¿Estás seguro?
Junio 2005
Nuestro tema central de la sección de cicloturismo de este número (ver revista Ciclismo en Ruta de Junio del 2005) ha sido el de los seguros y los ciclistas y seguro que os ha interesado, como no podía ser de otra forma, pues seguro que más de uno de vosotros se ha visto involucrado en algún tipo de siniestro personalmente, o seguramente conoce a algún amigo accidentado mientras pedaleaba como él pensaba, con seguridad. En fin, lo que sí es seguro es que, además de ponerme fácil unos tontos juegos de palabras, nadie quiere nunca echar mano de sus seguros contratados, como nadie quiere nunca tener que recurrir a un abogado. Pero, y muy a nuestro pesar, en esta vida es conveniente tener buena relación con agentes de seguros y con abogados, más que nada por lo que pueda pasar, no por otra cosa. Tras leer el reportaje sobre los seguros y los ciclistas, habréis visto que para alguien lego en esta materia puede ser un tanto engorroso saber qué es lo que tiene que cubrir, cómo lo debe hacer y qué trámites debe seguir si ocurre un siniestro. En estos casos siempre es bueno contar con un amigo que nos aconseje y del que nos podamos fiar. Con ésto podremos evitar escuchar tan a menudo cómo alguien echa pestes de lo mal que le han tratado y del poco caso que le han hecho. Lo importante es saber a qué tenemos derecho y cómo podemos ejercitar estos derechos para no llevarnos a engaño. Es curioso, pero cuando se trata de reclamar a las aseguradoras casi todo el mundo se siente engañado, y esto muchas veces propicia que la picaresca para obtener algo de propina de las aseguradoras se desarrolle. No es raro oír entonces eso de que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Incluso las personas de más sólidos principios morales y de una ética intachable pueden sucumbir a la tentación de intentar rascar algo más de lo que la póliza establece. Ya sé que no es lo mismo engañar a una aseguradora cuando hemos tenido un siniestro que atracar a una ancianita en un portal, pero... bueno, allá cada cual con su conciencia. En fin, a lo que íbamos. Andar en bici y correr riesgos es algo que va ineludiblemente unido en el mismo paquete. La mayoría de nosotros no tendremos a lo largo de los años más que algún que otro susto o alguna caída de las de chapa y pintura. Pero, a no ser que escojamos disfrutar de nuestra afición bicicletera en un simulador de ciclismo, todos sabemos que los boletos para una caída los llevamos siempre en el bolsillo del maillot. Así que aseguraos de ir bien asegurados. |
||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||