras pruebas de la desaparición de las manchas durante un período prolongado de tiempo en la segunda mitad del siglo XVII. Eddy investigó los datos de muchas regiones terrestres, incluyendo Las Crónicas del Lejano Oriente que no le fue posible a Maunder analizar y que abarcaban hasta el siglo V a. de c., por lo general, registraban de 5 a 10 observaciones positivas por siglo (a simple vista sólo es posible observar las manchas más grandes), pero ciertas lagunas abarcaban este período de inactividad solar, que él llamó a partir de entonces "Mínimo de Maunder" en honor a su descubridor que lo puso de manifiesto en el año 1894 tras un profundo estudio de los registros solares antiguos, dando lugar a uno de los mayores misterios de la Física Solar y señalando la existencia de una coincidencia entre la falta de manchas, el avance de los glaciares y un período de intensos fríos en Londres y París.

Esta investigación tuvo una gran repercusión en la comunidad científica y marcó un nuevo hito en el estudio de las relaciones Sol - Tierra. Varios años antes de que se detectase la correlación entre la actividad solar y la irradiancia se encontraba un episodio donde ésta relación se mostraba en su grado máximo: una ausencia de actividad magnética asociada a un episodio de bajas temperaturas, probablemente por la reducción de la irradiancia solar.

Existen épocas en las que el ciclo solar de 11 años desaparece y se suceden muchos años sin manchas solares ni el resto de las muestras de actividad solar. Una de ellas fue entre 1645 y 1717, existen otras épocas en las que también se ha producido una actividad solar mínima, pero nos falta información. El período de tiempo que podemos estudiar con datos fiables de observación es muy pequeño. Por eso no sabemos si, además de los ciclos de 11 años conocidos, existen otros ciclos con otra periodicidad. Una de las fórmulas que se han utilizado para buscar estos mínimos es el del análisis de la concentración de carbono 14 en los anillos de los árboles que trataremos más adelante.

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