
![]() En
la paz se cuelga a los ladrones; en la guerra se les honra.
(Proverbio) |
La
educación de los militares,
desde el soldado raso
hasta las más altas jerarquías, los convierte
necesariamente en los enemigos de la sociedad civil y el pueblo.
Incluso su uniforme, con todos esos adornos ridículos que
distinguen los regimientos y los grados, todas esas tonterías
infantiles que ocupan buena parte de su existencia y les haría
parecer payasos si no estuvieran siempre amenazantes, todo ello les
separa de la sociedad.
Ese atavío y sus mil ceremonias pueriles, entre las que transcurre su vida sin más objetivo que entrenarse para la matanza y la destrucción, serían humillantes para hombres que no hubieran perdido el sentimiento de la dignidad humana. Morirían de verguenza si no hubieran llegado, mediante una sistemática perversión de las ideas, a hacerlo fuente de vanidad. La obediencia pasiva es su mayor virtud. Sometidos a una disciplina despótica, acaban sintiendo horror de cualquiera que se mueva libremente. Quieren imponer a la fuerza la disciplina brutal, el orden estúpido del que ellos mismos son víctimas. No se puede amar el servicio militar sin detestar al pueblo. Bakunin (De
amor y
sombra.
Isabel Allende.)
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![]() - Yo no hago las guerras. Las guerras las hace el mundo en que vivimos, dirigido y gobernado por hombres que alardean de moralidad y de integridad, cuando la mayoría de ellos no son más que unos bastardos egoístas. Ellos hacen la guerra para aumentar sus riquezas o su poder. Yo sólo lucho en ella porque es la vida que me gusta. - Pero lo haces por dinero. Los mercenarios luchan por dinero, ¿no? - No sólo por eso. Los holgazanes luchan por dinero, sí; pero, cuando las cosas se ponen feas, los holgazanes que se dicen mercenarios huyen de la lucha. Escurren el bulto. En cambio, la mayoría de los buenos luchan por lo mismo que yo, porque les gusta esta vida, la vida dura del combatiente. - Pero, ¿por qué tiene que haber guerras? ¿Por qué no puede vivir todo el mundo en paz? - Porque sólo hay dos clases de gente en este mundo: los depredadores y las víctimas. Y los depredadores tienen siempre las de ganar, porque están dispuestos a luchar por ello y a destruir a las personas y las cosas que se interponen en su camino. Los otros no tienen el aguante, o el valor, o el afán, o la crueldad necesarios para ello. Por eso el mundo está gobernado por los depredadores, que se convierten el potentados. Y los potentados no están nunca satisfechos. Tienen que seguir adelante, sin parar, en busca de la moneda que ambicionan. ![]() -Hay quien lucha por una idea. - Sí; hay personas que luchan por un ideal, y el noventa y cinco por ciento de ellos se dejan engañar. Lo mismo que los que se quedan en casa aclamando la guerra. Nosotros tenemos siempre razón, y los otros están siempre equivocados. En Washington y en Pekin, en Londres y en Moscú. ¿Quieres que te diga una cosa? Todos son víctimas de un engaño. Mueren como siempre por el Dow Jones Index de Wall Street, cumpliendo órdenes del Ministerio de la Guerra, que a su vez cumple órdenes del Consejo de Ministros, para conservar el control de sus economías. Y después, ¿qué? ¿quién se preocupa de los cadáveres que han dejado atrás? Es un tremendo engaño. ![]() - ¿Y qué me dices de las guerras en que la gente lucha por lo que sabe que es justo? - preguntó -. Quiero decir, por ejemplo, la guerra contra Hitler. Era justa ¿no?. - Sí; era justa. Y Hitler eran un malvado. Pero ellos, los jefazos del mundo occidental, lo estuvieron vendiendo acero hasta la misma víspera de la guerra, y después aumentaron sus fortunas fabricando más acero para destruir el que habían vendido. Aparte de esto, matar a Hitler costó treinta millones de vidas. Un mercenario podría haberlo hecho con una bala, que habría costado menos de un chelín. - Pero ganamos, ¿no? Hicimos lo que debíamos, y ganamos. - Ganamos, mi querida pequeña porque los rusos, los ingleses y los norteamericanos tenían más cañones, tanques, aviones y barcos, que Adolfo. Por esto, y sólo por esto. Si hubiese tenido más, habría ganado él y, ¿sabes qué habría pasado? La Historia habría dicho que él tenía razón y que nosotros estábamos equivocados. Los que triunfan tienen siempre razón. Una vez oí un pequeño adagio que decía: "Dios está al lado de los grandes batallones". Es el evangelio de los ricos y los poderosos, de los cínicos y los crédulos. Los políticos creen el él, y los llamados periódicos serios lo predican. La verdad es que el establishment está al lado de los grandes batallones, en primer lugar, porque él mismo los creó y los armó. Parece que a los millones de lectores de esa basura no se les ocurre pensar que la verdad y la justicia pueden estar de parte de los débiles, Pero no importa, los grandes batallones ganan siempre, y la Prensa "seria" lo aprueba siempre, y los infelices siempre lo creen. Podría tener la vida asegurada como tantos ganapanes de nuestras estúpidas ciudades. Llenando impresos estúpidos, pagando estúpidos impuestos para que unos estúpidos políticos y rectores del Estado los dilapiden en las campañas electorales de unos políticos. (Los
perros de la guerra.
Frederick Forsyth.)
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La guerra es una forma de vivir con otros imponiéndole nuestra voluntad al adversario en términos tan claros que el oponente no tenga otra solución que someterse, morir o saltarse la tapa de los sesos. Y si esa es una forma de solucionar algo, prefiero antes vivir sin soluciones. La política no es mucho mejor. Lo único bueno que tiene ocasionalmente es sustituir la conversación por los puñetazos. (La persistencia de la visión. John Varley) |
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Sólo
hay una guerra que pueda
permitirse la especie humana: la guerra contra su propia
extinción. (Isaac Asimov) |

