
| El
comercio de armas es el más
lucrativo
del mundo, después del
de
narcóticos, y no es de extrañar que todos los gobiernos
estén metidos en él. A partir de 1945, el hecho de
tener
una industria de armas propia llegó a ser una cuestión
poco menos que de prestigio nacional, y por eso florecieron y se
multiplicaron tales industrias hasta el punto de que, a principios de
los años 70, se calculaba que existía un arma de fuego
militar por habitante del planeta, comprendidos los
niños. La manufactura de armas no puede estar determinada por el
consumo de éstas, salvo en caso de guerra, y la reacción
lógica es exportar el excedente o fomentar las guerras, o ambas
cosas a la vez. Como pocos gobiernos desean lanzarse ellos mismos a la
guerra, pero tampoco quieren reducir su industria de armamentos, ponen
su mayor empeño, desde hace años, en la
exportación de armas. A tal objeto, todas las grandes potencias
tienen equipos de vendedores, espléndidamente retribuidos, que
recorren el mundo tratando de persuadir a todos los potentados con
quienes pueden entrevistarse de que no tienen una cantidad suficiente
de armas, o bien de que éstas son anticuadas y necesitan ser
reemplazadas. A los vendedores no les importa en absoluto que el 95% de las armas suministradas, por ejemplo a Africa, no se empleen para proteger al país propietario contra agresiones externas, sino para asegurar la sumisión del pueblo al dictador. |
Si las ventas de armas
empezaron lógicamente
como resultado de una rivalidad comercial entre naciones occidentales
competidoras, la entrada de Rusia y China en el campo de la
fabricación y explotación de armamentos transformó
también lógicamente, la competencia comercial en una
prolongación de la rivalidad por el poder.
La interacción de los afanes comerciales y políticos dio origen a una intrincada red de cálculos que se desarrolla diariamente en las capitales de las principales potencias del mundo. Una potencia está dispuesta a vender armas a la república A, pero no a la B. En vista de lo cual, la potencia rival se apresura a vender armas a B, pero no a A. Se dice que esto contribuye a establecer un equilibrio de poder y, por ende, a mantener la paz. La conveniencia económica de la venta de armas es permanente; ésta resulta siempre provechosa. Las únicas limitaciones vienen impuestas por la conveniencia política de que tal o cual país posea o no determinadas armas, y esta relación tan variable e inestable entre las conveniencias políticas y económicas dio por resultado la creación de estrechos lazos entre los Ministerios de Asuntos Exteriores y de Defensa de todo el mundo. (Los perros de la guerra. Frederick
Forsyth)
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| Destrucción, exterminio y muerte. La gente compra armas para defenderse de más gente que compra armas para defenderse de más gente ... El arma entonó la canción la bomba hizo de percusión y el hombre acabó la canción. Destrucción... |
Paz, es lo que pides paz, nunca encontrarás paz, es lo que quieres paz, muerto quizás paz, primero la guerra paz y estaremos en paz. Venga la guerra, sobran estúpidos venga la guerra, sobran payasos... (Paz, primero la guerra.
Eskorbuto. LP Los demenciales chicos acelerados)
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