Unidad 3: La Ciencia Y Su
Metodo
1.
1. Pero... ¿qué es
el método científico?
La palabra "ciencia" tiene, desde
hace tiempo, efectos emotivos positivos en la mayor parte de la gente. De modo
que se habla de la "ciencia del deporte", de "métodos
científicos para adelgazar" o de "zapatillas...", perdón
"calzado deportivo diseñado científicamente". Parece que cualquier
cosa que se califique de "científica" ganará en valor y
consideración.
Sin
embargo, mientras en algunas áreas, como la electrónica, la ciencia ha
producido resultados francamente espectaculares, en otras, como la llamada
"metodología científica para adelgazar", la gente gasta su dinero
sin ningún resultado comprobable.
¿,Cómo
distinguir entre la ciencia y la pseudociencia? ¿En qué consiste el método
científico? ¿Qué distintos tipos de ciencias hay? Éstas son las preguntas que
consideraremos en este capítulo en el que confluyen en buena medida los temas
tratados en los anteriores.
2.
2. Conocimiento,
aplicación e investigación científicas.
Un epistemólogo contemporáneo, el argentino Mario Bunge, en su obra La ciencia.
su método y su filosofía, (Siglo XX, (Bs. As., 1972) caracteriza a la
ciencia como "conocimiento racional, sistemático, exacto, verificable y
por consiguiente falible". Es preciso analizar con cierto cuidado esta
definición. La ciencia es, en principio, conocimiento,
es decir, interpretación, descripción o explicación de algún objeto; este
conocimiento es racional o lógico,
porque está compuesto de términos, proposiciones y razonamientos; es sistemático, es decir, las distintas
teorías constituyen una totalidad provisionalmente ordenada y no una mera
sumatoria de proposiciones; es exacto, no
porque toda ciencia haga uso de las matemáticas, sino porque las ciencias
emplean un lenguaje claro y preciso; es verificable,
porque las proposiciones científicas deben poder ser sometidas a algún
tipo de prueba de modo directo o indirecto; y falible, porque precisamente las pruebas pueden invalidar dicho
conocimiento. La ciencia es entonces conocimiento capaz de ser sometido a
prueba y que se modifica permanentemente como producto del resultado de esas
pruebas que muestran que ciertas teorías consideradas verdaderas, en un
determinado momento, deben ser descartadas o, por lo menos, modificadas, ante
nuevas evidencias.
Hay una cantidad de conocimientos o pretendidos
conocimientos que no cumplen con estas condiciones y que, por lo tanto, no
merecen ser considerados conocimientos científicos; así por ejemplo, aquellos
que están expresados en un lenguaje metafórico o poco preciso, o que no pueden
ser sometidos a verificación, como suele suceder con las predicciones
astrológicas, del tipo de "Algo importante le sucederá esta semana"
que por su vaguedad es irrefutable, pues siempre se puede entender que algo
fue, es o será importante.
De
la misma manera que en el lenguaje común la palabra "construcción"
puede designar el edificio terminado o el edificio en proceso, llamamos
"ciencia" no sólo al conocimiento
científico sino también a la actividad productora de conocimiento científico,
es decir, la investigación científica, como
cuando decimos de alguien que es "un hombre de ciencia" o que
"hace ciencia". También debe diferenciarse el conocimiento
científico de la aplicación del
mismo; así, cuando se dice " la ciencia médica", en realidad se trata
de la medicina que tiene base o se apoya en las ciencias. En general se llama tecnología al conocimiento científico
aplicado.
La distinción entre conocimiento científico, investigación
científica y tecnología, aunque importante, no debe ser exagerada ya que hay
una estrecha relación entre estas tres caras de la ciencia: se puede decir que
la investigación científica produce conocimiento científico que al ser aplicado
suscita nuevas investigaciones estableciéndose un proceso circular. Cuando
alguien quiere aprender una ciencia, por ejemplo, la biología, debe por una
parte aprender conocimientos biológicos, fundamentalmente una cantidad de
teorías centrales; también debe aprender los procedimientos de investigación
de esa ciencia y las aplicaciones más importantes de esas teorías.
3.
3. Ciencias
formales y ciencias fácticas
Aunque
las ciencias se pueden clasificar de múltiples maneras, una división fecunda y
útil para comprender las diferencias metodológicas que las separan es la que distingue
entre ciencias formales y ciencias fácticas. Son ciencias formales la lógica y
la matemática; son ciencias fácticas las ciencias de la naturaleza como la física, la química o la biología y
las ciencias sociales como la sociología o la economía. Las ciencias fácticas (del latín factum, que significa hecho) se ocupan de hechos o sucesos, o
sea de realidades espaciales y/o temporales, naturales o sociales. Así, la
física o la biología se ocupan de ciertos hechos naturales que están en el
espacio y en el tiempo; la sociología o la economía, de otros hechos que
producen los hombres como integrantes de una sociedad. La lógica y las matemáticas,
en cambio, tratan de objetos ideales,
entes que no están en el espacio o en el tiempo y que están sometidos a la
relación de implicación.
Estos entes ideales son muchas veces
obtenidos por abstracción a partir de la realidad; ése puede ser su origen;
así, por ejemplo, los números naturales pueden surgir al comparar conjuntos
diversos en otros aspectos pero que tienen igual número de elementos. Pero,
cualquiera que sea su origen, la matemática y la lógica operan con entes ideales.
Así, cuando la matemática dice que "1 + 1 = 2", no se preocupa per
señalar que si a una gota de agua le agrego otra gota de agua no voy a obtener
dos gotas de agua también la lógica establece como una ley "(p.q) m
(q,p)", pero cuando se descubre que no es lo mismo decir "Chocaron y
murieron" que "Murieron y chocaron", este hecho no lleva a modificar
la ley en cuestión porque los signos "+" en matemática y
"." en lógica expresan relaciones ideales entre objetos ideales
"1", "2", "p", "q".
Como
estos objetos son ideales, no hay en la lógica ni en la matemática verificación empírica, es decir,
contrastación con los hechos, como la que prescribe la metodología de las
ciencias fácticas. Así, cuando se demuestra un teorema, por ejemplo, "los
ángulos opuestos por el vértice son iguales", no se mide con un
transportador, ni siquiera los dibujos de que se vale el profesor son
estrictamente necesarios pues la demostración se realiza aquí por vía
completamente deductiva. Precisamente, la demostración
deductiva de teoremas a partir de axiomas es la metodología básica de las
ciencias formales.
Las
proposiciones de las matemáticas, como las leyes lógicas, son tautologías, es decir, verdades
formales, proposiciones analíticas cuya validez depende solamente de las definiciones
de los símbolos que contienen. Las proposiciones fundamentales de las ciencias
fácticas, en cambio, son proposiciones
contingentes, es decir, proposiciones sintéticas cuya verdad o falsedad se
determina al cotejarse con los hechos; también hay, en ciencias fácticas,
proposiciones analíticas, pero éstas juegan un papel auxiliar.
Hay,
de todos modos, una relación entre las ciencias formales y las fácticas. Como
los objetos que se estudian en la lógica y la matemática son objetos ideales,
formas vacías, los mismos pueden aplicarse a distintas realidades empíricas.
Así, por ejemplo, el enunciado de la aritmética "2 + 2 = 4" se puede
aplicar a electrones, cromosomas, gramos de plata o caramelos. De esta manera,
las ciencias formales son auxiliares de
las ciencias fácticas y por eso hoy es casi imposible estudiar ciencias
fácticas sin un buen conocimiento de lógica y matemáticas.
Establecida
la distinción entre ciencias formales y fácticas nos ocuparemos, en las páginas
que siguen, de sus respectivas metodologías.
5.
Las ciencias fácticas: . concepción inductivista
La
pregunta acerca de cuál es el método de las ciencias fácticas ha dado lugar a
distintas respuestas de las cuales analizaremos dos: la concepción
inductivista, en este parágrafo, y el método hipotético-deductivo en los
siguientes.
Según una difundida concepción de la ciencia, la misma comienza
por la observación de los hechos, sin ningún tipo de prejuicios,
la observación proporciona una base segura y, cuando es posible, se acompaña
de la experimentación que al estudiar
hechos en condiciones de laboratorio, controlando las variables
intervinientes, permite efectuar una mejor observación. La observación
concluye en enunciados observacionales
que son enunciados singulares del tipo "Este trozo de metal al calentarse
se dilató". Para pasar de estos enunciados singulares a enunciados
universales o leyes del tipo "Todos los metales, al calentarse se
dilatan", hace falta del razonamiento
inductivo, que partiendo de proposiciones singulares puede concluir en una
proposición universal.
Para poder concluir fundadamente hace falta que se den tres
condiciones: a)que se haya considerado un número muy grande de casos, es decir,
que se tenga un gran número de enunciados singulares como el presentado más
arriba; b)también es necesario que las observaciones se hayan efectuado en muy
distintas condiciones, en nuestro ejemplo, considerando muy distintos metales,
de distinto peso, longitud, etc.; c)finalmente es necesario que no se haya
dado ningún caso negativo, es decir, que en todos los casos sometidos a
examen el metal se haya dilatado. Si estas condiciones se han cumplido, según
el inductivismo es posible concluir con la afirmación de la ley o proposición
que expresa una regularidad general.
El conocimiento científico, entonces, sería una colección de leyes. A su vez, de
la ley y de ciertas condiciones iniciales es posible por vía del razonamiento
deductivo explicar y predecir cienos
fenómenos. Por ejemplo, en nuestro caso, de la ley que dice que todos los
metales se dilatan por la acción del calor y de establecer que los rieles del
ferrocarril son de metal y están sometidos a
la acción del calor, se puede concluir que los mismos se han de dilatar;
razón por la cual el lector atento habrá observado que entre segmento y
segmento de vía de tren se deja un espacio de algunos milímetros para evitar
que la dilatación produzca una deformación de los rieles, lo que constituye
una aplicación tecnológica.
6.
6. Dificultades de
la concepción inductivista.
La concepción inductivista de la
ciencia tiene, sin embargo, un punto débil fundamental que es el razonamiento
inductivo. Según dijimos, el razonamiento inductivo debe basarse "en un
número muy grande de casos", pero, ¿cómo establecer cuándo se ha llegado a
un número suficiente de casos? Las leyes científicas hablan de infinitos
casos, en el pasado, el presente y el futuro, y "un número muy grande de
casos" siempre es ínfimo en relación con el infinito. Por otra parte, se
dice que las observaciones deben haberse efectuado "en muy distintas condiciones".
También esto es problemático. ¿Qué condiciones son las que se deben variar en
las distintas observaciones? En nuestro ejemplo dijimos que debían observarse
distintos metales, de diferente peso, largo, etc. ¿Puede importar también el
color, la forma, la textura, el grado de oxidación? Probablemente, sí. ¿También
debería variarse la proximidad con otros metales? ¿Deberíamos probar con
metales previamente golpeados y otros no golpeados, con metales a los que se
les hubiera hablado y con metales a los que no se les hubiera hablado?
Seguramente, el lector responderá negativamente estas últimas preguntas
considerando que estas "variaciones" no son relevantes. Pero,
¿cuáles son variaciones o cambios de circunstancias relevantes y cuáles no?
Para contestar esta última pregunta, ya debemos tener una teoría del
comportamiento de los metales. Pero si tenemos esa teoría previa, entonces
nuestra observación no es absolutamente desprejuiciada como supuestamente debía
ser según el inductivismo; si ciertas teorías previas guían la observación,
entonces la ciencia no comienza por la observación como lo afirma el
inductivismo. Estas dificultades nos llevan a considerar otra versión del
método científico, más actual y completa, que se denomina método hipotético-deductivo
o concepción falsacionista de la ciencia.
7.El método hipotético-deductivo: la estructura del
conocimiento científico
El
método hipotético-deductivo ha sido propuesto por el filósofo contemporáneo
Karl Popper, de origen austríaco, pero residente en Inglaterra, en libros como
La lógica de la investigación científica
(1935) y El desarrollo del conocimiento científico.- conjeturas y refutaciones (1962). Dedicaremos tres parágrafos al
estudio del método hipotético-deductivo que puede ser considerado como una
versión estándar del método científico.
Consideremos
la ciencia como conocimiento científico. Las
ciencias fácticas buscan dar explicaciones de los hechos y, para ello,
construyen teorías. Una teoría es un
conjunto de proposiciones que explican el comportamiento de un determinado
sector de la realidad. Así, por ejemplo, la llamada "teoría de la
evolución" es una explicación del desarrollo de la vida en la Tierra; la
"teoría cinética de los gases" es una explicación del comportamiento
de los gases, etcétera.
Las proposiciones de una teoría se componen, como cualquier
proposición, de términos. Los términos pueden ser de dos tipos: lógicos
(cuantificadores, conectivas proposicionales, etc.) y no lógicos, propios de la
teoría; estos últimos se dividen a su vez en términos empíricos, que nombran entidades observables, y teóricos, que nombran entidades no
observables como "átomo", "electrón" o
"inconsciente", pero cuya existencia la teoría postula para explicar
los hechos. Las proposiciones de una teoría pueden ir desde enunciados
singulares observacionales del tipo "este metal, sometido a la acción
del calor, se dilató" hasta proposiciones generales que contienen términos
teóricos como por ejemplo, "en los átomos de los distintos elementos, el
número de protones es igual al número de electrones", pasando por
proposiciones que emplean términos teóricos y empíricos que sirven de nexo
entre las otras dos. Una parte importante de las teorías son las leyes.
Las leyes son proposiciones generales que enuncian ciertas
regularidades en los objetos estudiados y que, por lo tanto, permiten predecir
el comportamiento futuro de objetos similares. Así, por ejemplo, una ley que
integra la teoría cinética de los gases es la que afirma: "A temperatura
constante, el producto de la presión por el volumen es constante". Aunque
las leyes pueden enunciar sólo regularidades aisladas, en realidad tienen un
interés mayor cuando forman parte de teorías. Las diversas proposiciones de una
teoría se ordenan en forma deductiva desde las más abstractas o teóricas y generales
hasta los enunciados singulares de observación que, más que integrar la teoría,
vinculan la misma con los hechos.
El
conocimiento científico es un conjunto de teorías que explican los hechos. Pero
los mismos hechos pueden ser explicados de distinta manera, es decir, pueden
construirse varias teorías para explicarlos. Así, puede explicarse el
movimiento de los astros pensando que giran alrededor de la Tierra -teoría
geocéntrica-, o bien se puede pensar que es la Tierra la que gira alrededor
del Sol -teoría heliocéntrica-. Durante siglos se creyó que la teoría
geocéntrica era verdadera, pero desde el siglo XVI se conocen abundantes
hechos que demuestran su falsedad; se dice entonces que la teoría geocéntrica
ha sido refutada. En general, una teoría ha sido refutada cuando de la misma se
deducen proposiciones que, al cotejarlas con los hechos, no se verifican. Así,
por ejemplo, de la teoría que afirma que la Tierra es plana se deduce que el
casco y los mástiles de un barco desaparecerán simultáneamente en el horizonte;
pero esto último no sucede; por lo tanto, la Tierra no es plana. La teoría ha
sido refutada. Se puede recordar aquí que la forma de razonamiento empleada generalmente
para refutar teorías es la regla del Modus Tollendo Tollens:
Si la Tierra es
plana, el casco y los mástiles de un barco desaparecerán simultáneamente en el
horizonte. Pero el casco y los mástiles no desaparecen simultáneamente. En
consecuencia, la Tierra no es plana.
|
AÉB
- A |
En
ocasiones, dos teorías referidas a un mismo hecho pueden convivir durante un
largo período porque no se encuentran elementos concluyentes para refutar a alguna
de ellas y cada una logra explicar algunos hechos. Tal es el caso de las
teorías corpuscular y ondulatoria de la luz.
Habíamos
dicho que el conocimiento científico es un conjunto de teorías. Debemos
agregar ahora que se trata de un conjunto complejo
de teorías. La complejidad reside en que las teorías no están aisladas,
sino interrelacionadas. Supongamos una teoría biológica sobre el funcionamiento
celular que postula que la fuente de energía de la célula está dada por la
acción de las mitocondrias al destruir las uniones entre los átomos de carbono
en la molécula de glucosa. Esta teoría de la biología reposa sobre la teoría de
las uniones químicas, la que a su vez se apoya sobre la teoría atómica. Una
modificación en esta última teoría podría traer como consecuencia la
necesidad de revisar las otras dos teorías.
En general, podemos decir que no hay
teorías aisladas, pero sí hay teorías más importantes que otras. Así, por
ejemplo, la teoría atómica está en la base de buena parte de la ciencia
contemporánea. Esta interrelación de las teorías explica la convencionalidad
de la distinción de diversas ciencias y la necesidad de establecer disciplinas
que sirvan de nexo como la fisicoquímica, la biofísica, la bioquímica,
etcétera.
8. El método hipotético-deductivo: el descubrimiento científico
Dejemos de lado, por ahora, la consideración de la
ciencia como conocimiento científico para ocupamos de la ciencia como
actividad productora de dichos conocimientos, es decir, como investigación científica.
La pregunta fundamental en esta área, en lo que se llama el contexto de descubrimiento, podría ser:
¿cuál es el o los métodos fundamentales para formular teorías científicas?, o, ¿cuál
es la fuente de nuestros conocimientos científicos? La respuesta a esta
pregunta es un tanto desconcertante: no hay ninguna fuente de conocimiento ni
ningún método que nos lleve con seguridad a efectuar un descubrimiento
científico. Analicemos algunos ejemplos procedentes de la historia de la
ciencia para entender más claramente lo que queremos decir respecto del
descubrimiento científico.
Con
frecuencia se menciona la anécdota de Arquímedes, quien descubrió las leyes de
la hidrostática mientras se bañaba. Al darse cuenta de la liviandad de su
propio cuerpo se dice que salió corriendo del baño gritando alegremente
"Eureka, eureka" (lo encontré). El origen de la teoría de Newton, y
en particular, la ley de gravitación universal habría que buscarlo (según una
anécdota seguramente falsa) en la famosa manzana que cayó sobre su cabeza. Un
tercer caso, menos conocido, es el de Kekulé, el químico que descubrió la
representación en forma hexagonal de la molécula de benceno; según cuenta
Hempel, alemán radicado en EE-UU:
---durante mucho tiempo intentó sin éxito
hallar una fórmula de la estructura de la molécula de benceno hasta que, una
tarde de 1865, encontró una solución a su problema mientras dormitaba frente a
la chimenea. Contemplando las llamas, le pareció ver átomos que danzaban
serpenteando. De repente, una de las serpientes se asió la cola y formó un
anillo, y luego giró burlonamente ante él- Kekulé se despeñó de golpe: se le
había ocurrido la idea -ahora famosa y familiar- de representar la estructura
molecular del benceno mediante un anillo hexagonal.
Filosofía de la ciencia natural, C. Hemjel, 1966.
Alianza, Madrid, 1980.
¿Qué
muestran estos ejemplos? Una lectura ingenua podría concluir que el proceso de
descubrimiento científico es totalmente casual y fortuito, que a cualquiera se
le puede ocurrir una buena idea en cualquier momento. Esto no es así. Ya la
gente se bañaba antes de Arquímedes, las manzanas se caían antes de Newton y
siempre los hombres han dormitado en las más diversas situaciones, pero estos
hechos no han producido conocimientos científicos. Si estos hombres hicieron
descubrimientos importantes es porque antes que nada tenían un problema, es decir, los tres estaban
buscando una explicación a algo que, en mayor o menor medida, les resultaba
desconcertante. Tener un problema, haber encontrado algo que requiere de una
explicación, ya sea porque hasta ahora no tiene ninguna o porque la que tiene
por algún motivo nos resulta insatisfactoria, constituye el punto de partida
de la actividad científica.
El
planteo correcto de un problema es el primer paso en la metodología de la
investigación. No se puede investigar sin tener un problema. Arquímedes,
Newton y Kekulé tenían cada uno un problema, una cuestión que puedan resolver
y para ello tensaron al máximo su inteligencia, sus sentidos y hasta su
voluntad.
Esta
última frase puede parecer demasiado ambigua. ¿Qué quiere decir que un científico
tensa al máximo su inteligencia, sus sentidos y hasta su voluntad? El descubrimiento
científico se origina en las más diversas fuentes; una vez que un científico
tiene un problema formulará hipótesis tentativas,
es decir, proposiciones que den una explicación gruesa y provisional,
revisará bibliografía, es decir,
leerá teorías relacionadas con su problema, hará uso de la observación o de la experimentación cuyos resultados
robustecerán, afinarán o debilitarán sus hipótesis iniciales. A medida que
avance en estas actividades, irá descartando algunas hipótesis y se le irán
ocurriendo nuevas, en un proceso psicológicamente muy complejo y que de ser
exitoso culminará en una explicación satisfactoria del problema inicialmente
planteado.
Pero
todavía se puede preguntar: ¿hay algo que pueda favorecer el proceso de descubrimiento
del científico? Sí. facilitarle los medios para que pueda observar y pensar el
problema y construir los experimentos necesarios; ésta es la cuestión de los medios materiales; por otra parte, darle
la más absoluta libertad y dejarlo en
paz. En realidad, si bien se mira, éstas son condiciones deseables, algunos
pensarán que hasta necesarias, pero, desde ya, no por sí solas suficientes: su
presencia no garantiza que se produzcan descubrimientos relevantes.
En
el contexto de descubrimiento, es decir, en lo relativo a la gestación de una
teoría científica, todo vale. Para
llegar a una teoría, un científico puede valerse de la intuición, la
imaginación, la observación, el experimento, la inducción, etc., y muy frecuentemente
de una combinación de todos esos recursos.
9. El método
hipotético-deductivo: la justificación
Pero las explicaciones científicas deben estar justificadas. En
efecto, no basta que alguien sostenga una teoría cualquiera aun cuando explique
cómo, de qué manera llegó a la misma, sino que es necesario que la justifique
para que pueda ser admitida en el cuerpo de doctrina científica, es decir, para
que pase a formar parte del sistema de co~ nocimientos a que nos referimos
antes. Dicho de otro modo: cualquiera puede sostener la teoría de que la
causa de la calvicie es la exposición a los rayos solares o que los volcanes
entran en erupción porque se enojan los espíritus o que las plantas se
marchitan si se las riega en momentos en que están expuestas a la luz del sol
los días de mucho calor. Cómo haya llegado alguien a estas teorías, si por
intuición o por inducción o por lo que fuera, nos tiene sin cuidado. Lo que
interesa ahora es cómo se las justifica. Y con esto pasamos al contexto de justificación.
Para que una teoría pueda ser aceptada debe
llenar tres requisitos fundamentales. En primer lugar cumplir ciertas condiciones
formales referidas a la lógica y al lenguaje en que está formulada: un
lenguaje claro y preciso, con términos definidos en la teoría o tomados de
otras teorías explícitamente señaladas, y una estructuración lógica de sus
proposiciones. En segundo lugar, debe ser posible deducir de la misma
enunciados o proposiciones singulares que puedan ser confrontadas con los
hechos. En tercer lugar la teoría debe aprobar esta confrontación, es decir,
las proposiciones singulares deben, al ser confrontadas con los hechos,
resultar verdaderas.
Muchas pretendidas teorías no satisfacen el primer requisito,
pues están construidas con un vocabulario absolutamente impreciso, utilizable
en la conversación, como "mucho calor", pero inadmisible en ciencia.
Otras "teorías", como la que atribuye las erupciones volcánicas al
enojo de los espíritus, suponiendo que contienen definiciones que aclaran los
términos vagos, violan el segundo requisito que dice que una teoría debe
tener consecuencias observacionales, es decir, de la misma deben poder
deducirse enunciados singulares capaces de ser confrontados con los hechos, y
en este caso, nada se puede deducir de la misma que pueda ser sometido a
prueba. Supongamos ahora que alguien sostiene la teoría de que la causa de la
calvicie en los hombres mayores de cincuenta años reside en exponerse a baños
de sol que superan como promedio la media hora diaria. Supongamos que se hayan
aclarado los términos "causa", "calvicie" y "baños
de sol". De la misma se sigue por vía puramente deductiva que "Si el
individuo A es calvo y tiene más de cincuenta años entonces toma baños de sol
de más de media hora diaria promedio y si el individuo B es calvo y tiene más
de cincuenta años entonces toma baños de sol de más de media hora diaria
promedio y que el individuo C..." Como esta proposición es una conjunción
continua de enunciados singulares, bastará encontrar un enunciado singular
falso para que sea falsa en su conjunto, es decir, bastará encontrar un
individuo que sea calvo, tenga más de cincuenta años y no tome baños de sol
por más de media hora diaria promedio, para que sea falsa toda la proposición
singular. Pero, a su vez, si una deducción es correcta y la conclusión es
falsa, entonces, la premisa, o por lo menos, una de las premisas si hay más,
es falsa. En nuestro caso la teoría de la calvicie, a pesar de que satisface el
primero y el segundo requisitos, no satisface el tercero, es decir, los hechos
no coinciden con lo que dice la teoría que debería suceder.
Las deducciones de una teoría constituyen predicciones, es decir, algo que es dable esperar que suceda según
la teoría; a través de las mismas, las teorías arriesgan ser refutadas y de
hecho lo son muchas veces.
Llegamos
ahora a una cuestión sumamente interesante. Si uno, al menos, de los
enunciados singulares que se deducen de una teoría es falso, la teoría es
falsa, pues, según lo estudiado en lógica, si un razonamiento deductivo es
válido y su conclusión es falsa, una de las premisas, por lo menos, debe ser
falsa. Pero el hecho de que todos los enunciados singulares que se hayan deducido
de una teoría sean verdaderos, no garantiza que la teoría sea verdadera ya que,
según la lógica, hay razonamientos válidos con conclusión verdadera y premisas
falsas. En consecuencia, no hay razones que avalen la verdad absoluta o
definitiva de una teoría.
Las
teorías que no han podido ser refutadas, a través de varios intentos, se dice
que han sido corroboradas, esto es
confirmadas provisionalmente. Pero, las teorías científicas son siempre hipotéticas, constituyen explicaciones
de los hechos que se aceptan mientras los hechos no las refuten, es decir,
mientras los hechos no las contradigan. Pero cualquier teoría científica está
expuesta, justamente si es una teoría científica, a entrar en contradicción con
los hechos.
Todavía hace falta aclarar algo más. Si bien es más fácil
refutar una teoría que establecer su verdad, tampoco lo primero es sencillo.
¿Por qué? Porque si de una teoría se desprende algún enunciado que al ser
confrontado con los hechos resulta falso, esto indica que en la teoría hay al
menos una proposición falsa. Pero puede también suceder que la falsedad, o sea,
el error en la elaboración teórica, no resida en la teoría que se está
analizando, sino en una teoría más básica o fundamental de la cual depende la
que se analiza. Por último, al someter a prueba una teoría suele hacerse uso de
hipótesis auxiliares que se dan por supuesto en el proceso de prueba y el error
puede hallarse en estas hipótesis auxiliares.
En resumen, según el método hipotético-deductivo, la actividad
científica consiste en formular teorías o conjeturas que nunca pierden su
carácter hipotético y en deducir de ellas consecuencias observacionales que
puedan ser confrontadas con los hechos. De esta confrontación surgirá o bien la
refutación de la teoría o bien la corroboración o confirmación provisional de
la misma.
10. Las revoluciones
científicas y el progreso de la ciencia.
De
acuerdo con el inductivismo, la ciencia progresa por acumulación, ya que constantemente se descubren nuevas leyes. Para
el método hipotético-deductivo, la ciencia progresa al refutar teorías y
formular otras más exactas y abarcadoras en un movimiento de infinita aproximación a la verdad.
Thomas Kuhn, epistemólogo contemporáneo, en su obra La estructura de las revoluciones científicas, de 1962, sostiene
la idea de que en el desarrollo científico se producen revoluciones parecidas a
las revoluciones políticas.
De acuerdo con Kuhn, un campo de conocimientos atraviesa
inicialmente lo que denomina el estado de pre-ciencia,
que se caracteriza por la presencia en ese campo de múltiples lenguajes,
teorías y metodologías. La salida del estado de pre-ciencia se produce cuando
se constituye un paradigma que pasa
a dominar el campo. Un paradigma es una teoría que define un campo, un área de
problemas y métodos legítimos, lo suficientemente abarcadora y lo bastante
incompleta para dejar muchos problemas para ser resueltos por los científicos.
Kuhn considera ejemplos de paradigmas la física de Aristóteles; la astronomía
de Tolomeo y su contraria, la de Copérnico, defendida por Galileo; la física de
Newton, y la química de Lavoissier, entre otros. Se trata de grandes obras a
cuya sombra se realiza lo que Kuhn llama la ciencia
normal, es decir, la investigación científica que progresivamente va
completando el paradigma, al que toma por punto de partida y no se permite
cuestionar.
Un paradigma puede mantenerse durante siglos sin que surjan anomalías, es decir, sin que se observen
o descubran hechos que contradigan las afirmaciones fundamentales del
paradigma. Cuando aparecen anomalías, la reacción inicial de la comunidad científica, es decir, de los
científicos que educados en cierto paradigma realizan la ciencia normal, es
tratar de negar la existencia de las anomalías, para ello pueden impugnarse
las observaciones o las mediciones o los instrumentos, etc. También puede
intentar corregirse el paradigma para que dé razón de las anomalías. Pero si
las anomalías se acumulan, se produce una crisis de confianza en el paradigma,
y una parte de la comunidad científica busca un nuevo paradigma altemativo capaz de dar razón de las anomalías
observadas.
Si se encuentra un nuevo paradigma, se producirá una revolución científica, es decir, una
suerte de rebelión contra el paradigma anterior que lo declara inválido y
caduco. El nuevo paradigma será aceptado por una parte de la comunidad, pero,
seguramente, rechazado por otro sector. Kuhn sostiene que la adhesión a uno u
otro paradigma en disputa no puede decidirse acudiendo a una instancia que esté
por encima de los paradigmas, ni por medios o procedimientos
"científicos", pues éstos mismos están en disputa. La adhesión a un
paradigma u otro es más bien una cuestión emocional que lógica. Todo esto le
hace destacar a Kuhn la semejanza entre las revoluciones científicas y las
revoluciones políticas.
Kuhn
ha llamado la atención sobre los aspectos sociales de la ciencia, mostrando que
en la concreta producción del conocimiento científico juegan un papel importante
las comunidades científicas y sus prejuicios y que, aunque la ciencia busca
superar los condicionamientos ideológicos, no siempre lo logra. Por otra
parte, la posición de Kuhn ilustra algunos aspectos de la historia de la ciencia,
pero no llega a plantear una alterativa metodológica a la posición de Popper,
razón por la cual ambas posiciones no son totalmente incompatibles.
Otros autores, como Paul Feyerabend, en obras como Tratado contra el método y Adiós a la razón, han ido más lejos que
Kuhn en el cuestionamiento de las comunidades científicas a las que consideran
como grupos de presión política e interesadas, tras la bandera de la
importancia de la ciencia, en defender sus propios privilegios. Los planteos
de Feyerabend, ricos en consideraciones filosóficas y sociológicas sobre la
ciencia, exceden los alcances de estas notas, que pretenden realizar una
introducción a la metodología de las ciencias en su versión estándar.