Esta historia me la contó un borracho costeño. El
señor C, pa guardá la privacidá y vaina. No sé si
la historia fue real o no. Mi misión es sólo contarla,
mientras cambio por azar o con intención algunas cosas.
Mientras el señor C caminaba a su casa, le salió El Gran
Casca, a informarle que quería concederle un deseo, mientras
le contaba que en el gran Castillo se había comenzado un
Proceso en contra de él.
Gran Casca: Oye borracho, te concedo lo que quieras. Sólo
pide un deseo.
Borracho: ¿Y tu quién carajos eres?
Gran Casca: El gran cascador.
Borracho: Ja ja ja ja.
Gran Casca: Entonces, pide el deseo.
Borracho: No quiero deseos. Ya está una burrita de ojoj verde que me ejpera,
amarradita, cariñosa, querendona y complaciente. ¿Para que más? Ya tengo
desayuno, almuerzo y comida. Yo lo que quiero ej que te vayas y que el tiempo
pase, hasta morir en paz.
El Gran Casca estaba acostumbrado al amor interplanetario, para él era
completamente comprensible el amor entre mamíferos.
Gran Casca: ñerdaaaa.... Pide el deseo, y me voy.
Borracho: Deseo que cuentes en silencio los digitos del número
PI hasta terminar y que vuelvas a saludarme cuando termines.
El Gran Casca implotó. Conocía todos los dígitos del número PI y tenía todo
el tiemo del universo para completar la tarea. Se fue espantado por la irracionalidad
humana, por la belleza de lo simple, por la magia de lo inconmensurable. El borracho se fue contento,
sin saber lo que había hecho, saltando y cantando "En los libros hallarás, el tesoro del saber".
Santa Marta
Octubre 6 de 2004 .
|