La hora de comer
Diciembre 2005
Diciembre. Tiempo de vacas gordas. Uno de los meses favoritos para los amantes de la buena mesa y de las celebraciones fastuosas. Desayunos, comidas, meriendas, cenas... lo que haga faltacon tal de llenar el buche con exquisitas viandas y agradables bebidas. Ya habrá tiempo después para ir afinando el cuerpo de cara a nuestros retos cicloturistas preferidos. No nos preocupemos por descuidarnos un poco ahora, si hasta nos viene muy bien para recargar las fuerzas que necesitaremos dentro de pocos meses para subir esos puertos que tanto tememos y tanto amamos. El mismo placer que siente el ciclista cuando, ya hambriento, divisa al final de la recta el puesto de avituallamiento, es el que nos espera a nosotros a final del año, cuando hace mal tiempo y no nos apetece entrenar y en la mesa nos aguardan platos surtidos de todo tipo de manjares. Y lo mismo que un buen ciclista nunca echa pie a tierra en una dura subida, tampoco debemos levantarnos de una mesa dejando algo sabroso en el plato o en el vaso. Aquí es donde se nota quién es un ciclista completo y quién no, porque hacer sólo una de las dos cosas bien es relativamente fácil, pero ser agradecido en el comer y dar el callo sobre la bici como el que más son dos facetas difíciles de compatibilizar con dignidad. De todas formas hay que comer bien, pero sin pasarse de la raya. De todos es conocida la afición al codillo y a las salchichas de uno de los máximos favoritos para el próximo Tour de Francia y eso le pesa después, sobre todo a la altura de la cintura. A nosotros eso no nos va a pesar tanto como a él, eso por supuesto, pero si alguien es de tendencia a estar "en forma" (estar redondo es una forma, dicen algunos sabios), pues tendrá que sacrificarse un poco. Pero sólo un poco. Tampoco es cuestión de obsesionarse, pues la bici, para nosotros los cicloturistas, sólo debe ser fuente de placeres, y tampoco hay que hacer ascos a otros placeres bien servidos en grandes fuentes. Ya me diréis, pero esa sensación de comer hasta el último mazapán y turrón que queda en la despensa, hasta del que menos nos gusta, es una oportunidad de la que sólo podemos disfrutar una vez al año y hay que aprovecharla debidamente. Así que, os deséo unas plácidas fiestas navideñas, y que entréis en el próximo año con el buche bien lleno, no es cuestión de pasar hambre o sed. Que os aproveche, y felices fiestas. |
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