La Copia Fiel

Un reproche recurrente dentro del arte es menospreciar o incluso despreciar una pieza, porque tiene elementos de otra anterior o utiliza recursos que a su vez formaron parte de otros movimientos; sin embargo nadie copia exactamente igual, ya que simplemente los objetivos pueden ser diferentes o simplemente los conceptos o el contexto. Si alguna de estas cosas cambian toda la obra es diferente, aunque podría parecer similar para un simple observador o un profano, como podríamos ser cualquiera al visitar una exposición y no conocer mucho del autor en cuestión.

Desde esta óptica está totalmente justificada la “copia”; en su defecto muchos que acusan a otros de copistas, o carentes de imaginación, al mirar hacia atrás podrían encontrarse conque su obra no es del todo original. Si nos apegamos a esta lógica, creo que originalidad no ha existido después de los griegos; ni siquiera siendo indulgentes podríamos decir que en literatura Shakespeare fue original, ni Cervantes, ni Baudelaire creyéndose miserable e hijo de satán.

Debe haber responsabilidad en los comentarios, tanto de críticos como de artistas sobre este tema.

 

UN RELATO

Una moneda por un relato. Era lo que pagaban en el diario local; claro que con muchos requisitos: el relato debía tener cinco páginas, ser emocionante, nada de cosas tristes como familias desahuciadas; los guerreros estaban bien, pero sólo si eran héroes de batalla, si habían muchas mujeres, vino e hipocrás, si vencían a todo un ejercito simplemente con su voz.

 

Con esa moneda se podían hacer muchas cosas: un jarrón de vino y un pedazo de pan durante siete días; tinta y pluma nueva con algo de papel; compañía para una noche, que de lo contrario se presentaba fría y solitaria; una cena de marqués; un par de libros del escritor de moda; en fin como decía, muchas cosas.

Nuestro autor era adicto a escribir, lo hubiera hecho igual sin la moneda, pero lo cierto es que no le venía mal compañía de vez en cuando.

Su secreto, porque tenía uno, sino como explicamos que pudiera escribir las líneas más hermosas sobre las batallas legendarias, antes, mucho antes de la invención del hombre, antes del equilibrio, antes de la unión entre el mar y el cielo; tan antes, que era capaz de recrear el pensamiento de los seres superiores, y de los inferiores también.

Aseguraba que los seres elementales existían, pero no sólo en los bosques, lagos, o ríos; sino también en las urbes como esta. Que se alimentaban de nuestra energía, que por medio de un conjuro se hacían invisibles a nuestros ojos y que perros, gatos y ratones los veían y alertaban de su presencia.

Por mi parte, creo que su secreto era ese, que las historias no venían de él, sino de gnomos, salamandras, hadas, ninfas, o silfos, o de todos a la vez. Sabido es y repetido por las grandes mentes, que los seres elementales ya eran muy antiguos cuando la creación del hombre, ya contaban con miles de años de historia.

Es un hecho de ciencia que cuando el creador no era tan poderoso como ahora, intentó en varias oportunidades nuestra existencia y en cada fallo aparecieron una por una todas las especies de elementales. Claro está que entre ser y ser tuvo que esperar entre dos mil y tres mil años y que para retomar fuerzas, para nuestra existencia debió esperar casi cinco mil. De ahí que sepamos la antigüedad de nuestro mundo: de veinte a veinticinco mil años.

Volviendo a nuestro escritor, como decía nadie como él describía las costumbres de los elementales, una a una y diferenciándolos entre sí. Nos hablaba de seres colectivos, que comunicándose con uno de cada especie, era como hablar con todos. Es como si no tuvieran forma física real, como si fueran etéreos, espectrales, como un hálito, como algo muy poco más consistente que el aire, pero que forma parte de un todo; estaban entre los árboles, y en los prados, y en los ríos, y en las urbes, pero todo al mismo tiempo. Y que sólo se materializan para contarnos cosas o para hacer tratos, pero no por mucho tiempo porque les consume mucha energía.

Para buscarle una explicación a la ubicuidad de estos seres, nuestro relator explicó que el creador no tuvo en cuenta la materia, ya que él no la poseía, y como él era uno en todo y todo en uno, tampoco les creó una consciencia individual.

Algo parecido acontece con el tiempo, estos seres no están afectos a él, por eso conservan vivas las historias de las guerras, es como si ocurrieran en ese momento, y por eso los relatos son tan emotivos, tan vívidos. Viven en cada instante toda la existencia infinita, libre por completo de la atadura de la memoria.

Cabe decir que según parece, estos seres fueron creados antes que el tiempo, por eso no están afectos a él. El creador al ver que los humanos seríamos inmortales, creó el tiempo y nos prolongó en éste a través de nuestra descendencia. Pero ni él ni ningún ser anterior a los hombres, es capaz de morir por completo, o de reproducirse, o de nacer.

Por eso, claramente nos tienen envidia; ellos, llega un punto en que necesitan energía y están cansados, pero no pueden morir; sin embargo los humanos nos renovamos en la descendencia. Cuenta nuestro escritor, que se han dado casos de lactantes humanos raptados para extraerle la energía. Si esto ocurre, el cuerpo del niño permanece en una especie de éxtasis, donde no es capaz de crecer, ni pensar, es como existir sin hacerlo.

Volviendo al secreto del escritor, según creo, él pudo ser uno de esos niños, pero vuelto a la vida para contar a los mortales las historias del país borroso.

 

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Página elaborada por Manuel Rodaños

 

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