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| EL UNIVERSO M�RBIDO DE LA FALTA |
| por: [email protected] M�xico. 2003 |
�El Gato sonr�o al ver a Alicia. Parec�a tener buen car�cter, consider� Alicia; pero tambi�n tenia una u�as muy largas y un gran n�mero de dientes, de forma que pens� que convendr�a tratarlo con debido respeto. �Minino de Cheshire�, empez� algo t�midamente, pues no estaba del todo segura de que le fuera a gustar el cari�oso tratamiento; pero el Gato sigui� sonriendo m�s y m�s. �!Vaya� Parece que le va gustando�, pens� Alicia, y continu�: �Me podr�as indicar, por favor, hacia d�nde tengo que ir desde aqu�?� �Eso depende de a d�nde quieras llegar�, contesto el Gato. � A m� no me importa demasiado a d�nde...� empez� a explicar Alicia. �En ese caso da igual hacia d�nde vayas�, interrumpi� el Gato. �...siempre que llegue a alguna parte�, termin� Alicia a modo de explicaci�n. � �Oh� Siempre llegar�s a alguna parte� dijo el Gato, �si caminas lo bastante�. A Alicia le pareci� que esto era innegable, de forma que intent� preguntarle algo m�s: ��Qu� clase de gente vive por estos parajes?� �Por ah�, contesto el Gato volviendo una pata hacia su derecha, �vive un sombrerero; y por all�, continu� volviendo la otra pata, �vive una liebre de Marzo. Visita al que te plazca: ambos est�n igual de locos�. �Pero es que a m� no me gusta estar entre locos�, observo Alicia. �Eso s� que no lo puedes evitar�, repuso el Gato; �todos estamos locos por aqu�. Yo estoy loco; t� tambi�n lo est�s� �Y �C�mo sabes t� si yo estoy loca?�, le pregunt� Alicia. �Has de estarlo a la fuerza�, le contest� el Gato; �de lo contrario no habr�as venido aqu픔. (Carrol, Lewis, �Alicia en el pa�s de las maravillas�, Alianza Editorial, Madrid,1984, pp 110-111). El universo m�rbido de la falta no es el psicoan�lisis. Es lo que encuentra el psicoan�lisis. Es lo que encuentra el psicoan�lisis porque no le importa demasiado a donde quiere llegar. Esta poca importancia le da relevancia a que siempre se llega a Otro lugar en el psicoan�lisis. En el psicoan�lisis no se busca, se encuentra. Se encuentra un universo que no se puede decir en un verso, porque siempre se requiere de Otro para poderse decir y en ese requerimiento del Otro aparece lo m�rbido, ya que, en su asociaci�n con Otro, la libertad conduce a la pregunta �Hacia d�nde tengo que ir desde aqu�? Al menos hay un punto desde donde se parte para conducirse a Otro lugar. Lo seguro es que siempre se llega a Otro... lugar. �Qu� es eso que nos hace no poder unificarnos en nosotros mismos y que nos exige la l�gica de una existencia signada y cifrada por una pasaje del Uno al Otro? Estamos solos con el Otro, con el Otro del lenguaje que nos hace discurso. Discurso que no se puede significar as� mismo sino que algo le falta, por eso se acude al Otro. �C�mo poder vivir en un universo, que no hace uni-dad, sino que se mueve por una falta fundamental que lo hace derivar por una loca morbosidad? El universo m�rbido de la falta se encuentra delimitado por la funci�n del campo del lenguaje y la palabra en el psicoan�lisis, campo que le da la consistencia de �algo es algo� a la pr�ctica cl�nica del psicoan�lisis. Lo que encuentra el psicoan�lisis con su cl�nica es esa forma cotidiana del c�mo el sujeto se las arregla con ese universo m�rbido de la falta por andar navegando en �l. Algunos puntos de ese universo m�rbido de la falta: �C�mo amar a un hombre...que no es m� padre? Se pregunta la hist�rica. Y solo se responde con esa insatisfacci�n de que ninguno le llena el lugar de la falta de su padre. Todo hombre y mujer est�n condenados a fracasar ante esa exigencia de que el hombre debe coincidir con el padre. La hist�rica se obsesiona con la certeza de afirmar: �Soy lo que el otro necesita! El problema es que as� el Otro siempre la hace su objeto-esclavo para-todo-uso, coloc�ndola en esa queja de no poder satisfacer a nadie, o sea, la impotencia... sexual. �Por qu� no tengo pareja? �Por qu� nadie se fija en m�? �Por qu� lloro cuando le digo a alguien que lo quiero? Preguntas todas que no tienen respuesta s� el sujeto no se exige presentarse como mujer, o sea hacerse desear, aunque para hacerse desear habr�a que mostrarse no tan completa y suficiente para s� misma, o sea, habr�a que hacer un recorrido de la suficiencia a la incompletud. o lo que es lo mismo, ese piropo de que �a esa mujer no le hace falta nada� siempre lo rectificamos diciendo �a esa mujer lo �nico que le falta soy yo, su otro�. Hay de aquel sujeto suficiente que no muestre su falta, se quedar� ni�o-completo-de-m�ma-y-p�pa. Bueno, esta bien, ya tengo pareja, y no es ni m� madre ni m� padre. Ahora, �C�mo poder amar a alguien que no es ni m� madre, ni m� padre, es m�s es diferente a m� (en cuento a m� sexo)? Con esto puedo quejarme con certeza de que el otro no me ama como yo... quiero. Nadie respira por uno, por esto nadie ama como uno ama, siempre se ama a la manera de otro diferente a nosotros. As�, encontramos que en las batallas del amor siempre triunfa sintom�ticamente el amor propio. Como ven siempre se llega a Otro lugar con el psicoan�lisis porque a este no le importa demasiado a d�nde quiere llegar, lo que le da importancia a que siempre se llega a Otro lugar y m�s cuando se parte de la insatisfacci�n, de la angustia o de la obsesiva exigencia de los valores universales para ha-ser una vida de bien y de mal en este universo m�rbido de la falta de un simb�lico que no se basta as� mismo. Por todo esto, este universo m�rbido de la falta lo encontramos en todas esas pr�cticas de lo imposible, como nos lo se�al� Freud: � En el gobernar, o sea, la pr�ctica de la econom�a siempre en crisis. � En el educar, o sea, en el constante discurso de imponer poder. � En el psicoanalizar, o sea, en esa repetici�n de suponer saber. |