RETIRO DESIERTO PENTECOSTES 06

Consultado el Vocabulario Bíblico de León Duffour (Espíritu, Pentecostés), en algunas partes del artículo.

 

El Espíritu Santo en la Escritura:

Al principio el espíritu de Dios se cernía sobre la faz de las aguas. (Gen 1,2)

Antiguo Testamento el viento, como 'huracán', propiamente es la expresión de la ira de Dios (Cfr. Ez 13; 13).

Yahveh se manifestó a Elías en “el susurro de una brisa suave” (Cfr. 1 Re 19, 12: “ Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave.  Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta. Entonces le llegó una voz, que decía: "¿Qué haces aquí, Elías?").

El  término “soplo” se usa para indicar el aliento vital del poder de Dios, que devuelve la vida a los esqueletos humanos en la profecía de Ezequiel: “Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan” (Ez 37, 9).

Aparece también como aliento que renueva la faz de la tierra, (Sal 104,30: “Si envías tu aliento, son creados, y renuevas la superficie de la tierra”).

Los jueces y los reyes de Israel son suscitados por el Espíritu Santo para que cumplan una misión a favor del pueblo de Israel. Se ve en el rito de la UNCIÓN que los consagra la ACCIÓN  del Espíritu Santo (ISa 10,1: “Samuel tomó el frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y dijo: "¡El Señor te ha ungido como jefe de su herencia!. En I Sa 16,13: “Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David).

Los nabirn, que precedieron a los profetas, dan testimonio del poder de Yahveh y de la fuerza que les hacía hablar en nombre del verdadero Dios  (ISa 10,6:   Entonces te invadirá el espíritu del Señor; entrarás en trance con ellos y serás cambiado en otro hombre”).

Los grandes profetas, atribuyen sencillamente a la mano de Dios la fuerza que los invade (Is 8,11: “Porque así me habló el Señor, cuando me tomó con su mano y me conminó a que no siguiera el camino de este pueblo”.

Jer 1,9: ” El Señor extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: "Yo pongo mis palabras en tu boca”.

Ez 3,14: “ El espíritu me arrebató y me llevó, y yo fui, amargado y lleno de furor, mientras la mano del Señor pesaba fuertemente sobre mí”).

Conscientemente y a menudo rebelándose todo su ser, se ven forzados a hablar por una presión divina:

Am 3,8: “El león ha rugido: ¿quién no temerá?. El Señor ha hablado: ¿quién no profetizará?; Jer 20,7ss: “ 7 ¡Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir!, ¡Me has forzado y has prevalecido! Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí.

El Espíritu Santo hace proclamar y mantenerse en pie a los profetas. Son testigos de Dios. (ls 42,1: “Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido,en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones.;  61,1ss: “1 El espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Él me envió a llevar la buena noticia a los pobres, a vendar los corazones heridos, a proclamar la liberación a los cautivos y la libertad a los prisioneros, a proclamar un año de gracia del Señor, un día de venganza para nuestro Dios; a consolar a todos los que están de duelo, a cambiar su ceniza por una corona, su ropa de luto por el óleo de la alegría, y su abatimiento por un canto de alabanza

Es como el soplo de vida que hace resurgir a los huesos secos (Ez 37: “1 La mano del Señor se posó sobre mí, y el Señor me sacó afuera por medio de su espíritu y me puso en el valle, que estaba lleno de huesos. Luego me hizo pasar a través de ellos en todas las direcciones, y que los huesos tendidos en el valle eran muy numerosos y estaban resecos. El Señor me dijo: "Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?". Yo respondí: "Tú lo sabes, Señor". Él me dijo: "Profetiza sobre estos huesos, diciéndoles: Huesos secos, escuchad la palabra del Señor. Así habla el Señor a estos huesos: Yo voy a hacer que un espíritu os penetre, y viviréis. Pondré nervios en vosotros, haré crecer carne sobre vosotros, os recubriré de piel, os infundiré un espíritu, y vivirán. Así sabréis que yo soy el Señor". Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras profetizaba, se produjo un estruendo: hubo un temblor, y los huesos se juntaron unos con otros. Al mirar, vi que los huesos se cubrían de nervios, que brotaba la carne y se recubrían de piel, pero no había espíritu en ellos. Entonces el Señor me dijo: "Convoca proféticamente al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Tú dirás al espíritu: Así habla el Señor: Ven, espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que revivan". Yo profeticé como él me lo había ordenado, y el espíritu penetró en ellos. Así revivieron y se incorporaron sobre sus pies. Era un ejército inmenso. Yo os infundiré mi espíritu, y viviréis”).

Pero en el AT, el Espíritu Santo no permanece, todavía no ha sido enviado. Se sabe que, en el  mar Rojo y en la nube, el Espíritu Santo actuaba en Moisés y llevaba a Israel a la Tierra Prometida. Pero se ve también que el pueblo es todavía capaz de rebelarse y de paralizar su acción.

El Espíritu Santo en el NT.

A) En María: Con el SÍ de María desciende el Espíritu Santo que engendra en ella a Jesús.

Habita en su interior . Lo lleva con ella. Se ve en la visita a su prima Isabel, que cuando la vio queda llena del Espíritu Santo. María proclama el Magnificat, Isabel dice “como es que la madre del Señor viene a mi, apenas he oído tu voz, algo se ha movido dentro de mí, el niño ha saltado de gozo”

María recibirá en medio de los apóstoles, en el Cenáculo, nuevamente el Espíritu Santo en Pentecostés.

María siempre llena del Espíritu camina en la voluntad del Señor. El Espíritu la preserva y la conduce. María es el jardín de Dios.

B) En Jesús: Jesús es concebido por el Espíritu. Desde el primer instante habita en él y le hace existir en carne humana, desde el seno purísimo de María hace de Jesús el Hijo de Dios, (Mt 1,20; Lc 1,35).

El Espíritu le lleva al desierto.

En el bautismo de Jesús, desciende en forma de paloma y se posa sobre Él. Juan proclama: «Yo os bautizo en agua para penitencia..., él os bautizará en el Espíritu Santo y el fuego» (Mt 3,11).

Jesús muestra su obra en el Espíritu. Durante su vida Jesús manifiesta la acción del Espíritu en él (Lc 4,14). En su intervención en la sinagoga de Nazaret, al comienzo de su vida pública, Jesús se aplica a si mismo un texto de Isaías que dice: 'El Espíritu del Señor Yahvéh está sobre mi, por cuanto que me ha ungido Yahvéh' (Is 61, 1; cfr. Lc 4, 18) En el Espíritu afronta al diablo (Mt 4,1), libera a sus víctimas (12,28), trae a los pobres la buena noticia y la palabra de Dios (Le 4,18). En el Espíritu habla con el Padre (Lc 10,21: 21 En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: "Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.). Sus milagros actúan sobre el mal y la muerte.

En los Hechos de los apóstoles, Pedro alude también a la unción que recibió Jesús, cuando recuerda “cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el Diablo” (Hech 10, 38).

El Espíritu Santo libra a Jesús de las garras de la muerte: RESUCITÁNDOLE.

Signos y símbolos del Espíritu Santo

Hay signos que se pierden en la noche de los tiempos: La unción, la imposición de las manos

Jesús sopla sobre los apóstoles y les da el Espíritu Santo ('sopló' sobre ellos y les dijo: 'Recibid el Espíritu Santo' (Jn 20, 22.23)..

Símbolos del Espíritu:

EL AGUA que lava, purifica y da vida, Jesús se la ofrece a la samaritana, y brota de su costado en la cruz ( “De su costado atravesado en la cruz 'salió sangre y agua” (Jn 19,34),  Si el pueblo de Dios 'bebe esta agua espiritual', según san Pablo, es como Israel en el desierto, que 'bebían de la roca... y la roca era Cristo' (1 Cor 10, 14).

El ACEITE , ungüento que suaviza y da vigor. Es el perfume que no se ve y lo inunda todo.


EL VIENTO que mueve y no se sabe ni de donde viene ni a donde va, empuja y limpia el ambiente.

La respiración, igual que el viento, es la fuerza que sostiene y anima al cuerpo. El hombre no es dueño de este hálito, aun cuando no puede prescindir de él y muere cuando se extingue. Como el viento, pero de una forma mucho más inmediata, el hálito respiratorio, en particular el del hombre, viene de Dios (Gén 2,7; 6,3; Job 33,4) y vuelve a él con la muerte (Job 34,14s; Ecl 12,7; Sab 15,11).

El FUEGO que abrasa el corazón y la boca, que purifica e ilumina, que como en la zarza ardiente de Moisés no se consume. El bautismo 'en Espíritu y fuego' indica el poder purificador del fuego: de un fuego misterioso, que expresa la exigencia de santidad y de pureza que trae el Espíritu de Dios. Jesús mismo decía: 'He venido a arrojar un fuego sobre la berra y '¡cuánto desearía que ya estuviera encendido!' (Lc 12, 49). En este caso se trata del fuego del amor de Dios, de aquel amor que 'ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo' (Rom 5, 5). Las 'lenguas como de fuego' que aparecieron el día de Pentecostés sobre la cabeza de los Apóstoles significaban que el Espíritu traía el don de la participación en el amor salvífico de Dios.

La PALOMA que, como en el diluvio, desciende sobre las aguas y se posa sobre el Príncipe de la paz (Escribe Mateo (3, 16): 'Se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él').

El VINO que alegra el corazón del hombre.

Los signos del Espíritu. Son muy variados. Todos, sin embargo, desde los carismas “menores”, el don de lenguas o de curación (ICor 12, 28s; 14,12) hasta los “dones superiores” (12,31) de fe, de esperanza y de caridad, están al servicio del Evangelio, del que dan testimonio (ITes 1,5s; ICor 1,5s) y del cuerpo de Cristo que edifican (ICor 12,4-30).

Todos también hacen percibir, a través de los gestos y de los estados del hombre, a través de los dones que nos ha hecho Dios (1 Cor 2,12), una presencia personal, alguien que habita (Rom 8,11) en nosotros, que testimonia (8,16), que intercede (8,26), que se une a nuestro espíritu (8,16) y clama en nuestros corazones» (Gál 4,6).

Pentecostés.-

LA IGLESIA RECIBE EL ESPÍRITU. Según el Vocabulario Biblico de León Duffour, “la Iglesia, nueva creación, no puede nacer sino del Espíritu, del que tiene su nacimiento todo lo que nace de Dios (In 3,5s). Los Hechos son como un «evangelio del Espíritu».

En la acción del Espíritu se hallan los dos rasgos observados ya en el AT. Por una parte, prodigios y gestos excepcionales: hombres inspirados, objeto de transportes (Act 2,4.5.11), enfermos y posesos liberados (3,7; 5,12.15...), heroica intrepidez de los discípulos (4,13.31 ; 5,20; 10,20). Por otra parte, estas maravillas, signos de la salvación definitiva, testimonian que es posible la conversión, que se perdonan los pecados, que ha llegado la hora en que, en la Iglesia, derrama Dios su Espíritu (2,38; 3,26; 4,12; 5,32; 10,43).

Este Espíritu es el Espíritu de Jesús :

Hace repetir los gestos de Jesús.

Anunciar la palabra de Jesús (4,30; 5,42; 6,7; 9,20; 18,5; 19,10.20).

Repetir la oración de Jesús (Act 7,59s = Lc 23,34.46; Act 21,14 = Lc 22,42).

Perpetuar en la fracción del pan la acción de gracias de Jesús.

Mantiene entre los hermanos la unión (Act 2, 42; 4,42) que agrupaba a los discípulos en torno a Jesús.

El Espíritu Santo es la fuerza que lanza a la Iglesia naciente «hasta los confines de la tierra» (1,8); unas veces se posesiona directamente de los paganos (10,44), probando así que es «derramado sobre toda carne» (2, 17), otras veces envía en misión a los que él mismo elige, a Felipe (8, 26.29s), a Pedro (10,20), a Pablo y Bernabé.(13,2.4). Pero no sólo se halla en el punto de partida: acompaña y guía la acción de los apóstoles (16,6s), da a sus decisiones su autoridad (15,28). Si la palabra «crece y se multiplica» (6,7; 12,24), la fuente interior de este ímpetu gozoso es el Espíritu (13,52)”.

“Como Jesús confesó a su Padre con toda su vida (Jn 5,41; 12,49), así también los discípulos tendrán que dar testimonio del Señor (Mc 13,9; Jn 15,27).”

Jesús, muerto y resucitado, hace a la Iglesia don de su Espíritu. Cuando muere Jesús, «entrega su Espíritu» a Dios y lo transmite a su Iglesia (Jn 19,30). Ahora que el Jesús ha sido exaltado a la diestra del Padre en la gloria (12,23), reúne a la humanidad salvada (12,32) y derrama sobre ella el Espíritu (7,39; 20,22s; Act 2,33).

El Espíritu de la Iglesia.- La nueva creación nacida del Espíritu es la Iglesia. Iglesia y Espíritu son inseparables: la experiencia del Espíritu se hace en la Iglesia y da acceso al misterio de la Iglesia. Los carismas son tanto más preciosos cuanto más eficazmente contribuyen a edificar la Iglesia (lCor 12,7; 14,4...) y a consagrar el templo de Dios (ICor 3, 16; Ef 2,22). El Espíritu, erenovando sin cesar su acción y sus dones, trabaja constantemente por la unidad del Cuerpo de Cristo (ICor 12,13). Como espíritu de comunión (Ef 4,3; Flp 2,1), que derrama en los corazones el don supremo de la caridad (ICor 13; 2Cor 6,6; Gál 5, 22; Rom 5,5), reúne a todos en su unidad (Ef 4,4).

El Espíritu de Dios nos hace uno: «Un solo cuerpo y un solo espíritu... un solo señor... un solo Dios» (Ef 4, 4ss).

¿Qué significa Pentecostés?:

Significa cincuenta días después de Pascua. De origen judío, el sentido de esta fiesta evolucionó de fiesta agraria, a la conmemoración del hecho histórico de la alianza y, posteriormente, a la fiesta del don del Espíritu, que inaugura en la tierra la nueva alianza.

Veamos su evolución: En el AT,  Pentecostés es, con pascua y  tabernáculos, una de las tres fiestas en que Israel debe presentarse delante de Yahveh en el lugar escogido por él para que habite en él su nombre (Dt 16,16).

En los orígenes es la fiesta de la recolección (siega),en que se ofrecen las primicias, día de acción de gracias y alegría (Éx 23,16 Núm 28,26; Lev 23,16ss).(siete semanas después de pascua y de la ofrenda de la primera gavilla: cf. Lev 23,15).

Después la fiesta es un aniversario de la alianza (unos cincuenta días después de la salida de Egipto, que se celebraba con la pascua (Éx 19,1-6).

EL PENTECOSTÉS CRISTIANO.

A. La teofanía. El don del Espíritu, con los signos que lo acompañan, el viento, el fuego, se sitúa en la prolongación de las teofanías del AT. Un doble milagro subraya el sentido del acontecimiento: en primer lugar, los apóstoles se expresan en «lenguas» para cantar las maravillas de Dios (Act 2,3); el hablar en lengua es una forma carismática de oración que se registra en las comunidades cristianas primitivas. Este hablar en lenguas, aunque de por sí ininteligible (cf. lCor 14,1-25), este día es comprendido por las gentes que se hallan presentes; este milagro de audición es un signo de la vocación universal de la Iglesia, puesto que estos oyentes vienen de las regiones más diversas (Act 2,5-11). Es el lenguaje del AMOR.

B Sentido del acontecimiento.

B1) Efusión escatológica del Espíritu. Pedro, citando al profeta Joel, muestra que pentecostés realiza las promesas de Dios: en los últimos tiempos el Espíritu será dado a todos (cf. Ez 36,27). El Precursor había anunciado que estaba presente el que debía bautizar en el Espíritu Santo (Mc 1,8). Y Jesús, después de su resurrección, había confirmado estas promesas: «Dentro de pocos días seréis bautizados en el Espíritu Santo» (Act 1,5).

B2) Coronamiento de la pascua de Cristo. Según la catequesis primitiva. Cristo muerto, resucitado y exaltado a la diestra del Padre acaba su obra derramando el Espíritu sobre la comunidad apostólica (Act 2,23-33). Pentecostés es la plenitud de Pascua.

B3) Reunión de la comunidad mesiánica. Los profetas anunciaban que los dispersos serían reunidos en la montaña de Sión y que así la asamblea de Israel estaría unida en torno a Yahveh; pentecostés realiza en Jerusalén la unidad espiritual de los judíos y de los prosélitos de todas las naciones; dóciles a la enseñanza de los apóstoles, comulgan en el amor fraterno en la mesa eucarística (Act 2,42ss).

B4) Comunidad abierta a todos los pueblos. El Espíritu se da con vistas a un testimonio que se ha de llevar hasta los confines de la tierra (Act 1,8); el milagro de audición subraya que la comunidad mesiánica se extenderá a todos los pueblos (Act 2, 5-11). El pentecostés de los paganos (Act 10,44ss) acaba de hacerlo patente. La división operada en Babel (Gén 11,1-9) halla aquí su antítesis y su término.

B5) Partida en misión. El pentecostés que reúne a la comunidad mesiánica es también el punto de partida de su misión: el discurso de Pedro, «de pie con los Once», es el primer acto de la *misión dada por Jesús: «Recibiréis una fuerza, el Espíritu Santo... Entonces me seréis testigos en Jerusalén, en toda la Judea y en Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Act 1,8).

C. Pentecostés, misterio de salvación.

Si fue pasajero el aspecto exterior de la teofanía, el don hecho a la Iglesia es definitivo. Pentecostés inaugura el tiempo de la Iglesia, que en su peregrinación al encuentro del Señor recibe constantemente de él el Espíritu que la reúne en la fe y en la caridad, la santifica y la envía en misión. Los Hechos, «evangelio del Espíritu Santo», revelan la actualidad permanente de este don, el carisma por excelencia tanto por el lugar que ocupa el Espíritu en la dirección y en la actividad misionera de la Iglesia (Act 4,8; 13,2; 15,28; 16,6) como por sus manifestaciones más visibles (4,31; 10,44ss). El don del Espíritu califica los «últimos tiempos», período que comienza en la *ascensión y hallará su consumación el último *día, cuando retorne el Señor. (León Duffour)

 

El Espíritu Santo en la vida del cristiano.-

 

Lo recibimos en los sacramentos. Es el mismo Espíritu que resucito a Jesús.

Nos hace discernir los acontecimientos de nuestra vida.

Es el alma de la Iglesia. A través de ella recibimos sus dones, y por ellos damos fruto.

Nos hace caminar hacia la santidad por medio de siete dones: Unos que afectan a la inteligencia del hombre: sabiduría, entendimiento,  ciencia, consejo.
Y otros se refieren a la voluntad, tales como el temor de Dios, la fortaleza y la piedad.

Los FRUTOS de la acción del Espíritu en nosotros, los señala San Pablo en la carta a los Gálatas: amor, alegría, paz, tolerancia, agrado, generosidad, lealtad, sencillez, dominio de sí.


No nos resistamos al Espíritu que nos ha sido dado.

Creo en el Espíritu Santo que es Señor y dador de Vida y que habló, por los profetas.

Id al mundo y bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo y del ESPÍRITU SANTO.”

“Ven Espíritu Santo y renueva la faz de la Tierra”.

 

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