Unidad 4; ¿Qué Es La
Filosofía`?
1.
Ciencia y filosofía
Consideremos las
siguientes preguntas que pueden resultar un tanto desconcertantes:
1 . ¿Existe Dios ?
2. ¿Qué es lo que proporciona
energía a la célula?
3. ¿ Son las
cosas tal como las percibimos?
4. Por qué se dilatan los metales?
5. ¿Tiene la
vida humana un sentido, y si lo tiene, cuál es?
6. ¿Aumentarán
las exportaciones si se quita el impuesto a las mismas ?
7. ¿Pueden las normas morales justificarse racionalmente?
8.
¿Cuál es la conformación geológica de América?
9.?
¿Habrá la historia humana llegado a su fin?
10.
¿Por qué se producen los eclipses?
Naturalmente no intentaremos responder estas
preguntas, sino, más bien, preguntar a su vez sobre ellas: ¿son preguntas
consideradas por las ciencias?, ¿son cuestiones filosóficas?, ¿son
interrogantes que se pueden responder según las diversas ideologías o maneras
de entender el mundo?
Algunas de estas preguntas
son contestadas por distintas ciencias. Así, por ejemplo, la 2 lo es por la
biología, la 4 por la física, la 6 por la economía, etc. Para contestar estas
preguntas, como se estudió en la primera parte de este libro, las ciencias elaboran
teorías, es decir, explicaciones de distintos hechos o sucesos; las teorías son
puestas a prueba cotejándolas con los hechos y aceptadas o rechazadas según
los resultados de esas pruebas. Para someter a prueba las teorías científicas
se hace uso de la observación y/o la experimentación. En general, en cada
ciencia, en un momento dado, hay un conjunto de teorías que se consideran básicas
y que son aceptadas por el conjunto de la comunidad científica. También ocurre
que las ciencias progresan, es decir, con el paso del tiempo logran construir
teorías más exactas, o más abarcadoras, que explican mejor que otras los
mismos sucesos. Cuando se estudia una ciencia, entonces, se estudia una serie
de conocimientos definidos -teorías- y
ciertos métodos de que se vale esa ciencia.
Las preguntas impares de la lista, en general, no son objeto
de estudio de las ciencias, sino de la filosofía. Las ciencias no se hacen
cargo de ellas. Las preguntas filosóficas han recibido múltiples respuestas
como producto de la reflexión racional a lo largo de la historia y no ha sido
posible, en general, someter a prueba estas respuestas a través de un proceso
de observación o experimentación. No hay unanimidad, ni tampoco un claro
progreso al modo de las ciencias; de hecho, alguien puede, hoy, ser platónico o
tomista, es decir, adherir a las respuestas que filósofos como Platón (siglo IV
a-C-) o Tomás de Aquino (S. XIII) han dado a las cuestiones filosóficas. Las
preguntas filosóficas no tienen respuestas contrastables con los hechos porque
la mayor parte de las veces son preguntas generales que no se refieren a los
hechos naturales o sociales que estudian las ciencias, sino a entes u objetos
no empíricos, como Dios, o a cuestiones valorativas o de sentido como las referidas
a las normas, a la cuestión del desarrollo histórico o al sentido de la vida.
Sin embargo, algunas
preguntas, como la número 3, que hemos ubicado en el campo de las filosóficas,
son en cierto modo, objeto de indagación de las ciencias; la psicología, por
ejemplo, al estudiar la percepción se pregunta por la correspondencia de la misma
con las cosas. En realidad, podemos considerar que hay una suerte de tierra de
nadie o zona gris, con preguntas que pueden ser objeto de estudio por
parte de la ciencia o de la filosofía. Por ejemplo, si preguntamos: "¿Qué
es el espacio?" o "¿Qué es el tiempo?", abordamos cuestiones que
han sido, tradicionalmente, objeto de la indagación filosófica, pero que en la
actualidad son estudiadas también por la física. La zona gris entre ciencia y
filosofía se modifica con el tiempo, algunas cuestiones que se podían
considerar filosóficas, en la medida en que pasan a ser objeto de una
indagación metódica y a tener respuestas más definidas se van constituyendo en
cuestiones científicas.
Se podría creer que algún día las últimas cuestiones filosóficas
serán abordadas por alguna ciencia y la filosofía dejará de existir. Sin
embargo, los hechos no son tan sencillos, más bien, al contrario, la
dilatación del campo científico plantea nuevas cuestiones filosóficas. Al
respecto, un científico de la talla de Alberto Einstein decía: "Las actuales
dificultades de su ciencia obligan al físico a afrontar problemas filosóficos
en grado muy superior a lo que sucedía en otras generaciones". También,
por ejemplo, el desarrollo de la ingeniería genética plantea preguntas como
"¿sería correcto fabricar subhombres, dóciles, con bajo cociente intelectual
y fuertes músculos para que realicen las peores tareas si esto permitiera
liberar a los auténticos hombres de las mismas". Una pregunta como ésta
sería una pregunta que la filosofía trata en una de sus ramas que se denomina
"Ética".
Por otra parte, la ciencia
se asienta en ciertos supuestos, es decir, en admitir sin necesidad de
demostración y, muchas veces, sin hacer explícitas ni tematizar, la verdad de
algunas proposiciones como la afirmación del valor del conocimiento científico,
o la validez de la observación sensible como instrumento final para contrastar
las teorías con la realidad, y otros. La filosofía, en cambio, aspira a
constituirse en un saber sin supuestos, en un saber que sea fundamento
de cualquier otro saber, o, al menos, en un saber en el que cualquier supuesto
pueda ser tematizado.
2.
Ideología y filosofía
Al menos algunas de las preguntas que hemos presentado como
filosóficas son contestadas por diferentes ideologías o concepciones globales
de la realidad. Así, par ejemplo, la cuestión acerca del sentido de la vida
humana puede ser contestada afirmando que el sentido de la misma es realizar
las acciones que aseguren la salvación del alma y la vida eterna. Una respuesta
de este tipo correspondería a lo que se denomina la concepción medieval del
mundo, muy extendida y dominante en Occidente hasta el siglo XV,
aproximadamente. La concepción renacentista del mundo, en cambio, es más
terrenal y humanista y valora en alto grado los placeres y la gloria en este
mundo. Una concepción del mundo puede tener su origen en una determinada fe
religiosa, de este modo se puede hablar de la "concepción judía del
mundo", o de la "concepción cristiana" o de la "concepción
musulmana", y por cada una de ellas queremos decir la manera de comprender
el mundo, la realidad y la vida humana propia de cada religión. Algunas importantes
concepciones del mundo se originaron al calor de la lucha política, como el
liberalismo o el socialismo. Es en estos casos que se prefiere usar la
expresión "ideología" y es así como habitualmente se dice
"ideología liberal" o "ideología socialista". También
estas ideologías configuran una visión del mundo, una concepción del hombre y
dotan de sentido a las acciones humanas.
Una ideología o concepción
del mundo es una visión global de la realidad que es elaborada desde una
determinada perspectiva, unilateralmente. Así se trata de la concepción
judía, cristiana, musulmana, de la Edad Media, del Renacimiento o de la ideología
de un sector u otro, etc. Entre dos ideologías o concepciones del mundo más o
menos enfrentadas es muy difícil hallar un juez, árbitro o mediador que pueda
ser aceptado por ambas panes; si alguna es un tanto intolerante es posible que
las diferencias se resuelvan por medio de la fuerza y que se asista a una
persecución ideológica. La historia de la humanidad está llena de " guerras
santas" libradas en nombre de ideologías que pretendían constituir la
única verdad y el instrumento para la salvación de la humanidad.
La filosofía presenta una
doble diferencia con las ideologías. En primer lugar hay cuestiones o
problemas filosóficos que tienen poco o ningún interés para las ideologías
porque no parecen tener implicancias prácticas -lo que sí es de interés para
las ideologías-, como podría ser preguntarse por la noción de infinito.
Recíprocamente hay cuestiones que preocupan mucho a los ideólogos y que poco o
nada interesan a los filósofos como las preguntas acerca de si tal o cual
conducta es o no es ortodoxa. En consecuencia, aunque hay un terreno común de
preguntas o temas de interés filosófico e ideológico, lo cierto es que hay
cuestiones ideológicas que no son filosóficas y cuestiones filosóficas que no
son ideológicas. Pero más importante es una segunda diferencia que se puede
establecer entre filosofía e ideología. Para explicarla consideremos como
ejemplo la pregunta número 5, acerca de si la vida humana tiene un sentido.
Desde una ideología o concepción del mundo se puede responder a esta pregunta
de cierto modo y, en otras ideologías hacerlo de otra manera, pero, cuando se
pregunta: "¿por qué se afirma que es tal el sentido de la vida?", la
respuesta suele ser del tipo: porque así lo ha enseñado Dios, o así nos
enseñaron nuestros padres o nuestros antepasados, o porque siempre lo hemos
entendido así, etc. Es decir, las ideologías o concepciones del mundo dan
respuestas más o menos dogmáticas, que deben ser aceptadas por provenir
de alguna autoridad. Desde el punto de vista filosófico, las mismas preguntas
reciben respuestas críticas, es decir, respuestas fundamentadas
racionalmente, que puedan ser objeto de discusión y análisis y de una valoración
de los argumentos en que se sostienen.
Esto es característico de
casi todo el pensamiento filosófico: un filósofo puede sostener libremente -sin
atenerse a ningún dogma o doctrina que haya que aceptar por la fe o por venir
de alguna autoridad- lo que se le ocurra, pero debe, como contrapartida, dar
razones que, si no prueban su respuesta, por lo menos la avalan o sostienen de
alguna manera y, en consecuencia, permiten que pueda ser sometida a la
discusión y a la crítica.
En este punto, la
filosofía se acerca a la ciencia y se muestra reacia o tiene poca simpatía por
aquellos que dicen saber pero son incapaces de argumentar racionalmente. Al
tratar de dar respuestas fundamentadas, la filosofía trata de superar la
unilateralidad y la parcialidad, propias de las ideologías que muchas veces
suministran a la filosofía la materia básica sobre la cual ejercer el análisis
o la crítica.
Sin embargo, también hay zonas grises entre filosofía e
ideología, no sólo por la existencia de cuestiones comunes como señalamos
antes, sino también porque en ocasiones los filósofos, y sobre todo algunos
discípulos o seguidores de los filósofos pueden llegar a afirmar sus doctrinas
de un modo por demás dogmático, con ciego fanatismo ideológico. En general,
cuando de un filósofo se pasa a su "ismo", de Aristóteles al
"aristotelismo" o a los "aristotélicos", la filosofía se
transforma en ideología. También puede ocurrir que una concepción del mundo busque sustentarse en teorías científicas
o ideas filosóficas a fin de obtener cierta rigurosidad y ganar prestigio. De
esta situación suelen ser ejemplo aquellos casos en los que se usa la expresión
"Nuestra filosofía... ", cuando debería decirse "Nuestra
ideología... " o "Nuestra manera de concebir las cosas...".
Finalmente, algunas concepciones del mundo en ocasiones pueden abrirse
francamente a una discusión filosófica, crítica, de sus doctrinas.
3. Un
poco de historia
Se conviene en considerar
que la filosofía y la ciencia como reflexión metódica y sistemática nacen en
la civilización griega hacia el siglo VII a-C- Inicialmente no se puede
diferenciar entre ambas, pero, con el paso del tiempo se va estableciendo una
cierta distinción. Así, Aristóteles, ya en el siglo IV a-C- considera que hay
un saber fundamentado que busca establecer las causas de los sucesos, que
trata de lo universal y necesario, un saber que es distinto del
saber que proporciona la experiencia, es decir, el frecuentar un objeto,
que es un saber que ignora las causas, que sólo conoce lo singular y lo
contingente. Dentro del primer tipo de saber Aristóteles diferencia entre el
saber de las causas primeras, es decir, la búsqueda de los primeros
principios, de los fundamentos últimos, y el de las causas segundas, es decir,
el conocimiento de las causas más próximas a los fenómenos.
La filosofía, o en el
vocabulario de Aristóteles, la filosofía primera, se ocupa precisamente de
las causas primeras y las filosofías segundas, las que con el tiempo serán las
ciencias particulares, se ocupan de las causas segundas. Esta distinción
aristotélica coincide con una diferenciación que se mantiene hasta nuestros
días como un lugar común: la ciencia realiza una tarea en la que se atiene más
a lo observable, la filosofía es más especulativa y trata de ser un saber más
profundo. Para Aristóteles, la filosofía, por ocuparse de las causas primeras
constituye el saber al que deben subordinarse las ciencias, según el punto de
vista aristotélico, la filosofía a la que llama "sabiduría" es la
reina o la madre de las ciencias. No
obstante, debe hacerse notar que las ciencias de las causas segundas de la
época aristotélica son saberes poco desarrollados y dependientes de la
filosofía.
En la Edad Media, con la
hegemonía del cristianismo en Occidente, se constituye un nuevo saber, la
Teología revelada, que es considerada por la iglesia como el saber
supremo. La teología revelada parte de admitir por la fe la verdad de
la revelación, es decir,- considera a la Biblia como la palabra de Dios;
apoyándose en la misma la teología estudia a Dios, al mundo y al hombre. En la
Edad Media, en general, la filosofía sigue siendo considerada la reina de las
ciencias, pero se encuentra subordinada a la teología, estimada como
"ciencia sobrenatural" por la iglesia. A esta nueva ubicación de la
filoso-
fía se la conoce con el nombre de la filosofía como servidora de la teología.
A partir de los tiempos modernos se produce un gran desarrollo
de las ciencias particulares que les da autonomía respecto de la
filosofía. En el siglo XVII, con Galileo se constituye la física recortando
un objeto y una metodología propios. En el siglo XVIII, con Lavoissier, se
constituye la química como ciencia autónoma, y posteriormente ocurre lo
propio con la biología y las llamadas ciencias humanas o sociales: psicología,
sociología, etc. En la filosofía de la época predominan cuestiones referidas
al conocimiento, con disputas entre empiristas que afirman que la experiencia
es la fuente y el fundamento del conocimiento y racionalistas que consideran
que la razón ocupa ese lugar. También para la misma época se desarrolla la
filosofía política con pensadores como Locke, Voltaire, Montesquieu, Rousseau
y otros filósofos de la Ilustración. En la medida en que la iglesia va
perdiendo poder, la teología va decayendo y muchos filósofos y científicos la
consideran desde entonces como un pseudosaber.
En el curso del siglo XIX continúa
el desarrollo de las ciencias particulares y de las técnicas que en ellas se
apoyan produciendo una gran transformación de la vida cotidiana -productos
industriales, comunicaciones, etc.-. Es la época en que surge el positivismo,
fundado por el francés Augusto Comte. El positivismo es un cientificismo,
es decir, una posición que niega todo valor a la filosofía en nombre de los
valores de las ciencias particulares. El cientificismo reduce todo
conocimiento al conocimiento científico. Comte pensaba que era la ciencia la
que proporcionaba los auténticos conocimientos sobre el mundo y que la única
misión que le podía quedar a la filosofía era reunir en un sistema los
conocimientos que proporcionaban las diversas ciencias para obtener una imagen
global de la realidad.
Es interesante advertir que desde Aristóteles (S. IV a-C-)
hasta Comte (S. XIX), la filosofía se ha convertido, en estas concepciones, de
reina de las ciencias en una disciplina totalmente subordinada a las mismas.
4. La filosofía en el siglo XX
Pretender reivindicar la idea de la filosofía como reina de
las ciencias en nuestra época no parece demasiado sensato. Pero aceptar el
punto de vista del cientiÍicismo supone un empobrecimiento del ser humano que
parece tener, al lado de su dimensión científica, otras, como la artística, la
religiosa o la filosófica. Naturalmente, tanto Aristóteles como Santo Tomás o
Comte tienen sus seguidores en nuestra época. Pero también hay otros puntos de
vista desarrollados en el siglo XX.
Algunos pensadores como el
alemán Rudolf Carnap y un grupo de filósofos que constituyeron lo que se
denominó el Círculo de Viena elaboraron un neopositivismo según el cual
se acepta que son las ciencias las únicas que proporcionan los auténticos conocimientos,
pero corresponde a la filosofía, a través del desarrollo del instrumental
lógico inquirir sobre la ciencia misma, sus distintos tipos, sus métodos, etc.,
la filosofía es, fundamentalmente, filosofía de la ciencia o epistemología.
Los filósofos, que deberían tener una buena formación en ciencias, tienen
por objeto de estudio la ciencia misma y cuando abordan otros temas deben
hacerlo desde una perspectiva y utilizando métodos científicos.
Un punto de vista que
guarda ciertas relaciones con el anterior, pero que no obstante debe
diferenciarse, es el que arranca, en el siglo XX, con el austríaco Ludwig
Wittgenstein y que da lugar a la filosofía analítica. Según
Wittgenstein, la labor filosófica es una labor de "análisis del lenguaje".
Los filósofos analíticos profesan, en general, un fuerte rechazo por los
aspectos más especulativos del pensamiento filosófico -porque suelen ser los
que usan un lenguaje más impreciso- y tienden a considerar a la filosofía como
un pensar crítico y analítico. La labor filosófica por excelencia es realizar
una aclaración lógica de nuestro lenguaje. En realidad, la tarea
de aclaración conceptual ha sido una constante de la actividad filosófica a lo
largo de su historia, pero, en el siglo XX, con un conocimiento más preciso de
la lógica del lenguaje, esta tarea ha ganado en solidez e importancia.
Para Karl Jaspers,
pensador alemán que se inscribe en el existencialismo, la filosofía es
considerada como una búsqueda incesante, un pensar y un reflexionar sobre
todas las cosas, sobre el mundo de la ciencia, el poder de la técnica y muy
especialmente acerca del ser humano y su estar en el mundo. En esta
caracterización, la filosofía ya no es la ciencia de las causas primeras, ni
siquiera es, ella misma, una ciencia, sino una reflexión sobre el mundo. El
filósofo es, entonces, un examinador constante de sí mismo, de los demás
hombres y de la realidad toda. El filósofo es un pensador. No se trata de
construir un sistema acabado y definitivo, lo que haría el dogmático, sino de preguntar.
Preguntar es la tarea del filósofo.
"Filosofía de la
ciencia", "filosofía del lenguaje", "pensar la
totalidad"... sólo son algunas fórmulas que no agotan las maneras de
entender la filosofía que, a fines del siglo XX, como en varios pasajes de su
historia, no tiene un status que se pueda definir muy claramente.
5. Los orígenes de la filosofía.
Qué es lo que lleva a los
hombres a la filosofía ? Qué es lo que mueve a los hombres a
filosofar ? Contestar a estas
preguntas es buscar los orígenes de la filosofía. Así entendido, origen no es
lo mismo que comienzo. Por comienzo se entiende el momento histórico en que los
hombres empezaron a filosofar. Por origen se entiende la fuente de la que mana
el impulso que mueve al hombre a filosofar. Siguiendo el análisis que realiza
K. Jaspers, en el libro citado anteriormente, se distinguen tres orígenes del
filosofar: el asombro, la duda y las situaciones límite.
Asombrarse o admirarse es
sorprenderse, extrañarse frente a lo cotidiano, ante el hecho de que las cosas sean, de que
haya algo. Nos asombramos
cuando rompemos la relación práctica con
el mundo y nos preguntamos qué es la realidad, cuál es su fundamento, cuando nos extrañamos de
que haya mundo. Si en lugar
de encogernos de hombros frente a estos
interrogantes los tematizamos, ingresamos
en la filosofía. Para Platón y Aristóteles la filosofía tenía su origen en la admiración y la
extrañeza frente al mundo.
Dudar es suspender el juicio,
es no afirmar ni negar. En la vida cotidiana nos vemos obligados a decidir, a afirmar o
negar más o menos rápidamente; sin
embargo, en ocasiones, nuestras más firmes creencias, las que parecían más sólidamente
establecidas vacilan, si dudamos frente
a ellas y si profundizamos en esa duda se nos abre el segundo camino hacia la
filosofía. En Descartes, filósofo francés del siglo XVII, la duda juega un papel fundamental en la
construcción de su filosofía.
Las situaciones límite del
sujeto, situaciones que no podemos eludir, como la muerte, el dolor, la lucha,
que nos llevan a tomar conciencia de nuestra subjetividad y sus limitaciones
constituyen la tercera puerta de acceso a la filosofía. Por este camino nos
abrimos a la indagación de la existencia personal concreta, que no es tratada
por la ciencia, la que en general se enorgullece de su carácter impersonal. En
las filosofías existenciales el punto de partida es considerar la situación
concreta del sujeto.
6. Los problemas de la filosofía y las disciplinas
filosóficas
Los ya mencionados tres orígenes de la
filosofía conducen a distintos problemas o cuestiones filosóficas y a una
división del campo de la filosofía.
El primer acceso a la
filosofía, el asombro ante la realidad lleva a preguntarse ¿qué es lo que
hay?, ¿qué es lo aparente y qué es lo real?, ¿qué distintos tipos de seres
hay?, ¿hay un ser fundamental capaz de dar razón del todo? Este tipo de
cuestiones constituye lo que globalmente se designa con el nombre de problema
del ser, que es abordado por una disciplina filosófica que se denomina ontología
o metafísica y que se estudiará después.
La segunda puerta de
acceso a la filosofía, la duda frente al conocimiento, lleva a preguntas tales
como ¿qué es el conocimiento?, ¿qué distintos tipos de conocimiento hay?, ¿qué
es la verdad?, etc. Este tipo de cuestiones se agrupan globalmente bajo el
nombre de problema del conocimiento. El mismo es estudiado por una rama
de la filosofía que se denomina gnoseología o teoría del conocimiento
y que abordaremos en otras páginas.
El tercer origen de la
filosofía, las situaciones límite en la vida del hombre conduce a un primer
grupo de cuestiones antropológicas: ¿es el hombre un producto más de la
evolución del reino animal?, ¿tiene el hombre una esencia definida?, y si la
tiene, ¿cuál es? Estas preguntas son tratadas por la antropología
filosófica. Pero las situaciones límite llevan también al problema del obrar
humano: ¿qué debo hacer de mi vida?, ¿qué es el bien?, ¿qué es el deber?,
¿en qué consiste la felicidad?, ¿cuál es el fundamento de las normas? Estas
cuestiones constituyen el problema ético o moral que es estudiado por la
ética o filosofía moral.
Es necesario efectuar
ahora algunas aclaraciones sobre esta división del campo de la filosofía.
En primer término, debemos
señalar que la filosofía constituye una unidad y que, si bien es
conveniente distinguir los problemas filosóficos y las disciplinas que los
estudian, cualquier división es un tanto artificial. No hay, ni mucho menos,
límites estrictos entre estos problemas. Las cuestiones filosóficas están
interrelacionadas entre sí, de tal manera que generalmente una desemboca en
otra.
En segundo lugar, hay que
señalar que los problemas mencionados y las correspondientes disciplinas son
los principales, pero no agotan el campo de la filosofía. Cuestiones
filosóficas surgen allí donde los hombres se deciden a encarar los fundamentos
o preguntar por el sentido de cualquier cosa. Así por ejemplo, la realidad
educativa puede ser vista bajo un aspecto filosófico si preguntamos: ¿qué es
la educación?, ¿cuáles son los fines de la educación?, ¿qué tipo de hombre
queremos formar?, ¿con qué valores?, etc., estas cuestiones son abordadas por
la filosofía de la educación; el arte y la belleza son el objeto de la estética;
el desarrollo histórico y la historia como disciplina son tratados por la filosofía
de la historia.
En tercer término debe
hacerse notar que junto a esta división del área de la filosofía por problemas
y disciplinas filosóficas hay una distinción en etapas históricas que
permiten hablar de una filosofía antigua, una filosofía medieval y del
Renacimiento, una filosofía moderna y una filosofía contemporánea. La
historicidad es un componente esencial de la filosofía cuyos problemas sólo
pueden ser acabadamente comprendidos si se los ubica en el contexto en que
surgieron. Es por este motivo que en este libro en cada capítulo consideramos
un problema o cuestión filosófica localizada en un momento histórico
determinado y seguimos una secuencia cronológica que arranca con la filosofía
antigua y culmina con la filosofía contemporánea. Claro que al estudiar estos
momentos de la historia de la filosofía lo hacemos tratando de presentar las
proyecciones contemporáneas, la actualidad de los mismos.
7. El sentido del estudio de la
filosofía.
Hay una filosofía
profesional o filosofía considerada en sentido restringido que, conociendo la
historia de la misma, se aboca a dilucidar cuestiones más o menos técnicas y
específicas; pero hay también una filosofía considerada en sentido amplio que
es practicada por todo el que se anima a pensar críticamente la propia
actividad, la vida y el mundo, en pensar la totalidad y su ubicación en ella.
El estudio de la filosofía más técnica o profesional puede ayudamos a
desarrollar más lúcidamente la propia filosofía y a tener una actitud más
crítica frente a las concepciones del mundo y a los valores en los que vivimos
inmersos.
Eludir el estudio de los
problemas filosóficos constituye una cobardía que lleva a participar
pasivamente de un modo de pensar que nos es impuesto por el medio social, los
prejuicios y las ideologías dominantes. Si no somos nosotros los que pensamos
las cuestiones esenciales, alguien lo hará en nuestro lugar.
Decía Sócrates que una
existencia sin examen no merece la pena vivirse. En efecto, a diferencia del
animal, no estamos meramente en el mundo tratando de durar lo más posible, ni formamos
parte de un rebaño. El examen y el autoexamen, el pensar libremente y el
obrar, la práctica que les corresponde, constituyen el sentido del filosofar.
La filosofía es hoy por hoy una disciplina que es cultivada en las principales
universidades del mundo, por algunas de las inteligencias más brillantes y
que se desarrolla en varias dimensiones: explorando tradicionales problemas
filosóficos, investigando la historia de la filosofía misma, abordando nuevas
cuestiones teóricas o prácticas que precisamente el desarrollo científico-técnico
plantea, pensando nuevos problemas ético-políticos que se presentan con los
cambios sociales, etcétera.