Asociación
Para Una Nueva Educación
Calle
El Polvorín – Qta. APUNE
Inscrito
en el M.E.
La comunidad de
APUNE siempre se ha caracterizado por privilegiar el respeto y celebrar las
diferencias. Promovemos la integración grupal, entrenamos en la resolución
cara a cara de cualquier diferencia, formamos mediadores y abordamos oportuna y
puntualmente los conflictos interpersonales. Dado que el conflicto es algo que
no se puede evitar, y que cada conflicto es único, las acciones destinadas a
mantener y fomentar la integración hacen de Apune un sistema realmente dinámico.
En
estos días se han observado manifestaciones de intolerancia o discriminación
entre algunos alumnos del colegio. Obviamente no se ha tratado de situaciones
graves que anuncien el fin de alguna buena amistad. Sin embargo, no, por leves,
hemos dejado de abordarlas oportunamente. Y, en este sentido, hemos decidido
hacer un llamado a los padres sobre algunas situaciones de riesgo que ellos
mismos pueden ayudar a evitar.
Promover
la celebración de las diferencias tiene gran significación en la Venezuela
actual, en la que la intolerancia política y el consecuente irrespeto de muchos
aspectos de la vida de aquella persona que representa al “otro amenazante”
se han transformado en el mayor freno para la convivencia nacional pacífica y
armoniosa. De la discriminación política se ha pasado fácilmente a la
descalificación personal; las diferencias ideológicas se han transformado en
diferencias personales y, en consecuencia, denigrar del “otro” cualquier
aspecto que represente alguna diferencia, por más nimia que ésta parezca, se
ha hecho algo bastante común. Hasta se ha incurrido agresivamente en prácticas
de clasismo, xenofobia, machismo, homofobia y otras formas de intolerancia
social. Nuestro país muestra ahora su cara más oscura, sus miedos más
profundos, y día a día suele dejarnos con la extraña y aterradora sensación
de que un sector de la población se sentiría mucho mejor sin la presencia
(sobre todo física) de otro sector. Estar atentos a esto es nuestra obligación;
debemos evaluar los caminos ocultos y no tan ocultos de la intolerancia y hacer
algo por mitigarla o, en lo posible, atenuarla.
Esta
tarea también tiene que ver con los niños.
Las diferencias
políticas, con sus tonos más o menos encendidos, se trasladan fácilmente a
los muchachos. Los padres, entusiastamente, manifiestan a viva voz sus
preocupaciones, aún aquéllas llenas de satanizaciones y hasta de deseos de
exterminio. Es natural que los niños y jóvenes traigan de sus casas trazos de
esas preocupaciones. Sin embargo, los problemas surgen cuando la gestión de las
diferencias se trasplanta directamente y sin “pre-digestión” a las
relaciones que niños y jóvenes establecen con sus compañeros y docentes. La
traslación directa de una preocupación política a la mente de un niño no
siempre tiene consecuencias positivas, sobre todo porque en el traslado van
también las estructuras maduras de pensamiento y de valores de los padres,
estructuras que, en el mejor de los casos, suelen ser representadas
caricaturescamente en la mente joven, y en el peor, pueden dejarla atrapada en
un espiral de miedo que probablemente crecerá hasta la adultez.
Sería
lamentable que, por un mal manejo de los conflictos en los que eventualmente
participan niños y jóvenes, las cosas se tornen difíciles y termine
germinando algún síndrome de discriminación y, en consecuencia, las
diferencias tiendan a favorecer las rupturas. En Apune nunca nadie ha sido
enemigo de nadie y siempre trataremos de que esto se mantenga así.
Todos
podemos colaborar con el mantenimiento y la promoción del clima de convivencia
armoniosa que siempre nos ha caracterizado. Debemos hablar con los muchachos y
tratar de evitar que se suman en las angustias que, justificadamente o no,
enfrentamos los adultos. Debemos recordar que la intolerancia y la discriminación
lesionan la autoestima, dificultan las relaciones humanas, acaban con el buen
trato, incrementan la sensación de amenaza y promueven la ruptura. No limitemos
las posibilidades de que los más chicos sigan sintiendo esa increíblemente
placentera sensación de conocer y reconocer a los otros.