| RES�MENES |
| MELANIE KLEIN: TEOR�A DE LAS POSICIONES |
| La teorizaci�n cada vez m�s detallada en relaci�n al mundo interno como un mundo de objetos internos m�s que de instancias ps�quicas organizadas, impulsos o funciones, lleva a Klein a dise�ar la teor�a de las posiciones. Esto le dar� marco te�rico m�s acabado a una cl�nica a trav�s de la cual Klein concluye que las primeras experiencias del lactante inician una relaci�n de objeto, inaugurando una dial�ctica proyectiva-introyectiva ligada a la vida de fantas�as del ni�o. Las posiciones constituyen polos entre los cuales oscila la vida ps�quica; se definen a trav�s , justamente, de la posici�n del ni�o en relaci�n al objeto: caracter�sticas del objeto, caracter�sticas de la ansiedad, m�todos defensivos en relaci�n a dicha ansiedad. Esta teor�a implica el abandono del esquema de las fases libidinales para pasar a una conceptualizaci�n en la que la angustia, las defensas, el amor y la agresi�n se articulan con problemas de organizaci�n y estructuraci�n del mundo objetal |
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| ...estos conjuntos de ansiedades y defensas, aunque aparecen inicialmente durante las fases m�s precoces, no se limitan a este per�odo, sino que resurgen durante los primeros a�os de la infancia y ulteriormente bajo determinadas condiciones. Las ansiedades, defensas y relaciones de objeto que constituyen cada posici�n se vehiculizan en fantas�as inconscientes. Tanto los impulsos libidinales como los agresivos son vivenciados por el ni�o como un accionar sobre los objetos de dichos impulsos. Klein considera que la fantas�a inconsciente proporciona la matriz a partir de la cual se desarrollan las funciones mentales superiores. El concepto de fantas�a inconsciente es uno de los conceptos kleinianos debatidos en las Controversias, las que tuvieron lugar en la Sociedad Brit�nica en 1943-4 con el objeto de discutir los puntos centrales de la teor�a kleiniana. En el XII Congreso Internacional de Lucerna, en 1934, considera las intensas ansiedades del lactante como equiparables a las del psic�tico y las compara con la ansiedad del paranoico y del melanc�lico. En dicho Congreso describe por primera vez la posici�n depresiva en el trabajo Una contribuci�n a la psicog�nesis de los estados man�acos-depresivos; en 1938 lo har� en el XV Congreso (Paris) en El duelo y su relaci�n con los estados man�acos-depresivos. A fines de 1946, en su trabajo Notas sobre algunos mecanismos esquizoides , presentado ante la Sociedad Brit�nica, postula la posici�n esquizo-paranoide, describiendo en forma organizada los procesos primitivos que ya aparec�an en escritos anteriores. Posici�n Esquizo-paranoide La conceptualizaci�n de la posici�n esquizo-paranoide es el corolario de la evoluci�n de la temprana teorizaci�n kleiniana acerca de la existencia de temores persecutorios fantasm�ticos en los ni�os peque�os y la capacidad de los mismos de disociar el objeto. El paso intermedio en la evoluci�n de la teor�a consisti� en considerar un estado paranoide rudimentario como una etapa precoz del desarrollo situado en la fase anal primaria . Posteriormente, al describir la posici�n paranoide, Klein la considera el primer tipo de relaci�n de objeto de la fase oral, con aspectos ideales y aspectos persecutorios. Mantiene la diferenciaci�n de Abraham entre objetos parciales y objetos totales, otorg�ndoles caracter�sticas nuevas. Postula que las relaciones de objeto parcial, la escisi�n y la ansiedad persecutoria se presentan juntas y preceden a la integraci�n. En 1942 toma de Fairbairn el t�rmino esquizo y denomina a la primera posici�n esquizo-paranoide a fin de destacar la coexistencia de la escisi�n y la ansiedad persecutoria. Desde una �poca temprana de su teorizaci�n Klein sostiene que la ansiedad se origina en la acci�n interna del instinto de muerte. La alteraci�n del equilibrio pulsional es inaugurada por el nacimiento y se repite cada vez que privaciones de origen interno o externo intensifican las pulsiones agresivas. |
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| Klein considera que el ni�o est� en un conflicto pulsional entre la libido y la agresividad desde los inicios, conflicto que encara a trav�s de la deflexi�n del instinto de muerte y la constituci�n de un objeto escindido. Supone la existencia de un yo temprano, d�bil y no integrado pero no obstante capaz de instrumentar, bajo la acci�n de las pulsiones de vida, los primeros mecanismos de defensa: escisi�n, proyecci�n, introyecci�n. Estos mecanismos son de defensa ante la ansiedad de aniquilamiento. Ese yo incipiente registra la angustia, se relaciona con un primer objeto y opera mecanismos de defensa primitivos y, por lo tanto, extremos. Dicho de otro modo, opera con fantas�as relacionadas con un objeto. En relaci�n a las caracter�sticas de ese yo, Klein manifiesta su acuerdo con Winnicott en cuanto a considerarlo carente de cohesi�n y con una tendencia a integrarse que alterna con una tendencia a desintegrarse. Un yo que posee ciertos rudimentos de integraci�n y cohesi�n y progresa constantemente en esa direcci�n. Tambi�n realiza desde el comienzo de la vida postnatal algunas funciones fundamentales; por ejemplo usa los procesos de escisi�n y la inhibici�n de deseos instintivos como algunas de sus defensas contra la ansiedad persecutoria, vivenciada por el yo a partir del nacimiento. A partir de las primeras experiencias el lactante se relaciona con un objeto parcial bueno, resultante de la proyecci�n de la pulsi�n de vida (pecho bueno) y con un objeto parcial malo, resultante de la proyecci�n de la pulsi�n de muerte (pecho malo). Cuando la disociaci�n se realiza bajo predominio de la pulsi�n de muerte encontramos que las caracter�sticas del objeto viran de bueno a idealizado y de malo a persecutorio,terror�fico. Las caracter�sticas de tales objetos est�n, por lo tanto, �ntimamente relacionadas con las caracter�sticas de los impulsos que sobre ellos se proyectan. El pecho como primer objeto, y los objetos que se internalizan posteriormente, adquieren en los momentos en que el beb� atraviesa estados de frustraci�n y odio las caracter�sticas oral-s�dico, s�dico-uretrales y s�dico-anales de las pulsiones del lactante. La introyecci�n del pecho bueno constituye el n�cleo del yo. El interjuego de proyecci�n-introyecci�n lleva en un segundo momento a la internalizaci�n del pene paterno. Se trata de objetos parciales tanto por constituirse a partir de una parcialidad del objeto causada por el dominio de la pulsi�n oral como por tener s�lo una cualidad: bueno o malo. Puede decirse que el objeto parcial es totalmente bueno o totalmente malo. Las privaciones, al intensificar las pulsiones agresivas, generan la voracidad con el consiguiente aumento de la frustraci�n y, por lo tanto, de la ansiedad persecutoria. La voracidad es una emoci�n b�sicamente oral, muy vinculada con la envidia. Los detalles de sus fantas�as s�dicas determinan el contenido de su temor a los perseguidores internos y externos y, en primer lugar, el pecho retaliativo(malo).Como los ataques fantaseados dirigidos contra el objeto son fundamentalmente influidos por la voracidad, el temor a la voracidad del objeto , debido a la proyecci�n, constituye un elemento esencial de la ansiedad persecutoria: el pecho malo devorar� al beb� con la misma voracidad con que �l desea devorarlo. Sin embargo, a�n durante el estadio primitivo, la ansiedad persecutoria es en cierta medida contrarrestada por la relaci�n del lactante con el pecho bueno. Considera que la f�rmula instintual est� constitucionalmente determinada, aunque toma en cuenta las caracter�sticas reales del v�nculo en cuanto a su capacidad de acrecentar o atemperar la ansiedad persecutoria. El hecho de que una buena relaci�n con la madre y con el mundo ayuda al beb� a superar sus primeras ansiedades paranoides, arroja nueva luz sobre la importancia de las primeras experiencias(...) s�lo desde que sabemos m�s sobre la naturaleza y contenido de sus primeras ansiedades y el interjuego constante entre sus experiencias reales y su vida de fantas�a, podemos comprender plenamente porqu� el factor externo es tan importante. El pecho gratificador que ha sido internalizado bajo el dominio de la libido de succi�n es sentido como completo y act�a como n�cleo del yo, contrarrestando los procesos de escisi�n y dispersi�n y favoreciendo la integraci�n. O sea que la introyecci�n estable del objeto bueno es una precondici�n para el desarrollo normal. En relaci�n a los mecanismos de defensa encontramos que el mecanismo de la escisi�n es central en la obra kleiniana. Cuando Klein toma el t�rmino esquizoide remarca la tendencia del yo a escindir el objeto y a s� mismo. La escisi�n como movimiento fundante va intr�nsecamente acompa�ada de la deflexi�n (desviaci�n) del instinto de muerte, inaugurando la dial�ctica proyecci�n-introyecci�n. La escisi�n o clivaje es la defensa m�s primitiva contra la angustia generada por la operancia del instinto de muerte; el objeto de las pulsiones er�ticas y destructivas es escindido en un objeto bueno y en un objeto malo, los que tienen una autonom�a relativa entre s�. El clivaje del objeto se realiza principalmente por el clivaje de los impulsos y su proyecci�n, secundariamente por las caracter�sticas de gratificaci�n o frustraci�n de la relaci�n con el objeto. En la medida que el interjuego de introyecci�n y proyecci�n est� en el origen del yo, la escisi�n del objeto implica la escisi�n del yo. Klein va acentuando su car�cter funcional, discriminador y fundante de las diferenciaciones psique-soma. Es el principal mecanismo que, junto a la proyecci�n e introyecci�n, va organizando un mundo interno diferenciado a partir de la indiscriminaci�n inicial. Su modalidad va cambiando acorde a la complejidad del mundo interno y al predominio del instinto de muerte o no en su aplicaci�n. ...existen grandes variaciones en la fuerza, frecuencia y duraci�n de los procesos de escisi�n (no solamente en individuos distintos sino en un mismo ni�o en distintos momentos). La r�pida alternancia, o incluso, seg�n parece, simultaneidad, de una multitud de procesos, es parte de la complejidad de la vida emocional temprana. Por ejemplo, podemos ver que juntamente con la escisi�n del pecho en dos aspectos, amado y odiado(bueno y malo) existe una escisi�n de distinta naturaleza que origina la sensaci�n de que el yo, as� como su objeto, est� despedazado; estos procesos subyacen a los estados de desintegraci�n. Estos estados(...)alternan con otros en los que va en aumento el grado de integraci�n del yo y la s�ntesis del objeto. Esto significa que la fragmentaci�n puede o no dominar en los primitivos procesos de escisi�n. Con la posterior profundizaci�n de los conceptos de identificaci�n proyectiva y envidia , Klein va precisando las modificaciones cualitativas de la escisi�n en la construcci�n del mundo interno. Retomando mi concepto acerca de los conceptos primarios de disociaci�n, he adelantado recientemente la hip�tesis de que para el desarrollo normal es esencial que en la m�s temprana infancia tenga lugar la divisi�n entre el objeto bueno y el malo, entre el amor y el odio. Cuando tal divisi�n no es demasiado severa, pero lo suficiente como para diferenciar entre bueno y malo, forma seg�n mi punto de vista uno de los elementos b�sicos para la estabilidad y salud mental. Esto significa que el yo es suficientemente fuerte como para no ser abrumado por la ansiedad y que junto con la disociaci�n se est� llevando a cabo cierta integraci�n (aunque en forma rudimentaria) que s�lo es posible si en la fusi�n el instinto de vida predomina sobre el de muerte. Las modalidades de la escisi�n inciden en forma directa en las modalidades que toman posteriormente las defensas obsesivas y la represi�n. Klein considera la represi�n un procedimiento m�s exitoso para detener y modificar las ansiedades. Aparecer�a en el segundo a�o de vida sobre las bases de diferenciaci�n e integraci�n logradas a trav�s de mecanismos m�s tempranos. En relaci�n a la idealizaci�n se relaciona, por un lado, con la gratificaci�n alucinatoria de deseos que sustentar�a la creencia en un pecho gratificador en forma ilimitada y, por otro, en la necesidad de defenderse del pecho perseguidor. En este mecanismo intervienen, adem�s, la negaci�n y el control omnipotente. Dentro de los desarrollos te�ricos de la posici�n esquizo-paranoide es de central importancia el concepto de identificaci�n proyectiva, sumamente relacionado a las problem�ticas y destinos de la escisi�n. A causa de dicha importancia ser� tratado en forma separada. Durante la posici�n esquizo-paranoide hay momentos de integraci�n del objeto y del yo, que implican un comienzo de la ambivalencia, aunque en relaci�n a objetos parciales. El progreso en los procesos de s�ntesis aten�a la escisi�n objeto bueno-objeto malo y lleva a que el ni�o se relacione con su madre como una totalidad. Esto inaugura la posici�n depresiva e inicia el Complejo de Edipo temprano |
| Posici�n depresiva El cambio de la relaci�n de objeto de parcial a total marca la entrada en la posici�n depresiva, modificando las ansiedades y, por lo tanto, las defensas. De los tres a los seis meses se observa un mayor desarrollo de las funciones yoicas y de la organizaci�n fantasm�tica del beb�, la instauraci�n del pecho bueno disminuye los procesos de escisi�n y los estados de integraci�n son cada vez m�s frecuentes. ...ocurren importantes progresos en el desarrollo del yo, los que no s�lo capacitan al yo para establecer defensas m�s adecuadas contra la ansiedad ,sino que logran eventualmente una disminuci�n efectiva de la misma. La repetida experiencia de enfrentar la realidad ps�quica, implicada en la elaboraci�n de la posici�n depresiva, aumenta la comprensi�n del beb� del mundo externo.Paralelamente, la imagen de los padres, en un principio distorsionada en figuras idealizadas y terribles, se aproxima gradualmente a la realidad. La ambivalencia es ahora hacia un objeto total, los procesos de integraci�n y s�ntesis hacen que el conflicto entre el amor y el odio surja muy claramente, en el marco de un mayor reconocimiento de la realidad ps�quica. La ansiedad se modifica cualitativamente, el beb� est� expuesto a la vivencia de p�rdida pues las pulsiones agresivas ponen en peligro al objeto amado. Al ser percibida la madre como objeto total, como persona, se modifica la identificaci�n del beb� con la misma. Es sentida como un refugio ante los temores persecutorios pero tambi�n se la considera expuesta al ataque de los perseguidores internos e, incluso, al propio odio y sadismo del beb�. |
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| La p�rdida en la realidad ps�quica del objeto total confronta al ni�o a una nueva gama de sentimientos, al dolor y la tristeza se agrega la culpa, por cuanto la omnipotencia lo lleva a considerar que el peligro que corre el objeto es consecuencia de sus propios impulsos y fantas�as. El temor a la p�rdida intensifica la identificaci�n con el objeto y la voracidad, la cual debe ser inhibida. Los m�todos defensivos se aplican ahora a la ansiedad depresiva, se hacen menos extremos y ...alterados en forma y fin constituyen la defensa man�aca. Klein considera tan importantes las defensas man�acas que en cierto per�odo de su teorizaci�n habl� de posici�n man�aca (1935-1940). Su objetivo es centralmente negar la realidad ps�quica en cuanto es fuente de dolor y temores depresivos, esto implica cierta negaci�n de la realidad exterior. La negaci�n de la realidad ps�quica puede implicar la negaci�n del amor. La tr�ada man�aca est� constitu�da por: control-triunfo-desprecio. El control omnipotente, al estar aplicado ahora a la ansiedad depresiva, es utilizado para evitar la frustraci�n y la consiguiente agresi�n, la que constituir�a un peligro para el objeto. La modificaci�n del uso de la escisi�n consiste en que su aplicaci�n deriva en un objeto indemne y un objeto muerto o moribundo, siendo el temor a que los objetos internos est�n muertos o moribundos el n�cleo de la aflicci�n en los estados depresivos. Los sentimientos de culpa ante la creencia de haber da�ado al objeto amado ponen en marcha la tendencia a la reparaci�n, originada en las pulsiones de vida. Klein considera unidas la culpa y la reparaci�n. El ni�o vivencia la reparaci�n de sus objetos en �ntima relaci�n con los logros de su propio desarrollo, de esta manera las ansiedades paranoides y depresivas van modific�ndose a lo largo de la primera infancia. En este estadio, el deseo de reparar al objeto da�ado entra en juego de lleno. Seg�n hemos visto anteriormente, esta tendencia se halla inextrincablemente ligada a sentimientos de culpa. Al sentir el beb� que sus pulsiones y fantas�as de destrucci�n est�n dirigidos contra la persona total de su objeto amado, surge la culpa en toda su fuerza y, junto con ella, la necesidad dominante de reparar, preservar o revivir el objeto amado da�ado. En mi opini�n, estas emociones conducen a estados de duelo; y las defensas movilizadas, a tentativas por parte del yo a superar el duelo.Puesto que la tendencia a reparar deriva en �ltima instancia del instinto de vida, origina fantas�as y deseos libidinales. Esta tendencia forma parte de todas las sublimaciones y constituir�, a partir de este estadio en adelante, el medio m�s poderoso por el cual se mantiene a raya y se disminuye la depresi�n. Son sumamente importantes en la reparaci�n del objeto las defensas obsesivas, las que pueden tambi�n estar en relaci�n a la ansiedad paranoide. El equilibrio entre las defensas obsesivas y las man�acas ser� determinante en la relaci�n con el objeto que se teme da�ado. Al igual que en relaci�n a la posici�n esquizo-paranoide Klein considera que un uso adecuado de las defensas disminuye la ansiedad y promueve la integraci�n, pero un uso excesivo de las mismas dificulta y puede impedir la elaboraci�n de las problem�ticas espec�ficas de cada posici�n, persistiendo constelaciones fantasm�ticas que constituyen puntos de fijaci�n. Las fluctuaciones entre la posici�n depresiva y la man�aca son parte esencial del desarrollo normal. El yo est� conducido por ansiedades depresivas(ansiedad por miedo a que tanto �l como los objetos amados sean destruidos)a construir fantas�as omnipotentes y violentas, en parte con el prop�sito de controlar y dominar los objetos "malos", peligrosos, y en parte para salvar y restaurar los objetos amados. Desde el comienzo mismo ,estas fantas�as omnipotentes , tanto las destructivas como las de restauraci�n, estimulan todas las actividades, intereses y sublimaciones del ni�o y entran en ellas.(...) Sin una negaci�n parcial y temporaria de la realidad ps�quica, el yo no podr�a soportar el desastre por el que �l mismo se siente amenazado cuando la posici�n depresiva llega a su c�spide. Encontramos en la posici�n esquizo-paranoide los puntos de fijaci�n de la esquizofrenia y la paranoia; en los inicios de la posici�n depresiva los puntos de fijaci�n de la man�a y la melancol�a. Como es evidente, el concepto de posici�n reformula el de regresi�n , el cual es en la teor�a kleiniana un movimiento relativamente fluido entre las distintas ansiedades y defensas. Nos hemos referido a los efectos de los procesos de s�ntesis sobre la ansiedad; desde el punto de vista de las pulsiones, la integraci�n del objeto y del yo fortalece las pulsiones genitales, las que a su vez son otra fuente de intensificaci�n de las identificaciones con el objeto. Conjuntamente con la posici�n depresiva se inicia el Complejo de Edipo temprano, ya que los procesos de integraci�n llevan a la necesidad de preservar al pecho y a la madre como objeto total, estimulando el pasaje al pene paterno y al padre; y al reconocimiento del tercero. El beb� necesita proteger al objeto y al yo de la intensificaci�n y modificaci�n de la agresi�n provocada por las frustraciones orales (destete) y la dentici�n. En su mente persisten fluctuaciones en el grado de integraci�n y discriminaci�n de los objetos, el Complejo de Edipo temprano tiene como principal escenario la pareja combinada, es decir, el cuerpo de la madre conteniendo el pene paterno. El inicio del Complejo de Edipo en la posici�n depresiva tiene importantes implicancias, adem�s del temor a la castraci�n el amor por los objetos ed�picos tiene fuerte incidencia en la renuncia ed�pica. La elaboraci�n de la posici�n depresiva es crucial en la capacidad posterior de elaborar duelos. Su superaci�n supone la introyecci�n estable del objeto amado y el establecimiento de la capacidad de reparar y simbolizar. Aunque los aspectos fundamentales se dan en la segunda mitad del primer a�o de vida, se va elaborando a lo largo de la primera infancia a trav�s de la neurosis infantil ...una combinaci�n de procesos mediante los cuales las ansiedades de naturaleza psic�tica son ligadas, elaboradas y modificadas. La neurosis infantil termina al comienzo de la latencia, con la modificaci�n de las ansiedades tempranas y el dominio de las pulsiones genitales. Es en el desarrollo de la neurosis infantil donde vemos claramente el accionar de las defensas obsesivas y, a partir del segundo a�o, de la represi�n, mecanismo que, a diferencia de la escisi�n, no implica el riesgo de la desintegraci�n del yo. Todos los aspectos del desarrollo contribuyen a la modificaci�n de la ansiedad, la cual a su vez influye sobre dichos procesos. En el segundo a�o, con el progreso en el desarrollo del yo, el ni�o utiliza su creciente adaptaci�n a la realidad externa y su creciente control de las funciones corporales para poner a prueba los peligros internos por medio de la realidad externa. Klein considera que el juicio de realidad es decisivo en el trabajo de duelo , y que en cada situaci�n en que la persona se ve confrontada con el penar por la p�rdida de objetos amados se consideran en peligro los objetos internos y la conexi�n con la realidad tiene como fin reestablecer el mundo interno destruido. Cuando el ni�o pasa a trav�s de la posici�n depresiva, lucha en su inconsciente con la tarea de establecer e integrar el mundo interno, del mismo modo que el sujeto en duelo sufre con el reestablecimiento y la reintegraci�n de este mundo. |