Al leer el articulo que les presentamos a continuación nos ha hecho reflexionar sobre los compañeros que quieren a los trenes y que tienen el privilegio de trabajar en lo que les gusta, es poco conocido del publico en general el que sucede en caso de algún siniestro dentro de nuestras instalaciones, por ejemplo, cuando suena la alarma sísmica en el Puesto Central de Control (PCC) los compañeros evacuan el área como en cualquier otro edificio, sin embargo hay un grupo que no puede ni debe despegarse de su puesto, los Reguladores, Jefes de Reguladores, los compañeros del Puesto de Despacho de Carga, los de Telecomunicaciones, etc., no abandonan su puesto para poder servir a quienes los requieran.

Asimismo una vez concluido el evento, los compañeros de Instalaciones Fijas (Ata y Baja Tensión, Hidráulicas, etc.), conductores y el personal de Estaciones entre otros verifican el estado de las instalaciones a lo largo de todas las líneas del Sistema a fin de proporcionar el servicio a la mayor brevedad posible con el mayor grado de seguridad.

De momento recuerdo una anécdota, veníamos regresando de tomar alimentos cuando frente al edificio del P.C.C. nos percatamos de que estaba temblando, más tardamos en comentar entre nosotros que estaba temblando que el compañero ingeniero Sergio Santos Delgado en llegar a su puesto en el quinto piso, corriendo por las escaleras 

Antonio Delgado
Maquinista del tren que estalló en El Pozo

"Nunca olvidaré lo que vi por el espejo retrovisor del tren"

El País, vienes 19 de marzo de 2004

Maiti Nieto, Madrid
Son 526 los maquinistas que dan servicio a la red de cercanías de Madrid de Renfe, pero para cuatro de ellos nada es igual desde el 11 de marzo.  Antonio Delgado es el único de los maquinistas de los trenes del atentado que ha podido volver al trabajo.  Para él la estación de El Pozo, antes una más en el recorrido, tendrá un sentido especial para siempre.  Antonio tiene 40 años y un hijo de 10 forofo del Sevilla, como él vive en Azuqueca de Henares, muy cerca de la estación del tren y hace ya 22 años que es maquinista en Renfe.  Como en muchas otras veces, el 11-M empezó su trabajo en Guadalajara.  Eran las 6:50 de la mañana y tenia que llevar su máquina, una 450 de dos pisos, hasta Alcobendas - San Sebastián de los Reyes.  Unas dos horas de recorrido en total, "Era mi primer servicio. Fuimos pasando las estaciones: Guadalajara, Azuqueca, Meco, Alcalá... El tren llevaba mucha ocupación.  Te das cuenta en cada parada cuando desde la cabina ves la gente que espera en los andenes"

Antonio, un hombre corpulento de físico ___, está sereno, pero tiene que parar su relato, respira hondo y pide un vaso de agua.

"Ahora no paro de pensar que podía haber hecho más, que podía haber ayudado más"

Me viene bien hablar.  Soy tranquilo en apariencia pero interiormente los nervios me devoran."

"Llegamos a la estación de El Pozo", continua, "cerré las puertas cuando comprobé que todo el mundo había entrado e inicie la marcha.  Solo había avanzado unos metros cuando sentí un ruido muy fuerte.  No sabia que era, la 450 llevaba una doble puerta que separa mi cabina del resto del tren y amortigua mucho el sonido.  El tren se paró por la explosión, yo no lo paré; pensé que había estallado un motor.  Era un ruido raro y muy fuerte, nada parecido a otras averías.  Accioné el mando del espejo retrovisor para ver el andén.  Había humo y en ese mismo momento escuche la segunda explosión.  El tren reventó y vi los cuerpos de pasajeros que saltaban por los aires.  Esto lo vi por el retrovisor", repite mirando fijamente a su interlocutor, "Lo tengo grabado en la retina y no podré olvidarlo nunca".

El maquinista supo que aquello no era una avería y enseguida pensó en una bomba.  Por primera vez en toda su vida profesional acciono el dispositivo de emergencia que hay en todas las cabinas y los segundos que tardaron en contestarle desde el puesto de mando se le hicieron eternos.  Su jefe de zona, que le sirve de apoyo durante la entrevista para superar la prueba de volver a recordar, explica que este dispositivo anula otras llamadas que lleguen en ese momento al puesto de mando, pero había explosiones en otros trenes, aunque Antonio no lo sabia.

"Han explotado dos coches, ¡Lo que acabo de ver es tremendo, enviad todo lo que haga falta para ayudar a la gente! ¡El tren ha explotado!, acertó a comunicar Antonio cuando por fin le contestaron desde el otro lado.  Sus compañeros le recomiendan tranquilidad y le daban aliento.  El mientras tanto, no podía moverse de la cabina, en parte por el pánico, en parte por que entendió que era la única forma de comunicarse y pedir ayuda.  No sabe cuanto tiempo estuvo allí, pudo ser mucho o poco.  Todo, menos la imagen del retrovisor y pedir ayuda desde la cabina, había perdido el sentido real para él.

"Al bajar del tren vi restos esparcidos por el andén.  Me entro el pánico y los nervios, corría de un lado para otro, de la cabina al andén y del andén a la cabina.  Me encontré con otros dos ferroviarios que venían llorando hacia mí y nos abrazamos llorando.  Era un espectáculo fuera de cualquier imaginación"

Mientras Antonio en sus carreras incontroladas no paraba de repasar las caras de la gente que había subido al tren en cada parada, el pánico iba aumentando de intensidad. "No era temor a otra explosión", dice "solo podía pensar en el daño que todo eso había causado".

Por fin acertó a llamar por el móvil a su mujer para decirle que estaba bien, que había ocurrido algo muy fuerte y que viera lo que viera en televisión no se preocupara.  Las comunicaciones quedaron colapsadas pero la Máquina del fatídico tren continuo encendida para mantener la comunicación con el mando de Renfe.  Sólo cuando sus superiores le dieron la orden de apagarla, asegurarla y que se marchara de allí, se alejo de su tren.

"Vague por la zona acordonada porqué la policía quería hablar conmigo y ahora no paro de pensar que podía haber hecho más, que podía haber ayudado más, pero los nervios me desbordaron, sólo podía correr de un lado para otro... y llorar".

No recuerda más explosiones, casi ha olvidado la orden de los policías de alejarse de la zona por que había más bombas Antonio seguía repasando las caras de sus pasajeros: "estudiantes, trabajadores, gente muy joven", recuerda emocionado.

Ese día no pudo ver la televisión, ni escuchar las noticias que la radio repetía una y otra vez, sólo pudo acertar a refugiarse en su familia, en su mujer, que tuvo que tomar tantos tranquilizantes como él, y en su hijo, que al enterarse en el colegio de lo que había pasado había comentado que su padre era maquinista de un tren parecido.  Solo cuando llegó la noche fue capaz de enfrentarse al drama y escuchar el alcance humano de la tragedia.  Y también  tuvo que explicarle a su hijo lo que había pasado,  "Aunque hemos intentado quitarle dramatismo y evitarle algunas imágenes tuve que decirle que hay gente muy mala capaz de hacer cosas terribles como ésta y que hay gente que iba en esos trenes que ha tenido mala suerte y que no han podido sobrevivir y otros, como yo, que hemos tenido la suerte de salir vivos.  Estoy guardando los periódicos de estos días como oro en paño y cuando sea mayor le podré enseñar y explicar lo que pasó para que comprenda lo que no se puede comprender"

Antonio ha estado algunos días sin trabajar y con asistencia médica por recomendación de la empresa.  Los psicólogos le han dicho que es bueno recordar y charlar sobre el tema.

"El Pozo era para mí una estación más; desde ahora tendrá siempre un sentido especial"

Ayer se decidió a hablar por primera vez con personas ajenas a su entorno inmediato, pero el día anterior ya se había incorporado al servicio y a la circulación.  Volvió a hacer el mismo recorrido dos veces y asegura tranquilo, con la mirada serena, que esta bien y con fuerzas para empezar otra vez, para continuar con la normalidad "mientras pueda" y seguir entrando puntual en la estación de Azuqueca.  "es un reto especial por que es donde vivo"

Cuando se le pregunta por lo que ha cambiado para él no duda en afirmar "Antes El Pozo para mí era una estación más de la red de cercanías, no me decía nada especial.  Ahora tiene y tendrá siempre un sentido especial.  Siempre miraré por el espejo retrovisor"

 

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