El desencuentro
Abril 2006
Anda, venga, vamos que nos vamos. -Sí, muy bien, pero llevas toda la mañana diciendo lo mismo y no acabamos de arrancar. No ves que hay que ir para allá. - Mira chico, yo tiro para adelante siempre, pero es que tú no haces más que llevarme la contraria. Que yo quiero subir el puerto, tú lo quieres bajar. Que yo quiero aprovechar el viento a favor, tú prefieres entrenar la potencia con el viento en contra. Que yo quiero seguir a un grupo, tú pretendes ir con otro. - Bueno, bueno, tampoco te enfades, pero es que tienes que comprender que nuestros objetivos son diferentes. Yo estoy preparando la París – Roubaix cicloturista y a ti ya se sabe que lo único que te gusta son las marchas en las que hay puertos duros, y a mí eso no me va. No llevo desarrollo. - ¿Cómo que no llevas desarrollo? ¡Pero si llevamos el mismo! - Ya, pero yo soy más pesado que tú y necesito un desarrollo más cómodo. Si no es que no subo nada. - No hace falta que me lo jures. Si cuando yo subo tú bajas. Es que ése es nuestro problema, que no tenemos un destino común en lo universal. - Ni en lo universal ni en lo terrenal. Tú te pones a comer bocadillos como un cerdo mientras yo sólo traigo una triste barrita. Y ni siquiera invitas. - ¡Joder! Pues tráete un bocata tú también. - Ya claro, pero es que cuando me monto en la bici para ir a la panadería, tú ya sales para el lado contrario y te tengo que seguir. - Hombre, y cuando yo quiero ir hacia el bar de Paco a por uno de sus bocatas, tú ya estás dispuesto para salir hacia el lado contrario. - Bueno, venga, venga. Vamos que nos vamos. - Sí, muy bien, vámonos. Pero que conste que es la última vez que salgo contigo en el tándem. A partir de ahora saldré yo sólo, que conmigo mismo no discuto. - Hala, hala, tira para allí. - ¿Cómo que para allí? ¿Será para allá? - Por favor, no empecemos otra vez… |
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