|
Estaba el entomólogo observando hormigas. Las veía subir, bajar, y
hasta cargar entomólogos confundidos con toda la paciencia del
mundo. Mientras soñaba despierto, veía las hormigas vestidas de rojo,
sentía sus colonias, sus feromonas, como en la fiesta de humanos
del día anterior, en la que el entomólogo pudo eludir las
feromonas de aquella rubia irresistible. De repente, fue sacado
de su letargo por un mono observador de entomólogos, que dejó caer
una almendra en su cabeza, que luego rebotó regida por quien sabe que
leyes para terminar aplastando algunas hormigas. Los monos observadores
de entomólogos existen, pero están en via de extinción por la poca
capacidad que tienen para mantener las almendras quietas en su boca.
|