MODELO CONDUCTUAL |
| Ps. Walter K�hne C. |
| A pesar de que el modelo Conductual a�n hoy tiene vigencia y se contin�a realizando investigaci�n en esta l�nea te�rica, el inter�s que tiene para este texto el hacer referencia a esta corriente psicol�gica es, como ya se�alaba, fundamentalmente hist�rico. El conductismo como tal no tiene mucho que aportar al trabajo psicoterap�utico con sue�os pues su elecci�n paradigm�tica deja este fen�meno fuera de su objeto de estudio. Si bien en ciertos casos Watson valida el reporte verbal como m�todo de recolecci�n de datos, no se analiza su contenido. De modo que los conductistas no han desarrollado t�cnicas que puedan abordar los sue�os. Tal vez la �nica excepci�n sea el trabajo conductual con pesadillas, que revisaremos en el cap�tulo 4. En mi opini�n, el principal aporte del conductismo es ser el punto de partida desde el cual se desarrolla el enfoque cognitivo, al cual lega una metodolog�a y algunos sesgos en la manera de formular la teor�a y de aproximarse a la cl�nica. Esta herencia determina, de un modo que puede pasar inadvertido, algunas elecciones que realizan los te�ricos y cl�nicos cognitivos. Las que conllevan un modo de ver al ser humano, de enfrentar la psicoterapia y de elegir t�cnicas y estrategias terap�uticas. Las caracter�sticas de los distintos sistemas psicol�gicos �...dependen de su fundamento hist�rico y de la herencia intelectual que les han transmitido sus respectivos sistemas parentales� (Wolman, 1986, p�gina 5). Esta influencia hist�rica innegable va desde la metateor�a y la teor�a cl�nica a la metodolog�a, estrategias y t�cnicas terap�uticas que se utilizan. El lugar de los sue�os en la terapia cognitiva, que es el tema de inter�s, es precisamente uno de los t�picos que est�n sujetos a esta determinaci�n hist�rica. ANTECEDENTES PREVIOS AL SURGIMIENTO DEL CONDUCTISMO Existen varios movimientos importantes en la ciencia psicol�gica que precedieron y de un modo u otro motivaron el surgimiento de la escuela conductual: el funcionalismo, el asociacionismo y la psicolog�a animal. Por otro lado el estructuralismo tambi�n tiene importancia por la fuerte oposici�n de Watson a esta escuela y su m�todo. Revisaremos brevemente cada uno de ellos. Estructuralismo A fines del siglo XIX las ciencias naturales tuvieron un importante desarrollo tanto a nivel te�rico como t�cnico. Desarrollo que en gran medida estuvo impulsado por la investigaci�n emp�rica realizada en �mbitos como la f�sica y la biolog�a. En aquel momento la psicolog�a era a�n parte de la filosof�a, en particular de la metaf�sica y utilizaba el m�todo de la especulaci�n. Ante el sorprendente avance de las ciencias naturales y la escasa producci�n psicol�gica y su falta de comprobabilidad, se origin� una aproximaci�n hacia las ciencias naturales, particularmente hacia su metodolog�a. De acuerdo a Wolman los psic�logos de la �poca decidieron �...separar la psicolog�a de la metaf�sica y seguir las huellas de las ciencias emp�ricas que tan r�pidamente progresaban...� (1986, p�gina 8). Intentaban utilizar la observaci�n y la evidencia emp�rica, �...estaban buscando una forma de escapar de la metaf�sica, la especulaci�n y la filosof�a, y se dirigieron esperanzadamente hacia la fisiolog�a para que esta les proporcionara la pauta necesaria para un m�todo cient�fico de investigaci�n� (ib�dem, p�gina 12). Un ejemplo de la herencia hist�rica conductual sobre los desarrollos posteriores, es el mismo hecho de que para postular un abordaje de los sue�os dentro de la terapia cognitiva me parece ineludible incluir un cap�tulo de fisiolog�a del dormir y los sue�os. Es as� como Wilhelm Wundt al fundar el primer laboratorio de psicolog�a en 1879 en Leipzig intenta hacer confluir la psicolog�a con la fisiolog�a y la filosof�a. �l y luego su disc�pulo Titchener ilustran un primer intento por hacer una psicolog�a cient�fica. El alma es dejada fuera del �mbito de la psicolog�a y se define como objeto de estudio a la conciencia, la experiencia humana. Titchener entiende la conciencia como �...el conjunto de procesos mentales que tienen lugar en un tiempo presente determinado� (ib�dem, p�gina 16). Sus unidades b�sicas ser�an las sensaciones, las im�genes y los afectos. Para este autor mente y cuerpo no interactuaban entre s�, postura que es denominada como paralelismo psicof�sico. A fines del siglo XIX Titchener funda la escuela estructuralista y plantea que para estudiar la conciencia es necesario aplicarle el mismo m�todo de las ciencias naturales, la observaci�n. Pero resulta que la conciencia s�lo puede ser observada por quien la experimenta. Consecuentemente entonces Titchener desarrolla el m�todo de la introspecci�n, el �nico m�todo que permite acceder al objeto de estudio de la psicolog�a tal como estaba definido. Que ser�a duramente criticado por los conductistas. De esta manera el problema resid�a en que solamente el mismo sujeto era capaz de realizar la observaci�n. Para lo que se utilizaron sujetos especialmente entrenados. El inconveniente que se desprende de esto es que el estudio de la conciencia se est� realizando sobre un tipo particular de individuos, especialmente entrenados y con capacidad de introspecci�n. Adem�s, y esto s� que es un gran inconveniente, los hallazgos no eran susceptibles de ser validados. El m�todo introspectivo fue cuestionado tambi�n por la naciente psicolog�a animal. Esta se propon�a probar el supuesto darwiniano de la continuidad mental entre los animales y los seres humanos. Pera ello el m�todo de los estructuralistas se revelaba ineficiente, dado que obviamente no se pueden obtener autorreportes introspectivos de animales. Otro cuestionamiento a la introspecci�n vino desde la psiquiatr�a, donde los estudios de Janet y Charcot revelaban que a veces la conducta de los sujetos est� determinada por variables o contenidos que no est�n en la conciencia, es decir, por el inconsciente (Marx y Hillix, 1976). Adem�s el desarrollo de los tests mentales por parte de los funcionalistas prob� que no era imprescindible la introspecci�n para acceder a las facultades mentales. Se pod�an realizar predicciones de conducta y desempe�o con mucha mayor efectividad que con el m�todo de los estructuralistas. En conclusi�n el estructuralismo de Titchener y su m�todo introspectivo pretend�an hacer una psicolog�a cient�fica y emp�rica. Pero la opci�n paradigm�tica de objeto y m�todo de estudio los limit� impidi�ndoles finalmente construir un sistema objetivo y verificable de psicolog�a. En las palabras de Marx y Hillix: �...una metateor�a demasiado estrecha contribuy� a la decadencia del estructuralismo. En ciencia siempre es peligroso el dejar de abordar problemas porque no se adecuan a un marco metodol�gico prefijado� (1976, p�gina 121). Si bien esta afirmaci�n est� referida al sistema psicol�gico de Titchener, bien puede retratar lo que algunas d�cadas despu�s le ocurrir�a al conductismo. Y si voy a�n m�s lejos en la extrapolaci�n de esta afirmaci�n, pienso que es el riesgo que asume el modelo cognitivo al no abordar un fen�meno tan universal como son los sue�os. El fracaso del estructuralismo y la psicolog�a introspeccionista fortaleci� el desarrollo de otros sistemas psicol�gicos que hab�an surgido algo despu�s y que hab�an coexistido con el sistema de Titchener. Seg�n Wolman (1986) estas otras teor�as pueden agruparse en tres grupos principales: el psicoan�lisis, la gestalt y el funcionalismo, del cual luego se desprender�a el conductismo. Funcionalismo El funcionalismo es una corriente psicol�gica nacida en los Estados Unidos bajo una fuerte influencia de la teor�a de la evoluci�n de Darwin. Recogen el concepto de adaptaci�n y se interesan por la utilidad que tienen la conducta y la conciencia. Seg�n William James ambas deb�an tener una funci�n adaptativa que sirva a la supervivencia. La evoluci�n ha hecho surgir la conciencia en el ser humano, d�ndole la capacidad de elegir, lo que le permite una mejor adaptaci�n al medio ambiente (Wolman, 1986). Si bien los funcionalistas se opusieron al estructuralismo y rechazaban el paralelismo psicof�sico proponiendo m�s bien la integridad psicof�sica, siguieron preocupados del tema de la conciencia, al que trataron de abordar m�s cient�ficamente. Se interesaban, entonces, en descubrir la funcionalidad de la conducta y la conciencia en t�rminos de su utilidad, y por otro lado intentaban relacionar los antecedentes con los consecuentes en la conducta. En este caso el t�rmino funci�n era usado en su acepci�n matem�tica. Aunque no desecharon el uso de la introspecci�n para obtener datos desarrollaron una metodolog�a experimental que buscaba establecer relaciones funcionales emp�ricamente demostradas. Este es sin duda uno de los mayores aportes del funcionalismo, si bien su metodolog�a ser�a posteriormente superada por el conductismo. A los funcionalistas les interesaba estudiar la actividad mental, a la que entend�an como orientada a la adaptaci�n del organismo. El acto adaptativo era central en su concepci�n y consideraban que toda conducta es originada por alg�n est�mulo sensorial, es decir, suscrib�an a la ecuaci�n E-R. Aunque Robert Woodworth planteaba que esta ecuaci�n implicaba la creencia en un organismo vac�o, por lo que �l agreg� al organismo y plante� la f�rmula: E-O-R (ib�dem). Gran parte de la conceptualizaci�n de los funcionalistas, como su modo de entender el aprendizaje, se basaba en principios asociacionistas. En cierto modo el hacer una diferencia entre el funcionalismo y el asociacionismo puede parecer artificial, y es dif�cil delimitarlos uno del otro. Algunos autores pueden caer en ambas categor�as, como Thorndike, pero lo cierto es que ser funcionalista no implica necesariamente ser asociacionista y viceversa. Watson por su parte se form� como funcionalista con James Angell, con quien luego tendr�a divergencias por considerar que la postura de Angell sobre la conciencia [1] era interaccionista (Marx y Hillix, 1976). A pesar de no haberse constituido como una teor�a sistem�tica y acabada, el funcionalismo sirvi� a la psicolog�a para romper con los m�todos y restricciones estructuralistas. Aport� un �nfasis experimental al intentar explicar la conducta humana (particularmente la conducta adaptativa) y el intento de establecer relaciones funcionales entre variables. Son estos aportes del funcionalismo los que preparar�an el camino para la aparici�n del conductismo. Asociacionismo El asociacionismo m�s que una escuela psicol�gica propiamente tal es un principio psicol�gico que surge de un intento de relacionar la psicolog�a con los conocimientos del mundo f�sico. Tal como los �tomos son porciones indivisibles de la materia que se combinan para producir cuerpos mayores, los procesos mentales pod�an interpretarse como asociaciones de ideas. Las primeras leyes de asociaci�n fueron establecidas por Arist�teles y ser�an retomadas por los empiristas ingleses. Fil�sofos como John Locke y David Hume en el siglo XVIII destacan la importancia de las percepciones sensoriales y de las asociaciones. Conocemos el mundo a trav�s de los sentidos. Las ideas complejas, que no son directamente sentidas, provienen de la asociaci�n de otras ideas m�s simples (que son directamente percibidas). Esta concepci�n del funcionamiento del ser humano y de la relaci�n del sujeto con la realidad ser�a tomada por la psicolog�a, que desarrollar�a una metodolog�a y experimentaci�n de las asociaciones en t�rminos E-R. En este planteamiento las asociaciones de ideas van siendo reemplazadas por formulaciones que asocian est�mulos con respuestas, planteamiento que se acerca m�s a la conducta manifiesta. Entre los asociacionistas destacan los estudios del alem�n Hermann Ebbinghaus sobre la memoria y el ruso Ivan Pavlov quien descubre accidentalmente el reflejo condicionado, que ser�a recogido por Watson para el conductismo. Pero quien desarrollar�a de un modo m�s sistem�tico una psicolog�a en t�rminos E-R ser�a Edward Thorndike. El conexionismo desarrollado por �l se interesaba por la utilidad de la conducta, pero la entend�a como el estudio de las conexiones entre est�mulo y respuesta. Es por esto que puede ser considerado funcionalista a la vez que asociacionista. No se interes� por el problema mente cuerpo, intentando evitar los t�rminos mentalistas y limit�ndose a usar datos objetivos. De �l es la conocida frase �si algo existe debe existir en cierta cantidad, y si existe en cierta cantidad entonces puede medirse� (Marx y Hillix, 1976, p�gina 136). Su principal aporte es la realizaci�n de la primera conceptualizaci�n del aprendizaje en t�rminos asociacionistas. En conclusi�n los asociacionistas aportaron una metodolog�a, compartida con el funcionalismo, que buscaba establecer relaciones funcionales entre variables. Establecen leyes de asociaci�n y plantean la ecuaci�n E-R que ser�a recogida tanto por los funcionalistas como por los conductistas. Estos �ltimos adem�s integrar�an a su sistema algunos conceptos te�ricos desarrollados por los asociacionistas como el condicionamiento. Psicolog�a animal El �ltimo antecedente al conductismo que considerar� brevemente es la psicolog�a animal. La obra de Charles Darwin y su supuesto, ya mencionado, de la continuidad biol�gica y mental entre los animales y los seres humanos impulsaron la aparici�n de esta rama de la psicolog�a que pretend�a estudiar y comprobar tal supuesto. G. J. Romanes en 1886 busc� evidencia que sustentara la idea de que los animales poseen una mente. Pero en su intento tendi� a antropomorfizar a los animales m�s all� de lo que pod�a probar cient�ficamente. Luego, en 1899, G. Lloyd Morgan cambi� la perspectiva y plante� que era posible probar tal continuidad sin necesidad de recurrir a la mente, bastaba con estudiar la conducta de los animales (Marx y Hillix, 1976). Morgan con sus estudios que destacaron la importancia del aprendizaje por ensayo y error influenci� el trabajo posterior de Thorndike y de Watson, �...los tres tendieron a explicar todo aprendizaje en funci�n de unos pocos principios simples, aplicables por igual al hombre y a los animales...� (ib�dem, p�gina 153). De la psicolog�a animal los conductistas tomar�an la experimentaci�n con animales en la b�squeda de principios que explicaran el comportamiento. CONDUCTISMO John Broadus Watson (1878-1958) funda el conductismo dentro de las primeras d�cadas del siglo XX. Como se�alaba anteriormente en esos a�os a�n se sent�a la influencia del estructuralismo de Titchener, adem�s de un creciente inter�s por el psicoan�lisis freudiano. Ambas modelos se caracterizan por utilizar datos introspectivos y subjetivos que no pueden ser sometidos a un an�lisis cient�fico objetivo como el de las ciencias naturales. Esto era uno de los postulados b�sicos de Watson, la necesidad de hacer una psicolog�a objetiva y cient�fica. Por esto se opone tenazmente al m�todo de la introspecci�n y al uso de cualquier tipo de datos o constructos que sean subjetivos y no susceptibles de ser observados emp�ricamente. El �mentalismo� se convierte para Watson en la amenaza de la no objetividad y la p�rdida del cientificismo. El mentalismo, en oposici�n al materialismo, se entiende como todo tipo de conceptos y constructos que sean internos y mediacionales (que median entre el est�mulo de entrada y la respuesta de salida) que no pueden ser observados y que se usan para explicar la conducta. Para Watson tal tipo de conceptos no son explicativos pues son circulares. Por ejemplo, decimos que una persona es agresiva si la vemos comportarse repetidamente de modo agresivo, o sea, al decir que la persona es agresiva estamos infiriendo una caracter�stica interna que no es observable, que explica la conducta, pero que se desprende precisamente de la conducta. Por lo tanto no es necesaria esta referencia a un mundo interno. La conducta puede y debe ser explicada en t�rminos descriptivos. Se ha planteado que esta postura no mediacional concibe al ser humano como a una caja negra (Mahoney, 1983), no sabemos lo que hay dentro de las personas ni es necesario saberlo. Esta postura que considera a un organismo vac�o, desprovisto de mente ha sido duramente criticada por quienes se oponen al conductismo. Pero las cr�ticas a veces son m�s duras de lo que el conductismo se merece. Ning�n conductista cree cabalmente que las personas est�n realmente vac�as. Mahoney lo plantea l�dicamente: �...para el no iniciado, a) todos los modificadores de conducta son skinnerianos; b) todos los skinnerianos suponen un organismo vac�o (sin mente); c) la noci�n de un organismo vac�o es absurda; d) consecuentemente, todos los modificadores de la conducta son est�pidos� (1983, p�gina 20). Luego agrega �...es ir�nico que muchas de las cr�ticas anticonductistas se hayan dirigido a una forma de filosof�a conductista que hace ya largo tiempo ha sido superada� (ib�dem). Para comprender de d�nde surgen estas cr�ticas se hace necesario recordar que Watson propone dos tipos distintos de conductismo: el radical o metaf�sico y el metodol�gico. El conductismo radical es la postura te�rica que niega expl�citamente la existencia de la mente y reduce al pensamiento a impulsos musculares subvocales (Wolman, 1986, p�gina 94; Marx y Hillix, 1976, p�gina 158). Planteamiento que fue confirmado por estudios de Jacobson en 1932 (citado en Mahoney, 1983, p�gina 24). Partiendo de la premisa de que la mente no tiene existencia real, por lo tanto los fen�menos conscientes y mentales no son abordables por la ciencia, de lo que se desprende que s�lo puede estudiarse el comportamiento. La experiencia es reducida a secreciones glandulares y movimientos musculares, y se entiende al comportamiento como determinado principalmente por las influencias ambientales. Esta postura extrema de Watson, y especialmente su �materialismo monista� (Mahoney, 1983, p�gina 23) que niega la existencia de la mente, es la que ocasiona un fuerte rechazo al conductismo por parte de otras corrientes te�ricas Esta actitud cr�tica a veces se extiende (probablemente por generalizaci�n de est�mulos) a todo aquello que se le parezca, como, por ejemplo, el modelo cognitivo-conductual y m�s all� (por condicionamiento cl�sico) a lo meramente cognitivo. Aunque los cognitivos nunca hayan planteado la existencia de un organismo vac�o, lo que ser�a contradictorio con su postura, ni jam�s hayan cuestionado la existencia de la mente, han de cargar con el sesgo de haber aparejado su nombre demasiadas veces con la palabra �conductual�. La negaci�n de la mente por parte de los conductistas implicaba un cambio de los t�rminos empleados, �autores como Ledwidge, Skinner, Rachlin, Greenspoon y Lamal dentro de la tradici�n del conductismo radical, evitan los llamados conceptos �mentalistas� tal como la �cognici�n�, argumentando que teorizar acerca de entidades invisibles es simplemente una actividad improductiva en la ciencia psicol�gica� (Rimm y Cunningham, 1988, p�gina 283). Es interesante observar, eso s�, que los conductistas no han planteado la existencia de un organismo realmente vac�o. Para ellos existen dos tipos de variables internas o mediacionales: las variables intervinientes y los constructos hipot�ticos (Mahoney, 1983). La variable interviniente �no es potencialmente observable; cumple un papel conceptual o descriptivo en la mediaci�n� (ib�dem, p�gina 32), o sea no es observada ni observable, en tanto un constructo hipot�tico es �una variable inferida (que) puede ser potencialmente observable� (ib�dem, p�gina 31). Ambos tipos de variables mediacionales �median� entre los est�mulos de entrada y la respuesta de salida adem�s ambos son inferidos, la diferencia radica en la posibilidad de observarlos. Los constructos hipot�ticos son de hecho observados o podr�an serlo. Entre los constructos hipot�ticos se encuentran todas las variables que corresponden a nuestra biolog�a y median estructuralmente entre los inputs y los outputs. Es este tipo de variables mediacionales observables que los conductistas aceptan en sus explicaciones de la conducta. De este modo para un conductista radical el organismo no est� vac�o sino que contiene las gl�ndulas y m�sculos que le permiten funcionar y que eventualmente pueden ser observados y sus respuestas medidas. Generalmente se habla del �modelo no mediacional� para denotar s�lo la ausencia de la mente y los factores psicol�gicos en el modelo conductual. Pero es necesario hacer notar que Skinner, por su parte, era contrario a todo tipo de variables mediacionales, fueran constructos hipot�ticos o variables intervinientes, si implicaban referir la explicaci�n de la conducta a un nivel diferente de observaci�n. Si bien puede aceptar que los constructos hipot�ticos referidos a la fisiolog�a existan, para �l �...tales mediadores son simplemente prerrequisitos estructurales para la conducta y se puede esperar poco de ellos como centro de la investigaci�n experimental� (ib�dem, p�gina 33). Por otro lado, volviendo a las dos versiones del conductismo, el conductismo metodol�gico se abstiene de hacer planteamientos metaf�sicos acerca de si la mente tiene o no existencia real, y se limita a establecer un paradigma que sea v�lido para hacer ciencia. �El conductismo metodol�gico se refiere principalmente a los procedimientos y m�todos de la investigaci�n psicol�gica, m�s que a su objeto de estudio� (Mahoney, 1983, p�gina 28). Esta metodolog�a de investigaci�n implica abordar aquellos fen�menos que sean susceptibles de ser observados y medidos. Tal delimitaci�n abarca naturalmente al comportamiento humano y deja afuera el problema mente-cuerpo y los aspectos subjetivos de la experiencia sin necesidad de discusi�n. Puede ser que existan, en cuyo caso se los suele considerar como epifen�menos, pero lo cierto es que no son materia de estudio cient�fico. El m�todo para estudiar la conducta es el m�todo experimental proveniente de las ciencias naturales, a las que Watson aspira a pertenecer. Se espera entonces que mediante la observaci�n de la conducta se pueda explicar, predecir y controlar el comportamiento humano. El conductismo metodol�gico alcanz� un mayor desarrollo y difusi�n que la vertiente metaf�sica (Mahoney, 1983, p�gina 29), pero hubo de cargar con las resistencias y la cr�tica que suscit� la postura radical de Watson. Si bien muchos autores se inscriben dentro del conductismo metodol�gico existen diferencias importantes entre ellos, incluso en t�rminos metodol�gicos. Basta, por ejemplo, con revisar las diferencias en los planteamientos de Hull y Skinner. O las diferencias entre ellos dos y su �nfasis en los procesos de refuerzo con respecto a Guthrie, que apelaba a principios m�s asociacionistas para explicar el aprendizaje (Wolman, 1986). A pesar de tales divergencias Mahoney plantea algunos principios que son comunes a la mayor�a de los conductistas metodol�gicos: �nfasis en la observabilidad de los fen�menos abordados y el supuesto de determinismo en las relaciones entre variables. Operacionalismo de las variables observadas que implica su definici�n clara y objetiva. Adem�s todos los conductistas metodol�gicos comparten un �nfasis en la experimentaci�n, que se caracteriza por los controles de la validez y confiabilidad, adem�s de la falsificabilidad o sometimiento a prueba de los experimentos. Por otra lado la repetici�n independiente de los experimentos era valorada por cuanto las confirmaciones de resultados obtenidas por otros investigadores legitima a�n m�s los resultados obtenidos (Mahoney, 1983, p�gina 28). Entonces, si bien Watson no fue el primero en plantear la necesidad e importancia de la objetividad en psicolog�a (Marx y Hillix, 1976), el principal aporte del conductismo a la ciencia psicol�gica es una metodolog�a que busca la objetividad de los datos y de sus conclusiones. Esta metodolog�a permiti� superar las dificultades de la psicolog�a introspeccionista. El paradigma conductista ser�a capaz de producir conocimientos y principios que actualmente son ampliamente aceptados (como los que se refieren a condicionamiento, tanto cl�sico como operante); y en base a ello se desarrollar�an t�cnicas de gran eficacia y de uso a�n hoy en d�a por muchos cl�nicos. Pero pronto aparecieron algunas limitaciones producto de dejar las variables mediacionales fuera del objeto de estudio. Estas anomal�as (en el sentido de Kuhn, 1971) debieran haber podido ser explicadas por el conductismo, pero fracas� en su intento. Para explicarlas era necesario recurrir a las variables mediacionales. La inferencia acerca de lo que ocurre dentro de la caja negra, que Watson condenaba por mentalista, result� ser necesaria. Hoy por hoy, tras la revoluci�n cognitiva, podr�a parecer que el conductismo est� completamente superado. Pero no es as�. Como veremos, muchos de los principios te�ricos desarrollados por ellos mantienen su vigencia. Adem�s, de las t�cnicas del repertorio conductual muchas han probado ser efectivas y a pesar de las cr�ticas que se le puedan hacer al conductismo desde un punto de vista te�rico, la utilidad pr�ctica de estos procedimientos es innegable y no se puede dejar de considerarlas. Aunque no se compartan los fundamentos te�ricos en base a los cuales estas t�cnicas fueron desarrolladas, ning�n cl�nico puede ignorar su efectividad y utilidad en el campo psicoterap�utico ya que pueden ser las m�s apropiadas o efectivas para determinados casos. Este punto es, en mi opini�n, particularmente importante. M�s all� de las posibles divergencias te�ricas un psic�logo cl�nico ha de preocuparse en primera instancia del paciente y del adecuado desarrollo de la psicoterapia. Si los intereses de mantener la adhesi�n a una cierta teor�a y sus estrategias terap�uticas son antepuestos al bienestar del paciente se incurre en una grave falta a la �tica profesional, dado que el paciente tiene derecho al mejor tratamiento disponible de acuerdo a la informaci�n cient�fica disponible (Berger, 1985). Un cl�nico ha de evaluar los procedimientos y t�cnicas disponibles en funci�n de su utilidad. Mi inter�s en este punto radica en que una vez hecho este planteamiento deber�amos ser capaces de aplicarlo a otros procedimientos que los cognitivo-conductuales no estar�n tan llanos a aplicar, como es el caso del trabajo con sue�os. El utilizarlo o no, no debe depender de si es posible justificarlo desde la teor�a (cosa que revisaremos en el cap�tulo 6), sino de si tiene alguna utilidad y en qu� casos es lo m�s apropiado esa intervenci�n y no otra. Pienso que ha de primar un criterio pragm�tico para decidir si una determinada estrategia terap�utica ha de ser utilizada o no. Es decir, si una t�cnica es la m�s adecuada para ciertas situaciones terap�uticas, debe ser utilizada sin que las reticencias te�ricas sean un obst�culo. Respecto a este punto, y en el caso particular del trabajo de sue�os, revisaremos m�s adelante si se justifican las objeciones te�ricas. Por otra parte tambi�n ser�a necesario revisar la utilidad emp�rica que este tipo de estrategia ha tenido o puede tener en psicoterapia. Volviendo al conductismo, la mayor parte de las cr�ticas y resistencias que despierta no tiene tanto que ver con sus desarrollos t�cnicos, sino m�s bien con los planteamientos de la vertiente radical. En este sentido se puede citar a Wolman: �algunos descubrimientos cient�ficos [2] quiz� no posean un valor permanente ni puedan resistir una revisi�n cr�tica, pero deben ser considerados, desde un punto de vista hist�rico, como etapas necesarias del desarrollo del pensamiento humano� (1986, p�gina 8). En este sentido Marx y Hillix afirman que �Watson opinaba que la psicolog�a, como disciplina cient�fica, necesitaba romper por completo con su pasado� (1976, p�gina 158). Luego agregan �Watson crey� necesario destruir la existencia misma de la mente, para que los psic�logos se liberaran del error metodol�gico de estudiar esta entidad supuesta� (ib�dem, p�gina 182). Es decir, si bien este planteamiento radical en s� mismo hoy parece insostenible, en su momento tuvo el valor de remecer la psicolog�a y renovarla d�ndole nuevos br�os y caminos para desarrollarse. Tal como, en mi opini�n, hoy por hoy el modelo cognitivo necesita volver a romper con ciertos planteamientos o sesgos del pasado para continuar con su desarrollo. PLANTEAMIENTOS TE�RICOS CONDUCTISTAS Como ve�amos Watson es considerado por muchos como el padre del conductismo, a pesar de que sus aportes a la psicolog�a no sean en realidad demasiados en t�rminos te�ricos o t�cnicos. Pero a �l se debe la adopci�n de esta nueva matriz conceptual que ser�a un gran aporte para el desarrollo de la psicolog�a. Revisemos brevemente y a modo de s�ntesis cu�les son los planteamientos fundamentales de Watson seg�n Marx y Hillix: 1. La conducta se compone de elementos de respuesta, y puede ser analizada con �xito mediante los m�todos objetivos de la ciencia natural. 2. La conducta se compone por entero de secreciones glandulares y movimientos musculares; por lo cual es en esta �ltima instancia reductible a procesos f�sico-qu�micos. 3. Ante todo est�mulo efectivo hay una respuesta inmediata de alg�n tipo; toda respuesta obedece a alg�n tipo de est�mulo. Hay entonces un estricto determinismo de causa y efecto en la conducta. 4. Los procesos de conciencia, si es que existen, no pueden ser estudiados cient�ficamente. Los alegatos concernientes a la conciencia representan tendencias sobrenaturales, y dado que constituyen remanentes de las fases teol�gicas precient�ficas de la psicolog�a es necesario ignorarlos. (Las cursivas son del original. Marx y Hillix, 1976, p�gina 160). Se puede apreciar en estos principios el uso exclusivo de datos objetivos, movimientos musculares o secreciones glandulares, y los principios conexionistas que se utilizan para explicarlos. Toda respuesta es ocasionada por un est�mulo antecedente. Aqu� se puede apreciar claramente la herencia asociacionista del conductismo. En este sentido el trabajo de Iv�n Pavlov y Bechterev en condicionamiento cl�sico fue de gran inter�s para Watson y ser�a uno de los pilares de la teor�a conductista. En el punto 4 se expresan reservas hacia los procesos de conciencia, que son vinculados a �tendencias sobrenaturales�. En palabras del mismo Watson: �El conductismo sostiene (...) que es la conducta del ser humano el objeto de estudio de la psicolog�a. Afirma que el concepto de conciencia no es preciso, ni siquiera utilizable. Habiendo recibido una formaci�n experimental, el conductista entiende, adem�s, que la creencia de que existe la conciencia rem�ntase a los antiguos d�as de la superstici�n y la magia� (las cursivas son del original, 1961 [1947], p�gina 20). De acuerdo a Watson, entonces, magia y superstici�n son antag�nicas a lo cient�fico; y, como ve�amos en la introducci�n, los sue�os han estado ligados por siglos a estos modos sobrenaturales de ver la realidad. Michel Jouvet, fisi�logo investigador de los sue�os, denomina a estas posturas teor�as metaf�sicas del so�ar (1998, p�gina31). Estas despiertan las reservas cientificistas de los conductistas y de sus herederos, por lo que es comprensible que no se interesen mayormente por ellos. Iv�n Petrovich Pavlov era un fisi�logo ruso que investigando sobre la salivaci�n de los perros realiz� por casualidad el descubrimiento que le har�a famoso. B�sicamente Pavlov estaba realizando mediciones de la salivaci�n de perros ante distintos est�mulos, cuando not� que los perros empezaban a salivar antes de que se presentara el est�mulo, es decir la comida en la boca del animal. Al investigar este fen�meno descubri� el llamado condicionamiento cl�sico. Veamos someramente en qu� consiste el condicionamiento cl�sico. Se llama est�mulo incondicionado (EI) a aquel que tiene el poder de provocar una respuesta incondicionada (RI) es decir innata o no aprendida, salivar. En el experimento de Pavlov la comida era el EI. Los est�mulos neutros, es decir aquellos est�mulos que no tienen control sobre la respuesta en cuesti�n y que no provocan ninguna otra respuesta, al ser aparejados repetidamente con el EI terminan por adquirir cierto control sobre la respuesta y se convierten en est�mulos condicionados (EC) capaces de producir una respuesta condicionada (RC). Es decir, aquellos est�mulos que eran aparejados por contig�idad con el EI (como el sonido de la puerta cuando el ayudante estaba pr�ximo a alimentar a los animales, o la misma visi�n de la persona que habitualmente los alimentaba) terminaban por producir salivaci�n. Entonces el condicionamiento cl�sico implica que un organismo aprende a responder de un modo similar a est�mulos que han estado repetidamente presentes al momento de la presentaci�n de un EI. Seg�n Pavlov exist�an dos procesos distintos. Uno es el establecimiento del condicionamiento, ya explicado, el otro es el refuerzo del condicionamiento. Es decir las siguientes veces que la presentaci�n del EC sea sucedida o aparejada con el EI. De lo contrario, si el EC es presentado repetidamente en ausencia del EI, ir� paulatinamente perdiendo su capacidad de elicitar la RC, hasta extinguirse (Wolman, 1986). Pavlov en sus posteriores investigaciones observ� c�mo las caracter�sticas de los est�mulos condicionados pod�an ser generalizadas o discriminadas. Generalizaci�n es cuando un est�mulo con caracter�sticas similares a un EC adquiere cierto control sobre la respuesta. Esta capacidad de elicitar la respuesta condicionada es mayor cuanto m�s se asemeja el est�mulo al EC y, consecuentemente, menor si es mayor la diferencia. Lo interesante es que este est�mulo similar al EC nunca hab�a sido aparejado al EI. Discriminaci�n es cuando el organismo es capaz de diferenciar al EC de otro est�mulo similar pero no id�ntico y no responde a �l. Implica la capacidad de diferenciar a un est�mulo similar de aquel que realmente ha sido aparejado con el EI y que indica su pr�xima aparici�n. El condicionamiento result� ser un mecanismo b�sico del aprendizaje de los animales inferiores y de los seres humanos e implic� la apertura de un nuevo campo de investigaci�n y experimentaci�n. Este ser�a aprovechado por los conductistas pues daba la oportunidad de estudiar conductas observables que pod�an ser f�cilmente ligadas a un est�mulo antecedente fuera este incondicionado o condicionado. Adem�s permit�a explicar parte de los mecanismos de aprendizaje sin necesidad de recurrir a explicaciones mentalistas. La teor�a de Pavlov daba a los conductistas un v�nculo entre los fen�menos psicol�gicos, la conducta, y la fisiolog�a, pero adoptaron una versi�n simplificada del condicionamiento alej�ndose de la complejidad de la explicaci�n fisiol�gica de Pavlov (Wolman, 1986, p�gina 72). B�sicamente lo consideraron un principio de aprendizaje. El condicionamiento se convirti� en el principio b�sico por medio del cual se pod�a explicar c�mo se realiza el aprendizaje. Desde el aprendizaje por ensayo y error hasta la adquisici�n del lenguaje eran considerados posibles en virtud del condicionamiento. Este modelo E - R utilizado para comprender al hombre implica que lo que hay dentro de �l es s�lo un mecanismo que en base al est�mulo acciona la respuesta. Por eso se puede decir que es un modelo mecanicista. Despu�s del modelo respondiente de funcionamiento basado en los principios del condicionamiento cl�sico, los conductistas plantearon otro modelo, el operante, basado en los estudios sobre condicionamiento operante y reforzamiento realizados principalmente por Skinner. Burrhus Frederic Skinner es sin duda uno de los conductistas m�s influyentes en la psicolog�a y especialmente dentro del desarrollo del modelo conductual. Su enfoque se caracteriza por ser ate�rico y fundamentalmente descriptivo. Era contrario a la teorizaci�n en psicolog�a pues pensaba que la disciplina a�n no estaba en condiciones de elaborar una teor�a acabada sobre el funcionamiento humano. En lugar de eso Skinner planteaba, desde su postura empirista y positivista, que lo que deb�a hacerse para poder predecir y controlar la conducta era observar experimentalmente y recolectar datos. Utilizaba, pues, un m�todo inductivo, opuesto al m�todo hipot�tico deductivo de Hull, y esperaba que cuando se contase con la suficiente cantidad de datos ser�a posible reunirlos bajo una teor�a coherente. Skinner m�s que explicar la conducta se limitaba a describirla. No le interesaba teorizar acerca de cu�les ser�an los mecanismos subyacentes que explican la conducta, simplemente se remit�a a lo que era observado y lo describ�a. Rechazaba las explicaciones fisiologicistas por considerar, como se�al� anteriormente, que los datos observados (la conducta) no deb�an ser referidos a otro nivel de observaci�n (como la fisiolog�a o los fen�menos mentales) para encontrar su explicaci�n. Esta postura de antirreduccionismo metodol�gico (Wolman, 1986) y su continuo rechazo al uso de t�rminos mentalistas contribuy� a formar la idea del organismo vac�o. Consecuentemente con su poca simpat�a hacia el uso de la estad�stica planteaba el an�lisis funcional de la conducta. La idea b�sica es establecer las relaciones y funciones entre las variables independientes (VI) y las dependientes (VD) aplicado a la conducta. En este caso las VI son las condiciones externas de las cuales la conducta es funci�n, y la VD es la conducta. Una causa ser�a una variaci�n en una VI, y un efecto ser�a un cambio en la VD. Skinner se limit� a establecer relaciones entre causas y efectos en un sentido descriptivo, no se preocup� de c�mo es que la causa da origen a un cierto efecto, es decir, no le preocupaba cu�l era el mecanismo subyacente que tendr�a valor explicativo. Para Skinner la psicolog�a es la ciencia de la conducta y la unidad fundamental de la conducta son los reflejos. Que entend�a como la correlaci�n entre est�mulos y respuesta, es decir, la relaci�n observada entre est�mulo y respuesta. En consecuencia la principal preocupaci�n de la investigaci�n es llegar a establecer las leyes que rigen a los reflejos. Si bien el t�rmino reflejo se usa referido principalmente a la conducta respondiente, para Skinner la conducta operante tambi�n puede adquirir una relaci�n con est�mulos previos que la determinen. Uno de los aportes m�s importantes de Skinner es su estudio de la conducta operante. La conducta respondiente, estudiada extensamente por Pavlov, se refiere principalmente a los reflejos e involucra principalmente la musculatura lisa y gl�ndulas. Las conductas respondientes son emitidas como respuesta a un est�mulo que puede ser claramente identificado. La conducta operante, en cambio, involucra principalmente a la musculatura estriada y es emitida en ausencia de estimulaci�n externa aparente. El est�mulo que desencadena una operante es desconocido y seg�n Skinner no es relevante para entender la operante. El �nfasis de la conducta operante es que es una conducta que opera sobre el medio ambiente del organismo. Es decir, aunque no ser�a plantearlo en t�rminos skinnerianos, podr�a decirse que el organismo act�a a trav�s de operantes esperando [3] producir ciertas consecuencias en el ambiente. El control de la conducta operante est� dado por las consecuencias que una determinada conducta haya tenido en el pasado. Un concepto central en el trabajo de Skinner es el refuerzo. Refuerzo es cualquier consecuencia en el ambiente ante una operante del organismo que tenga la cualidad de reforzar esa conducta, es decir, que aumente su probabilidad de ocurrencia en el futuro. El problema de por qu� refuerza el refuerzo ha sido tema de larga discusi�n. �Thorndike cre�a que los est�mulos reforzantes estaban originados por el placer o el dolor. Hull sustituy� el placer y el dolor por la reducci�n de la presi�n. Pavlov relacionaba el refuerzo con la cantidad de energ�as descargada por el factor estimulante� (Wolman, 1986, p�gina 159). Skinner se preocup� m�s de describir detalladamente el proceso del refuerzo que de buscar una respuesta. Consideraba que el refuerzo se relaciona con el bienestar del organismo. De hecho el poder reforzador de un est�mulo puede relacionarse con un estado de privaci�n determinado. La conducta ha de relacionarse con �alguna ventaja biol�gica general� (Wolman, 1986, p�gina 155) que favorece la supervivencia. El ejemplo m�s t�pico de refuerzo utilizado en los experimentos y en la �caja de Skinner� es el alimento en animales que han estado impedidos de comer por una cierta cantidad de tiempo. Cabe hacer notar que Skinner, que se opon�a al uso de t�rminos que describieran estados internos no observables, no habla de hambre, que no es observable ni modificable directamente. En lugar de ello prefiere hablar de privaci�n. Para Skinner existen dos tipos de condicionamiento: el respondiente y el operante. En el primero, como ya vimos, el organismo aprende a relacionar un est�mulo con una respuesta. En el segundo se relaciona una respuesta con una consecuencia. Estas pueden ser de varios tipos. Cuando la consecuencia es la presentaci�n de un est�mulo que aumenta la probabilidad de respuesta de la conducta, hablamos de un reforzador positivo, como por ejemplo la comida. Si un rat�n recibe alimento tras bajar una palanca, la probabilidad de que vuelva a emitir la conducta �bajar la palanca� aumentar� en el futuro. Si la consecuencia es la retirada de un est�mulo y esto tambi�n aumenta la probabilidad de respuesta de la conducta, entonces hablamos de un reforzador negativo. Por ejemplo, si a otro rat�n se le aplica un golpe el�ctrico que cesa una vez que baja una palanca, la probabilidad de que baje la palanca la pr�xima vez que se encuentre en las mismas circunstancias aumenta. Podr�a decirse que corresponde a est�mulos deseados o aversivos, aunque esta no es necesariamente una terminolog�a estrictamente skinneriana y observable, pues seguramente �l no aceptar�a hablar de �deseable�. Los est�mulos deseados se relacionan con la satisfacci�n de alg�n estado de privaci�n. En ambos casos el fortalecimiento de la respuesta implica una mejor adaptaci�n al ambiente y una mayor probabilidad de supervivencia. Por otro lado existen otro tipo de consecuencias a las que se puede denominar castigo. Estas corresponden a la presentaci�n de un est�mulo aversivo o a la retirada de un est�mulo deseado. Ambas tienden a disminuir la probabilidad de ocurrencia futura de una conducta. Pero Skinner no era partidario de su uso para la modificaci�n de conducta, pues �los efectos secundarios desafortunados del castigo son la reducci�n de la eficacia del organismo castigado y la generaci�n de ira y miedo� (Wolman, 1986, p�gina 164). En su lugar Skinner desarroll� otras estrategias. El poder del refuerzo para modificar la conducta permiti� desarrollar distintas t�cnicas conductuales. Ensayando primero con ratas y palomas, Skinner y sus colaboradores descubrieron que r�pidamente pod�an modificar la topograf�a de la conducta de estos animales hasta que realizaran conductas extremadamente complejas y alejadas del repertorio normal de su raza. Actividades tales como bajar palancas o picotear discos de colores eran reforzadas con alimento. Al poco tiempo los animales modificaban su pauta de comportamiento, es decir �aprend�an� en t�rminos conductistas, y obten�an su alimento de estas maneras. El alimento, entonces, es el reforzador. Cualquier est�mulo neutro que est� presente en el momento en que el refuerzo es otorgado puede, a trav�s de los mecanismos del condicionamiento cl�sico, ser asociado con el alimento y convertirse en un reforzador condicionado o secundario. Los reforzadores primarios ser�an los est�mulos que satisfacen directamente alg�n estado de privaci�n, y los secundarios ser�an est�mulos que han sido aparejados con ellos. Los reforzadores condicionados tienen poder para reforzar la conducta, pero su poder se extingue si son presentados repetidas veces sin ser aparejados con el reforzador primario. Del mismo modo las conductas instauradas por medio de los procedimientos de reforzamiento terminar�n por extinguirse si son emitidas sin obtener refuerzo. La rapidez con que una conducta se extingue, es decir, la cantidad de veces que debe ser emitida sin obtener refuerzo para que deje de realizarse, depende del programa de reforzamiento al que el organismo haya estado sometido. Existen dos tipos principales de programas de reforzamiento: fijo y variable. El primer caso es cuando toda conducta deseada emitida es reforzada. Los programas variables no refuerzan todas las conductas sino s�lo algunas. Pueden ser de cuatro tipos distintos. Un programa de raz�n fija es cuando el refuerzo ser� otorgado tras una cierta cantidad estable de respuestas. Por ejemplo se refuerza cada tres respuestas. Un programa de raz�n variable corresponde a cuando el refuerzo se otorgar� tras una cierta cantidad de respuestas que va cambiando cada vez. Por otro lado est�n los programas de intervalo, que tambi�n pueden ser fijos o variables. Estos corresponden a cuando el refuerzo estar� disponible al ejecutar la conducta tras una cierta cantidad de tiempo que puede ser siempre la misma o variar cada vez. Estos distintos programas de reforzamiento presentan distintas curvas de tasa de respuestas y son diferentes en cuanto a la resistencia a la extinci�n de la conducta reforzada. Si bien los principios de condicionamiento operante desarrollados por Skinner son interesantes no es necesario profundizar m�s en ellos. Para los efectos del inter�s central de este escrito basta con entender lo esencial del modelo conductual, esto da una idea de cu�l es la herencia que el conductismo lega al modelo cognitivo: una manera de concebir y abordar al ser humano y su experiencia. El ser humano es ahora un poco m�s complejo de lo que era para Pavlov, pero sigue siendo un ente que act�a en funci�n de est�mulos y consecuencias. Todas ellas m�s bien externas. Es cierto que Skinner consideraba la existencia de variables internas, pero las consideraba �privadas� (Skinner, 1981, p�gina 284) y no abordables para el estudio p�blico. Mahoney, sin embargo, intenta ser justo con los planteamientos de Skinner y afirma �El punto de vista de Skinner sobre los eventos privados ha sido, sin embargo, frecuentemente mal interpretado� (Mahoney, 1983, p�gina 15), luego cita al mismo Skinner �No se debe negar ninguna entidad o proceso que tenga alguna fuerza explicativa �til, con base en que es subjetiva o mental� (Skinner, 1963, citado en Mahoney, 1983, p�gina 15). M�s adelante vuelve a citarlo �...una adecuada ciencia de la conducta debe considerar los eventos que se llevan a cabo dentro de la piel del organismo� (ib�dem, p�gina 16). Si bien Skinner ya antes en una de sus obras principales Ciencia y conducta humana (Skinner, 1981 [1953]) hab�a dedicado varios cap�tulos a revisar lo que pasa bajo la piel, estos planteamientos no fueron los que m�s se difundieron de su postura. Probablemente debido a que a pesar de esas afirmaciones finalmente Skinner dedic� la mayor parte de sus esfuerzos a describir los mecanismos de la conducta operante (y observable) y no a especular sobre variables inferidas. En conclusi�n es posible afirmar que la concepci�n de sujeto del conductismo, el sujeto mec�nico, es pasivo y sin mente. Es decir, la concepci�n de ser humano es la de un organismo que no piensa ni genera conducta, su comportamiento simplemente est� controlado por est�mulos antecedentes y consecuencias. El ser humano es igualado, o al menos aproximado, a los animales. Skinner planeaba que las leyes del condicionamiento operante son iguales para los seres humanos y para los animales (Wolman, 1986), lo que puede ser cierto en lo que a los mecanismos de condicionamiento operante se refiere, pero es necesario cuestionarse si con eso basta para comprender el comportamiento humano. En suma es posible afirmar que �...el sujeto mec�nico es externo y observable, no contiene un s� mismo (Neimeyer, R. y Mahoney, M., 1998), est� vac�o, despojado de conciencia, s�lo contiene los m�sculos y gl�ndulas que necesita para responder al medio y a sus necesidades biol�gicas� (Y��ez y colaboradores, 1999). Las t�cnicas terap�uticas desarrolladas por este modelo te�rico son igualmente �externas�. Se busca la modificaci�n conductual sin que para ello sea necesario recurrir a la racionalidad (o a la irracionalidad) de los seres humanos. Basta con modificar el ambiente, controlar est�mulos, cambiar consecuencias, etc. Programas de modificaci�n conductual en base a reforzamiento y extinci�n, moldeamiento, entrenamiento asertivo, econom�a de fichas, desensibilizaci�n sistem�tica (DS) [4], inundaci�n, t�cnicas de autoeficacia, autocontrol, contracondicionamiento aversivo, etc. Todas ellas se desprenden de y son coherentes con una concepci�n de sujeto que pr�cticamente no necesita de su participaci�n para cambiar su conducta. Las terapias de conducta corresponden seg�n Rimm y Cunningham a �...una rama de la psicolog�a aplicada que da un �nfasis considerable a los principios del aprendizaje como base para la adquisici�n y modificaci�n de la conducta inadaptada� (Rimm y Cunningham, 1988, p�gina 283). Una de las premisas b�sicas de estas terapias es que el comportamiento en general, y el inadaptado tambi�n, es b�sicamente aprendido, raz�n por la cual pueden aspirar a modificar casi toda conducta indeseable. Revisaremos brevemente otros principios sobre los que, seg�n estos autores, se basan las terapias conductuales. Los terapeutas conductuales dirigen su inter�s a la conducta o a los �...procesos m�s cercanos a la conducta manifiesta� (ib�dem, p�gina 289). Si bien no siempre se mantienen estrictamente apegados a la conducta manifiesta y en algunos casos consideran variables mediacionales, como Wolpe al incluir en su planteamiento la ansiedad y las im�genes, de todas maneras intentan permanecer cerca de lo observable y de la conducta. Con esto Rimm y Cunningham se refieren a que se mantienen alejados de las profundidades inferenciales de otros modelos terap�uticos como el psicoan�lisis o enfoques humanistas-existenciales (ib�dem). Se centran en el aqu� y el ahora sin acudir a los datos hist�ricos mas que cuando aportan informaci�n a la situaci�n actual. El modo de entender la conducta de estas terapias implica el rechazo del enfoque de rasgos, los que generalmente son considerados como �...una parte relativamente constante o estable de la personalidad del individuo, por cuya causa dicho individuo se comporta de un modo m�s o menos similar a lo largo de una variedad de situaciones� (Rimm y Cunningham, 1988, p�gina 297). Para algunos terapeutas conductuales la conducta se explica por estar bajo el control de los est�mulos del ambiente, postura denominada situacionalismo (ib�dem). Otros adoptan una postura interaccionista intermedia que considera a la conducta como �...una funci�n conjunta de predisposiciones internas y de est�mulos o situaciones externas� (ib�dem, p�gina 297). Por otra parte los objetivos terap�uticos de estas terapias son espec�ficos y bien definidos. Podr�amos decir que han de ser observables. Generalmente se formulan en t�rminos de cambios conductuales o emocionales espec�ficos. Por ejemplo, disminuir la frecuencia de una determinada conducta indeseada (como fumar, o comer) o aumentar la frecuencia de emisi�n de una conducta deseada (como estudiar o realizar ejercicio). Esto va de la mano con el �nfasis en validar las t�cnicas utilizadas con evidencia emp�rica y a trav�s de la investigaci�n. Se intenta tener la certidumbre de que los procedimientos terap�uticos son efectivos en s�, y compararlos con otras t�cnicas (ib�dem). Es as� como los modificadores de conducta despliegan su arsenal t�cnico ante las m�s variadas problem�ticas obteniendo grandes �xitos. A�n hoy en d�a, las t�cnicas conductuales gozan de gran respeto y son reconocidas como eficaces por la mayor�a de los cl�nicos de todas las corrientes te�ricas. Pero dif�cilmente un modelo que �lo que omiti� puede representar una gran parte de los problemas m�s importantes de la conducta humana� (Wolman, 1986, p�gina 166), es decir las variables internas de tipo psicol�gicas, pod�a ser capaz de dar una respuesta exhaustiva a la comprensi�n te�rica de la conducta ni a las necesidades de la pr�ctica cl�nica. INSUFICIENCIAS Y QUIEBRE DE LA MATRIZ CONCEPTUAL La opci�n paradigm�tica del conductismo implic� abarcar s�lo aquella parte del fen�meno humano que era posible abordar con el rigor cient�fico de las ciencias naturales y cumpliendo con exigencias empiristas y positivistas. Se ha argumentado que esta elecci�n �...dejaba fuera de la psicolog�a muchos de sus componentes importantes...� (Marx y Hillix, 1976, p�gina 175). Wolman afirma �El objeto de la ciencia es estudiar todos los hechos, aun cuando no encajen en un sistema de coordenadas particular� (1986, p�gina 167). Pero estas objeciones y el rechazo que suscita considerar al ser humano como un mecanismo pasivo y no pensante pierden su fuerza ante los s�lidos resultados del conductismo. Principios probados emp�ricamente y t�cnicas que son eficaces en modificar la conducta. El problema para el conductismo es que eso no es suficiente. El an�lisis funcional de la conducta de Skinner no es capaz de abarcar la variedad de posibilidades y de problemas a los que se enfrenta la psicolog�a y especialmente la psicolog�a cl�nica. En definitiva el modelo no mediacional no es capaz de explicar completamente la complejidad de la que el comportamiento humano es capaz. Para poder comprender la conducta de los seres humanos y para poder ayudarles en un proceso de psicoterapia es necesario adem�s abordar sus procesos psicol�gicos. Es posible que los conductistas insistieran en no estar de acuerdo con este planteamiento. Lo que finalmente hace que su postura sea insostenible son las anomal�as que su mismo sistema no es capaz de explicar y que caen dentro del restringido espectro que definieron como su �rea. Es decir, el conductismo finalmente es derrotado por la evidencia de que existen situaciones en las para poder explicar la conducta es necesario acudir a las variables mediacionales. Mahoney (1983) plantea cuatro situaciones en las que se hace necesario recurrir a la inferencia de variables mediacionales para poder explicar cabalmente el comportamiento. En primer lugar cuando el mismo est�mulo provoca en un mismo organismo una respuesta A en un momento y una respuesta B en otro momento. El segundo caso es cuando est�mulos distintos provocan una misma respuesta. Por otro lado esta la situaci�n en la que un organismo es estimulado pero no responde y, al rev�s, cuando emite una respuesta sin haber sido estimulado. Estos casos hacen necesario el inferir variables mediacionales sean estas de �ndole estructural, biol�gica, o psicol�gicas. Siguiendo con los planteamientos de este autor, estos son los casos en los que inferir es apropiado y es necesario. Por otro lado est� la cuesti�n de cu�les ser�n las inferencias leg�timas. Al respecto se�ala �...el criterio leg�timo para justificar una inferencia no es su origen te�rico o sus asociaciones metaf�ricas; tampoco lo es su parsimonia ni su proximidad con los datos. El �nico criterio para justificar una inferencia emp�rica es pragm�tico. Una inferencia est� justificada si, y s�lo si, aumenta la precisi�n predictiva o amplitud conceptual. En la medida en que un supuesto elemento pueda mostrarse �til en la predicci�n, control o comprensi�n de relaciones sistem�ticas, es entonces l�gicamente apropiado� (en cursiva en el original, 1983, p�gina 45). Luego agrega �el principal criterio para la inferencia, implica una predicci�n precisa de un fen�meno, m�s que interpretaciones que tengan sentido despu�s de su ocurrencia�. La afirmaci�n de Mahoney podr�a tener un corolario para la cl�nica, referido a cu�ndo una determinada t�cnica est� justificada. Del mismo modo que en el caso de las inferencias, para escoger una estrategia la gu�a no est� dada por la teor�a, la parsimonia u otro criterio m�s que el pragm�tico. Una t�cnica est� justificada si, y s�lo si, la evidencia emp�rica indica que es la m�s efectiva para abordar una determinada problem�tica. La elecci�n debe implicar la predicci�n de que la aplicaci�n de la t�cnica tiene una alta probabilidad de tener un cierto efecto o producir un cierto cambio esperado y vinculado al curso de la psicoterapia. En el cap�tulo 6 volveremos sobre este punto. Volviendo a Mahoney (1983) su planteamiento b�sico consiste, entonces, en que la adecuaci�n de un modelo depende de su capacidad explicativa. Uno de los criterios importantes para esto es su capacidad de predecir eventos. Existen ciertos �mbitos en los cuales el modelo no mediacional ha sido muy pobre en cuanto a su capacidad explicativa, pero en los que los modelos mediacionales han probado ser necesarios y �tiles. En primer lugar numerosos estudios indican que los organismos responden a est�mulos percibidos mas que a est�mulos reales. Si somos capaces de conocer c�mo un est�mulo ser� percibido, nuestra capacidad predictiva de la respuesta aumentar�. Esto implica que algunos est�mulos no poseen una cualidad o capacidad en s�, de acuerdo con sus caracter�sticas f�sicas, para provocar determinadas respuestas. Estas dependen de la percepci�n o interpretaci�n que el individuo tiene del est�mulo. Esto explica en parte algunas de las cuatro situaciones que ve�amos anteriormente requieren de un modelo mediacional para ser explicadas cabalmente. En un estudio de Dulany (1968, en Mahoney 1983) los sujetos respond�an a un mismo est�mulo aumentando o disminuyendo su tasa de respuesta seg�n si lo interpretaban como un castigo o un premio. Esto nos lleva a otra �rea que Mahoney menciona como de dif�cil explicaci�n para el modelo no mediacional: el conocimiento. Lo define operacionalmente como �la capacidad de un sujeto para verbalizar o describir las contingencias a las cuales se halla sometido� (ib�dem, p�gina 52). Este tema ha sido motivo de largas discusiones. Algunos te�ricos no mediacionales no lo consideraban necesario para el aprendizaje. Finalmente Mahoney concluye que �el conocimiento puede no ser necesario para el aprendizaje, pero indudablemente lo facilita� (p�gina 57) significando un ahorro de ensayos y de tiempo. En diversos experimentos en los cuales los sujetos deb�an aprender una tarea, el conocimiento de cu�l era la contingencia de reforzamiento aumentaba substancialmente su ejecuci�n y disminu�a el tiempo del aprendizaje. En otros estudios se condicionaba una palabra por medio de condicionamiento cl�sico. Luego se observaba la generalizaci�n que se produc�a de la respuesta a otras palabras. Sorprendentemente se observaba una alta tasa de respuestas a palabras que topogr�ficamente eran muy distintas a la palabra condicionada, es decir, cuyas caracter�sticas eran muy distintas, pero que resultaban ser similares en su significado. Se concluy� que los sujetos �generalizan su respuesta condicionada seg�n el significado sem�ntico de otras palabras m�s que su similitud fon�tica� (ib�dem, p�gina 49). Esta evidencia nos lleva a otro punto que involucra al lenguaje. Se ha demostrado que �las palabras por s� solas pod�an desencadenar reacciones emocionales fuertes� (ib�dem, p�gina 51). Adem�s los seres humanos tienen la peculiaridad de estar frecuentemente inmersos en largas cadenas de autodi�logos que pueden suscitar respuestas emocionales en ausencia de est�mulos observables. La autoestimulaci�n simb�lica encubierta y autogenerada puede, por s� sola, producir respuestas emocionales observables sin que el modelo no mediacional sea capaz de explicarlo. Finalmente la �ltima �rea que Mahoney plantea requiere de un modelo mediacional para su comprensi�n es la del aprendizaje vicario. Este tipo de aprendizaje frecuentemente llamado observacional o social fue descrito por Bandura (1987). Consiste en que los seres humanos, y algunos animales, son capaces de aprender a realizar una tarea mediante la observaci�n de la ejecuci�n de otro sujeto. Esto implica que no es necesario aprender siempre mediante mecanismos de ensayo y error experimentados por el propio individuo. Ciertos aprendizajes pueden realizarse con la sola observaci�n. Esto tiene grandes implicancias para la supervivencia de la especie, pues se ahorra tiempo en realizar aprendizajes que pueden tener valores adaptativos y, lo que es m�s importante, se puede aprender sin necesidad de que todos los individuos de la especie corran el riesgo de realizar las acciones necesarias para ciertos aprendizajes peligrosos. Vicariamente los individuos pueden aprender c�mo hacer una determinada tarea y adem�s cu�l ser� su consecuencia. Ciertos comportamientos pueden inhibirse o facilitarse, es decir no emitirse o aumentar su frecuencia, seg�n si se observa que otros individuos son castigados o premiados al realizarlo. Es decir, se pueden realizar reforzamientos y castigos vicarios. Adem�s se ha observado la posibilidad de realizar aprendizajes de condicionamiento cl�sico vicariamente. Por otro lado es interesante que la imitaci�n de la conducta depende de ciertas caracter�sticas del modelo, como por ejemplo su estatus y la similitud con el observador. En algunos casos puede ser que se realice el aprendizaje de una determinada conducta, pero el observador puede no emitirla por falta de motivaci�n. Es claro que el modelo conductista dif�cilmente puede explicar los cambios conductuales en individuos que no han sido sometidos a ning�n tipo de estimulaci�n directa ni a consecuencias, sino que exclusivamente han observado a otro sujeto comportarse. Al respecto Feixas y Mir� plantean: �para explicar este tipo de aprendizaje es necesario recurrir a mecanismos complejos de procesamiento de informaci�n que suponen una discontinuidad respecto a los mecanismos implicados en los paradigmas anteriores�, luego agregan que esto �abri� la puerta a la modificaci�n cognitiva de la conducta� (1995, p�ginas 181 - 182). Estas distintas �reas de investigaci�n planteadas por Mahoney �no encajan adecuadamente en una perspectiva b�sica de entrada-salida� (1983, p�gina 60). Esta debilidad es la que hace necesario el paso a los modelos mediacionales. Las cr�ticas recibidas por el conductismo a pesar de su solidez e insistencia no pudieron hacer lo que las insuficiencias del modelo s�: obligarlo a realizar una revisi�n paradigm�tica de sus planteamientos y finalmente ampliarse. De este modo los conductistas pasan progresivamente a ser �cognitivo-conductuales�. Que es el tema que revisaremos en el cap�tulo 2.2. HERENCIA Y APORTES Indudablemente el conductismo fue un aporte para el desarrollo de la ciencia psicol�gica. Un aporte tanto en t�rminos te�ricos como t�cnicos. Los principios b�sicos de condicionamiento cl�sico y operante contin�an siendo v�lidos hoy y un aporte fundamental para explicar y entender los mecanismos del aprendizaje tanto animal como humano. Sin duda no son suficientes para explicar el complejo fen�meno que es el comportamiento humano, ni siquiera la totalidad de los mecanismos del aprendizaje humano. Sin embargo, son uno de los m�ritos del conductismo y son parte de su herencia a la psicolog�a en general. Por otro lado los conductistas desarrollaron un arsenal de t�cnicas terap�uticas destinadas a �modificar la conducta� de los pacientes que han resultado ser muy efectivas. Muchas de estas t�cnicas han rebasado los l�mites del campo cl�nico y son aplicadas exitosamente en ambientes tales como aulas de clases, empresas o diversas organizaciones sociales. Es decir el conductismo ha legado a la ciencia psicol�gica y a los psic�logos cl�nicos herramientas t�cnicas de gran valor y eficacia para enfrentar diversas problem�ticas. Pero eso no es todo. El punto que me interesa recalcar es que al surgir el modelo cognitivo en base a la necesidad de ampliar el objeto de estudio debido a las limitaciones con que se encontraron los conductistas, no puede desentenderse del peso de las opciones tomadas por ellos. Se hereda una perspectiva con un fuerte �nfasis en la metodolog�a y en la investigaci�n, y adem�s un fuerte �nfasis por lo observable. No es casual que cuando se plante� la necesidad de abordar lo que est� �debajo de la piel� no se haya acudido simplemente al psicoan�lisis, que ya estaba dedicado a eso hac�a d�cadas. Se elige otro rumbo, y esta elecci�n es comprensible a la luz del desarrollo hist�rico del modelo. Se escoge de lo interno lo que es m�s �observable�, la cognici�n. Los conductistas desean abordar las variables internas, pero no desean caer en los errores que el conductismo ayud� a superar. El inconsciente sigue siendo un campo oscuro. El psicoan�lisis, que intenta abordarlo, suena a mentalismo. Este enfoque te�rico lleg� incluso a ser considerado como un enemigo del que era necesario defenderse (Feixas y Mir�, 1995), y dado que la interpretaci�n de sue�os era una de las principales �armas� psicoterap�uticas de este enemigo, es f�cilmente comprensible que por condicionamiento cl�sico pasara a ser indeseable. Es as� como los sue�os, que ninguna cabida ten�an en el modelo conductual, dif�cilmente ser�n un tema abordable para los psic�logos cognitivos tradicionales. |