LAS
OBRAS
LITERARIAS EXIGEN UN OBJETIVO: ANIMAR, CONSOLAR O ENNOBLECER LA VIDA DE
LAS PERSONAS
La literatura existe para
la gente para aliviar a los cansados,
consolar, animar a los deprimidos,
para incrementar su interés por el mundo, su alegría y su
simpatía hacia toda clase de personas.
Las obras literarias exigen un objetivo: animar, consolar,
purificar o ennoblecer a la vida de las personas.
¿Sabe
usted con que tiene que habérselas un bibliotecario corriente cada día,
no una vez al mes o una vez al año...? No las cuestiones importantes,
sino los menudos problemas contra los que tiene que luchar cada día de
cada año. No me refiero a los jóvenes. No tengo nada contra ellos. Son
la única esperanza que tenemos para salvar a esta vieja bola de fango
en la que vivimos de la extinción total. Son sus padres y parientes.
Los sabios, los mayores que afirman tener la respuesta de lo que está
bien y lo que está mal y califican a ésta de "sentido común". ¿Y qué es
el sentido común? Un conglomerado de folklore, de fábulas y de
prejuicios recibidos de sus padres y de sus abuelos y un reducido nº de
experiencias, observaciones y pensamientos mál digeridos. Los padres
son los que vienen a las bibliotecas -bibliotecas públicas y
universitarias- para protestar por cómo estamos destruyendo a sus hijos
con este libro o el de más allá, sin llegar a comprender que son ellos
quienes están subvirtiendo a sus retoños porque han pasado por la
experiencia de la paternidad con costras en el cerebro. Esta gente se
asusta de todo lo nuevo.
Pero tenemos que vivir con ellos, tratar con ellos, y usted
y yo sabemos la limitación tan asfixiante a que se llega cuando la
sociedad espera que todos los libros se acomoden a las normas
comunitarias contemporáneas. La mayoría de los libros auténticamente
importantes fueron primero importantes por haber desafiado o superado
antes alguna fórmula, la trivialidad o la tradición comunitaria.
(Los 7 minutos. Irving Wallace)
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