Nacemos en un lugar por mero azar y nuestro corazón puede ser tan estrecho o abarcar tanto espacio como deseemos. ¿Por qué no cantar tantos himnos y defender tantos colores como seamos capaces de memorizar?. ¿Por qué no recordar de qué manera estamos hechos, cuantos pueblos cuantas culturas nos han dejado su barniz?. Cada generación parece surgir de la nada, cada generación –pese al ímprobo esfuerzo de cualquier maestro por hacernos comprender nuestras raíces- se empeña obstinadamente en obviar el pasado y así todos parecemos pensar que nuestro pueblo y nuestra cultura es fruto solo de nuestro esfuerzo creativo inmediato. De esta forma cualquiera que se acerque desde otro rincón del mundo se convierte en extranjero, en emigrante en mi tierra, extraño que amenaza mi seguro mundo por mí inventado cada día.
Todas y cada una de nuestras afirmaciones tienen un denominador común la ignorancia y con ella el olvido, el escaso interés que mostramos por el otro, la falta total de empatía, el miedo a reconocer que existen otros mundos, otras historias otras culturas, con errores y aciertos como la nuestra. Por encima de todo ello plantea el monstruo de la prepotencia occidental, la prepotencia del dinero, de creernos mejores, de negar el valor del otro, del que llega de lejos, de rechazar sus costumbres sin conocerlas, de ignorar sus sentimientos en un país que le es ajeno y que se le muestra hostil, con una hostilidad soterrada que solo emerge con la evidencia en algunos momentos hábilmente espoleados por los medios para crear opinión, una opinión sesgada que carece de todos los datos que debe manejar el ser humano para emitir una opinión consciente. Y así cree nuestro temor y culpamos –con razón y sin ella-a lo que nos es ajeno, por que siempre es mas sencillo y mas correcto para nuestra creencia asumir que el otro sea el culpable.
Solo desde el conocimiento, el intercambio, la aceptación de la diferencia, el mestizaje se crea se renueva, se reinventa así misma la sociedad. Nuestra historia es un constante fluir de culturas de pueblos, de personas paseantes del mundo, de gente que deja su lugar de nacimiento para intentar un nuevo asentamiento, tal vez el primero de muchos, quizás el definitivo. ¿Quién puede saberlo?
Goyta Rubio Caro(Trabajadora Social)