HACIA UNA CONCEPTUALIZACI�N DE LOS SUE�OS PARA LA CL�NICA COGNITIVA |
| Ps. Walter K�hne C. |
| En el presente trabajo se revisa el lugar que tienen los sue�os en la cl�nica cognitiva. Se plantea que los terapeutas cognitivos tradicionales no suelen utilizar el trabajo con sue�os como t�cnica terap�utica, lo que tiene que ver tanto con razones te�ricas y t�cnicas como hist�ricas. En este sentido se propone que la influencia del sesgo no mediacional del conductismo y su evitaci�n de todo tipo de fantasma mentalista a�n est� presente en el modelo cognitivo. Incluso el modelo cognitivo constructivista, que manifiesta un mayor inter�s por la emoci�n y los procesos inconscientes, no aborda la tem�tica de los sue�os. Finalmente se plantea que esta perspectiva es capaz de conceptualizar y utilizar psicoterap�uticamente la experiencia on�rica. Palabras Clave: psicoterapia cognitiva, sue�os A cien a�os de �La interpretaci�n de los sue�os� de Freud poca gente duda que los sue�os puedan ser productos significativos de nuestro psiquismo. Distintos autores y escuelas psicoterap�uticas han planteado desde entonces su postura respecto de los sue�os y de c�mo pueden ser utilizados en psicoterapia (Jung, 1970 [1944]; Pearls, 1974; Gendlin, 1999; etc.). La humanidad en general desde tiempos inmemoriales ha manifestado un profundo inter�s en lo on�rico. A pesar de ello, una de las escuelas de terapia m�s importantes y de m�s larga tradici�n no se ha interesado por los sue�os: la Psicoterapia Cognitiva . LA INFLUENCIA DEL CONDUCTISMO El origen conductual de esta escuela psicoterap�utica es una herencia hist�rica que sin duda ha influido sobre este hecho. El conductismo con su postura no mediacional no s�lo no abordaba los sue�os, sino que ning�n tipo de variable que estuviera en el nivel de la representaci�n. Al momento de realizar la elecci�n paradigm�tica de su objeto de estudio excluye todo lo que no sea observable y medible. El conductismo dej� la conciencia, y todas las variables psicol�gicas inferidas, fuera de su �rea de inter�s. En consecuencia mantuvo una fuerte tendencia hacia la evitaci�n de los t�rminos mentalistas. El �nico modo en que variables internas pod�an ser inclu�das era en la forma de variables biol�gicas. A Watson la fisiolog�a le parec�a una disciplina �ntimamente ligada al conductismo (1961 [1947]). Sin embargo, algunos conductistas como Skinner ([1953] 1981) opinaban que esto tampoco era adecuado. Las explicaciones de la conducta deb�an permanecer en este mismo nivel de an�lisis y no referirse a otro distinto, sea cual fuere. De este modo la terapia conductual se orienta a modificar el comportamiento. Disminuir y aumentar conductas es el planteamiento que generalmente tendr�n las metas terap�uticas. Reemplazar una respuesta indeseada por otra deseable que sea incompatible, instaurar conductas que no se encuentran dentro del repertorio conductual del sujeto, modificar la probabilidad de ocurrencia de una conducta, reforzar, inhibir, facilitar, etc. Todos los t�rminos y expresiones de procedimientos terap�uticos conductuales apuntan al control y modificaci�n de la conducta. Tratamiento conductual de las pesadillas Lo �nica aproximaci�n que la terapia conductual hace a los sue�os es el tratamiento de pesadillas. Seg�n Marks si bien la investigaci�n no es del todo concluyente, en algunos casos los tratamientos conductuales pueden ser efectivos en eliminarlas (1986). �Las pesadillas pueden considerarse como est�mulos complejos y desagradables y el paciente evita pensar o hablar de ellas con detalle� (ib�dem, p�gina 188). Al entender las pesadillas como est�mulos que generan una reacci�n emocional desagradable, los terapeutas conductuales adoptan una postura que les permite abordarlas. Su preocupaci�n por ellas se explica por el hecho de que suelen estar vinculadas a alteraciones del sue�o o a ansiedad. Algunas veces se vinculan con fobias, en cuyo caso desaparecen cuando la fobia desaparece. B�sicamente el tratamiento conductual de las pesadillas se basa en el principio de exposici�n. Se pueden utilizar la desensibilizaci�n, la implosi�n o la curaci�n por escenificaci�n (ib�dem). En todos los casos se requiere que el paciente reviva a trav�s del relato o la imaginaci�n los distintos elementos componentes de la pesadilla. En algunos casos tambi�n puede ser efectiva la t�cnica de autocontrol. En este caso se enfatiza que el paciente tome el control de su sue�o, por ejemplo diciendo �es s�lo un sue�o� (ib�dem, p�gina 191). La terapia conductual simplemente se limita a la aplicaci�n de procedimientos que pueden ser efectivos para la erradicaci�n de las pesadillas, pero no se preocupa de su posible significado ni de su origen. LA TERAPIA COGNITIVA RACIONALISTA Y LOS SUE�OS El inter�s central de la terapia cognitiva tradicional son los procesos cognitivos mediante los cuales los individuos interpretan y dan significado a los eventos. El supuesto b�sico es que son las cogniciones las que determinan los afectos y la conducta (Beck, et al, 1983). Consecuentemente se supone que los desajustes y tratornos tanto emocionales como conductuales se deben a problemas originados en el nivel de la cognici�n. Pueden ser errores en el procesamiento de informaci�n (ib�dem), tambi�n llamados distorsiones cognitivas, o creencias irracionales (Ellis y Abrahams, 1980, Ellis, 1999). Obviamente se desprende de estos supuestos que la terapia se orienta a la identificaci�n y correci�n de las distorsiones cognitivas e ideas irracionales. Para esto el terapeuta buscar� la evidencia que sustenta las interpretaciones err�neas del paciente. Mediante el uso de la l�gica y la contrastaci�n emp�rica se determinar� la racionalidad de las conclusiones. Entre las t�cnicas descritas por Beck y sus colaboradores (1983, 1995) no se encuentra el trabajo con sue�os. A pesar que fueron sus observaciones con sue�os de pacientes depresivos los primeros elementos que lo llevaron a hacer su formulaci�n cognitiva de la depresi�n (1983). Ellis y Abrahams, en cambio, s� hacen referencia al lugar de la interpretaci�n de sue�os en la Terapia Racional Emotiva (TRE): �al utilizar la TRE, usted por el com�n dedicar� poco tiempo al an�lisis de los sue�os y, en cambio, preferir� examinar los conceptos y comportamientos reales de dichos pacientes. �stos casi siempre revelan lo que est� sucediendo con sus vidas y lo que sus filosof�as irracionales subyacentes y sus actitudes contraproducentes hacia s� mismos y hacia los dem�s, y lo hacen con m�s claridad y precisi�n que lo puedan hacer los sue�os� (1980, p�gina 49). Entonces, si bien consideran posible trabajar con sue�os no les parece demasiado �til, parece ser que el material de vigilia es m�s apropiado y �til. Es claro ver que el trabajo con sue�os no es f�cilmente integrable dentro de este modo de operar. Los sue�os no pueden ser contrastados con la evidencia emp�rica pues no son eventos que hayan acontecido realmente. No aportan material que pueda ser tenido en cuenta al momento de intentar educar al paciente a sacar conclusiones m�s apegadas a la realidad. Adem�s tampoco pueden ser contrastados con las leyes de la l�gica pues se caracterizan por ser irracionales e il�gicos. Si bien los sue�os forman parte de la experiencia interna del sujeto, tal como la cognici�n, no est�n referidos a experiencias �reales�, positivas. Son, de hecho, experiencias ficticias, imaginadas, sin una clara conexi�n con los problemas del paciente. En un enfoque que se caracteriza por la b�squeda de la racionalidad, lo real y lo objetivo tienen una importancia central; de modo que los sue�os, fantasiosos e irreales, pueden parecer peligrosamente cercanos a lo irracional. La b�squeda de objetividad que caracteriza a esta tradici�n terap�utica desde el conductismo no puede ser satisfecha a trav�s del estudio y trabajo con sue�os. Estos son subjetivos y sus significados idiosincr�ticos, no se acomodan f�cilmente dentro de la postura positivista y empirista sobre la que se erige el edificio de la terapia cognitiva tradicional. EL INCONSCIENTE COGNITIVO Seg�n Meichenbaum y Gilmore (1984) existen tres aspectos b�sicos de la cognici�n: eventos cognitivos, procesos cognitivos y estructuras cognitivas. Estos tres aspectos de la cognici�n tienen un dominio consciente y uno inconsciente. Dentro del dominio inconsciente de la cognici�n estar�an aquellos eventos, procesos o estructuras que est�n activos e influyendo sobre el pensamiento, la conducta y los afectos, pero que no est�n siendo conscientes debido a que no se les est� prestando atenci�n. Existen diversas razones por las que esto podr�a suceder. Por un lado puede deberse a un mecanismo de automatizaci�n que permite liberar atenci�n para enfocarla sobre otros eventos o est�mulos, puede ser tambi�n que existan ciertos dominios inconscientes que simplemente no sean accesibles a la conciencia, es decir que no sea posible enfocar la atenci�n sobre ellos, y por �ltimo es posible que ciertos contenidos permanezcan inconscientes debido a que es necesario o preferible que sean marginados del procesamiento consciente. Concluyendo, estos autores plantean la existencia de un inconsciente que debe ser considerado dentro de la teor�a cognitiva, pues es una variable que influye sobre la conducta. Pero es necesario subrayar que el inconsciente que conceptualizan se circunscribe al aspecto inconsciente de la cognici�n. Como Meichenbaum y Gilmore otros autores tambi�n reconocen un inconsciente compuesto por el aspecto inconsciente de la cognici�n (Loftus y Klinger, 1992; Greenwald, 1992). Safran y Greenberg (1998) llaman la atenci�n sobre el hecho de que esta manera de entender el inconsciente est� exenta de afectos. Para estos autores el inconsciente, adem�s del aspecto incosciente de la cognici�n, abarca otros procesos que son emocionales y que deben ser considerados. Al considerar el constructivismo a la emoci�n como una forma biol�gicamente incorporada de informaci�n (Safran y Segal, 1994), se reconoce que es un modo a trav�s del cual se procesa informaci�n. Especialmente aquella pertinente al s� mismo y a las relaciones con los otros. Existir�a, entonces, un procesamiento de informaci�n a un nivel puramente emocional y estos procesos ser�an paralelos e interactuantes con el procesamiento cognitivo. Este nivel de procesamiento emocional ser�a inconsciente o t�cito, como le llama Guidano (1994). El inconsciente cognitivo abarca los aspectos inconscientes de la cognici�n y adem�s otros procesos que son cualitativamente distintos. El lenguaje no es el �nico modo de procesar informaci�n. Diversos autores reconocen que existen tambi�n otras modalidades de representaci�n y procesamiento, como por ejemplo las im�genes (Gardner, 1996; Ellis, 1994; Kosslyn y colaboradores, 1979). El lenguaje predomina en el procesamiento consciente y las emociones e im�genes en el procesamiento inconsciente. N�tese que hablo s�lo de predominancia y no de modalidades de procesamiento exclusivamente conscientes o inconscientes. En definitiva el inconsciente desde una perspectiva cognitiva se refiere a un nivel de la experiencia humana, t�cito, que tiene un modo de procesamiento cualitativamente distinto de la vigilia. Este nivel inconsciente es considerado un sistema fundamentalemente adaptativo, lo que lo hace m�s comprensible y compatible con una visi�n evolutiva del ser humano, tanto a nivel filogen�tico como ontogen�tico. El sistema experiencial inconsciente cumple la funci�n de organizar la experiencia y dirigir el comportamiento (Epstein, 1994). La mayor parte del procesamiento de informaci�n ocurre autom�ticamente y fuera de la conciencia. De modo que los determinantes de la conducta ya no son meramente ambientales y cognitivos. No es posible comprender el funcionamiento humano ni la patolog�a sin apelar a la noci�n de un nivel de procesamiento inconsciente con caracter�sticas propias. APORTES DE LA FISIOLOG�A AL TEMA DE LOS SUE�OS Antes de entrar a definir qu� son los sue�os desde una perspectiva cognitiva, revisaremos brevemente (y en concordancia con la tradici�n del modelo) lo que se sabe de ellos desde la fisiolog�a. Desde el descubrimiento de la fase REM del dormir en la d�cada del cincuenta y el establecimiento de su relaci�n con el so�ar, se ha avanzado mucho en investigaciones que intentan establecer cu�l es la funci�n de esta fase. Lamentablemente hasta ahora no hay evidencia concluyente y no es posible responder exactamente cu�l podr�a ser la funci�n del sue�o parad�jico, aunque s� se sabe que cumple una funci�n biol�gica importante (Lavie, 1997; Jouvet, 1998; Hobson, 1994). Una de las hip�tesis m�s aceptadas es que la fase REM cumple un papel importante en la consolidaci�n en la memoria de los recuerdos y aprendizajes recientes (Lavie, 1997; Jouvet, 1998; Hobson, 1994; Fiss, 1979). Parece ser que son los aprendizajes complejos y no los sencillos los que generan un aumento del sue�o REM. La informaci�n que es procesada en el so�ar es adaptativamente necesaria y compleja. El procesamiento de la informaci�n nueva y su relaci�n con conocimientos ya almacenados permite al organismo estar mejor preparado para resolver situaciones futuras. El que los sue�os procesen informaci�n compleja y relevante para la supervivencia permite suponer que la informaci�n relativa al s� mismo y a las relaciones interpersonales es del tipo de informaci�n que ser�a procesada durante el so�ar. Puesto que tanto la mantenci�n de un sentido de s� mismo como la capacidad de establecer y mantener v�nculos significativos son relevantes para la supervivencia (Guidano, 1994; Balbi, 1994; Safran y Segal, 1994). Es interesante observar que las constantes experienciales (autor�a de la acci�n, autocoherencia, autohistoria y autoafectividad, descritas por Stern enSafran y Segal, 1994) que permiten al s� mismo mantener un sentido de identidad estable en el tiempo a pesar de estar en constante desarrollo y cambio, guardan una estrecha relaci�n con los procesos de memoria. Es decir, la mantenci�n en el tiempo de un sentido estable y coherente de s� mismo implica el procesamiento y almacenaje de informaci�n en la memoria. Si las informaciones complejas y adaptativamente importantes requieren de los sue�os para ser adecuadamente almacenadas en la memoria, entonces, necesariamente en los sue�os se procesa informaci�n relativa al s� mismo. Por ende el an�lisis de la informaci�n que aparezca en los contenidos on�ricos es relevante a un proceso psicoterap�utico por cuanto provee de informaci�n acerca del s� mismo y de su modo de procesar. HACIA UNA CONCEPTUALIZACI�N COGNITIVA DE LOS SUE�OS Los sue�os correponder�an a una actividad mental que se realiza durante el dormir y que es necesaria para el adecuado funcionamiento mental y fisiol�gico de los seres humanos. El so�ar puede ser considerado a la vez como un proceso y un evento cognitivo (operaci�n y producto cognitivo). As� los relatos de sue�os revelan la ocurrencia de ciertos procesos cognitivos en los que participan estructuras como la memoria y que ponen en juego contenidos almacenados en la memoria. Estos distintos aspectos de la cognici�n (procesos y eventos) est�n en realidad �ntimamente ligados en el momento de operar y es dif�cil separarlos (Meichenbaum y Gilmore, 1984). Los sue�os estar�an ubicados preferentemente en el nivel de la experiencia inmediata. En consecuencia, la �ndole del procesamiento que en ellos se realiza es predominantemente t�cito. Es decir, la informaci�n es expresada en modalidades que son preferentes de este nivel, emociones e im�genes. Este modo an�logico de procesamiento se aprecia en el modo que tiene el s� mismo de estructurarse, en torno a escenas nucleares. El procesamiento visual es ontogen�ticamente anterior al sem�ntico (Piaget, 1990 [1959]), y cabe suponer que ciertos tipos de informaciones se almacenan y procesan preferentemente en esta modalidad. Escribir de modo exhaustivo toda la informaci�n contenida en una escena ser�a, sin duda, un esfuerzo tremendo y demoroso. En este sentido Calvin Hall afirm� respecto de los sue�os que son �met�foras pict�ricas m�s eficaces que las palabras� (en Marinovic, 1997, p�gina 39). Los objetos y acontecimientos (no as� los conceptos y las teor�as) son expresados de mejor manera por im�genes, de modo que no es de extra�ar que nuestra mente procese informaci�n tambi�n de modo visual y no solamente en t�rminos sem�nticos. Los estudios de Kosslyn y colaboradores (1979) sobre im�genes mentales revelan claramente como parte de la informaci�n es almacenada y procesada en t�rminos de im�genes. La codificaci�n ic�nica de los sue�os explica el hecho de que sea al contarlos o escribirlos que muchas veces se cae en cuenta de significados presentes en el sue�o de los que antes no se ten�a conciencia. Al contarlos o escribirlos se traduce a lenguaje sem�ntico lo que hasta ese momento no era m�s que una imagen. Pasar esta informaci�n al lenguaje sem�ntico implica un ordenamiento distinto, un nuevo procesamiento de la experiencia on�rica. En todos estos casos el procedimiento conlleva pasar informaci�n de un nivel o modalidad t�cito de codificaci�n y procesamiento a otro expl�cito. Esto activa los mecanismos de cambio del descentramiento y el acceso a informaci�n sobre disposiciones a la acci�n (Safran y Segal, 1994). Los sue�os son a la vez un producto y un proceso cognitivo. Pero adem�s de eso poseen una cualidad distintiva: son vividos por el sujeto como una experiencia externa . Esta verosimilitud de los sue�os ha hecho que el sentido com�n y muchos escritores especulen que no es posible diferenciar entre la vigilia y los sue�os, tal vez estamos so�ando y no podemos tener conocimiento de ello. Aunque en realidad s� es posible hacer esta distinci�n, tanto despu�s como durante los sue�os (Descamps, 1995; Castaneda, 1974; Varela, 1999). Entonces, ante el s� mismo los sue�os aparecen como experiencias, cargadas de emoci�n y sentido. Como tales necesitan ser comprendidas, necesitan articularse en alg�n lugar de la narrativa que conforma al s� mismo. De acuerdo a la postura constructivista los seres humanos buscamos mantener la coherencia del s� mismo. Para ello procuramos dar a las experiencias en curso un sentido que sea compatible con nuestra autoimagen. Aquellas experiencias que desaf�en el sentido de s� mismo, que no puedan ser integradas y explicadas por el sentido actual del s� mismo activar�n procesos de reordenamiento orientados a modificar la identidad personal, o a mecanismos de autoenga�o de modo de relativizar e ignorar la informaci�n desafiante al sentido actual. Finalmente hay un �ltimo punto acerca de los sue�os que quiero plantear para dejar caracterizada mi conceptualizaci�n: los sue�os son concientes. No entrar� a la interminable discusi�n de qu� es la conciencia, pero intentar� que al menos quede claro qu� es lo que entender� por �estar consciente�, para que as� el lector pueda comprender a qu� me refiero cuando digo que los sue�os son conscientes. En opini�n de Searle (1996) se est� consciente toda vez que se es consciente de algo. El algo sobre el que se enfoca la conciencia puede ser una entrada sensorial o alg�n contenido mental. Cuando se es consciente del hecho de ser consciente, es decir, cuando se tiene conciencia de s� mismo, se manifiesta autoconciencia. Revisemos brevemente una cita de este autor en la que busca ilustrar su postura respecto de qu� es la conciencia, y en la que alude tambi�n a los sue�os: �Cuando me despierto, despu�s de haber dormido sin so�ar, paso a estar consciente, un estado que contin�a tanto tiempo como estoy despierto. Cuando voy a dormir, o me ponen bajo una anestesia general, o muero, mis estados conscientes cesan. Si sue�o mientras duermo, adquiero de nuevo conciencia, aunque las formas de conciencia en el sue�o son, en general, de un nivel de intensidad mucho menor que la conciencia ordinaria mientras estamos despiertos� (1996, p�gina 95, la negrita es m�a). Entonces, para Searle la conciencia es siempre conciencia de algo, es decir, tiene alg�n contenido, no es posible ser s�lo consciente. Eccles coincide con la idea de que los sue�os son una actividad que se desarrolla en presencia de la conciencia: �...Es lo que se llama sue�o parad�jico. Se producen r�pidos movimientos oculares con diversas acciones musculares correspondientes y entonces la mente autoconsciente halla de nuevo la habilidad de interpretar los m�dulos activos en forma de sue�os, con experiencias conscientes extra�as y aun grotescas, aunque siempre reconocibles como sue�os propios. Se puede conjeturar que durante el ciclo de los sue�os la mente autoconsciente interpreta las actividades neuronales del cerebro (...) sabemos que una buena porci�n de �sue�os� se producen en la mente autoconsciente (...) por m�s que no se recuerden al despertar� (en Popper y Eccles, 1993, p�gina 417, la negrita es m�a). Para este autor la mente autoconsciente est� constantemente buscando actividad cerebral que interpretar, independientemente de si esta actividad est� relacionada con una entrada sensorial o no. Al so�ar el s� mismo est� presente y activo en los mismos t�rminos que durante la vigilia. De modo an�logo a como lo hace durante la vigilia. Inmerso en una realidad distinta, on�rica, alucinada si se quiere. Pero el s� mismo est� presente en esta realidad, es impactado y perturbado por ella, y cumple las mismas funciones que durante la vigilia. Eval�a, siente, piensa, act�a. Si uno revisa las funciones que se espera realice el s� mismo cuando se est� despierto, podr� apreciar que durante los sue�os tambi�n son realizadas por el s� mismo. �El yo que act�a y vivencia el acto de so�ar es esencialmente el mismo yo vigil� (Trenkel, 1979, p�gina 188). El que no recordemos los sue�os no quiere decir que sean inconscientes. La ausencia de memoria de un cierto evento no significa que hayamos estado inconscientes. El paso del so�ar a la vigilia casi siempre rompe con la continuidad del s� mismo. Si bien tanto los sue�os como la vigilia son conscientes, ambos son cualitativamente distintos. Basta con se�alar que el tipo de procesamiento implicado en cada una de estas modalidades de conciencia son distintos. Se pasa de un estado de conciencia a otro, y este paso implica una ruptura en la continuidad del s� mismo que es autoreferida, explicada, como que previamente no se estaba consciente. El hecho de que al so�ar el s� mismo no est� conciente de estar so�ando no es un argumento que cuestione mi planteamiento de que los sue�os son concientes. Gran parte de las conductas realizadas durante la vigilia no son concientes, y la mayor parte del tiempo que las personas pasan despiertas no est�n autoconcientes, pero ello no quiere decir que est�n inconscientes. Al so�ar simplemente se tiene conciencia (del sue�o) pero generalmente no se est� autoconciente. Digo generalmente, porque, como mencionaba antes, existe un tipo particular de sue�os en los cuales el durmiente s� est� conciente de estar so�ando: los sue�os l�cidos. Estos sue�os son otro hecho a favor del argumento de que los sue�os son concientes. Su existencia ha sido probada en experimentos de laboratorio por Stephen LaBerge y sus colaboradores (Rossi, 1985). Los sue�os, en suma, no son inconscientes. Son experiencias vivenciadas por el s� mismo durante las cuales tiene la oportunidad de acceder, presenciar y actuar sobre procesos t�citos de procesamiento de informaci�n. No todo el material, contenidos o tonalidades emocionales que est�n en el nivel de la experiencia inmediata son accesibles al nivel de la explicaci�n (Guidano, 1994). Por un lado porque la cantidad de informaci�n supera las posibilidades de procesamiento expl�cito y, por otro, porque algunas informaciones ser�n marginadas en virtud de los mecanismos de autoenga�o (ibidem). Entonces, en los sue�os el s� mismo tiene una posibilidad �nica de acceder, en una modalidad anal�gica a contenidos y procesos t�citos. Que los sue�os sean concientes y no inconscientes tiene la importancia fundamental de considerarlos un proceso en el cual el s� mismo tiene una participaci�n activa. Tal como los organismos son activos en la creaci�n del conocimiento a trav�s del ordenamiento de su propia experiencia (Balbi, 1994), el s� mismo es quien crea y construye los sue�os, tal como a la realidad, y al hacerlo se reordena. El papel activo del s� mismo en los sue�os permite enfocarlos como experiencias construidas por el sujeto, es responsable de ellas y necesariamente nos informan del modo de operar del s� mismo y de las reglas de ordenamiento con las que da sentido a su experiencia. Hemos revisado brevemente una propuesta de conceptualizaci�n de los sue�os desde una perspectiva cognitiva. La raz�n fundamental que motiva este trabajo es el hecho de que los sue�os son un tipo particular de material que los pacientes pueden producir. Cuando eso ocurra el terapeuta cognitivo ha de contar con una explicaci�n te�rica sobre qu� tipo de material es el on�rico (c�mo comprenderlo). La posibilidad de explicar y abordar el material on�rico ampl�a la comprensi�n que el modelo cognitivo tiene del funcionamiento humano. Esta propuesta para el abordaje de los sue�os desde una perspectiva cognitiva parte de la teor�a y deber� ser completada y discutida a futuro (especialmente en base a la informaci�n que surja desde la pr�ctica cl�nica misma). M�s que pretender haber resuelto el c�mo abordar los sue�os desde una perspectiva cognitiva, espero abrir la posibilidad de discutir y estudiar c�mo hacerlo. BIBLIOGRAF�A 1. Balbi, J., 1994, Terapia cognitiva posracionalista. Conversaciones con Vittorio Guidano, Buenos Aires, Argentina, Editorial Biblos 2. Beck, A. T., Rush, J., Shaw, B., & Emery, G., 1983, Terapia cognitiva de la depresi�n, Bilbao, Espa�a, Editorial Desclee de Brouwer 3. Beck, A. 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