MENSAJE DE SS. JUAN PABLO II A LA XX ASAMBLEA GENERAL  DE LA HERMANDAD DE SACERDOTES OPERARIOS DIOCESANOS

Alle 11.45 di questa mattina, nel Palazzo Apostolico Vaticano, il Santo Padre ha ricevuto in Udienza i partecipanti all� Assemblea Generale della Fraternit� dei Sacerdoti Operai Diocesani del Cuore di Ges�.  Giovanni Paolo II ha rivolto loro il messaggio che riportiamo di seguito:      06.07.2002 

 

        Al Rev.do. Sr. D. �ngel J. P�rez Pueyo, Director General de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Sagrado Coraz�n de Jes�s.

        Me es grato dirigirme a vosotros con ocasi�n de la celebraci�n en Roma, en la sede del Pontificio Colegio Espa�ol de San Jos�, de vuestra XX Asamblea General. A trav�s de vosotros quiero saludar tambi�n a todos los miembros de la Hermandad y expresar mi gratitud por el importante servicio eclesial que llev�is a cabo, especialmente en el �mbito de la pastoral vocacional. Lo hago, al mismo tiempo, con el fin primordial de alentaros a mirar hacia el futuro con audacia y realismo para vislumbrar las nuevas se�ales del Reino, revitalizar y hacer m�s significativo hoy vuestro carisma, -uno de los carismas medulares de la Iglesia-, y responder a las verdaderas aspiraciones y necesidades que los hombres poseen en la orientaci�n de sus vidas.

        Teniendo, por tanto, en cuenta la especificidad que os es propia y en plena sinton�a con la llamada que repetidamente vengo haciendo para redoblar el esfuerzo pastoral por las vocaciones al sacerdocio y a la vida de especial consagraci�n, hab�is formulado el eje central de vuestros trabajos de estos d�as con la frase: "la pastoral vocacional, desaf�o de nuestra identidad hoy".

        Los Sacerdotes Operarios Diocesanos hab�is dedicado siempre vuestras mejores energ�as a la pastoral de las vocaciones sacerdotales, religiosas y apost�licas, conscientes de que son el medio universal y m�s eficaz para la promoci�n de todos los dem�s campos pastorales.

        La presente Asamblea tiene que ser, pues, un acontecimiento de gracia en el que, reafirmando vuestro aut�ntico fundamento institucional, desentra��is la vitalidad, la fecundidad y la radicalidad contenida todav�a en el propio carisma heredado, para ofrecer nuevas e in�ditas expresiones del delicado quehacer de la pastoral vocacional.

 

        Esta tarea, especialmente hoy, es verdaderamente urgente y necesaria. Implica promover, formar y acompa�ar los procesos de nacimiento, maduraci�n y discernimiento de toda vocaci�n eclesial, especialmente al ministerio presbiteral, ayudando a descubrirla como un don y a vivirla en continua acci�n de gracias, ya que ella es un regalo de amor, un don de Dios, "una gratia gratis data (charisma)" (Exhortaci�n apost�lica postsinodal Pastores dabo vobis, 35).

 

        Deseo exhortaros a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de vuestro fundador, adapt�ndoos, cuando sea necesario, a las nuevas situaciones y necesidades, en plena docilidad a la inspiraci�n divina y al discernimiento eclesial. Una creciente atenci�n a la identidad original ser� el criterio seguro para buscar las formas adecuadas de testimonio capaces de responder a las exigencias del momento actual (cfr. Exhortaci�n apost�lica postsinodal Vita consecrata, 37).

 

        Trabajad, pues, en fidelidad al carisma que el Se�or infundi� al Beato Manuel Domingo y Sol, aquel a quien mi predecesor el Papa Pablo VI llam� el "santo ap�stol de las vocaciones sacerdotales" y del cual, yo mismo, con motivo del I Centenario de la fundaci�n de la Hermandad, escrib�: "Siendo fiel a la llamada de Cristo y d�cil a las insinuaciones del Esp�ritu, ... supo no s�lo indicaros pautas adecuadas...sino tambi�n daros con su conducta ejemplar y sus escritos la clave para configurar realmente la existencia sacerdotal a medida del don de Cristo,... y ser en el seno de la Iglesia germen de una nueva familia de sacerdotes imbuidos de esp�ritu evang�lico y volcados con incondicional entrega al servicio de los hombres..." (Carta de S.S. Juan Pablo II a los Sacerdotes Operarios Diocesanos al cumplirse el I Centenario de la Fundaci�n de la Hermandad, Vaticano, 25 de enero de 1983).

 

        Queridos hijos �continuad con �nimo renovado la obra que la Iglesia os ha confiado! tratando de llevarla a cabo con el estilo de vida y acci�n que os caracteriza: la fraternidad sacerdotal. Tened por cierto que "no pretendiendo ser m�s que sacerdotes, y nada m�s que sacerdotes, y santos"(cfr. Escritos), vuestra vida y ejemplo se traducir�n, sin duda, en un est�mulo para cuantos buscan el seguimiento radical de Cristo, favoreciendo en ellos "la respuesta libre, decidida y generosa, que hace operante la gracia de la vocaci�n" (Exhortaci�n apost�lica postsinodal Vita consecrata, 64). Pues en definitiva "la vocaci�n sacerdotal es esencialmente una llamada a la santidad, que...es intimidad con Dios, es imitaci�n de Cristo, pobre, casto, humilde; es amor sin reservas a las almas y donaci�n a su verdadero bien; es amor a la Iglesia que es santa y nos quiere santos, porque �sta es la misi�n que Cristo le ha encomendado" (Exhortaci�n apost�lica postsinodal Pastores dabo vobis, 33).

 

        Llevad a buen t�rmino el arduo cometido que os compete teniendo en cuenta el aspecto referente a la inculturaci�n, ya que el Instituto, extendido desde la nativa Tortosa hasta otros pa�ses, particularmente en Am�rica Latina, vive hoy una enriquecedora realidad pluri cultural. Hacedlo siempre en plena armon�a con las Iglesias particulares donde la Hermandad est� presente y en estrecha colaboraci�n con los Obispos, con los organismos de las di�cesis y congregaciones, especialmente con los que espec�ficamente promueven y coordinan la pastoral vocacional, buscando nuevos cauces y m�todos que impulsen este �mbito pastoral.

 

        Confiando en la palabra de Cristo "Duc in altum!" (Lc. 5,4) abrid vuestro coraz�n a la invitaci�n que he dirigido en la Carta Apost�lica Novo milenio ineunte (cf. NMI 1; 15; 56) y afrontad con coraje el desaf�o de la evangelizaci�n en este milenio, -nueva primavera del Esp�ritu-, que acabamos de iniciar. No dig�is nunca: lo hemos intentado todo; ya no hay nada que hacer. Al contrario, estad siempre dispuestos a seguir transformando vuestro compromiso e identidad de "operarios" en orientaciones pastorales concretas que respondan a las exigencias de vuestro carisma y a las necesidades de la Iglesia en el mundo de hoy.

 

        Y volviendo a vuestros lugares de origen, recordad a todos los miembros de la Hermandad las palabras del Maestro: "Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar" (Lc. 5,4). No ced�is al desaliento. Trabajad con �nimo alegre y decidido, sabiendo que no es vuestra obra, sino la del Se�or. Implicaros, pues, decididamente con el irrenunciable deber de fomentar las vocaciones a vuestro propio Instituto, de impulsar todo tipo de vocaci�n consagrada y de sensibilizar a las comunidades eclesiales donde desarroll�is vuestra labor evangelizadora para que tomen conciencia de que las vocaciones al sacerdocio son un problema vital que est� en el coraz�n mismo de la Iglesia. �Recordando que vuestra Instituci�n tiene un car�cter espec�ficamente eucar�stico, haced que Jes�s Sacramentado sea siempre la fuente de todas las gracias en vuestras empresas (cfr. Escritos I, 5�-31) y que la Virgen sant�sima, modelo de consagraci�n y seguimiento, os acompa�e siempre en la tarea evangelizadora que realiz�is!

 

        Con estos sentimientos y como prenda de abundantes gracias divinas os imparto de coraz�n la Bendici�n Apost�lica.

 

Vaticano, 6 de julio de 2002                                         

 

 IOANNES PAULUS II                   

 (�L'Osservatore Romano - 7 Luglio 2002)

 

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