La vida, como la concebimos algunos humanos, está llena de
pequeñas entregas, pedacitos de alma que van y vienen, entes
abstractos que no se pueden guardar en alcancías.
Hoy quiero imaginar que no en vano en mi idioma natural es
más cómodo decir, pensar y escribir "le dí mi número
telefónico" que "le he comunicado mi número telefónico" y
otras tantas variaciones a las que solamente con esfuerzo
puedo llegar. Aunque sea cotidiano aplicar el verbo "dar" a
entes abstractos, hoy quiero ser explícito y entender que al
haberle dado mi número de teléfono, le he entregado más que
eso.
Entrego tiempo, mio y ajeno. Nace una ilusión : ¿me
llamará?, ¿a qué horas?, ¿estaré?, ¿quién contestará?.
También un miedo visceral : ¿Y si no llama?.
Imagino futuros posibles, algunos probables, algunos
optimistas, otros pesimistas, usualmente cada futuro posible
lo acompaño con su complemento. La llamada de las tres
sucede a la llamada que nunca llega. Los complementos no
son únicos, aunque a cada futuro posible le corresponden
infinitos posibles complementos en la realidad, yo me
conformo con algunas combinaciones. Que tire la primera
piedra aquel que tenga una imaginación completamente
coherente con la lógica matemática elemental.
También imagino que los pedacitos de vida van de un
lado a otro. ¡Son tantos! ¡Cuánta gente en este mundo!
Por comodidad, mi imaginación los acomoda en el espectro
visible, los enmarca en tres dimensiones y les reduce la
velocidad. ¡Eureka! Los veo, no los entiendo. Pasan de un
lado a otro, con formas que no parecen ser aerodinámicas,
algunos se sobreponen por un instante mientras siguen
caminos divergentes. Unos cuantos se han estrellado conmigo
y se han quedado, parece que yo era su destino. Otros se han
desprendido de mi para no volver, en diversas direcciones.
Pensar en las implicaciones del uso del verbo "ver" y las
cosas que no se ven no contribuye a mi lucha contra el
insomnio. Mejor cuento pedacitos de vida. Su vuelo es más
estético que el de las ovejas.
Montería
Marzo 15 de 2004 .
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