Cuba

LA COMUNIDAD INFORMATIVA Y LOS GOBIERNOS NO DEBEN DEJARSE MANIPULAR POR LOS FUNDAMENTALISTAS

Periodistas y escritores *

Durante el periodo de moderada prosperidad que vivió Cuba en los años 60 y 70, surgieron múltiples publicaciones y medios de comunicación. Allí se integraron, formaron y obtuvieron trabajo cientos de periodistas.

Cuando en 1989 se precipitó en el caos la Unión Soviética, Cuba perdió el mayor mercado para su producción, así como la principal fuente de apoyo económico que poseía. Fue entonces que dentro de la oscura situación de aislamiento comercial, desabastecimiento económico y propaganda adversa a lo largo y ancho del mundo, varias empresas periodísticas debieron cerrar sus puertas, o achicar drásticamente su producción. En este proceso algunos periodistas tuvieron que cambiar de trabajo, otros fueron reubicados -pasándolos de periódicos impresos a radioemisoras o canales de TV.

Esto fue denunciado recientemente por la SIP (Sociedad Interamericana de Prensa) como "preocupante inestabilidad laboral". La denuncia figura en un digesto distribuido con profusión a través de la cadena de grandes empresas mundiales que explotan el negocio periodístico.

Por cierto la SIP omitió decir que todos los periodistas afectados por el desabastecimiento en Cuba recibieron apoyo económico del gobierno. Y que la reubicación se debió justamente a la voluntad de no dejar a nadie sin trabajo. Si ya no había diarios, pues bien, se integraba a la mayor cantidad de gente posible a las radios, o a otro medio.

Sospechosamente, este digesto se publicó un mes antes de la reunión de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados de América (OEA) del 18 de abril pasado, en Ginebra, donde los sectores más retrógrados del poder en los Estados Unidos impusieron una condena a Cuba por supuestas "violaciones a los derechos humanos".

También hace unos dos meses, cierto talentoso periodista chileno, de vasta trayectoria, reconocida profesionalidad e insospechable de practicar "comunismo", fue despedido de su cargo directivo por la empresa de información e Internet La Nación. Fuentes inobjetables indicaron que este despido se producía por solicitud del gobierno, a quien "le parecía inconveniente la línea editorial impulsada por Cárdenas". En este caso flagrante de violación a los derechos del periodista,  la SIP guardó absoluto silencio.

A pedido de la Asociación de Periodistas de Internet, Ricardo Trotti, director de la oficina de Libertad de Prensa de la SIP, se había comprometido a fijar una posición pública respecto del tema mencionado (el documento consta en los archivos de la API). Sin embargo, este asunto, según Trotti, "sigue en estudio".

Podrían describirse múltiples acciones semejantes, que demuestran el doble discurso de las organizaciones supuestamente "defensoras de la libertad de prensa", que empapelan y aplican tratamientos de shock televisivo, radiofónico y ciberespacial ahora, masajeando psicológicamente a la opinión pública para obtener consenso para su más reciente consigna: la condena de Cuba en la OEA.

No es extraño que deformen los hechos cuando se refiere a países socialistas. Tanto la SIP como otras organizaciones semejantes no son asociaciones libres. Dependen rigurosamente de los negocios periodísticos que les dan sustento. Tampoco es sorprendente la difusión que tienen sus llamados. Sus mandantes son los dueños de la mayor parte de toda la vasta red de negocios periodísticos que han montado los grandes capitalistas a lo largo y lo ancho del mundo.

Por ello, estas supuestas asociaciones para la "libertad de prensa" fueron ingeniosamente rebautizadas: en la jerga interna del periodismo latinoamericano se denomina a la SIP "defensora de la libertad de empresa". Aún dentro de los mismos diarios, revistas y emisoras que integran su organización.

Es casi ridícula esta actitud de las mencionadas entidades, por arrimar argumentos al propósito declarado de la ultraderecha estadounidense de lograr una condena a la república de Cuba. Cuando vastos sectores de la misma opinión pública estadounidense consideran un grave error político, económico e incluso una constante violación a los derechos humanos la continuidad del bloqueo a Cuba, las empresas periodísticas lanzan a sus empleados manifiestos y encubiertos en esta campaña desinformativa. Cuando incluso un importante sector de la derecha política estadounidense, encabezada por Rockefeller, se autocritica del bloqueo y declara públicamente que ésto no puede seguir... A contrapelo de su tiempo y oportunidad política, un enquistado sector fundamentalista presiona para obtener la condena de Cuba en la OEA.

Es el mismo sector que no vaciló en repudiar los protocolos de Kyoto, provocando una grave crisis mundial por el peligro ecológico destructivo que ello implica. Pese a que ellos mismos los habían firmado. Y traicionando la promesa efectuada en la campaña electoral de los Estados Unidos.

Desde todo punto de vista, racional, humano, profesional y político consideramos una malversación evidente la campaña periodística lanzada en el mundo entero para lograr la condena de Cuba por parte de los países que integran la OEA.

El país que el fundamentalismo estadounidense busca condenar, es un país donde no hay analfabetos. Un país que prepara los mejores médicos del mundo, quienes se organizan en brigadas que curan gratuitamente en los países más pobres, allí donde ningún "Rambo" se atrevería a entrar por lo inhóspito de la región. El país que se busca condenar es aquél que, ante la carencia de piezas de importación para que sus máquinas funcionen, aprendió a fabricarlas por sí mismo y salió adelante. Un país como éste, merece al menos un cauteloso respeto.

Por ello, solicitamos a los gobiernos de todo el mundo dejen de lado las presiones ejercidas en base a sus carencias y la deuda externa con que los beligerantes los acosan, dejen de lado el miedo y la desesperanza, y voten a conciencia, absteniéndose de condenar a Cuba.

Sus hijos no lo olvidarán, y el día de mañana, cuando vivamos en una sociedad más armónica y humana, podrán decir: "nuestros padres, gobernantes de este país, contribuyeron a construir un mundo más justo, absteniéndose de caer en las intrigas de los negociantes de la muerte, el tráfico de armas y la esclavitud". 

* Julio Carreras, escritor, periodista y coordinador General de la Asociación de Periodistas de Internet; Radames Marini, periodista y director de Hispaprensa (Argentina); María Cecilia Alegre, periodista (Argentina); Alfredo Félix Pérez Aráuzo, periodista (Uruguay); Miguel Gallardo, periodista (México); Miguel Schettino, periodista y director de IDIP.com.ar (Agencia de Noticias de Argentina); Edda Chávez, periodista y directora de Le Monde Diplomatique (México); Julio Torreguitart, periodista (Argentina); Pablo Tasso, periodista (México); Nelson Peñaherrera, periodista (Perú); Armando Ramírez, periodista (México); Hugo Rubén, periodista (Argentina) y Gervasio Espinosa (Argentina).

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