Te tiene que gustar mucho

"Te tiene que gustar mucho"

La astronomía siempre ha sido mi pasión, después de tantos años de observación (tengo 50 y comencé a los 17 aproximadamente),todavía siento nerviosismo en la boca del estómago cada vez que preparo el material para la sesión de observación.
Es como asistir a una función en la que la platea es toda nuestra, y el telón se abre poco a poco, a medida que la noche comienza a reinar, el Gran Espectáculo está próximo a empezar.
Pero hoy quisiera hablaros de lo que me supone cada vez que deseo realiar una sesión de observación. Supongo que en este artículo se verá reflejado más de uno, pero así es nuestra afición.
Hasta hace un par de años, la preparación era mucho más llevadera y fácil, pues contaba con un pequeño, pero muy buen refractor Polarex-Unitron de tan solo 60mm de diámetro, 900mm de focal y montura ecuatorial. A este instrumento le he sacado todo el rendimiento que uno puede esperar de un aparato de estas dimensiones, pero cuántas horas he pasado con él y cuánto he disfrutado de los distintos cielos a donde lo he llevado para observar.
Con este instrumento el trabajo de montaje se hacía relativamente fácil, pero fueron pasando los años y al fin pude conseguir uno de mis sueños ( y supongo que el de más de uno) un SC de 10", computerizado y con la opción GO TO. El sueño se hizo realidad y en la primera Marathón Messier que lo utilicé, pude observar 87 objetos de la famosa lista, casi nada, yo alucinaba, si bien M77 y M39 quedaron en el cajón como otros tantos, pero no estaba mal para ser la primera Maratón.
De hecho lo que quería contaros son las vicisitudes que debo realizar cada vez que salgo a observar, pues no tengo la suerte de poseer un observatorio fijo. A continuación os cuento las peripecias que debo superar.
Todo comienza unos días antes, preparando las cartas y el material de apoyo. Por fin llega el día de la salida, o mejor dicho la tarde y comienza el sube y baja y el desfile de material de mi casa al coche y del coche a mi casa.
Comienzo con la mesa de camping, una tumbona y un taburete de madera, de esos que gira el asiento para así adaptarlo a la altura del ocular si efectuo exposiciones muy largas.
Sigo con la maleta de los oculares, cables, linternas y otros artilugios. A todo esto el sudor ya ha empezado a hacer acto de presencia en mí, el coche se va cargando poco a poco.
Antes me he preparado un bocadillo, unas galletas y un termo con café con leche para premiar el cuerpo a esas intempestivas horas. A veces cargo con una petaca de whisky, pero sin pasarse, pues comenzaría a ver demasiadas "dobles".
Ahora le toca el turno al alimentador que fabriqué y que algunos de vosotros vísteis en Teruel durante el Star Party del año pasado. Después cargo otra batería, ésta vez más pequeña, de las que usan las motos, esta batería la utilizo para la anti-dew del telescopio.
Por fin bajo el trípode más la cuña super-ecuatorial y finalmente el tubo. Esta operación es la más delicada, pues no sé si sabeis que el LX200 10" pesa lo suyo, en fín que lo bajo con caja hasta el parking y allí lo coloco como un rey en los asientos traseros del coche, una vez bien colocado lo sujeto con una cuerda fina a las asas laterales del vehículo para que no se mueva en caso de movimientos bruscos, aunque procuro no hacerlos, pero nunca se sabe, después lo cubro con una manta fina para que no se vea por las ventanas del coche y me pare la poli, a lo mejor se piensan que llevo un cañón o algo parcido.
Ahora le toca el turno a la ropa de abrigo, que si un anorak, que si las botas de montaña, calcetines gruesos, guantes, gorra, en fin que si un vecino me ve, se creerá que me estoy mudando de domicilio, todo un espectáculo. Si alguien quiere venir alguna noche conmigo, pues lo tiene feo porque no cabe ni un alfiler en el vehículo.
Antes de poner en marcha el motor repaso mentalmente todo cuanto he metido, no se me olvida nada... ¡ah!, horror, la cartera y el teléfono móvil, vuelta para arriba, vuelta para abajo, esto si que es una Maratón.
Por fin arranco el motor de nuevo, el día en Barcelona se muestra espléndido, un azul claro y diáfano en el cielo de mi hermosa ciudad, salgo del parking y me dirigo al Montseny a unos 60 kilómetros de mi casa, en pleno parque natural, allí tengo ya un buen rincón para realizar mis observaciones.
A medida que me voy acercando el cielo se va nublando, las previsiones atmosféricas eran buenas, y nadie contaba que se aproximaba un pequeño frente. Comienzo a subir por los últimos 20 kilómetros hasta que alcanzo la altura de 1650 metros sobre el nivel del mar.
Pero los Dioses no están a mi lado y antes de aparcar comienza a llover, me dan como ganas de llorar, el cielo se oscurece más y caen unas gotas que dan miedo. Intento no ponerme nervioso, me como unas galletas y me todo un taza de café con leche, no fumo, pero me hubiese fumado un cigarrillo para calmar los nervios. Sigue lloviendo. Aquello pinta mal, después de casi una hora de espera, el coche está reluciente y limpio de tanta lluvia, llamo a mi esposa y le digo que me espere a cenar.
Llego a casa y repito la función al revés, ahora el vecino se creerá que llego de Siberia.
Mi esposa paciente me dice: -Te tiene que gustar mucho, para hacer lo que haces.-
Y la verdad es que si.
Cosas que pasan, algún día os contaré alguna historia más. Un saludo.
Astronómicamente vuestros.
Armand Oliva Becerra.

 

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