
Cuando conviene, los hijos vienen; luego provienen, sobrevienen, devienen, intervienen, hasta que se van, andan y, finalmente, mandan.
Por Mikel Agirregabiria Agirre
Dicen que la educación es algo que recibimos de nuestros padres cuando nos mandan a la universidad, pero no estará completa mientras no mandemos allí a nuestros propios hijos. Algunos ya hemos completado el ciclo, y este curso tenemos a todos los hijos estudiando fuera. Estamos otra vez solos, de "novios", Carmen y yo. Y entonces piensas en las idas y venidas de los hijos.
Al principio no sabes si vendrán. Luego, te piensas si conviene que vengan. Fácilmente convienes que ojalá vengan. Y vienen… Al principio, de niños van y vienen siempre contigo. Pronto te preguntan de dónde han venido. Enseguida te discuten la hora a la que han de venir. Después se niegan a decir a dónde van y a qué hora vendrán. Luego se van de vacaciones, pero te vienen con sus problemas. Más tarde dicen que quieren irse, pero que no pueden y han de venirse. A veces hasta se van, pero vuelven rápidamente. Después de muchas idas y venidas ya se van, mas pronto te vienen con nietos y el círculo vuelve a rodar.
Que no nos falten las andanzas y las mudanzas de los hijos, quienes comienzan a escasear. Porque los hijos son la mejor prueba de que la vida camina. Y la vida es acción. Y la acción básica es el movimiento, que se demuestra andando. Vamos que esta vida es de venida e ida.
Mikel Agirregabiria Agirre. Getxo
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