Si el
derecho, la justicia, la moral exigieran
opresión e infelicidad aunque fuera de un solo ser humano,
entonces derecho, justicia, moral, no son más que mentiras,
armas infames forjadas para la defensa de los privilegiados.


    Derecho, justicia, moral deben tender al
máximo bienestar posible de todos, o de otro modo son
sinónimos de prepotencia y de injusticia.


(El pensamiento de Malatesta. En el café.) 


Cuando aparecieron las grandes máquinas, se
pensó, lógicamente, que cada vez haría menos falta
la servidumbre del trabajo, y que esto contribuiría en gran
medida a suprimir las desigualdades en la condición humana. Si
las máquinas eran empleadas con esa finalidad,
entonces el hambre, la suciedad, el analfabetismo, las enfermedades y
el cansancio serían necesariamente eliminados al cabo de unas
cuantas generaciones. Y, en realidad, sin ser empleada con esa
finalidad, sino sólo por un proceso automático
-produciendo riqueza que no había más remedio que
distribuir-, elevó efectivamente la máquina el nivel de
vida de las gentes que vivían a mediados de siglo. Estas gentes
vivían muchísimo mejor que las de fines del siglo XIX.


tiempo libre


    Pero también resultó claro que un

aumento de bienestar tan extraordinario amenazaba con la
destrucción -era ya, en sí mismo, la destrucción-
de una sociedad jerárquica.

    En un mundo en que todos trabajaran pocas horas,

tuvieran bastante que comer, vivieran en casas mi caaasacómodas e
higiénicas, con cuarto de baño, calefacción y
refrigeración, y poseyera cada uno un auto o quizás un
aeroplano, habría desaparecido la forma más obvia e
hiriente de desigualdad.


voy volando....


 Si la riqueza llegaba a generalizarse, no

serviría para distinguir a nadie. Sin duda, era imposible
imaginarse una sociedad en que la riqueza, en el sentido de posesiones
y lujos personales, fuera equitativamente distribuída mientras
que el poder siquiera en manos de una minoría, de una
pequeña casta privilegiada. Pero, en la práctica,
semejante sociedad no podría conservarse estable, porque si
todos disfrutasen por igual del lujo y del ocio, la gran masa de seres
humanos, a quien la pobreza suele imbecilizar, aprenderían
muchas cosas y empezarían a reflexionar, se darían cuenta
más pronto o más tarde que la minoría privilegiada
no tenía derecho alguno a imponerse a los demás y
acabarían barriéndoles.

veo una vida nueva

(1984. George Orwell)


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