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La Madre:
La paz del Señor es contigo, hijo mío. Ave María Purísima.
La Madre:
Hoy es un día importante para aquellos que recuerdan a mi amado esposo
en la tierra como Padre adoptivo de Jesús. Él, hijo mío, es ejemplo de
humildad y de obediencia hacia Dios, Así deberían ser los hombres hijo
mío, obedientes para con el Padre Celestial.
San José, hijo mío, sufrió mucho en tu mundo ya que su responsabilidad
era mucho más grande que la de cualquier hombre al cuidar a su hijo. Su
responsabilidad era la de cuidar al mismo Dios en la tierra y él sufría
al querer dar más de todo lo que poseía.
Tuvo momentos muy duros, hijo
mío, pero en ningún momento se separó del lado de Jesús ni del mío.
Hoy, hijo mío, San José vive al lado de aquél que cuidó en la tierra y
su satisfacción es grande como la de todos aquellos que viven en el
reino de Dios.
También quiero hablarte de tu mundo, hijo mío. Está lleno de egoísmo y
esa es parte de su perdición. Dios, hijo mío, manda a hombres llenos de
luz para dar a conocer que Él no está conforme con la forma de actuar de
sus hijos.
Muchos hombres escuchan sus palabras con gran
recogimiento, y otros tratan de ofender a Dios con esas mismas palabras
que les han sido ofrecidas para su salvación. ¡Pobres hijos míos, no
saben lo que les espera si no cambian!. Satán está reinando en tu mundo;
mira los niños, no aprenden el respeto a sus padres, porque la ceguera
del egoísmo no les deja enseñar a esos padres la importancia del
respeto. Mira cuánta perversión, hijo mío.
Las mujeres apenas saben guardar su dignidad porque
prefieren el pecado de la carne al recogimiento hacia las cosas grandes
de Dios.
Todo cambiará hijo mío. Esa debe ser tu esperanza y la de ellos, pero
nunca os quedéis de brazos cruzados, ya que debéis dar a conocer a
todos los hombres posibles la existencia de Dios, el egoísmo que
persiste en vuestro mundo y todo cuanto yo te vaya dando a conocer.
Hijo mío, no descanses, sigue tu camino y trata de hacer ver a los
hombres lo descontento que Dios está con ellos. No te será fácil hijo
mío, pero recuerda que Dios siempre está contigo y cuidará tus pasos.
Adios, Hijo Mío.
(Este mensaje fué recibido en privado, - oculto-, no delante del público presente.)
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