La Madre:
La Paz del Señor es con todos vosotros.
Público:
Y con tu Espíritu Madre.
La Madre:
Ave María
Purísima.
Público:
Sin pecado concebida.
La Madre:
”Hace tiempo, mucho tiempo, aquellos mares lejanos, fueron regados
por sangre, sangre inocente. Igual que aquellas calles;
aquellas calles de empedrado antiguo, las cuales recuerdan con tesón un
hombre que andaba con dificultad, porque llevaba el peso de un madero: Una Cruz.
Aquella sangre que iba goteando por
aquellas calles, ya fué olvidada, como aquellas palabras de aquel hombre,
como aquellos hechos de ese Dios, como tantas cosas importantes, que
para el mundo ya no lo son. Hay tantas
cosas ocultas, apartadas..., tantas cosas que tienen un significado
enorme, grande, que todo ello está olvidado y sepultado en ese lago
oscuro de la ignorancia.
Es muy triste saber, hijos míos, que
hay algo escrito que os puede hacer cambiar y que no prestáis atención
en ello. Más triste es saber que uno de mis hijos se pierde, por no
haber seguido el camino marcado. No
os quejéis de vuestros males y tampoco de vuestro sufrimiento. Pensad mucho en aquéllos que están por
encima de vosotros, que sufren aún más.
Os quejáis de cosas..., cosas que
son pequeñas, y Nosotros callamos vuestros errores, y tampoco queréis
reconocerlos como errores vuestros. Llega un momento en el cual
todos van pasando ante Dios, y Dios va juzgando y diciendo:
"Estos son tus
errores, por ellos pagarás"; o, "estos son
tus hechos. Por ellos serás premiado".
Llega un
momento en el cual ya no vale de nada el echarse atrás, el decir: ”Yo no sabía”, pues todo está dicho, y el no saber seguir
esas palabras, es falta de interés, y eso nos produce tristeza..., mucha tristeza, y mucho dolor.
Hay tantas cosas que decir, tantas palabras que volverán a salir,
pero Yo espero el momento oportuno.
No como vosotros, hijos míos. Pero
ahí quedan mis palabras, como un testimonio para vosotros.
Como una
palabra que debería de servir de mucho y de nada sirve pues.
Ahí queda mi palabra, como una pequeña compañía, como un pequeño
recuerdo. Que ese recuerdo no se desvanezca y que perdure siempre con
vosotros en vuestro interior, en vuestras mentes, en vuestro corazón.
Y no os olvidéis que tanto y tanto como
Dios hace por vosotros.
Tampoco os olvidéis de los
incrédulos, y tampoco de aquellos niños que están sólos en el mundo, y
que no tienen quién les enseñe a hablar de Dios.
Y no os olvidéis de los perdidos, así no os olvidéis de vuestro
prójimo, porque a vosotros tampoco os gustaría que se os olvidase. No os olvidéis vosotros pués, y veréis cómo seréis
recordados.
Adiós hijos.
Público:
Adiós Madre.
El Hermano:
Adiós hermanos.
Público:
Adiós Hermano.
Padre Eterno:
Adiós
hijos.
Público:
Adiós Padre.
El
Hermano:
Que la Paz del Señor Yahvé,
la fuerza del principe de las almas, quede con todos vosotros.
Público:
Y con tu Espíritu Hermano.
El Hermano:
Ave María Purísima.
Público:
Sin pecado concebida.
El Hermano:
Adiós hermanos.
Público:
Adiós Hermano._
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