El otro lado oscuro
Marzo 2006
Tras leer a mi vecino columnista Pablo Urtasun (Ver Ciclismo en Ruta), hablando del lado oscuro de la vida de los ciclistas profesionales (menos mal que la mayoría, como Pablo, reconocen que son unos privilegiados, porque, qué no darían muchas personas por que sus problemas fuesen los que nos contaba el corredor del Kaiku), me he decidido a contar aquí el lado oscuro de la vida de los cicloturistas no profesionales (o sea, de todos nosotros). Mientras los corredores en una jornada normal hacen sus horas de trabajo y después descansan, muchos cicloturistas hacen sus horas de trabajo y después salen a entrenar. Mientras a un profesional su familia le ayuda para que salga a entrenar (por la cuenta que les trae), a la mayoría de los cicloturistas les cuesta más de una bronca casera el salir a entrenar. Mientras los corredores disfrutan del mejor material y del mejor apoyo médico de su equipo, a los cicloturistas nos cuesta una pasta cada vez que una avería o una caída nos obliga a tener que cambiar piezas en la bici, o cada vez que vamos al masajista porque ya no aguantamos una contractura con la que llevamos meses. Mientras los corredores se pasan la vida viajando con sus compañeros sin que les cueste un duro, muchos cicloturistas sólo salen un par de fines de semana al año a alguna marcha porque no les da la cartera y además en casa les ponen morros para desayunar, comer y cenar durante varias semanas. Mientras los corredores realizan grandes esfuerzos con una perfecta preparación, muchos cicloturistas realizan esfuerzos físicos muy superiores a la preparación que tienen. Mientras los corredores han logrado su sueño de llegar a ser ciclistas gracias a sus innatas condiciones físicas, muchos cicloturistas pasaron por las categorías inferiores, se sacrificaron tanto o más que otros, pero sus limitaciones les impidieron llegar y se quedaron sólo con las ganas de andar en bici, por lo que se limitan a disfrutar de las salidas con los amigos y las marchas cicloturistas. Y todo ésto, además, con un agravante. Mientras los corredores cobran por andar en bici, nosotros pagamos por hacer marchas de más de 200 kms y con muchos puertos de por medio. Pero, de todas formas, ¿hay algún cicloturista que vea todo esto que cuento como el lado oscuro del cicloturismo? No creo, pues si no, no saldría en bici. En realidad, y como les pasa a los profesionales, si lo hacemos es porque nos gusta. Aunque tengamos dolor de piernas tantas veces. |
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