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La Madre: La Paz del Señor está con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Madre.
La Madre: Ave María Purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
La Madre:
¡Sí hijo mío!, hoy también estoy aquí, siempre estoy aquí, y siempre he
estado aquí. ¿Ves? Ya no te extraña hijo mío,
el que venga vestida como siempre: de dolor por
todos ellos. Aunque sé que dentro de tí, tú lo sufres. Por eso he
venido.
Hoy es mi día, y también el día de aquéllos que sufren en su interior,
de aquéllos que sufren por una causa justa y noble hijo mío; no de
aquéllos que sufren por el mundo y que viven con el mundo. No hijo mío.
Como véis, mi vida siempre ha estado
marcada por el dolor: siendo niña ya sabía todo lo que de Dios iba a
recibir, como tú hijo mío. También siendo niña supe todo el dolor que me
iba a causar ser madre del Hijo de Dios; y no por eso, hijo mío
retrocedí. Quise seguir, no me negué. Ya que Dios dijo su palabra, Yo la
cumplí. Yo sabía que iba a llorar junto a la Cruz al lado de mi amado
Hijo.
Aunque en mí, siendo niña, una sonrisa se veía
también el llanto me iba ahogando cada día que pasaba hijo mío. Cada día
que pasaba hijo mío, era un paso más hacia todo aquello que había de
llegar hasta que la Luz de Dios, siendo tan joven hijo
mío, se introdujo en mis entrañas creando
así un cuerpo, creando así su propio Hijo.
En mi interior solo decía: “ya todo se aproxima,
ya todo está cerca...”
¡Sí hijo mío!, para muchas madres es muy difícil perder un hijo. Para
mí también. Pero estas madres pierden a sus hijos por causas del mundo:
por enfermedades o bien porque sus hijos lo buscan, o así por accidentes
hijo mío. Pero perder un hijo por ser inocente causa mucho más dolor. Ver
a un propio hijo gritar, y llorar por dentro de dolor por el daño
causado, y El me hablaba, y en mi corazón se oía:
“¡Madre!, estoy llorando
en mi interior.No lloro por los golpes que me han dado, ni tampoco por
estos clavos que oprimen mis manos y mis piés. Tampoco lloro, Madre, por
la corona de espinas puesta en mi sién. Solo lloro, Madre , porque todos
éstos que ahora ríen también llorarán, en un lugar donde ellos han buscado.”
Es un dolor inmenso hijo mío: Me entregaron a todos vosotros como
hijos, y sufro vuestros errores. ¡Sí hijo mío! ¿Cuántos?, ¿cuántos dicen
que en la otra vida ya no hay dolor? Sí hijo mío:
Hay dolor, mucho más que aquí. Hay dolor porque muchos de los que
allí están, ven cómo sus seres más queridos se pierden.
Y Yo, Yo también lloro hijo mío, aunque nadie quiera saberlo Yo lloro,
porque todos ellos, vosotros hijos míos, también sois mis seres queridos:
mis hijos. Es triste que esto para muchos, no os diga nada, para mí dice
bastante: estoy traspasada de dolor hijo mío por tantos errores, y creen
que no se puede remediar hijo mío.
Hay DIEZ LEYES puestas por el Juez Divino. Aquél que quiera salvarse
que las cumpla. Todos oyen eso de: “dejadlo todo y seguidme.” Pero
nadie deja nada, ni sigue hijo mío.
"Dejadlo todo, no
os preocupéis, dejadme a Mí que guíe vuestras almas. Vuesto cuerpo..., no
temáis por él. Las enfermedades que no os preocupen. Preocupaos de
vuestra alma, porque si no curáis ahora vuestra alma, después vendrán las
enfermedades y serán las peores: El fuego eterno."
"Yo", dicen muchos hijo mío, "me entrego a tí para servirte
y quiero estar más cerca de tí." Aquél que lo dice fuera hijo mío,
no tiene mérito: solo habla su cuerpo. Pero aquél que lo habla en su
interior tiene mérito, porque lo habla su alma.
Para estar cerca de mí hay que mirar menos el mundo; y para seguirte a
tí hijo mío, no hay que pensárselo, aunque muchos se lo piensan. Pero
mientras piensan pierden ese pequeño tiempo dado por Dios. Pero el dolor,
el dolor está aquí. Nunca ha marchado, pero tú estás aquí, y contigo los
demás que han vuelto hijo mío. (1)
Vosotros intentáis tapar mi herida, y
al final..., al final eso será conseguido, con el Poder y la Voluntad de
Dios. Adiós hijos.
PUBLICO: Adiós Madre.
El Hermano:
Que grite vuestra alma en vuestro interior, porque tiene más mérito que
que grite el cuerpo. Adiós
hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
El Maestro: Adiós hijos.
PUBLICO: Adiós Maestro.
Padre Eterno: Adiós hijos.
PUBLICO: Adiós Padre.
El Hermano: Adiós hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
El Hermano: Que la Paz del Señor Yahvé, y la fuerza del príncipe de las
almas quede con todos vosotros.
PUBLICO: Y con tu Espíritu Hermano.
El Hermano: Quedan once días. (2)
Ave María purísima.
PUBLICO: Sin pecado concebida.
El Hermano: Adiós hermanos.
PUBLICO: Adiós Hermano.
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(1) Todos los apóstoles están
otra vez en la tierra, preparan la Nueva Venida de
Nuestro Señor Jesucristo. (mens.
16.7.1989, 17.7.1989; 19.7.1989; 30-3-97 mañana, etc.,)
( ver también: Mt. 17, 10-13; s. Mt. 11, 13-15; Mc. 9, 10-13.)
(2) "once días", del 15 al 26, el
cumpleaños de José-Luis Manzano, el vidente.
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