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Entrevista a Luis Benítez |
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¿Desde cuándo comenzó a escribir? -Comencé a escribir –a intentar escribir literatura- a los 11 años. Recuerdo que se trató de un pseudocuento titulado El Alfiler, que felizmente no conservé. Luego insistí con algunos otros relatos, de los que sólo recuerdo un título: La Rata Verde, con el que gané un concurso de la escuela secundaria que me llenó de orgullo y confusión. Respecto de la poesía, mis primeros intentos se produjeron alrededor de los 15 años, más bien como consecuencia de mi afán con las lecturas de los clásicos españoles del siglo XIX y XX. Aprendemos por imitación, ya sabemos. Luego descubrí a los vanguardistas franceses, y, posteriormente, hacia mis 20 años, a la poesía inglesa, que le dio un giro fundamental a mis intentos. Los poetas que más me impactaron fueron los románticos ingleses: Byron, Coleridge, Shelley, Keats; luego T.S. Eliot, Ezra Pound, y fundamentalmente, Dylan Thomas, para mí –en mi desarrollo- el autor más importante. Y por supuesto, los poetas metafísicos ingleses del siglo XVII, que son una lectura ineludible.
¿Qué es para usted la Poesía? - Según yo la entiendo, la poesía no es solamente una disciplina literaria dotada de una extensa tradición e historia. Creo que consiste, además, en el medio más certero que hemos encontrado para aludir a las cuestiones que van más allá de los dominios del lenguaje; esto es, desde luego, una paradoja, dado que la materia de la poesía es el lenguaje y, por ende, mi afirmación anterior implica que el objeto de la poesía es su fracaso, dado que no puede ir más allá de los límites que le señala su materia misma. Sin embargo, en la poesía se encuentra altamente desarrollado el poder de la alusión, que si no permite mostrar, sí posibilita referirse a, reflejar, crear un fantasma lingüístico emparentado con/similar al objeto. Este objeto, obviamente, no es otra cosa que lo real o una de sus partes, que, como sabemos, es imposible de vislumbrar para nosotros. Así, la poesía es también un valioso instrumento de conocimiento, aunque como queda dicho, también está condenada al fracaso de la representación, por otro lado, un imposible para toda creación. La representación, en sí, es un objetivo que queda fuera del arte y de la literatura por otra razón no menos poderosa: porque la obra de creación es un objetivo en sí misma, carente de otra dependencia fundacional. Esto es la poesía para mí, en líneas generales.
Cuéntenos sobre su vida, sus obras, sus proyectos, su actividad literaria. -Nací en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956 y soy miembro de algunas instituciones culturales de la Argentina y del exterior, entre ellas: la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, EE.UU., con sede en la Columbia University, de la World Poets Society (Grecia), de la International Society of Writers (EE.UU.), del Advisory Board de World Poetry Press (India) y de la Sociedad de Escritoras y Escritores de Argentina. He recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poetes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Asimismo, mi obra recibió algunos reconocimientos nacionales e internacionales, algunos de los cuales son: el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); la Mención de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991); el Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); el Tercer Premio del Concurso Fundación Inca Seguros (Poesía, Buenos Aires, 1995); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); el Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); el Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); el Tercer Premio Eduardo Mallea de Narrativa (Buenos Aires, período 1995-1997); el Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); y el Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003). Recientemente fui seleccionado como finalista en el Concurso La Nación-Editorial Sudamericana de Novela 2006, por mi obra "El metro universal". Mis obras publicadas son las siguientes: Poemas de la Tierra y la Memoria (poesía, Ed. Stephen and Bloom, Bs. As., 1980); Mitologías/La Balada de la Mujer Perdida (poesía, Ultimo Reino, Bs. As., 1983); Poesía Inédita de Hoy (Un panorama contemporáneo de la poesía inédita argentina) (introducción, notas y selección de 100 autores, Ed. NOUS, Bs. As., 1983); Juan L. Ortiz: El Contra-Rimbaud (ensayo, 1ra. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As. 1986); Behering y otros poemas (poesía, 1ra. ed., Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. Ed. Cuadernos del Zopilote, México D.F., 1993); Guerras, Epitafios y Conversaciones (poesía, Ed. Satura, Bs. As., 1989); Fractal (poesía, Ed. Correo Latino, Bs. As., 1992); El Pasado y las Vísperas (poesía, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1995); El Horror en la Narrativa de Alberto Jiménez Ure (ensayo, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1996); Selected Poems (antología poética, selección y traducción de Verónica Miranda, Ed. Luz Bilingual Publishing, Inc. Los Angeles, USA, 1996); La Yegua de la Noche (poesía, Ed. Ediciones Del Castillo, Santiago de Chile, Chile, 2001); Tango del Mudo (novela, Ed. de la Plaza, Montevideo, Uruguay, 1997. Ed. Piel de Leopardo/Wordtheque, Bs. As., 2003); Jorge Luis Borges: La tiniebla y la gloria (ensayo, Ed. Lea, Buenos Aires, 2004); El Venenero y Otros Poemas (poesía, Ed. Nueva Generación, Buenos Aires, 2005) y La tarde del elefante y otros poemas (poesía, Ed. Ala de Cuervo, Caracas, Venezuela, 2006). Sobre mi obra se han publicado los siguientes volúmenes: Sobre las poesías de Luis Benítez, de Carlos Elliff (ensayo, Ed. Metáfora, Bs. As., 1991); Conversaciones con el poeta Luis Benítez, de Alejandro Elissagaray y Pamela Nader (Tomo I, 1995, Tomo II, 1997, Ed. Nueva Generación, Bs. As.) y Antología (selección y ensayo preliminar de Alejandro Elissagaray, 2001, Ed. Nueva Generación, Bs. As.). En cuanto a mis proyectos inmediatos, está por ser distribuida en la Argentina mi primera obra de teatro, titulada 18 Whiskies, que aparecerá bajo el sello de Ediciones Nueva Generación. Espero publicar otras dos obras teatrales, dramas, que escribí entre 1999 y 2004. En novela tengo proyectos de lenta realización, como para estar ocupado los próximos veinte años, fundamentalmente se trata de obras con marco histórico. En cuanto a poesía, mi escritura es constante, pero selecciono mucho. Dependiendo del visto bueno de sus posibles editores, el año próximo se publicaría un poemario que escribí hacia 1993, cuando vivía en Nueva York, contemporáneo del ya publicado en Venezuela, "El pasado y las vísperas". El inédito se titula "Manhattan Song".
¿Cómo define su poesía? -En lo que se refiere a mi poesía en particular, a mi obra poética según yo la veo, consiste en un intento de comprender lo exterior a mí y comprenderme, así como de expresar las relaciones que observo entre las partes del todo, yo incluido. Claro que es una premisa demasiado abarcativa y nunca lograré cumplir más que con una parte infinitesimal de sus alcances. Pero ello, si lo logro alguna vez, me dejará más que satisfecho. Hasta ahora, creo que apenas tuve algunos pocos aciertos. No escribí nada importante todavía, no sé si alguna vez llegaré a ello. Pero intento dejar escritos algunos versos que valgan la pena.
¿Cómo ve la nueva poesía de estos últimos tiempos? -Dispersa en una vasta gama de variedades. Hay, por una parte, un resurgimiento del viejo intimismo, que se disfraza de posmoderno, en algunos casos, para poder pasar más cómodamente bajo el ojo del lector cultivado su añeja fórmula equivocada: un tipo de poesía cuyo eje sea cuanto le sucede al autor, siempre será una receta equivocada. No por escribir con sentimiento y pasión se deja de hacerlo malamente; es más, la mayoría de los malos poetas escriben con pasión y sentimiento. Esto vale tanto para la poesía en nuestro idioma como para la escrita en lengua inglesa. En esta última, se nota un mayor porcentaje de racionalismo, que si no se lo dosifica correctamente, también arruina el poema, porque lo vuelven algo así como una explicación; un poema puede ser narrativo, pero no explicativo. En nuestras letras latinoamericanas, además, hay en ocasiones un abuso del color local, que parece una concesión a la idea eurocéntrica previa al multiculturalismo. Como si para ser un poeta latinoamericano hubiese que ponerlo explícitamente por escrito; eso es un grave error, dado que, entre otras razones, el poema se desliza por el mundo en base, primariamente, a alusiones y elusiones, no apoyándose en meras afirmaciones y exhibiciones. Esto, en cuanto a lo negativo. En el aspecto positivo, observo un mayor entrecruzamiento entre las diferentes culturas, algo que enriquece y mucho las posibilidades expresivas del género. Quizá haya que atribuir este fenómeno a la globalización del conocimiento y a la inmediatez de las comunicaciones, que nos ponen en contacto con otras culturas, tradiciones y cosmovisiones. En todo caso, creo que se están rompiendo los límites, las insularidades. Si antes leíamos traducciones de poesía en lengua extranjera realizadas veinte o cincuenta años atrás, hoy, gracias a la tecnología, accedemos no sólo a las obras de nuestros contemporáneos en forma inmediata, sino que podemos trabar contacto con los mismos autores, intercambiar experiencias y apreciaciones con ellos y, por supuesto, ellos recibir nuestra influencia. Asimismo, con Internet ha surgido la posibilidad también de publicar nuestras obras de un modo rápido y prácticamente ecuménico, sorteando el obstáculo de las lentas comunicaciones que antes realizábamos a través del correo postal y los costos que implicaban las revistas en exclusivo formato papel. Creo que esto ha hecho mucho por la poesía, no solamente en cuanto a difusión de autores, sino también en cuanto a mutua influencia entre autores de distintas culturas, como dije antes.
¿Es necesario que el escritor sea un hombre comprometido? -Sí, debe ser comprometido, pero exclusivamente con su propia obra. Ese es el mayor y más arduo compromiso que puede tomar un ser humano. No se trata de una liviandad: pensemos que, para escribir, debemos renunciar a muchas cosas que hacen la felicidad o la ilusión de felicidad de la mayoría de la humanidad. Ello incluye en gran medida el tiempo libre, las relaciones con los otros, el contacto con la familia, la ambición laboral, a veces la paternidad… No es este un compromiso fácil. Respecto del otrora muy promocionado compromiso político, la experiencia nos indica que quienes lo pusieron de moda tenían uno de estos dos objetivos: o promocionar su obra y su misma personita a través del apoyo que lograban conseguir de parte de un partido político y su infraestructura disponible o bien, sinceramente creían que podrían aportarle algo más a la humanidad que no lograrían con su obra literaria. En este segundo caso, también la experiencia indica que son muy utilizados por sus dirigentes políticos, que los entienden como agentes de propaganda, lo cual sucede independientemente del signo que tenga el partido político. Lamentablemente, por bella que sea una ideología en sus principios y postulados generales, quienes deben realizar la praxis de esas concepciones son seres humanos, esto es, están dotados de ambiciones, envidias, celos, prejuicios, un grado más o menos avanzado de estupidez característica y otras imperfecciones. Ello los lleva a ver su propia ideología bajo un lente deformado, que la amoldará a sus propias capacidades de visión, que generalmente son muy cortas. Observemos, por ejemplo, el caso de Walt Whitman, el cantor de la democracia norteamericana, como se lo ha llamado. Está más cerca de los postulados formulados por Adam Smith que de las barbaridades cometidas por los que se llaman a sí mismos liberales o neoliberales, que dicen defender esos mismos principios. El caso de Vladimir Maiacovski, en la antigua URSS, es un espejo invertido de lo mismo. Ambos intelectuales, el norteamericano y el ruso, murieron amargados y abandonados por los regímenes a los que apoyaron y estos son sólo dos ejemplos, apenas los más obvios que puedo mencionar.
¿Cuál es el fin de su poética? -Lograr una universalidad que continúe la tradición poética occidental, un corredor por donde circulen esas premisas, con un sesgo nacional reconocible, sin que ninguno de estos dos campos reduzca la importancia del otro. No creo que lo vaya a lograr, pero lo intento.
¿Cuáles son los autores que influyen en su obra? -Desde luego, siendo latinoamericano y nacido a mediados del siglo pasado, Pablo Neruda (influencia de la que felizmente ya me liberé) y César Vallejo (influencia que me gustaría que se hubiera acentuado más en mi obra). También numerosos autores norteamericanos, como Allen Ginsberg, Allen Tate, Edgar Allan Poe, Denise Levertov, Richard Wilbur, Theodore Roetke, Amy Lowell y su sobrino (como poeta, menor que su extraordinaria tía) Robert Lowell, Emily Dickinson y en menor medida, Gregory Corso. Entre los argentinos, desde luego Jorge Luis Borges, el inevitable Borges. Y también Juan Laurentino Ortiz, Joaquín Giannuzzi, Antonio Requeni (posiblemente el mayor poeta argentino viviente, en mi opinión), Oliverio Girondo, César Rosales, Olga Orozco, Francisco Madariaga y Enrique Molina (estos dos últimos fueron mis amigos).
¿Qué libro nos recomendaría leer? -Los poemas completos de Dylan Thomas, traducidos por Elizabeth Azcona Cranwell para Editorial Corregidor. Las obras completas de Jorge Luis Borges, editadas por Emecé y también todos sus títulos posteriores. Los poemas completos de Joaquín Giannuzzi, editados también por Emecé. Toda la obra poética de Antonio Requeni, Enrique Molina, Juan L. Ortiz.
¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a través de los años? -Gracias a frecuentar la obra de poetas mayores que yo, creo que se ha sutilizado y paralelamente, mi poesía ha ganado en capacidad de comunicación, que no es un camino despreciable: logra llegar mejor al lector, no para comunicar un mensaje unívoco –cosa que por suerte, es imposible y si fuera posible, implicaría un acto deleznable- sino para tentar al lector a realizar una interpretación propia, a intentar su propia construcción en la polisemia. Yo tenía dificultades para ello hasta mi tercer libro, creo, y desde entonces hasta ahora he mejorado bastante. Espero seguir haciéndolo, porque como bien decía T.S. Eliot: "No hay facilidades en el verso libre para el muchacho trabajador". Aunque se trate de un trabajo siempre arduo, resulta ser muchas veces satisfactorio.
¿Qué hace antes de escribir? - Doy muchas vueltas por la casa, rumiando el tema y buscando las palabras adecuadas, mientras tropiezo con los muebles de un modo torpe y lamentable. Necesito tres elementos a mano antes de sentarme a escribir: whisky, cigarrillos rubios y café negro, no necesariamente en ese orden. Sólo escribo en espacios cerrados, me resulta imposible hacerlo al aire libre; además debe de haber silencio a mi alrededor, pues me distraigo muy fácilmente.
¿Cómo ve usted hoy por hoy la industria editorial? ¿Como autor qué soluciones le daría a este problema? -La industria editorial, nos guste o no, es una actividad que tiene un solo y exclusivo fin: el lucro. El hecho de que venda cultura y no chorizos no influye en absoluto a la hora de tomar decisiones internas, lo que el editor desea es vender y, además de la muy humana razón de la codicia, está el hecho de que si no vende en cantidad suficiente, quiebra. Entonces, creo que los autores debemos contemplar el fenómeno de un modo más objetivo que como lo hacemos habitualmente, quejándonos de algo que tiene sus muy fundadas razones para ser como es y no de otra manera. En el caso específico de la poesía, todos sabemos que no venderá nunca tanto como un furibundo best seller y ello sucede a escala mundial. Recientemente un amigo mío, el poeta inglés Mervyn Linford, se quejaba por mail de que uno de sus libros, por cierto que muy bueno, había sido rechazado por una importante cadena de distribución de su país. Y las razones son obvias: la cadena no invertirá esfuerzo y dinero en distribuir un libro de poesía, por bueno que sea, que no la va a proveer de un retorno de dinero acorde con ese esfuerzo. Mervyn me preguntaba si en el mundo de habla hispana sucedía lo mismo. El se amargó mucho con este rechazo, a punto tal que después de un mes cerró su revista de poesía, "Litoral", que era muy interesante. Este es un buen ejemplo de cómo afecta el rechazo del mundo editorial comercial a los autores muy sensibles. Debemos cuidarnos de estos efectos, pues debemos comprender que se trata de mundos muy distintos que, en el caso de nuestros libros, se cruzan brevemente. Debemos entender que muy eventualmente ciertas circunstancias del mundo editorial comercial nos resultarán favorables, y que generalmente, se producirá esta rara y favorable conjunción por razones definitivamente extrapoéticas. Si ello sucede, desde luego, debemos aprovecharlo; el buen poeta debe ser oportunista y actuar sin escrúpulos moviéndose dentro del mundo editorial comercial o bien, renunciar definitivamente a él y sus hostiles parajes. Pero lo que nunca debe hacer es desanimarse. Perder la confianza en sí mismo es lo último que debe de hacer un autor.
¿Cree en los concursos o certámenes literarios? -Desde luego que sí, aunque de tanto en tanto provoquen algún amargo desengaño o sospechas fundadas. Pero resultan muy útiles para la carrera de un escritor, no sólo por el premio en sí, que muchas veces posibilita publicar las obras, sino también por otro factor. Este es la posibilidad, para el autor, de cotejar su obra con la de los otros participantes en el concurso, apreciar qué efecto produce su lectura en el jurado, y, mejor todavía y creo que es fundamental esto último, le permiten los concursos al autor adoptar una actitud más profesional ante su obra. Esto es, verla como un elemento objetivo, algo concreto y específico que está ya "fuera de él", no como una parte de su sensibilidad que duda en exponer o no a la mirada de los demás. Un poemario enviado a concurso es una cosa objetiva, dotada de vida y destino propios, que se aleja de la órbita íntima de su autor. Esto es bueno para la obra y también, desde luego, para el mismo autor.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión literaria por Internet como revistas literarias, blogs, páginas sobre literatura? -Han resultado la mejor ayuda, en los últimos años, para los poetas. Podemos acceder a los lectores específicos sin pasar por las engorrosas operaciones anteriores, tales como la desesperante correspondencia previa con los editores de revistas literarias, etc. Hoy podemos publicar nuestras obras no sólo en nuestro país, sino en muchos otros, y paradójicamente, en mi caso, observo que es más fácil publicar fuera de la Argentina que dentro de ella. Desde la India a los Estados Unidos, desde Suecia e Inglaterra hasta Sudáfrica, es posible hacer contacto, proponer colaboraciones y acceder a la publicación de un modo bastante abierto. De hecho, mi último libro, La Tarde del Elefante y Otros Poemas, se publicó en Caracas gracias a contactos previos realizados, en buena parte, vía Internet. No me animo a pensar, por otro lado, qué hubiera sido de nosotros, poetas, si no hubiera surgido este universo virtual al que nos estamos refiriendo, con los elevados costos del correo corriente y los tiempos que insume la comunicación por su intermedio. Probablemente, seríamos más insulares, poéticamente hablando, de lo que ya somos pese a Internet.
Por último: ¿Desea agregar algo más? Mi agradecimiento a la siempre interesante revista REMOLINOS, que me permite con tanta generosidad disponer de espacio para comunicarme con sus numerosos visitantes y alberga con no menos generosidad mi poesía, junto a la de otros poetas que me merecen un altísimo respeto como lector del género.
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Luis Benítez. Nació en Buenos Aires en 1956. Publicó 10 libros de poesía, el último de ellos: La Tarde del Elefante y Otros Poemas (Caracas, Venezuela, 2006). En 1996 se editó en EE.UU. su antología Selected Poems, en edición bilingüe. Recibió numerosos premios nacionales e internacionales, entre ellos el Premio Internacional La Porte des Poètes (París, 1991), el Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996) y el Primer Premio Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996). Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, EE.UU., de la World Poets Society (Grecia), de la International Society of Writers (EE.UU.) y del Advisory Board de World Poetry Press (India). Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poetes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. |