Resumen:
"Nocturno de la alcoba" aborda el tema de la violencia, las relaciones interpersonales. Las neurosis y patologías de los personajes describen una sociedad urbana, llena vicios mentales. Aunque tenga momentos cómicos y situaciones paródicas, a través de las escenas oníricas, el lector-espectador no deja de sentir cierto dolor en la risa. Un crítico de cine y teatro se reencuentra con un viejo amor, lo que desencadena una serie de agresiones, como una bola de nieve. Ante la creciente tensión acumulada, la historia desemboca en un final trágico, que es espectador puede adivinar desde el principio de la obra, no sin dejar de sentirse en tensión. Esta obra ganó el primer lugar en el Concurso Nacional de Dramaturgia "Teatro Nuevo" 2000, organizado por la Sogem (Sociedad General de Escritores Mexicanos) y el Instituto de Cultura de la Ciudad de México. Aún no ha sido estrenada.Nocturno de la alcoba
de Mario Cantú Toscano
Personajes:
Gabriel
Sofía
Estela
Chope
Mónica
Otros personajes *:
Policías 1 y 2
Cristo
El Cura
Jesús
El Diablo
Lily
Isabel
Juez
Obrero
Luis
Mamá
Papá de Sofía
Mamá de Sofía
Enfermera
*Nota: Los otros personajes corresponden a las escenas de sueños y recuerdo. Pueden ser representados por una comparsa de cuatro actores, dos hombres y dos mujeres.
Acto Único
El escenario estará dividido es cinco áreas, principalmente. Arriba y a la izquierda estará la Sala del departamento de Sofía. Arriba y a la derecha, la recámara de Sofía. Abajo izquierda la cocina de Sofía. Abajo derecha la sala 2, que a veces será de la casa de Estela y a veces de la de Chope. Al centro estará vacío, con excepción de una mesa y un par de sillas. Una sexta área será el proscenio, reservada para "las escenas del pasillo". Al comenzar la obra no hay iluminación ni sonido. De pronto algunas luces y ruido de sirenas policiacas y de ambulancias. No se ve nada más. Se escucha también el murmullo de voces por radio, de gente dando órdenes médicas. De entre la obscuridad y el bullicio sobresalen las voces agresivas de unos policías.
Policía 1: Muy valiente con las viejas, hijo de la chingada. Ándale, camínale, puto.
Policía 2: Ya te cargó la chingada, cabrón.
Policía 1: A ver si con nosotros tienes tantos huevos.
Policía 2: Órale, métete, culero. Ya te cargó la verga.
Mientras decían los diálogos anteriores, se escuchaban golpes secos, pasos, caídas, puertas cerrándose con estrépito. Después del último diálogo, arranque de motores y rechinado de llantas. Las luces y sonido de sirenas se va desvaneciendo lentamente al tiempo que entra la Música del "Danzón 2", del compositor mexicano Arturo Márquez. Después de los primeros compases, se escucha la voz en off de Gabriel, tranquila, pausada.
Gabriel: "La muerte toma siempre la forma de la alcoba
que nos contiene.
Es cóncava y oscura y silenciosa,
se pliega en las cortinas en que anida la sombra,
es dura en el espejo y tensa y congelada,
profunda en las almohadas y, en las sábanas, blanca".
La música va bajando hasta desaparecer. Se ilumina el área del centro. Gabriel está sentado en una silla y habla hacia el público.
Gabriel: Sé que soy un caso difícil… No, no hay vuelta de hoja, ni se quiebre la cabeza, yo la maté… Ya le dije que no era mi intensión, se lo he dicho a todo mundo… Fueron seis disparos, difícilmente se podría alegar defensa propia… No, no soy abogado, pero eso lo intuye cualquiera. (Pausa) Un amigo solía decir que todos somos propensos a la violencia, todo es cuestión de que se junten las personas correctas en una situación incorrecta. (Pausa) ¿Alguna vez ha sentido que unas personas pueden sacar lo mejor de usted y otras pueden sacar lo peor, que con ellas puede tener reacciones que nunca imaginó que iba a tener?… No espero que me absuelvan, sólo espero que me entiendan, y que a cualquiera le puede pasar. Estas cosas no son culpa de uno, son culpa de todos. Yo me creía una persona tranquila, centrada, nunca pensé que podría ser capaz de matar a alguien… y ya ve. No sé en qué momento perdí el sentido del humor. Yo no soy una persona violenta; pero, ahora que lo pienso, siempre he estado rodeado de ella… No, la televisión no tienen nada qué ver, son los pequeños detalles, las pequeñas agresiones que uno recibe durante toda la vida. (Pausa) ¿Usted cree en Dios?… Yo no, o creo que no. La verdad ya no sé. (Pausa) Yo vengo de una familia muy católica (Pausa) Cuando era niño tuve un par de sueños.
Obscuro. Comienza a escucharse la "Cabalgata de las Walkirias" de Richard Wagner. En proscenio, con iluminación, se dibuja un pasillo. En un extremo está Gabriel, dormido en posición fetal. A un lado tiene ropa, un par de juguetes y una maleta. Comienza a inquietarse. De pronto, en el área del centro, sobre la mesa, se ilumina un Cristo crucificado. Éste abre los ojos, Gabriel se despierta y lo ve. El Cristo comienza a tratar de zafarse de la cruz. Gabriel mete sus pertenencias en la maleta y corre hacia el otro extremo del pasillo. Quiere huir, pero, aunque corre, no avanza rápidamente. El Cristo lanza rugidos de bestia y sangra horriblemente. Gabriel sigue corriendo y avanzando poco a poco. El Cristo comienza a liberarse. Cuando finalmente consigue zafarse de un brazo, lo estira hacia Gabriel. Súbitamente se hace obscuro y silencio.
Voz de Gabriel: Un par de semanas después fue cuando me tuve que confesar porque iba a hacer mi primera comunión. Quizá estaba un poco nervioso, por eso tuve ese sueño.
Se ilumina el área del centro. La mesa media entre Gabriel y el cura. El primero actúa con voz y gestos infantiles. El otro lleva una sotana blanca y tiene la nariz de puerco.
El Cura: Así que el sábado vas a hacer tu primera comunión.
Gabriel: Sí, padre.
El Cura: ¿Cómo te llamas?
Gabriel: Gabriel.
El Cura: ¡Qué bonito! Tienes nombre de arcángel, ¿lo sabías? (Gabriel asiente) A ver, muchachón, dime tus pecados.
Gabriel: Pues… he sido envidioso con mis hermanos, desobedezco a mis papás… veo mucha tele…
El Cura: ¿Es todo?
Gabriel: (Muy avergonzado) …y me robé un chicle de la tiendita del colegio.
El Cura: ¿Es todo?
Gabriel: Sí.
El Cura: (Sobándose las piernas, casi en la ingle) ¿Has jugado contigo mismo?
Gabriel: (Desconcertado) ¿Cómo?
El Cura: ¿Te has tocado?
Gabriel: (Igual) Sí.
El Cura: A ver, Gabriel, cuéntame.
Gabriel: ¿Qué?
El Cura: (Se levanta y se pone a espaldas de Gabriel) ¿Cómo te tocas? ¿Te has tocado sin ropa?
Gabriel: Sí.
El Cura: (Comienza a sobarse el sexo) Dime cómo.
Gabriel: Pues cuando me baño…
El Cura: ¿Sabes que eso le puede molestar a Dios? Cuéntame bien para saber si es pecado.
Mientras se escuche el siguiente diálogo en off, comenzará a oírse la "Cabalgata…". El cura se irá y Gabriel se quedará solo. Trata de huir de ese cuadro pero no puede.
Voz de Gabriel: Recuerdo que mi mamá se enojó porque no quise vestirme de blanco para la primera comunión. Me fui vestido de cowboy, sólo me faltó el sombrero. Lloré y lloré hasta que me dejaron ir vestido como me diera la gana. Dos semanas después tuve el otro sueño.
Entra a escena el diablo y comienza a perseguirlo. Lo atrapa y lo estrangula. En un especial en el proscenio aparece Jesús. Extiende la mano hacia el diablo pero éste no libera a Gabriel. Jesús pone cara de extrañado y se mira la mano. Gabriel se desmaya. Rápidamente obscuro y silencio. Cuando se obscurece el área del centro, inmediatamente se ilumina la Sala 2, que para esta escena pertenece a la casa de Estela. Ella está vestida de obispo. Revisa unos papales, a veces hace sumas, escribe, y bebe de una lata de refresco. Todo esto con gestos de nerviosismo, como si esperara a alguien. Entra Gabriel.
Estela: ¿De dónde vienes?
Gabriel: De donde te dije que iba a estar
Estela: ¿Seguro?
Gabriel: Claro que estoy seguro (Sarcástico) ¿Por qué no habría de estar seguro si yo estuve ahí?
Estela: ¿No te sientes mal por llegar a esta hora?
Gabriel: ¿Perdón? ¿Llegué a mi casa o a un confesionario?
Estela: Otra vez, siempre el sarcasmo. ¿Te estás burlando de mi fe? ¿Por qué siempre te defiendes con sarcasmos?
Gabriel: Entonces admites que me estás atacando.
Estela: No te estoy atacando. Te pregunté de dónde venías y me dijiste una mentira.
Gabriel: ¿De dónde sacas que te estoy mintiendo?
Estela: ¿No te da remordimiento por estarme engañando? ¿No te remuerde la conciencia la traición?
Gabriel: Si yo estuviera hecho para sentir culpa me habría hecho católico. Si estuviera hecho para el sufrimiento sería judío. Si estuviera hecho para el zoológico sería budista.
Estela: (Tratando de seguir con la ironía) ¿Y para qué estás hecho entonces?
Gabriel: Para salir con unos amigos a platicar sin que eso me cause ningún problema.
Estela: Con unos amigos… claro, mejor dime estúpida de una vez. Te has estado viendo con ella. Y ahorita vienes de estar con ella. Seguro que ya se acostaron.
Gabriel: ¿De qué estás halando? Yo no me he acostado con nadie.
Estela: No te hagas, te mueres por acostarte con todas las que conoces. ¿Crees que no me doy cuenta cómo miras a mis amigas?
Gabriel: ¿Otra vez, Estela? ¿No habíamos arreglado eso ya? Fue una sola vez, cometimos un error, fue hace mucho, todavía ni nos casábamos. Tú me decías: "Trata bien a mis amigas", "acompáñala porque se va a ir sola", "ayúdala con su tarea porque tú sabes de eso". Y luego no quieres que me acueste con ella.
Estela: Te estoy hablando de hace poco.
Gabriel: ¿Hace poco? Si a Lorena no la hemos vuelto a ver desde entonces. Y no la culpo, yo también me alejaría de todo aquel que me pusiera resistol en un tampón.
Estela: Sabes bien que te estoy hablando de tu exnovia.
Gabriel: ¿Cuál? Tengo tres exnovias.
Estela: La que nos encontramos en el cine aquel día.
Gabriel: ¿Sofía? Al día siguiente fuimos a tomarnos un café y ya, eso es todo.
Estela: ¿Por qué me dices mentiras? Vi cómo te miraba y cómo tú metías la mano en la bolsa del pantalón. Qué casualidad que llegando a la casa tenías ganas de hacerlo.
Gabriel: ¡Ah! Si tengo ganas de hacer el amor es porque vi a otra tipa en la calle. Entonces si llego con hambre es que olí los tacos de la esquina… aunque puesto así parece lógico.
Estela: Quiero que agarres tus cosas y que te vayas de aquí y te sientas culpable, porque yo no merecía esto. Que Dios te perdone… porque yo no.
Gabriel: (Pausa breve) Está bien, si no me quieres aquí mañana mismo me voy.
Estela: No. Quiero que te vayas ahora.
Gabriel: ¿Ahora? ¿Estás loca? ¿A dónde voy a ir? Son las 3:00 de la mañana.
Estela: Eso no es asunto mío. Sólo quiero que te vayas y que te vayas ya.
Gabriel: ¿No puedes esperar hasta que amanezca?
Estela: No, porque luego se me va a pasar el coraje y me voy a arrepentir y te voy a perdonar. Y si sigo así no te vas a ir nunca.
Gabriel: ¿Perdonar qué? No he hecho nada.
Estela: ¿Por qué no te arrepientes y lo confiesas? ¡Sálvate!
Gabriel: Pero yo no tengo culpas. No puedo tener remordimientos, soy crítico de cine.
Estela: ¿La vida es una broma para ti o qué?
Gabriel: ¿Te parece que estoy jugando?
Estela: Siempre estás jugando, siempre estás diciendo tonteras, siempre te estás burlando de la gente.
Gabriel: Lo que pasa es que la gente no tiene sentido del humor. Si la gente se pudiera reír de sí misma no necesitaría confesarse.
Estela: ¿Tus pecados te parecen chistosos, te parece gracioso ponerme los cuernos?
Gabriel: (De su bolsillo saca una píldora) Yo no sé de dónde has sacado esa idea. Ya me está dando la gastritis. (Agarra el refresco de Estela y se la toma) Todas las mañanas te veo oliendo mi ropa, revolviendo mis papeles, descuelgas el teléfono cuando estoy hablando. Te estás volviendo loca.
Estela: Tienes razón. Vete para que no me vuelvas completamente loca, como a tu madre.
Gabriel: Yo no volví loca a mi mamá, ella siempre estuvo así.
Estela: Ella me platicó todo lo que le hacías.
Gabriel: Pensé que no se llevaban bien.
Estela: No, no nos llevamos nada bien, pero yo tenía que saber todo de ti.
Gabriel: ¿Todo qué? Ya sabes todo de mí, nos conocemos desde la prepa.
Estela: Había muchas cosas que no sabía. Ahora lárgate. No quiero volver a verte en lo que resta de mi vida en la Tierra. Pero te agradezco que me hayas hecho sufrir tanto, porque gracias a ti ya tengo mi lugar ganado en el Cielo. ¡Y ya lárgate, por el amor de Dios!
Gabriel: No puedo recoger todo ahorita e irme.
Estela: Tienes tres camisas, dos pantalones, el par de zapatos que traes puestos, un cepillo de dientes y una caja de cassettes. ¿Cuánto tiempo te puede llevar?
Gabriel: ¿Y mis libros?
Estela: Todos te los compré yo.
Gabriel: Pero tú no lees…
Estela: Los pienso donar.
Gabriel: (Pausa) Pues no me queda de otra, ¿no?
Estela: No. Efrén arreglará todo con tu abogado.
Gabriel: ¿Abogado? Ni siquiera tengo dentista. Yo no tengo abogado.
Estela: Pues deberías, eres crítico de cine.
Ambos se quedan congelados. La iluminación de la Sala 2 baja al mismo tiempo que sube la del área del centro. Mientras esto ocurre, Gabriel se desplaza de la primera a la segunda. Se escucha el timbre de una escuela. Isabel y Lily están sentadas sobre la mesa como en una banca. Gabriel llega y se sienta entre ellas. Todos son adultos, pero actúan como niños. Isabel viste como prostituta y Lily como ejecutiva. Gabriel y Lily traen loncheras, Isabel una bolsita de papel. Sacan sus respectivos almuerzos.
Lily: (Haciendo berrinche) ¡Otra vez de jamón!
Gabriel: Lily, si quieres te lo cambio. No llores.
Lily: ¡Y tú no me hables! Mi mamá me dijo que tú tienes piojos y que no me junte contigo.
Gabriel: No es cierto.
Lily: Sí es cierto. Aquí todos tienen piojos. Yo quería quedarme en el colegio. (Se va llorando)
Isabel: Yo que tú no le hablaba. (Pausa) ¿Te gusta Lily? (Gabriel asiente) ¿Por qué, si es bien presumida?
Gabriel: No sé. Y no sé por qué se enoja conmigo…
Isabel: El otro día te pegó, ¿verdad?
Gabriel: No es cierto… es que yo me atravesé.
Isabel: (Pausa) Yo sí tengo piojos, pero mi mamá dice que es normal, que a todos nos salen piojos, que es como la varicela.
Gabriel: ¡Pero yo no tengo! (Pausa) El otro día se burló de mi lonchera. Pero yo no tengo la culpa. Yo le dije a mi papá que la quería de "Las Guerras de las Galaxias", y él me trajo una de "Galáctica".
Isabel: Yo no tengo lonchera y no me importa.
Se hace una pequeña pausa y luego siguen comiendo en silencio. Atrás de ellos entran otros dos "niños" jugando futbol, uno vestido de obrero y otro con toga de juez. De pronto se detienen. Ven a Isabel. Uno de ellos le frota los senos y otro las nalgas. Inmediatamente después salen corriendo. Isabel no reacciona, salvo con una leve sorpresa al principio. Gabriel observó esto completamente atónito.
Gabriel: Isabel, ¿por qué dejas que te hagan eso? Dile a la maestra.
Isabel: ¿Para qué? A la salida me dan diez pesos por no decirle a la maestra. (Pausa) Una vez sí le dije, pero no me creyó.
La escena se obscurece mientras se ilumina la Sala 2. Ahí está Estela, vestida normal y bebiendo de una taza. Habla hacia el público.
Estela: ¿Qué le puedo decir? Sí, estuve casada con él… Me da mucha pena lo que pasó, pero yo no lo podría ayudar, él es quien se debería ayudar a sí mismo… ¿A declarar?… No, de qué les serviría mi declaración… Ellos se lo buscaron, andaban por el camino torcido… ¿En serio no gusta un poquito de café?
Se obscurece la Sala 2 mientras se ilumina el área del centro. Sofía y Gabriel están sentados en la mesa, uno frente al otro bebiendo de una tazas.
Sofía: Bueno… ¿Y qué ha sido de ti? ¿Qué has hecho de tu vida?
Gabriel: Yo con mi vida nada. Mi vida es la que ha hecho conmigo lo que ha querido… y no ha querido nada bueno.
Sofía: (Riendo) Sangrón. En serio, ¿a qué te dedicas?
Gabriel: A criticar.
Sofía: ¿Todavía? En la prepa no le dejaste un hueso sano ni a maestros ni a alumnos. Me acuerdo que nos sentábamos en aquella banca y destrozabas a todo el que pasara.
Gabriel: (Justificándose) Venía de una secundaria estatal, tuve que aprender a sobrevivir.
Sofía: (Ríe otra vez) Pero me refería a qué es lo que haces para vivir.
Gabriel: Además de respirar y medio comer soy crítico de cine y teatro. A veces reseño uno que otro libro.
Sofía: (Divertida) ¡Maldito! Entonces somos enemigos. Yo soy escritora.
Gabriel: ¿En serio? ¿Entonces los del taller siguieron juntándose a mis espaldas?
Sofía: Pues claro. Por tu culpa lo quitaron de la prepa. No te íbamos a avisar.
Gabriel: (Fingiendo sorpresa) ¿Por mi culpa?
Sofía: ¿A quién más se le iba a ocurrir un poema satirizando a toda la prepa, maestros alumnos y directivos, y además distribuirlo por toda la escuela? ¡Y por si fuera poco estaba titulado "La Divina Cacomedia"! No me digas que no fuiste tú. Aunque estaba firmado por todo el taller literario, sabíamos que tenía un solo autor, tú.
Gabriel: Estaba dividido en salones prefectura y dirección, ¿cómo querías que le pusiera? Además, yo no tengo la culpa de que el coordinador de Difusión Cultural se llamara Virgilio.
Sofía: (Ríe) Sigues igual. (Pausa) Y finalmente te casaste con "Beatriz".
Gabriel: Estela.
Sofía: Estela. Sí, pero después de eso todo el mundo le decía Beatriz. (Pausa) Eso me dolió mucho, me acuerdo. ¿No pudiste haber esperado a que termináramos para declararle públicamente tu amor a ésa?
Gabriel: Estaba en prepa, no sabía lo que hacía.
Sofía: Y finalmente se casaron, ¿verdad?
Gabriel: Ya ves…
Sofía: Y… ¿ "vivieron felices para siempre" ?
Gabriel: "Siempre" es mucho tiempo. Tú que eres escritora deberías escribir una historia donde al final "se casen y vivan felices intermitentemente".
Sofía: ¿Y por qué no seguiste escribiendo?
Gabriel: Prefiero ser juez que delincuente.
Sofía: (Siguiendo el juego) ¡Ah! Entonces los artistas somos delincuentes.
Gabriel: El artista siempre es transgresor, si no, no es. Los artistas siempre han roto con lo establecido… excepto en el Neoclásico, por eso era tan espantoso.
Sofía: Pero tú siempre has sido transgresor, siempre rebelde.
Gabriel: Pero no me gusta y he hecho todo lo posible por no rebelarme contra nada. No soy violento.
Sofía: (Otra vez en el juego) Ahora los artistas además somos violentos.
Gabriel: (Irónico) Pues yo he visto algunas obras de teatro que podrían calificarse de "violencia estética". (Comienza un obscuro lento, aunque las voces siguen escuchándose)
Sofía: (Con un poco de resentimiento) Por eso terminaste casándote con una contadora, a ver si se te pegaba un poco de "normalidad".
Gabriel: Quizá… pero descubrí que los contadores transgreden aún más que los artistas. La diferencia es que ellos trabajan para no hacerse notar.
Sofía: ¿Y dónde publicas?
Gabriel: Aquí y allá… donde se dejen.
Sofía: Pero no recuerdo haber visto tu nombre en ningún lado.
Gabriel: Es que uso seudónimo.
Sofía: (Se ilumina la Sala y ahí están ambos, él sentado y ella sirviéndole café en una taza) ¡No me digas que tú eres Fabián Conde!
Gabriel: El despiadado pecador que se arrepiente y se confiesa con un jesuita.
Sofía: Sí, leí "El Escándalo". Ese Pedro Antonio de Alarcón es un moralista sin remedio. Así que tú eres el famoso Fabián Conde.
Gabriel: ¿Y tú? No recuerdo haber oído o leído tu nombre tampoco.
Sofía: (Ríe) Yo también uso seudónimo.
Gabriel: (Triunfante) ¡Lo sabía! Escribes teatro, ¿verdad? (Ella ríe y asiente) ¡Lo sabía! Sólo otra mujer podría haber vuelto a adoptar el seudónimo de Fernán Caballero.
Sofía: (Corrigiendo) Hernán Caballero. Es que quise actualizarlo.
Gabriel: Yo lo había dicho. Le dije a todo el mundo, incluso lo escribí, que Hernán Caballero era una mujer. (Fingiendo enojo) Ahora que me acuerdo, me ridiculizaste en aquella obra de teatro.
Sofía: Pues sí. Después de todo lo que me habías criticado.
Gabriel: (Fascinado) Nunca me atreví a decírselo a nadie, pero alguna vez sospeché que eras tú. Y es que siempre metes ese personaje. Nunca es el principal, a veces hasta parece incidental, pero siempre está ahí. Siempre aparece la famosa Lizzette, desde el taller literario siempre metes a Lizzette. Aparecía en todos tus cuentos. Incluso, hace unos meses, en una de las revistas donde escribo apareció un cuento… ¿cómo se llamaba?… no importa… el caso es que el narrador de pronto se descubre y se autonombra Lizzette. He ido recopilando las pequeñas "aventuras" incidentales de Lizzette y estoy descubriendo toda una novela repartida en cuentos y obras de teatro.
Sofía: (Riendo) ¡Maldito! ¿Y por qué eso no lo publicas?
Gabriel: Es que luego pueden pensar que me estoy volviendo un poco blando, o que me quiero retractar. (Retomando el tema) Ella mató a su mamá y se siente culpable, ¿verdad?
Sofía: (Repentinamente se torna seria y corrige) Sólo le deseó la muerte… y se le cumplió.
Gabriel: (Sin advertir el cambio) Sí, sí, eso. Ella siempre representa aquello de "cuidado con lo que pides, porque se te puede cumplir".
Sofía: "Debo tener más cuidado con lo que pido porque se me puede cumplir". ¿No te acuerdas quién dijo eso?
Gabriel: (Pausa) ¿Todavía te acuerdas?
Sofía: Claro. ¿A poco crees que me voy a olvidar del día que perdí mi virginidad? Me habías insistido mucho. ¿Sabes cómo me convenciste?
Gabriel: (Tratando de romper la incomodidad) ¿Con mis encantos?
Sofía: Me dijiste que estabas cansado de masturbarte porque siempre te sentías culpable al final.
Gabriel: Es que mi hermano dormía en la litera de abajo y siempre le caía todo. Lo bueno es que descubrí cómo hacerle para que dejara de roncar.
Sofía: Yo pensé que si lo hacíamos ya no te ibas a sentir culpable, y yo me la iba a pasar bien. Pero te sentiste culpable y yo no me divertí nada, te aseguro que me dolió muchísimo… ambas cosas.
Gabriel: Si te sirve de consuelo, también me sentí culpable por eso.
Sofía: No te apures. Hace un par de años, yendo a terapia, me di cuenta que en realidad lo hice para vengarme de mi papá.
Gabriel: Y luego nos vengábamos de tu papá casi cada fin de semana. Nunca pensé que la eyaculación pudiera insultar a alguien Ahora que lo mencionas, conozco a dos o tres personas que me gustaría eyacular.
Sofía: (Seria) No te burles, por favor.
Gabriel: Disculpa…
Sofía: (Después de una pausa larga, esboza una pequeña sonrisa) ¿Y te sigues masturbando?
Gabriel: Sí, pero ahora es diferente. Sólo lo hago cuando quiero reconciliarme conmigo. (Sofía ríe) No te rías, es en serio.
Sofía: (Si poder contener la risa) Está bien, perdón. ¿Y tu esposa qué dice al respecto?
Gabriel: Está de acuerdo, siempre y cuando no sea en Cuaresma.
Sofía: (Estalla en risas) Sigues igual de loco.
Gabriel: ¿Y tú todavía te masturbas?
Sofía: Sólo cuando quiero vengarme de ti. (Ríe) Estuve un año haciéndolo todos los días después que me dejaste.
Gabriel: ¿Y ahora lo vas a hacer cada vez que leas una crítica mía?
Sofía: (Avergonzada) Sí.
Gabriel: ¿Y tu marido qué dice?
Sofía: Nos divorciamos hace un año.
Gabriel: ¡Oye! No pienso compartir tus masturbaciones con nadie, ¿eh?
Sofía: (Riendo) Baboso. (Otra vez obscuro lento sin que se deje de oír el diálogo)
Gabriel: ¿Por qué terminaron?
Sofía: Incompatibilidad de caracteres.
Gabriel: Sí, claro, eso viene en el acta, ¿pero por qué?
Sofía: Chocamos en cuanto a… pues eso… a la iglesia.
Gabriel: Pero tú ya sabías eso de él. Cuando me enteré que eran novios fue lo primero que pensé.
Sofía: Lo mismo pensé de ti con Estela. Pero ustedes se llevan bien, ¿no?
Gabriel: Básicamente… no. Pero si ya sabías a lo que ibas, ¿para qué te casabas con él?
Sofía: (Se ilumina la Cocina, ambos ahí, ella prepara un par de sandwiches y luego servirá un par de refrescos) No sé. Yo ya lo conocía de la prepa. Una vez, ya estando en carrera, coincidimos en una fiesta en un rancho. Aquello era la locura, todos estaban más que ebrios. Yo me puse a bailar sola. Me quité los zapatos y la blusa. Él se acercó gritando que qué me pasaba, que era una perdida. De pronto se sacó una medallita detrás de una muela y me amenazó con ella. Me dijo: "Esta medallita me protege de las mujeres como tú". Luego se fue corriendo a vomitar. Me sentí muy mal. Me puse todo y me senté. A la media hora volvió, se arrodilló ante mí y me propuso matrimonio. Yo le dije que sí.
Gabriel: (Sorprendido) ¿En serio?
Sofía: Claro que sí.
Gabriel: Yo siempre me pregunté cómo podía creer en la bondad de Dios un tipo que se llama Plutarco Chico Pardo.
Sofía: Pues también es gracioso que un ateo se llame Gabriel. (Ríe)
Gabriel: ¿Desde cuándo los patos le tiran a las escopetas?
Sofía: He cambiado un poco.
Gabriel: Estás más bonita.
Sofía: Y tú más cínico. (Pausa) ¿Qué nos pasó? ¿A qué le tuviste tanto miedo?
Gabriel: A ti.
Sofía: ¿Por qué?
Gabriel: Porque tú puedes sacar lo mejor de mí… pero también lo peor.
Sofía: ¿Y Estela?
Gabriel: Pensé que cuando lo bueno y lo malo se juntan la cosa se hace regular. Los griegos admiraban el equilibrio, la perfección… Mi papá debió haber sido griego.
Sofía: Te entiendo. En algún momento todo el mundo quiere ser como su papá.
Gabriel: Y los que lo logran quieren que sus hijos sean como ellos.
Sofía: Pero eso también es violento, también puede sacar lo peor de ti.
Gabriel: Quizá… (Ambos de quedan pensativos)
Sofía: ¿Qué vas a hacer al rato?
Gabriel: Nada. (Irónico) ¿Me vas a hacer alguna propuesta indecorosa?
Sofía: (Seria) Sólo que nos acostemos.
Gabriel: (Nervioso) Creo que no debería…
Sofía: ¿Por los viejos tiempos?
Gabriel: ¿No podríamos brindar como todo el mundo?
Sofía: Nosotros no somos como todo el mundo.
Gabriel: (Con risa nerviosa) ¿Por qué me haces esto?
Sofía: ¿Quieres que me masturbe?
Gabriel: (Pausa) No… me sentiría culpable.
Ella se quita un zapato y le acaricia el sexo con el pie. Él saca una pastilla y se la pasa con el refresco. Obscuro. Se escucha la "Cabalgata…" Se dibuja en proscenio nuevamente el pasillo con la iluminación. Gabriel corre de un extremo hacia el otro, avanzando lentamente. Conforme éste avanza, el pasillo se va cerrando atrás de él. Cuando casi llega al final no queda mucho espacio iluminado. Se detiene, acorralado, y súbitamente se hace el obscuro y silencio. Inmediatamente, antes que el obscuro se complete, se ilumina el área del centro. La mesa tiene muchos libros y un letrero que dice "oferta". Ahí está Chope, congelado en actitud de estar revisando los libros. Gabriel llega caminando y se acomoda en una actitud similar a la del otro. Ambos se descongelan y comienzan el diálogo. Chope habla sin parar, incluso irá repitiendo en voz baja lo que el otro diga.
Chope: Segurito que esta semana renuncio, ya no aguanto, nomás no me hallo… nomás no…
Gabriel: Sería la tercera vez que renuncias en dos meses al mismo trabajo.
Chope: Tres veces… sí, al mismo… pero no es así como así el mismo trabajo, no, no, no, siempre me dan un puesto diferente; pero no, nomás no me hallo… mira, éste lo compré la semana pasada en el triple… no hay caso… siempre llego tarde, siempre, incluso a la vida llegué tarde…
Gabriel: ¿Qué es lo que te molesta de tu trabajo?
Chope: …De mi trabajo… ¿qué me molesta?… no sé, la gente… uno no está acostumbrado a que la gente lo mire… este otro también lo compré más caro… la gente no entiende que si uno llora en cada rincón no es que esté triste, es como una meditación. Los perros orinan para marcar su territorio, yo lloro, ¿qué tan difícil puede ser comprender esto? Lo que pasa es que la gente hace como que no sufre y se lo cree, y cuando ve a alguien que sufre le molesta, porque ellos ya se olvidaron que están sufriendo.
Gabriel: Lo que pasa es que uno sufre de los 5 a los 13. Y los demás sufren contigo porque a esa edad todo el mundo es insoportable. De los 14 a los 18 uno se la pasa tratando de entender por qué sufre. De los 19 a los 25 comienzas a identificar a los culpables. Y de ahí pa’l real te la pasas desquitándote.
Chope: …Desquitándote, te la pasas así… pues sí… yo creo que por eso la vida comienza a los 40, que es cuando uno puede aspirar a ser la causa original del sufrimiento de alguien, quizá resulte mucha pretensión, pero yo creo que a los 40 uno ya está preparado para eso… Mira, el tomo dos de "En busca del tiempo perdido", esto sí es literatura, porque puede que alguna vez halle el tiempo perdido, pero nunca lo va a recuperar… y a mí me pasó algo parecido… mojé una concha en chocolate y me acordé de una exnovia que tenía completamente olvidada… no me había acordado de ella… y me dio mucho coraje, porque invertí cuatro años de terapia para olvidarla, y al final una concha con chocolate me la recordó… en su casa tenían una pequeña panadería y ella siempre olía a pan… Mira, el tomo cuatro…
Gabriel: El tomo cuatro ya lo tienes.
Chope: Pero te lo estoy ofreciendo…
Gabriel: A ver, presta… (Comienza a leer las últimas páginas)
Chope: …El caso es que un día… ¿ya te lo había contado?… el caso es que un día llegué sin avisar, entré por la cocina, como siempre, y la vi a ella y una prima suya casi desnudas jugando con la harina… y me dieron más ganas de morderla que de besarla… me dio miedo y me fui y no volví a verla… después noté que los polvorones me excitaban y dije: "Esto está mal". Y decidí ir a terapia… ¿nunca te ha pasado que tienes la impresión de que todo está mal?
Gabriel: ¿Cómo le haces para inventar tantas mamadas?
Chope: No lo invento… las cosas me pasan y luego las voy distorsionando… pero luego no sé exactamente en qué punto está la distorsión y opto por asumir que todo es verdad para no complicarme… ¿por qué todos los libros los hojeas al revés y lees la última página?
Gabriel: Para saber cómo terminan. Lo peor es cuando el libro tiene un mal final. Si el final no es contundente valió madre la historia. No me gusta decepcionarme.
Chope: …Decepcionarme… no, a nadie le gusta… yo por eso ya no me hago ilusiones. ¿Te conté que quiero escribir un libro?
Gabriel: Siempre estás queriendo escribir libros. ¿Ahora de qué se trata?
Chope: …¿De qué se trata?… siempre estoy… ¿de qué?… Ahora es una novela, la pienso llamar "La historia sin principio". Y todo el libro va a ser un final. De eso se trata, es una historia que constantemente se está terminando, el problema es que nunca tuvo principio, ¿captas el sentido filosófico?… Mira, uno de Todorov.
Gabriel: No, gracias, estructuralismo ya no.
Chope: Yo siempre he querido escribir un libro que se llame "Estructuralismo y deconstrucción como posibilidades eróticas"… sería un libro de ensayos… eso sí, yo con los títulos nunca he tenido problemas… tampoco con el estructuralismo… con el erotismo sí, pero de ahí en fuera…
Gabriel: Y a propósito, ¿cómo vas con Mónica?
Chope: …Con Mónica… ¿cómo voy?…bien, bien… no sé hacia dónde, pero voy bien… le propuse matrimonio…
Gabriel: (Realmente sorprendido) ¡No mames! ¿En serio?
Chope: …¿En serio?… claro que es en serio… sí, en serio…
Gabriel: (Ansioso) ¿Y?
Chope: …Y lo está pensando… que lo iba a pensar… no sé emocionó mucho, pero dijo que lo iba a pensar… estábamos en un café y le dije… ella pidió que le pusieran su café y sus crepas para llevar, porque lo iba a pensar, y se fue…
Gabriel: ¿Cuándo?
Chope: …Sería como… no sé… dos semanas… ¿Tienes un cigarro?
Gabriel: (Apresurado saca uno) Sí, ten, dime…
Chope: …Nada, no sé más… segurito ahorita lo está pensando… no es fácil… a propósito, ahí me encontré a Estela.
Gabriel: ¿Te preguntó por mí? (Se obscurece la escena pero el diálogo sigue)
Chope: …No, no preguntó… me preguntó si iba a ir a la reunión de la generación de la prepa, eso me preguntó, que si no sabía… pero no, yo no sabía, a mí nunca me avisan de esas cosas, yo me entero, pero no me avisan… a veces voy, pero casi no… yo creo que estaban arreglando eso, porque ya es en dos semanas.
Gabriel: ¿Estaban? ¿Quiénes?
Chope: ¿Quiénes?… ah, pues estaban ahí, los dos… ella y otro de la perpa… este…¿cómo se llama?
Gabriel: ¿Efrén?
Chope: ¡Ándale! Ése, Efrén… Efrén… un bato que se llame Efrén no puede ser feliz, ¿verdad?… bueno, se me ocurre…
Gabriel: (Para sí) Efrén… (Se ilumina la Sala 2, que ahora es casa de Chope, ropa regada, libros y revistas. Ambos están sacando de unas bolsas los libros que compraron y los revisan)
Chope: En realidad existen muy pocos nombres con los que uno podría ser feliz… no sé… como Bartolomé, quién sabe, si me llamara Bartolomé podría ser feliz… a lo mejor…
Gabriel: ¿Y qué estaban haciendo?
Chope: …¿Haciendo?… ¿qué estaban?… no sé, supongo que planeando la fiesta… tomando un café… podrían haber estado haciendo nada o cualquier otra cosa… Si yo hubiera sido mujer me gustaría haberme llamado Libertad… no sé si hubiera sido feliz, pero al menos mi vida sí sería diferente…
Gabriel: ¿Llevaban mucho tiempo ahí o iban entrando, o de salida, o qué?
Chope: De salida… todo el día… no sé… ellos me saludaron, yo no los había visto… y se me hizo raro, porque a mí nadie me saluda… ¿a ti no te ha llegado nada, invitación o recado?
Gabriel: No.
Chope: Ni a mí, pero ya me avisaron, porque me vieron ahí… si no, no… ¿vas a ir?
Gabriel: No, qué hueva.
Chope: Sí, que hueva… yo a veces voy a esas reuniones, pero casi no… como que no me hallo… tanta gente… tanto ruido…tantas voces…
Gabriel: ¿Y por qué vas?
Chope: …¿Por qué voy?… no sé… al final me da lo mismo… también tengo muchas voces en la cabeza… de hecho, a veces no me dejan leer, porque leo en voz mental y las otras voces se ponen a platicar entre ellas y me distraen… y bueno, en las fiestas por lo menos veo bailar a la gente, y pasan y no saludan, y se ríen de uno, y hablan de ellos mismos, y yo esto, y yo el otro, y yo fui y torné, y sin mí la empresa se viene abajo, y mucho ruido…
Gabriel: ¿Y cómo soportas eso?
Chope: …mucho ruido… y gente… ¿Y cómo le hago? Fácil, me pongo a murmurar una canción de Camilo Sesto y pienso en el infierno… parece que no, pero ayuda…
Gabriel: Mira, finalmete sí compré "El Proceso", de Kafka.
Chope: No me gusta Kafka, se me hace demasiado optimista… yo creo que a partir de él, la literatura dejó de copiar a la vida y la vida comenzó a copiar a la literatura… eso creo…
Gabriel: ¿No piensas encender ese cigarro?
Chope: No, estoy dejando de fumar.
Gabriel: ¿Entonces para qué lo quieres?
Chope: No sé, fijaciones orales que tiene uno.
Gabriel: Menos mal que no te fijaste en la etapa anal, ahí sí que no te podría ayudar.
Chope: …Anal… no, no podrías… no te preocupes, ésa sí la superé… con decirte que voy al baño, le bajo y ni siquiera me fijo en lo que hice… porque todo mundo voltea y se fija… pero yo no… ahora estoy dejando de fumar… ¿te conté que quiero escribir un libro que se llame "El cáncer pulmonar y la solución mundial"?…
La Sala 2 se obscurece mientras que se ilumina el área del centro. Mónica está sentada apoyando los codos sobre la mesa. Está vestida de negro y mira hacia el público.
Mónica: Yo no lo conocía bien, era migo de Chope, de hecho creo que era el único amigo… No, no me parecía agresivo, era hasta un poco simpático, aunque a veces sí me caía gordo. Nunca me imaginé que fuera capaz… A Sofía sí la conocí mejor… era estupenda, lo que se dice muy inteligente… Y bueno, en realidad no conocía su relación, a mí no me gusta meterme en esas cosas… Ella me ayudó mucho cuando lo de Chope… No creo que todo eso haya pasado, no me parece posible… Pero estas cosas pasan cuando menos lo espera y de la gente que menos lo esperas…
Se obscurece la escena al tiempo que se ilumina la Sala. Sonido de timbre. Entran Gabriel y Sofía, el primero con una maleta y la otra le ayuda con el portatrajes. Ella está adormilada y viste una bata.
Sofía: (Sumamente adormilada) ¿Qué haces aquí a las 4:00 de la mañana con todo esto?
Gabriel: ¿No me habías pedido que dejara a Estela y me viniera a vivir contigo? Bueno, pues aquí estoy. ¿No te da gusto?
Sofía: (Sin reaccionar)Sí, claro… Pero son las 4:00 de la mañana. ¿No pudiste esperar a que por lo menos fuera de día?
Gabriel: ¿Me creerías si te dijera que no pude esperar?
Sofía: (Despertando un poco) No… pero es muy tierno de tu parte.
Gabriel: Pensé en llegar con un mariachi; pero no cupimos todos en el taxi.
Sofía: (Ríe) Es que todo esto es tan curioso… te fuiste hace unas horas y no podía dormir pensando en ti. "¿Por qué se tiene que ir? ¿Para qué se va? Que regrese, que regrese". Y regresaste. Es que no lo puedo creer. No puedo creer que sea así de fácil… ¿Y Estela?
Gabriel: Nos vamos a divorciar.
Sofía: (Reaccionando) ¿En serio? (Lo abraza) Gabriel, Gabriel, Gabriel… es que no lo puedo creer. ¿Cómo se lo dijiste?
Gabriel: Y, pues, así nomás… derecha la flecha…
Sofía: ¿Y ella? ¿Cómo está? ¿Cómo lo tomó?
Gabriel: Pues como se toman estas cosas… con calma. No dijo nada, me dio la bendición, me ayudó a hacer las maletas y me acompañó a la puerta.
Sofía: ¡Pobre! Ha de estar destrozada. Mañana le enviaré unas flores y una tarjeta…
Gabriel: Sofía…
Sofía: …o una caja de chocolates, ya ves que cuando una se deprime le da por comer…
Gabriel: Sofía…
Sofía: …o quizá le gusten más los caramelos…
Gabriel: ¡Sofía!
Sofía: ¿Qué?
Gabriel: No creo que sea una buena idea.
Sofía: (Pausa) Tienes razón. Es que cuando me divorcié, yo sola me enviaba flores todos los días para no deprimirme tanto.
Gabriel: Mejor dejemos todo como está.
Sofía: Tienes razón. Ahora yo me voy a ocupar de ti y de que seamos felices. (Lo besa) Estoy realmente emocionada. Espera a que se lo cuente a Mac. Estoy segura que se van a llevar bien. A Plutarco no lo quería, pero yo sé que contigo se va a llevar bien.
Gabriel: ¿Con quién? ¿Quién es Mac?
Sofía: Mac, mi gato. Se llama Maquiavelo, pero de cariño le digo Mac.
Gabriel: Nunca me he llevado bien con los animales, ya ves que en la prepa el director casi me expulsa. (Reaccionando) No sabía que tenías…
Sofía: Te va a encantar, ya lo verás. No lo has visto porque casi nunca está. Se larga en la tarde y regresa como al mediodía siguiente, todo arañado y pidiendo de comer… es lo que se llama un marido ejemplar. A Plutarco nunca le gustó. Al principio no tenía nombre. Un día se lanzó desde un quinto piso para cazar una paloma que iba volando. Cayó desmayado. Corrimos a la calle y cuando llegamos se levantó y se fue corriendo. Entonces Plutarco propuso que le pusiéramos Lázaro. Yo me opuse, pero él le seguía diciendo Lázaro a mis espaldas. Yo decidí que se iba a llamar Maquiavelo. Ya ves que todos los gatos tienen algo de "el fin justifica los medios".
Gabriel: Sofía, no quiero interrumpirte, pero dónde puedo dejar mis cosas.
Sofía: ¡Ay, disculpa! Perdón, es que… la emoción… aún no puedo creerlo (Lo vuelve a besar). Ven, acomodaremos todo en el cuarto. ¿Y lo demás? ¿Cuándo lo recoges? No, mejor no vayas, mandamos a alguien. ¿Es tu ropa de invierno o de verano?
Gabriel: De invierno y de verano… otoño y primavera.
Sofía: Tendremos que comprarte ropa. Esa vieja no sabía cuidarte, por eso te perdió para siempre. (Pausa breve) ¿Y si le mandamos un globo que diga "alíviate pronto"?
Gabriel: Mala idea.
Sofía: Absolutamente, mala idea. Pasa, acomódate, y toma todo lo que necesites, estás en tu casa. Si te falta algo…
Gabriel: No, gracias, estoy bien… aunque… ¿tienes abogado?
Sofía: ¿Abogado? No, no conozco ninguno. Pero te puedo presentar a mi terapeuta, es muy bueno.
Gabriel: No, gracias.
Sofía: Pásale… ahorita vengo, voy a ver si encuentro a Mac… ¡Mac! ¡Mac!
Obscuro al tiempo que se ilumina el área del centro. La mesa tiene una sábana y una almohada. A un lado hay un radio. Gabriel se traslada de una escena a la otra. Llega a la "cama", se acuesta y se duerme. De pronto se despierta asustado, voltea a su alrededor y trata de dormir. No puede. Enciende el radio y comienza a escucharse la canción "Estar enamorado", con Raphael. A los pocos compases, Lily y el Juez entran a escena, actúan con gestos infantiles. Vigilan que nadie venga y luego ella se levanta la falda para enseñarle los calzones. Luego le hace una seña para indicarle que es su turno. Él, de espaldas al público, se quita la toga y se desabrocha el pantalón. Ella mira, contiene una risita y luego lo mira a la cara. Él se abrocha los pantalones. Lily mete sus manos debajo de la falda y se quita los calzones, se los guarda bajo la blusa, le da un beso al otro en la mejilla y sale corriendo. Él la sigue. Gabriel está llorando. Se ilumina la Sala de Sofía. Chope está sentado en el sofá, congelado, tiene un cigarro apagado en una mano y el encendedor en la otra. Durante toda la escena estará a punto de prenderlo pero no lo hará. Mientras Gabriel se traslada a la otra escena, la música va bajando hasta desaparecer. Cuando llega Gabriel toma el teléfono y Chope se descongela.
Gabriel: Sí… sí… ¿ya vienes para acá?… bueno… aquí estoy con un amigo… sí, es Chope… ándale, para que lo conozcas… sí, yo también. (Beso y cuelga) Perdóname. Parece que hoy le dio a todo mundo por hablarme. Hasta Sofía, que nunca habla, habló para ver qué traía de cenar. Obviamente estás invitado. ¿Te gusta la comida japonesa?
Chope: Como gustarme, sí me gusta… es curioso, pero me gusta la comida japonesa… sí, me gusta… puedo comerla…
Gabriel: ¿Pero?
Chope: ¿Pero? Bueno… pues no sé… siempre hay un pero, ¿no?… Sí la como, pero me angustia… ¿no te ha pasado que una comida te angustie? A mí la comida italiana y la española me dan agruras y remordimiento histórico… a veces, cuando la como, me imagino que era lo mismo que comían Mussolini y Franco, y que yo estoy comiendo lo mismo, y además lo estoy disfrutando… después me vienen las agruras y el remordimiento… ¿nunca te ha pasado?… A veces me pongo a pensar qué comerán los asesinos en serie. Me da miedo que yo esté comiendo lo mismo y me vaya a transformar… sólo estoy esperando la combinación correcta, como la fórmula del Dr. Jekill, para transformarme en Mr. Hyde… es que tenemos violencia ancestral, la muerte es lo único que hemos heredado de todas las culturas… Hace un par de años me dio por torturar cucarachas e incendiar hormigueros… luego me asusté de lo que estaba haciendo, me asusté de mí mismo. Una noche me puse a pensar por qué lo había hecho, y creo que fue porque disfrutaba sintiéndome superior, y que descubrí que podía deshacerme de todos los insectos que me hacían sentir amenazado, porque ya tenía la casa invadida… desde entonces dejé de tomar vino chileno… ¿nunca te ha pasado?
Gabriel: Un día, mientras veía el informe de gobierno, me estaba comiendo unos tlacoyos y me dio indigestión nacionalista; pero nada más esa vez.
Chope: …Nada más… indigestión… Pero no sé por qué me angustia la comida japonesa… quizá el estrés también se trasmite por la comida… qué sé yo… a lo mejor porque sushi, Susuki, harakiri y Kawasaki me suenan a lo mismo…
Gabriel: Bueno, pero no viniste a exponerme tu teoría sobre la hecatombe culinaria…
Chope: …Hekatombe… no… yo vine… no para teorías… es que… ¿te acuerdas que te dije?… pues ya hablé con Mónica…
Gabriel: (Sospechando) ¿Y?
Chope: …Y hablamos, hablamos mucho… la boda… pues no… no hay tal cosa. Y me explicó… pero no, no hay boda… de hecho ya rompimos definitivamente… (Suena el teléfono)
Gabriel: Espérame. (Contesta) ¿Bueno?
Chope: … y me lo explicó todo…
Gabriel: (Seco) Efrén, qué gusto… (A partir de aquí Gabriel estará congelado, y sólo se descongelará cuando diga su línea)
Chope: …me dijo que en ese tiempo que tuvo para pensar conoció a alguien…
Gabriel: …Tienes razón, no me da gusto, de hecho hablas en un mal momento…
Chope: …y yo le dije que a quién, ¿otro hombre?, que cómo me podía hacer eso… pero no, ella dijo que se había conocido a sí misma… yo le dije que se conocía desde hace 27 años, que dónde estaba la novedad… "¿Ves? Todo ese tiempo estuve engañada", me dijo…
Gabriel: Pues asunto arreglado, ¿no?… ¿No?
Chope: ¿Y yo? ¿Yo no estuve engañado este tiempo?
Mientras Chope decía el diálogo anterior, se iluminó la Sala 2, como casa de Chope, y Mónica ahí. Ambos dialogarán como si se tuvieran uno frente al otro, pero estarán en escenarios distintos.
Mónica: Pues sí, estabas engañado. Conocías a una Mónica falsa, una Mónica que ya no existe.
Chope: …Que ya no existe… ¿pues cuántas hay?
Gabriel: ¿La pensión? ¿Cuál pensión? Ella puede mantenerse sola.
Mónica: La gente cambia, ya soy otra.
Chope: …Otra… ya eres otra… está bien, también puedo casarme con esta otra…
Mónica: Pero no conoces a esta otra Mónica, ¿cómo quieres casarte con ella?
Chope: No puede ser muy diferente…
Mónica: Esta es una Mónica soltera, libre, sin prejuicios. Completamente diferente.
Chope: Pero en el fondo todos somos iguales, todos comemos, cagamos, todo el mundo duerme, todo el mundo se despierta llorando en la madrugada…
Mónica: Yo no.
Chope: A todo el mundo le pasa. Todo mundo tiene angustias. Y si tú no te despertabas llorando, yo te despertaba llorando, es parecido…
Mónica: Sí me despertabas, pero yo no sabía que estabas llorando, yo pensé que te estabas masturbando.
Chope: Y bueno… se parecen, ¿no? Las noches se hicieron para leer, llorar y masturbarse… no necesariamente en ese orden, pero es el más común…
Mónica: Yo pensaba que no podía satisfacerte sexualmente; por eso, cuando conocí a…
Chope: ¡Lo ves! Sí hay alguien más. Al final siempre hay alguien más. ¿Y qué tiene él que no tenga yo?
Mónica: Vagina y senos.
Chope: …Vagina… no… no puedo creer que me hayas dejado por un hermafrodita… ciertamente tienen más posibilidades, matemáticamente hablando, pero…
Mónica: Es una mujer.
Chope: …Una… claro, debe tenerlos… (cayendo en cuenta) entonces la nueva Mónica es…
Mónica: Necesito alguien que tenga mi misma ternura, mis mismos ideales, mis mismos sentimientos, que comprenda mi naturaleza.
Gabriel: (Tajante) No, eso no, ni siquiera por orden judicial.
Mónica: No lo hagas más difícil para mí. Mejor vete.
Chope: Pero estoy en mi casa…
Mónica: Disculpa, es la costumbre. (Sale y se obscurece la Sala 2)
Gabriel: (Descongelándose por última vez) Y no se discute más. (Cuelga)
Chope: …Y se fue nomás… no sé si debo volver a fumar, regresar a terapia o ir a misa… algunos dice que es reconfortante…
Gabriel: (Para sí) Qué poca madre.
Chope: …Sí, poquísima… ¿por que a mí?… yo tengo todo eso que dijo… salvo los senos y vagina…
Gabriel: Ella gana el triple que yo y además quiere que le pase una pensión.
Chope: …Creo que fue para bien… sí, ha de haber sido para bien… (Gabriel se pone a buscar algo en un cajón) yo no sé por qué estoy tan clavado con ella si me trataba tan mal… me dejaba plantado, se desaparecía por semanas, a veces me corría porque no tenía ganas de ver a nadie… una vez me invitó a comer para que después arreglara el baño, porque estaba tapado… (Gabriel encuentra una agenda busca un número y lo marca e el teléfono)… comimos mole poblano y me dio nostalgia fecal… cuando iba a Puebla, una tía me lo preparaba…
Gabriel: No contesta. Pinche Efrén. Ya se debió haber largado.
Chope: …y lo disfrutaba mucho, tanto que me gustaba ir al baño para darle el último adiós… Cuando nos terminamos el café, Mónica me dijo que el baño estaba tapado, que por favor lo arreglara… (Gabriel marca otro número, de memoria) yo le dije que primero tenía que usarlo…
Gabriel: ¿Bueno? (Sorprendido) ¿Efrén? ¿Qué haces ahí? ¿De dónde me hablaste hace rato?
Chope: …Y no, dijo que si quería usarlo que primero lo arreglara…
Gabriel: ¿Cómo que ahí vives?
Chope: …Y finalmente lo arreglé, pero hice demasiado esfuerzo… pasó lo que tenía que pasar…
Gabriel: Pásame a Estela. (Saca una pastilla de la bolsa del pantalón y se la traga)
Chope: …Una vez me golpeó… yo no sé cómo se lo permití, pero sí, me golpeó…
Gabriel: ¿Estela? ¿Qué hace Efrén ahí?
Chope: Luego me dijo: "No fue por ti, fue por mí". Pero yo no entiendo esas cosas, no sé qué me quiso decir…
Gabriel: ¿Pero estás loca? ¿Cómo te voy a dar la mitad de mi sueldo?
Chope: …En realidad fueron dos veces… pero la segunda no me tuvieron que llevar a urgencias… luego me dijo: "No lo vayas a tomar como algo personal"… yo no entiendo…
Gabriel: ¿Daños y perjuicios? ¿Se te secó el poco cerebro que te quedaba? No chingues. (Cuelga)
Chope: Yo no sé qué voy a hacer ahora… ¿por qué la gente no puede ser más simple?
Entra Sofía y Chope sólo se queda murmurando algo incomprensible balanceándose rítmicamente.
Sofía: Traje…
Gabriel: Acabo de hablar con el abogado de Estela.
Sofía: ¿Qué pasó?
Gabriel: Quiere que le pase a Estela la mitad de mi sueldo como pensión.
Sofía: ¿La mitad?
Gabriel: Yo dije lo mismo. Dijo que es por ley.
Sofía: Bueno…
Gabriel: Por ley. ¿Dónde está la justicia? Buscan hacer justicia para las mujeres, pero cometen injusticias para los hombres. ¿Dónde está la famosa equidad?
Sofía: (Un poco molesta) Tampoco tienes que insultar a…
Gabriel: Voy para allá, quiero hablar con esos dos. ¿Qué se creen?
Sofía: (Preocupada) No, no vayas. No quiero que la veas, por favor.
Gabriel: Esto no se puede solucionar de otra manera.
Sofía: Habla sólo con él.
Gabriel: Tengo que hablar con los dos, además ahorita los voy a encontrar juntos. (Toma otra pastilla)
Sofía: Déjalo para después.
Gabriel: ¿Qué se creen? ¡Y a mis espaldas!
Gabriel sale deprisa. Sofía se queda pasmada. De pronto reacciona y se da cuanta que Chope está sentado, murmurando algo y meciéndose.
Sofía: Tú debes ser el tan nombrado Chope.
Chope en respuesta alza la voz. Está cantando una canción de Camilo Sesto. Obscuro mientras se ilumina el área del centro. Junto a la mesa hay una cubeta y una escoba. Cuando la escena se ilumina, Gabriel ya está dentro, sentado como al principio.
Gabriel: No estaba tan niño, pero aún no entraba a la prepa. Me levanté en la noche porque un ruido no me dejaba dormir. (Se levanta) Busqué en todos lados y al fin, en la lavandería, lo encontré. Era un ratoncito que se había caído dentro de una cubeta. Allí estaba, chillando y luchando por salir. Me miraba con unos pequeños ojos negros, todo mojado.
Entra la Mamá, tiene las manos esposadas al frente y una venda en los ojos.
Mamá: ¿Qué es ese ruido? ¿Ya encontraste de dónde viene?
Gabriel: Mamá, es un ratón. Allí en la cubeta.
Mamá: (Gritando) ¡Qué horrible! Mátalo, mátalo.
Gabriel: No puedo, cómo lo voy a matar, míralo.
Mamá: Es una cosa asquerosa. De seguro se metió a la ropa. Voy a tener que lavarla otra vez. Mátalo, no te quedes ahí.
Gabriel: No puedo matarlo.
Mamá: (Agarrando la escoba) Ten, con esto. Ándale.
Gabriel: Mamá, yo no puedo. Mejor lo tiramos al patio y ya.
Mamá: Pero se va a volver a meter. (Comienza a lanzar golpes dentro de la cubeta con la punta del palo de la escoba)
Gabriel: (Se tapa los oídos y cierra los ojos) Daba chillidos espantosos. Y aunque tenía los ojo cerrados, lo seguía viendo. Otro chillido peor, y otro más.
Mamá: No puedo atinarle a la cabeza, está muy chiquito.
Gabriel: Más chillidos. Y mi mamá cada vez más enojada. No podía creer que mi mamá lo estuviera haciendo, no podía ser ella. Era demasiada sangre fría. De pronto, en medio de los chillidos y las maldiciones, se oyó como si partieran una nuez. (Abre los ojos y se destapa los oídos)
Mamá: Mira qué asco. Llévatelo. Tíralo en el monte de enfrente.
Gabriel toma la cubeta, no quiere mirar pero finalmente lo hace. Inmediatamente la aleja de su vista. Se va conteniendo el asco y el llanto. Obscuro mientras se ilumina la Recámara. Sofía está congelada, tapándose el rostro con las manos. Gabriel llega, se sienta junto a ella y trata de consolarla. Sofía se descongela.
Sofía: Te lo juro que fue un accidente… en serio…
Gabriel: Yo sé, yo sé… tranquila.
Sofía: Es que estaba tan enojada que no me fijé.
Gabriel: Tranquila, se va a reponer, los gatos se recuperan fácilmente. (Sale y regresa con un trapo. Se pone a limpiar el piso) Todavía hay un poco de sangre aquí.
Sofía: No me lo recuerdes. Fue horrible. Gritó tan feo… y luego corriendo por toda la casa… (Vuelve a llorar)
Gabriel: Tranquila, fue un accidente.
Sofía: Es que estaba enfurecida cuando me lo dijiste… estaba tan enojada que azoté la puerta y no me fijé que estaba ahí… chilló tan feo… me asusté mucho… y toda la sangre… y su colita ahí tirada…
Gabriel: ¿Qué hiciste con ella?
Sofía: No sé… la agarré… y yo trataba de calmarlo… y de ponérsela…
Gabriel: Pero no la encontré. ¿Dónde la dejaste?
Sofía: No sé, hay cosas que no recuerdo… me asusté mucho… fue muy rápido… hay cosas que no recuerdo… No lo podía calmar, chillaba, chillaba y chillaba… Me desesperé mucho… No quería que yo lo tocara… hasta que llegaste tú y lo pudiste agarrar… ¡De veras, no fue mi intención!
Gabriel: Yo sé, tranquila.
Sofía: Estaba muy enojada. Llegué un poco alterada y luego oí que había un mensaje de Estela en la contestadora…
Gabriel: ¿Qué quería?
Sofía: No sé. Lo estaba escuchando cuando hablaste y me dijiste que lo habías perdido. Me enojé mucho. Saqué el cassette y lo rompí… Andaba por toda la casa, de aquí para allá y azoté la puerta. Me asusté mucho. (Llora) ¿Cómo pudiste perderla? ¿Qué tienes contra mí?
Gabriel: Te lo juro que fue un accidente.
Sofía: Pero tus criticas no son accidente. ¿Por qué te empeñas en destruir a los artistas? ¿Por qué nos tienes tanta envidia?
Gabriel: ¿No habíamos hablado ya de eso?
Sofía: Perdiste mi obra, claramente te había dicho que no tenía copia.
Gabriel: No me di cuenta, fue sin querer. Venía distraído en el camión y se me olvidó.
Sofía: ¿Ves? Hasta inconscientemente me agredes.
Gabriel: Hablé a la ruta y fui a la base; reconocí al chofer, pero nada. Estuve toda la tarde hasta que lo di por perdido y te llamé. Te juro que intenté recuperarlo.
Sofía: Pero todo tu comportamiento es hostil. En las fiestas con mis amigos, en tus artículos, en tus críticas; pierdes mi obra, sigues hablando con Estela… ya te lo había pedido, ¿no? Que no la volvieras a ver porque me hacía mucho mal. Ahora me haces sentir culpable por lo del gato.
Gabriel: Pero fue un accidente… ambas cosas fueron accidentales.
Sofía: Perdóname, pero lo tuyo no fue un accidente. Me tienes envidia porque eres un ser pasivo, reprimido, frustrado, que no puede expresarse salvo con insultos e ironía. ¿Qué te pedí? Una crítica favorable para un amigo que está empezando. ¿Qué hiciste? Lo desmadraste. Nunca va a volver a actuar. ¿Y al otro? También lo deshiciste, es muy bueno pero para ti nadie es suficientemente bueno. Le iba a pedir que también dirigiera esta obra, pero la perdiste.
Gabriel: (Conteniendo el enojo) Estás demasiado alterada. Mejor paso la noche en un hotel o le pido asilo a Chope.
Sofía: ¿Ves? No puedes afrontar nada. Ándale, lárgate.
Pausa breve. Gabriel toma su saco y se dispone a salir. Sofía lo detiene con la voz.
Sofía: Gabriel… (Éste se detiene pero no la mira) Le dije al veterinario que aprovechara la operación para castrar al gato.
Gabriel: (Se gira inmediatamente) ¿Pero estás loca o qué chingados te pasa?
Sofía: Ya te lo había dicho.
Gabriel: Pero quedamos en que no lo íbamos a castrar.
Sofía: No quería que lo operaran, pero ya que ahora lo tenían que hacer, pues ya de una vez, ¿no?
Gabriel: ¡Estás loca! ¿Cómo que de una vez? ¡Pobre animal! Sin cola y sin huevos en el mismo día. Eres una salvaje.
Sofía: Tú también, sólo que eres un salvaje silencioso.
Gabriel: Ya habíamos quedado en que no lo iban a castrar.
Sofía: También habíamos quedado en que le ibas a hacer una buena crítica a Julián y a Marcos.
Gabriel: ¿Es venganza?
Sofía: No, es para que veas que tú tampoco sabes cumplir tus promesas.
Gabriel: Acéptalo, los tipos son malos, no tienen una pizca de talento.
Sofía: ¿Y tú sí?
Gabriel: Yo tengo un prestigio que cuidar, no me puedo exponer diciendo que esa basura es arte. Ultimadamente es mi columna y critico como se me dé mi chingada gana.
Sofía: Ultimadamente es mi gato y hago con él lo que se me dé mi chingada gana.
Gabriel: ¿Ves cómo es venganza?
Sofía: Lo dije para que vieras lo estúpidos que son tus argumentos.
Gabriel: Pero es distinto. Es un animalito, está vivo.
Sofía: ¿Me estás culpado por lo de la cola? Ya sabía que ibas a pensar que fue adrede. ¡Fue un accidente! ¡Chingado contigo!
Gabriel: No estoy diciendo eso.
Sofía: ¿Por qué nos odias tanto?
Gabriel: Yo no los odio. Pero a veces me dan miedo. Según ustedes son sensibles, talentosos, apasionados… la verdad es que son egocéntricos y violentos.
Sofía: ¿Por qué tanta envidia?
Gabriel: ¿Sabes qué es lo que me da más miedo de ti? Chope tiene razón… hay gente que puede sacar lo peor de uno.
Sofía: (Pausa) Vas a volver a dejarme… es eso, ¿verdad?
Gabriel se encoge de hombros, menea la cabeza en señal de negativa y se dispone a salir. Sofía lo alcanza y trata de besarlo en la boca, pero él la esquiva. Ella intenta hacerlo en varias ocasiones; sin embargo, Gabriel logra zafarse. Sofía se prende de él por la cintura y comienza a morderle la espalda, avanza implacablemente hasta la nuca. Lo besa agresivamente en el cuello mientras roza su pelvis contra las nalgas de Gabriel. Aunque éste lucha por liberarse, no lo consigue. Ella le sostiene la frente con una mano, y con la otra lo toma de los genitales. Comienza a masturbarlo por encima del pantalón. Gabriel consigue liberarse de la mano que le aprisiona la frente, pero ella se la pone en la boca. Él le muerde la mano. Sofía grita, pero no solo no lo suelta, sino que acelera hasta que Gabriel alcanza el orgasmo. Ambos caen de rodillas. Pasa larga. Gabriel finalmente la mira con tristeza.
Gabriel: Hubiera preferido que me golpearas.
Obscuro mientras se ilumina el centro. Ahí está Luis, quien está disfrazado de El Zorro, continuamente está tirando estocadas, saltando, etc. Llega Gabriel y ambos actúan con voces y gestos de niño.
Gabriel: Luis, ¿jugamos con tu Atari?
Luis: No, qué hueva. (Sigue jugando durante un rato) ¿Te conté que los vecinos de atrás tienen alberca? El otro día me subí a la barda y la vi. (Pausa. Se acerca a Gabriel para hacerle una confidencia) La vecina se metió encuerada a la alberca… y el novio también… yo creo que se la chingó.
Gabriel: ¿Cómo?
Luis: ¿No sabes qué es chingar?
Gabriel: (Avergonzado) No…
Luis: Es cuando uno le pone la… la… (Bajando la voz) verga… cuando uno se la pone a las mujeres donde ellas hacen pipí.
Gabriel: ¿Para qué?
Luis: Pues para chingarlas.
Gabriel: ¿Cómo?
Luis: Se la pones y le haces pipí, se embarazan con la pipí y ya te las chingaste.
Gabriel: ¿Y para qué las chingas?
Luis: Para ganar.
Gabriel: ¿Y qué ganas?
Luis: (Pausa mientras piensa) No sé… al rato le pregunto a mi hermano.
Gabriel: (Pausa mientras Luis sigue jugando) ¿Jugamos con tu Atari?
Luis: No me chingues.
Gabriel: (Pausa, sorprendido) ¿Cómo?
Obscuro al tiempo que se ilumina la Cocina. Sofía está sentada bebiendo una copa de vino. Tras unos instantes Gabriel entra y la ve. Él espera alguna reacción pero nada ocurre. Se acerca poco a poco, con precaución. Ella lo ve pero no hace nada, sólo enciende un cigarro. Silencio.
Gabriel: ¿Fui yo o solamente eres tú?
Sofía: (Pausa breve) No te preocupes, soy yo. Necesitaba un rato conmigo misma. (Bebe) "La muerte toma siempre la forma de la alcoba
que nos contiene".
Gabriel: Villaurrutia. (Pausa) Es curioso, hace un par de meses se me vino de golpe ese mismo verso a la cabeza. De hecho, cada vez que describías el cuarto de Lizzette, me acordaba de ese verso.
Sofía: "Los dos sabemos que la muerte toma
la forma de la alcoba, y que la alcoba
es el espacio fío que levanta
entre los muros, un cristal, un silencio".
Gabriel: "Entonces sólo yo sé que la muerte
es el hueco que dejas en el lecho
cuando de pronto y sin razón alguna
te incorporas o te pones de pie".
Sofía: "Y es el ruido de hojas calcinadas
que hacen tus pies desnudos al hundirse en la alfombra".
Gabriel: "Y es el sudor que moja nuestros muslos
que se abrazan y luchan y que, luego, se rinden".
Sofía: "Y es la frase que dejas caer, interrumpida.
Y la pregunta mía que no oyes,
que no comprendes o que no respondes".
Gabriel: "Y el silencio que cae y te sepulta
cuando velo tu sueño y lo interrogo".
Sofía: "Entonces, sólo entonces, los dos solos, sabemos
que no el amor sino la oscura muerte
nos precipita a vernos cara a cara a los ojos,
y a animarnos y a estrecharnos, más que solos y náufragos,
todavía más, y cada vez más, todavía".
(Pausa) No pensé que te lo supieras.
Gabriel: Tú me regalaste el libro.
Sofía: Pero no pensé que lo fueras a leer tanto. En especial ése.
Gabriel: Es porque, ése en especial, me lo subrayaste. Dos semanas después que terminamos me encuentro un libro de puros nocturnos en mi cochera. "De tu nocturna Sofía". Cómo querías que no lo leyera.
Sofía: Siempre te han gustado los nocturnos. Decías que si un poeta no escribía por lo menos un nocturno, no podía llamársele poeta.
Gabriel: Además, un libro que se llame "Nostalgias de la muerte" atrae a cualquier adolescente. (Pausa) Lo seguí leyendo por años.
Sofía comienza a llorar, un llanto suave, disimulado. Se cubre el rostro con las manos. Gabriel trata de abrazarla pero ella lo evita. Se seca las lágrimas y trata de calmarse. Cuando Sofía diga su siguiente diálogo, se iluminará muy lentamente el área del centro. Ahí se verá a una mujer acostada sobre la mesa, que otra vez estará "disfrazada" de cama. A un lado, sentado en una silla y tomándole una mano, un hombre. Al otro lado, observando desde cierta distancia, una enfermera.
Sofía: Las últimas semanas de vida, mi mamá convaleció en mi cuarto, en mi cama, donde yo dormiría durante muchos años más. Quitaron todo, sólo dejaron un crucifijo, que más que devoción anunciaba muerte. Nunca lo quité ni volví a pegar pósters. Siempre que podía, mi papá estaba con ella, le murmuraba perdones por no sé qué cosas. También había una enfermera, día y noche, como un ave blanca de mal agüero. Ese día se me inflamó el corazón.
Sofía deja su lugar y camina hacia donde está la otra escena para incorporarse. Actúa con ademanes infantiles. Se escucha el "Danzón 2". El papá de Sofía, sentado junto a la cama, acaricia la mano de su esposa. La enfermera acomoda unas medicinas y prepara una jeringa. Sofía juega con una muñeca, le está dando un biberón. Luego se lo quita y la regaña. Lanza el biberón sobre su hombro y éste le cae a su mamá. El papá se levanta enfurecido, la regaña y le da una nalgada. Sofía se va a un rincón. La luz se hace tenue. La mamá se levanta de la cama y se burla de Sofía. Después va con su esposo y se pone a bailar con él. Sofía los mira enfurecida. Camina hacia ellos y le cuelga un rosario en el cuello a su mamá. Ésta se lleva las manos al cuello como si el rosario le cortara la respiración. Sofía aprovecha para cambiar lugares y bailar con su papá, quien no se dio cuenta del cambio. Se van bailando hasta el rincón donde estaba Sofía, mientras la mamá lucha por quitarse el rosario, tirada en la cama. Sofía y su papá se detienen. Él la toma por los brazos y la mira tiernamente, como si estuviera a punto de besarla. En ese instante la luz regresa a la normalidad. El papá cambia de actitud. La tiene tomada por los brazos, pero ahora tiene el semblante enfurecido, la estruja y la regaña. Le indica que vaya con su mamá y Sofía obedece. Llega a su lado y le da un beso. Sofía regresa a su rincón y el papá se va con la enfermera, quien parece darle indicaciones. El papá le lleva una medicina a la mamá y se la da con una cuchara. Mientras, Sofía está rezando. De pronto, la mamá comienza a toser. Tose y sigue tosiendo, hasta que la tos se convierte en una asfixia. Sofía detiene su rezo y se queda atónita, observando. La enfermera trae la jeringa y se prepara para aplicarla. De pronto, el colchón de la "cama" se abre por la mitad, como una compuerta. La mamá se sostiene con los pies en los bordes, una mano cae al vacío y con la otra se sujeta de su esposo. Éste también la agarra para que no caiga. La enfermera trata de ayudar, pero no puede. Sofía corre inmediatamente y se sujeta fuertemente de las piernas de su papá. La mamá no resiste. Primero cae un pie y después el otro. Finalmente suelta a su esposo y se pierde dentro de la "cama". El papá de Sofía, atónito, observa el hueco de la cama. La enfermera va con él y lo toma de los hombros. Luego separa a Sofía de su padre y se la lleva hacia un lado. Trata de calmarla. El papá se inclina y mete los brazos al hueco de la cama. De él saca, como cargando a una persona, una larga flor de lirio. Sale con ella en brazos. La enfermera cierra las "compuertas" de la cama, la tiende y lleva a Sofía para que se acueste. Sofía se resiste y sólo accede a sentarse. Entra el papá. Abraza fuerte a Sofía y ésta casi sonríe. Luego le dice algo a la enfermera y salen juntos, moviéndose como en cámara lenta. Antes de salir, él le cede el paso, y cuando ella cruza frente a él, el papá le da una pequeña nalgada. Sofía ve esto y se lleva las manos al pecho. Cuando ambos salen, se quita la cámara lenta. Sofía respira agitada, se palpa el pecho y siente algo extraño. Busca bajo sus ropas y saca una aguja de tejer. La mira inexpresiva, la pone bajo su almohada y se acuesta. La luz de ambas escenas se van desvaneciendo, junto con la música, mientras se ilumina la Recámara. Gabriel va por Sofía, la carga y se la lleva a la Recámara. La deposita suavemente sobre la cama y se sienta junto a ella.
Sofía: No creas que esto es un descubrimiento para mí. Lo sé y lo he aceptado con años de terapia. Hace tiempo incluso lo contaba cada vez que me ponía ebria. No creas que te estoy revelando un secreto. Sólo quiero que me entiendas, que entiendas por qué te voy a pedir algo y es importante que lo cumplas.
Gabriel: Dime.
Sofía: Por favor, por lo que más quieras, no vuelvas a ver a Estela. ¿Me lo prometes? (Él asiente) Gracias.
Terminando su línea se acomoda para dormir. Gabriel le acaricia los cabellos mientras ella se duerme. Obscuro lento mientras se ilumina la Sala 2, que es casa de Chope. Éste parece que ordena la habitación, mientras murmura para sí describiendo lo que hace. Luego se ve más bien que está buscando algo. Suena el timbre. Sale de escena y regresa con Gabriel.
Chope: (Sigue con lo que estaba haciendo) Siéntate, siéntate, donde puedas, como puedas… ¿y esa cara?
Gabriel: Chope, de veras que no sé qué hacer.
Chope: …No sabes… yo tampoco… bueno, sí sé, pero no sé cómo lo vaya a tomar…
Gabriel: ¿Te acuerdas de Sofía?
Chope: …De Sofía… yo me acuerdo de todo mundo… sí, Sofía… pero nadie se acuerda de mí… tu novia de la prepa, sí… ¿dónde lo dejé?…
Gabriel: Me la encontré hace unos días, en el cine, y hace una semana fuimos a tomar un café, luego a su departamento y, pues, ya sabes.
Chope: "Yo no lo sé de cierto, pero lo supongo"… o mejor dicho, "yo sólo sé que no sé nada"… aquí lo puse hace un rato… pero supongo que se tomaron un café y luego sólo se tomaron… está bien… ¿o está mal?… las cosas tienden a estar mal… ¿y Estela?… ah, pero luego me lo llevé para…
Gabriel: Nos hemos seguido viendo estos días, pero no sé cómo decirte… es que…
Chope: Ya sé. Espérame… (Sale)
Gabriel: (Reparando en el desorden del cuarto) "La muerte toma siempre la forma de la alcoba que nos contiene".
Chope: (Entra sin zapatos y con una soga de ahorcado en lugar de corbata) No estaba… perdón, me decías… volver sobre los pasos, primero estaba…
Gabriel: Para no hacer más largo el cuento: Me ha estado insinuando que deje a Estela y que me vaya a vivir con ella.
Chope: …A ver, muévete tantito para allá… ¿Y qué piensas hacer? ¿Las cosas no van bien con Estela?
Gabriel: Pues ya te he contado.
Chope: …Tampoco… ahora muévete para donde estabas… Sí, me contaste. Yo lo veo salvable… luego me fui a… ¿tú crees que no tiene arreglo?…
Gabriel: Quizá, pero qué hueva. Por otro lado, siento que le debo algo a Sofía. Pero por otro lado no sé si me vaya a arrepentir. Sabes que no me gusta tomar decisiones.
Chope: Pero yo no puedo decidir por ti… dónde, ya no tarda en llegar… muy apenas puedo con las mías…
Gabriel: No te estoy pidiendo eso, es sólo un consejo.
Chope: …Un consejo que luego tomarás como decisión…
Gabriel: Yo no me atrevería a dejar a Estela, no podría. Sería más fácil que ella me dejara a mí, ésa sería la solución perfecta.
Chope: …¿Dónde chingados?… ¿y si Estela te deja por otro?…
Gabriel: Ese es el problema, Estela no me va a dejar, nunca se divorciaría porque…
Chope: "…lo que Dios ha unido, no lo deshaga el hombre. Puede besar a la novia"… ¿cómo lo fui a olvidar?…
Gabriel: Con todo y los problemas me sigue queriendo. Nunca le había gustado nadie más. Fui su primer novio. No me va a dejar y menos por otro. No le puedo hacer esto.
Chope: Pásate a aquel mueble, por favor, porque no busqué bien… gracias… eso se lo hiciste a Sofía y sobrevivió…debe estar entre los cojines… hasta se casó con aquél pendejo… ¿ya se divorció? (Gabriel asiente) Bien hecho… no pasa nada, cualquiera de las dos sobrevivirá…
Gabriel: ¿Pero y si me arrepiento? Estela nunca me lo perdonaría. ¿Y si Sofía me deja después?, suponiendo que esto fuera una venganza.
Chope: …Venganza… nadie guarda rencores por tantos años… salvo mi abuela… y mi mamá… y una compañera de la primaria. Me la encontré, nos saludamos, se acordó que yo le había levantado la falda y me pegó… pero también guardan agradecimiento… luego me dio las gracias, porque gracias a mí, desde esa vez usa calzones todos días… ¿y abajo? (busca bajo el sofá)…
Gabriel: Pero yo sí guardé rencor contra mí, y si dejo a Estela serán dos rencores. ¿Por qué mejor no vamos a tomarnos unas cervezas y platicamos más a gusto? (Suena el timbre) ¿O estabas esperando a alguien?
Chope: ¡Ya llegó Mónica! Dile que pase y entretenla un rato, por favor. Cuando te guiñe un ojo te vas al baño, y cuando se vaya sales… si nos tardamos mucho, sales por la ventana del baño… te prometo que después nos tomamos las cervezas… (Otra vez suena el timbre) Ábrele, por favor…
Gabriel sale a abrir y Chope para el lado contrario. Gabriel regresa con Mónica.
Gabriel: Pásale, aquí está, pero no sé qué está haciendo.
Mónica: No me puedo tardar, tengo un compromiso y dejé a una amiga esperando en el carro. ¿Sabes qué quiere?
Gabriel: Ni idea.
Mónica: Que me iba a decir algo, o a dar algo, no entendí. Ya ves que no se le entiende muy bien lo que dice. Y es que no deja de hablar… a veces me aturde.
Gabriel: Yo ya me acostumbré.
Mónica: No le vayas a decir, pero a veces he inventado compromisos para irme porque no estoy de humor y me harta.
Chope entra y sigue buscando, no repara en ella.
Mónica: Chope…
Chope: Espérame tantito, no te vayas…
Mónica: Es que no me puedo tardar porque…
Chope: Un segundo… (Vuelve a salir)
Mónica: ¿Y Estela? ¿Todo bien?
Gabriel: Altibajos, tú sabes… (Gritando hacia donde salió Chope) ¿Tienes una aspirina?
Mónica: El problema es cuando hay más altis que bajos.
Gabriel: (Retomando el tema) Bueno, pero cuando lo besas se calla, ¿no?
Mónica: Sí, a veces tengo que hacerlo porque ya me saturó. ¿Nunca has sentido la necesidad de besar a alguien para no golpearlo?
Gabriel: Pues… de alguna manera.
Mónica: Es la única manera de callarlo. Pero luego empieza a tamborilear sobre mis pompis. Un día, de broma, le dije: "Y qué canción es ésa". Me dijo que una de Camilo Sesto. Te lo juro que no supe su fue en serio o en broma.
Chope: (Entrando, a Mónica) Ya voy, ya voy… (Le da una pastilla y un vaso con agua a Gabriel)
Mónica: Te lo juro que no tengo tiempo, Chope. Si quieres vengo mañana.
Chope: …Un minuto, un minuto… ah, ya sé… no te vayas… (Vuelve a salir)
Gabriel: ¿Quieres un cigarro?
Mónica: No alcanzo a fumármelo.
Gabriel: Ándale, un cigarro y te vas.
Mónica: (Lo piensa) Está bien.
Gabriel: (Le enciende el cigarro) Y si no es mucha indiscreción, ¿a dónde vas?
Mónica: Es que me voy a inscribir… bueno, ya estoy inscrita, aunque no es exactamente una inscripción porque no hay que pagar nada… es un club, una asociación. Sólo mujeres.
Gabriel: ¿Para jugar canasta?
Mónica: (Ríe) No, ni lotería ni nada de eso. Es para hablar de nosotras mismas, de nuestros problemas.
Gabriel: ¿Alcohólicos Anónimos?
Mónica: (Ríe otra vez) No. Se organizan conferencias sobre mujeres y esas cosas.
Gabriel: Yo tengo una amiga que anda en algo así.
Mónica: (Viendo el reloj) Es tardísimo. Primer día y ya llegué tarde. Lo siento. Dile que me tuve que ir.
Gabriel: No, espérate.
Mónica: Despídeme de él. Dile que yo le hablo mañana… o pasado. Salúdame a Estela. Gracia por el cigarro. Bye. (Sale)
Chope: (Entrando con zapatos y una corbata normal) ¿Y Mónica?
Gabriel: Dijo que la disculparas…
Chope: ¿Por qué la dejaste ir?
Gabriel: Se tuvo que ir. Traía prisa. ¿Qué querías que hiciera, que la amarrara?
Chope: Pues sí.
Gabriel: ¿Qué tanto buscas?
Chope: …Ahorita lo encuentro y la alcanzo… ¿te dijo para dónde iba?
Gabriel: A una reunión.
Chope: ¿Dónde?
Gabriel: No sé.
Chope: ¿Hace mucho?
Gabriel: Se acaba de ir.
Chope: La alcanzo en el semáforo… ¿por qué me pasa esto a mí?
Gabriel: Cálmate. Cállate un poco, puedes hartar a la gente.
Chope: De cualquier manera la gente se harta de mí… no puedo dejar de hablar…
Gabriel: Sólo es cuestión de cerrar la boca.
Chope: …Cerrar la boca… no puedo… sólo eso… pero no puedo… ¿nunca te ha pasado que sientes que si dejas de hablar lloras?… hace un mes que no veía esta camiseta… ¿por qué uno encuentra las cosas sólo cuando deja de buscarlas?…
Gabriel: No vas a llorar. ¿Por qué habrías de llorar?
Chope: …No voy a llorar… claro que sí… yo aprendía a llorar de oído. En mi casa todos lloraban y yo aprendía a llorar oyéndolos. Yo no lloraba. Cuando nací, me dieron la nalgada y no lloré porque no sabía… los médicos se asustaron… tuvieron que hacerme cosquillas para que me riera y pudiera respirar… mis papás lloraban todo el tiempo y un día aprendí… sentado en un rincón, oyendo nomás. Como mis papás estudiaron filosofía, cuando se peleaban se demostraban mutuamente que no existían. Cuando se lo conté a mi terapeuta, me dijo que mi problema era la orfandad ontológica… Se conocieron en la Facultad de Filosofía y Letras. Se odiaban. Una vez, mi papá sacó un libro que mi mamá tenía separado en la biblioteca… ella le reclamó… se dijeron de silogismos, se demostraron verdades y mentiras, dudaron metódicamente el uno del otro, se mentaron el origen-principio el uno al otro, se agarraron del logos y se besaron… se fueron al estacionamiento, se encerraron en el carro de mi mamá, se "cogitaron" y ergo yo existí… no, no es bueno saber que uno procede de un arrebato cartesiano-atomotriz… (Cuando dice esto último suspira y mete las manos a las bolsas. Ahí encuentra lo que buscaba, una cajita de terciopelo donde se guarda la joyería) ¡Pendejo, pendejo, pendejo, pendejo, pendejo! Qué pendejo soy. Chingado contigo, Chope, cómo eres pendejo…
Gabriel: Chope, cálmate… cálmate, cállate.
Chope: …no puede ser… qué pendejo…
Gabriel: Chope, haz un esfuerzo y cállate.
Chope: …pendejo… no puedo… cómo soy pendejo…
Gabriel: Trata, por favor, cállate. No pasa nada.
Chope: Pero…
Gabriel: Inténtalo, no pasa nada.
Chope da un respiro hondo y se muerde los labios. Pausa.
Gabriel: ¿Ves? No pasa nada. Ahora suelta el aire… bien… respira hondo… más despacio… así… bien… ¿lo ves?
Chope asiente. Pausa. Gabriel, amistosamente, le pone una mano sobre el hombro y le sonríe. Chope suelta el llanto. Obscuro mientras se ilumina el área del centro. Estela está sentada apoyando las manos sobre la mesa. Habla hacia el público.
Estela: ¿Lo de Efrén? No, eso no duró mucho tiempo… No compaginábamos en algunas cosas… ¿La cama? No, yo no dije eso. En ese aspecto él era muy respetuoso de la religión y las buenas costumbres, no como Gabriel… Quería que hiciéramos cosas que, bueno, no creo que fueran correctas… Efrén no, más respetuoso… Pues sí, finalmente una es mujer, es de carne y hueso, y se extrañan esas cosas, aunque no sean correctas… ¿Eso le dijo?… No, es mentira, así no fue… Yo misma se lo dije en aquella ocasión.
Se ilumina la Sala 2, que es casa de Estela. Ahí está Gabriel, congelado en pose de discusión. Estela camina hacia la otra escena, la que deja se obscurece. Ella toma una bata, se la pone y con su diálogo se descongela Gabriel.
Estela: ¿Gabriel? ¿Qué haces aquí? Tú no debes venir. Además ya es tarde.
Gabriel: ¿Tarde? ¿Cuál tarde? Acabo de hablar con ustedes. No me digas que estaban dormidos, son las 8:00… La bata… ¿estaban…? Y te atreves a ponerte la bata que te regalé para…
Estela: Gabriel, ¿qué quieres?
Gabriel: ¿Dónde está Efrén?
Estela: ¿Para qué lo quieres? ¿Qué buscas aquí?
Gabriel: ¿Por qué está viviendo él aquí?
Estela: Si vienes a hacer escenas, mejor vete con tu teatrera, a ella sí le salen. Aquí no te queremos. Habíamos quedado que todo iba a ser por teléfono.
Gabriel: ¿Desde cuándo se traen esto? ¿Por eso me corriste de la casa?
Estela: Tú te fuiste.
Gabriel: ¿Yo me fui? ¿Qué yo me…? No es posible que digas eso…
Estela: Yo te imploré que te quedaras, yo no quería que te fueras…
Gabriel: ¿Que tú qué? No me chingues, Estela, no me chingues. ¿Cuándo dijiste eso? ¿Cuándo dijiste "no te vayas"?
Estela: Muchas veces. Te lo dije de muchas maneras. Yo te pedí que te quedaras; pero tú preferiste irte con ella. Y no me salgas otra vez con que yo te obligué. Tú ya te acostabas con ella desde antes de que te fueras de la casa.
Gabriel: ¿Qué pruebas tienes? Todo era una suposición tuya.
Estela: Sí, era una suposición… hasta que me lo confirmó tu amigo Chupe o como se llame.
Gabriel: ¿Que Chope te dijo que…? (Pausa y luego estalla en risas) ¡Pinche Chope!
Estela: Otra vez, todo es risa, todo es broma para ti. Ahora me vas a decir que lo que me dijo ése no es cierto.
Gabriel: (Se pones serio) Estela, perdóname. Sólo quiero que me perdones y volvamos a comenzar.
Estela: ¿Volver a empezar? Esto ya está muerto. Tú lo mataste. Tomaste una decisión, hazte responsable de ella.
Gabriel: Soy un gusano, un puerco, un imbécil y todo lo que quieras; sólo déjame explicarte.
Estela: Ni lo intentes. Yo estoy rehaciendo mi vida y me está costando mucho trabajo. Entiéndelo, ya te olvidé. No hay nada. No le puedo hacer esto a Efrén.
Gabriel: Estela…
Estela: ¡Déjame en paz! (Se pone a llorar) Por tu culpa vivimos en pecado. Por tu culpa nos vamos a condenar. No podemos casarnos porque tú existes. Nos estás arrastrando al infierno.
Gabriel: ¿De dónde sacas tantas mamadas? (Saca una pastilla de la bolsa del pantalón y se la toma)
Estela: ¿Por qué no te mueres y nos dejas en paz?
Gabriel: ¿Ahora me vas a recitar a Sabines?
Estela: Tus poetas te los puedes meter por el culo. (Sigue el llanto) ¿Ves? Tú me haces decir esas cosas. Yo quiero ser buena y tú no m dejas. ¡Déjenme en paz los dos!
Gabriel: ¿Dios y yo?
Estela: Tú y tu loca concubina.
Gabriel: "Concubina". Has estado leyendo el diccionario que te regale, ¿verdad? ¿Qué te ha hecho Sofía?
Estela: Me quiere volver tan loca como ella. Todos los días me manda flores o chocolates. Empezó con tarjetas que decían "lo siento", "alíviate pronto", "te acompaño en tu dolor"… hasta las últimas: "lo perdiste por pendeja", "yo sí sé cuidarlo", "es mío, aléjate". Está enferma. Un día Efrén me mandó unas rosas y las quemé porque pensé que eran de ella. Todos en la oficina hablan… ya no puedo, Gabriel, ya no puedo… por favor…
Llora hasta caer sobre el sofá. Gabriel trata de confortarla. Estela se incorpora y lo besa. De pronto se detiene.
Estela: No te vayas a matar. Los suicidas no tienen perdón. No te creas lo que te dije, de que te murieras, no podría soportar el remordimiento, prefiero vivir en pecado. Dices que no crees, pero yo sé que en el fondo algo te dice que hay un Dios que vigila.
Gabriel: Estela…
Estela: No me vas a convencer, no voy a volver contigo. Ya vete… por favor vete.
Gabriel: No me voy a ir.
Estela: Por favor…
Gabriel: ¿Y si en realidad me estás pidiendo que me quede? ¿Cómo voy a saber? No voy a cometer el mismo error. (Le acaricia una pierna)
Estela: (Apartándolo) Hoy no. (Gabriel intenta besarla y ella lo esquiva) Te digo que hoy no.
Gabriel: Es que no soporto verte con Efrén.
Estela: Ya no quiero hablar. Vete. Estoy cansada… de todo… estoy cansada. Vete. (Pausa) Yo te hablo. Luego nos despedimos… como amigos. ¿Sí?
Gabriel da un suspiro enorme, se encoge de hombros y sale sin decir nada. Estela se queda en el sofá, secándose las lágrimas.
Estela: (En voz baja) ¿Por qué siempre te vas?
Obscuro mientras se ilumina el pasillo del proscenio. Gabriel está ahí, trata de caminar, pero sus movimientos son lentos. Lucha contra esto, pero no puede.
Gabriel: A veces sueño que batallo para moverme, como si estuviera en el agua, y me desespera. Es cuando me doy cuenta que estoy dormido. Siento un alivio momentáneo, porque sé que puedo despertar. Pero me doy cuenta que no sé cómo despertar. ¿Dónde está ese músculo que hay que mover para despertar? ¿Qué palabras hay que invocar? Me desespero aún más, me angustio, casi es una asfixia…
Suena un despertador y Gabriel se libera instantáneamente, cayendo al piso por la fuerza que estaba haciendo. Se incorpora como si se despertara de un sueño agitado. Se ilumina la Cocina. Gabriel se camina hasta allá y se pone a cocinar algo. Sofía entra enojada, con una revista en la mano. Se queda observándolo unos instantes hasta que él se da cuenta de su presencia. Cuando Gabriel intenta emitir un saludo, Sofía le arroja furiosamente la revista. Gabriel apenas alcanza a esquivarla.
Gabriel: ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes?
Sofía: ¿Era mucho pedir?
Gabriel: (Levantando la revista) ¿Lo leíste? ¿No sabes cumplir una promesa?
Sofía: Por lo visto tú tampoco. Me prometiste que iba a ser una buena crítica.
Gabriel: Es una buena crítica. Analizo el texto, la propuesta escénica, actuaciones, dirección, recursos técnicos… hasta aplico las tres preguntas de Goethe.
Sofía: Sabes perfectamente a lo que me refiero. ¿Tratamiento maniqueísta en la obra?
Gabriel: (Regresa a lo que estaba haciendo) No vamos a discutir eso.
Sofía: ¿El feminismo te parece maniqueísta?
Gabriel: Sólo el tratamiento que le da la autora.
Sofía: Da la casualidad que la autora soy yo. Primero aprende a distinguir los géneros. ¿El abuso de poder y el sexismo te dan risa?
Gabriel: Sólo cuando los hombres aparecemos tomando cerveza, viendo el futbol y golpeando mujeres. El problema de algunas feministas es que les falta sentido del humor.
Sofía: Que estemos hartas del cinismo no significa que no tengamos sentido del humor.
Gabriel: Pues entonces úsenlo con un poquito de imaginación y verán cómo las propuestas resultan coherentes.
Sofía: ¿Y los críticos cuándo comenzarán a criticar una obra por como es y no por como ustedes la hubieran hecho? Si son tan chingones pónganse a escribir, a actuar, a dirigir…
Gabriel: Esa es una línea de tu obra, que por cierto se me hizo de mal gusto. Si nos lo quieren decir, díganlo de frente. Las obras no son para mandar recaditos como en las kermesses. Ridiculizas personas y situaciones pero sin gracia, sin humor. Eso es lo espantoso. Además que el actor principal era un asco.
Sofía: ¡Qué te pasa! ¡Es una joven promesa!
Gabriel: ¿Y qué? Junto a él salía una vieja promesa, que por cierto todavía estamos esperando que se cumpla.
Sofía toma la revista, busca una página, la arranca y comienza a quemarla.
Sofía: (Cita de memoria) "Hay directores que olvidan el fin estético del arte". (Tira la hoja)
Gabriel: (Se da cuenta) ¿Qué te pasa? (Toma una jarra con agua y apaga el fuego)
Sofía: (Sigue arrancando y quemando hojas, y también Gabriel seguirá apagándolas) "El conflicto es tan insignificante que, en lugar de teatro, se pudo haber hecho una canción de Fey". "La obra presenta mujeres tan perfectas, que me gustaría vivir en esa obra". "El feminismo, tal como la obra lo plantea, es un machismo convexo". "Algunos actores creen que gritar y llorar es actuación". "Ya lo dijo un viejo sabio: entre más conozco a los artistas, más quiero a los ingenieros".
Gabriel: (Deteniéndola) Suficiente.
Sofía: (Pausa larga) ¿Por qué tenemos que estarnos agrediendo?
Gabriel: (La suelta) No sé. (Pausa, va y busca un frasco de pastillas en un cajón) Un amigo tiene una teoría sobre la violencia. Dice que nadie es inmune a ella, nos rodea, sólo es cuestión de que se junten los elementos adecuados. (Se toma una bebiendo de la jarra)
Sofía: ¿Crees que nosotros tenemos esa "química"?
Gabriel: (Pausa) Pero yo tengo la teoría de que con tolerancia y buena voluntad se puede evitar.
Sofía: Perdóname, en serio. A veces no sé por qué exploto tan fácilmente. A veces me asusto de mí.
Gabriel: Todos tenemos malos días.
Sofía: Es que a veces me esfuerzo, pienso que hice un buen trabajo y luego me enfrento a la realidad… Estoy escribiendo otra obra. Cuando la termine te la presto para que la leas. La discutimos y todo va a salir mejor. ¿Me ayudas?
Gabriel: Claro. Vas a ver que haremos un buen equipo.
Sofía: ¿De quién es esa teoría de la violencia? No me digas que es del tal Poche, o Chepo, o Chapo…
Gabriel: Chope. Sí es de él. Si quieres un día lo invito a cenar para que se conozcan… ¿No te acuerdas de él? Estaba también en la prepa.
Sofía: No, quizá cuando lo vea… Pero sí, invítalo. La próxima semana voy a estar muy ocupada, pero si quieres después… Y a todo esto, ¿por qué le dicen Chope? ¿O así se llama?
Gabriel: Se llama Schopenhauer Ramírez, pero Chope es más corto.
Sofía: (Como atando cabos) Ah, ahora ya sé quién… (Se pierde en sus pensamientos)
Gabriel: ¿Ya te acordaste de él?
Sofía: (Regresando a la conversación) ¿Cómo? No, no… es que me acordé de otra cosa, creo que sí lo conozco, pero de otro lado…
Gabriel: (Vuelve a la comida) ¿No has visto al gato?
Sofía: (Bromeando) Maldito animal malagradecido. Ahora te quiere más a ti que a mí. Me estoy poniendo celosa, ¿eh?
Gabriel: No pensé que me fuera a encariñar con el pinche Mac.
Sofía: ¿Y qué estás preparando?
Gabriel: La especialidad de la casa, ensalada de atún. Por eso te pregunté por Mac, es que a él le gusta lamer la lata.
Obscuro lento mientras continúan hablando del gato, a la vez que se ilumina el pasillo del proscenio y se comienza a oír la "Cabalgata…". Gabriel se cambia a esta escena, corre sin avanzar mucho. Trae en sus brazos trae un gato de peluche. Se tropieza y la obscuridad lo va cubriendo. Él trata de salvar al gato poniéndolo en la luz. Cuando sólo queda iluminado el brazo con el que sostiene al gato, súbitamente se hace obscuro y silencio. Inmediatamente se ilumina la Recámara. Sofía se está cambiando de ropa, se prueba diferentes vestidos, blusas, pantalones, etc. Nunca queda satisfecha con su aspecto. Gabriel entra, la mira y se sienta en la cama.
Sofía: Siempre es lo mismo, o no me gusta, o ya no me queda, o ya está muy visto.
Gabriel: Que ya no les quede es comprensible, que esté muy visto quizá sea un poco vanidoso, pero que no les guste… ¿cómo las mujeres pueden tener en su clóset ropa que no les gusta? Si no les gusta esa ropa, ¿para qué la compran?
Sofía: ¿Por qué los hombres tienen que ser tan cuadrados? ¿Acaso sólo ustedes pueden cambiar de parecer? La compras porque te gusta y luego descubres que en realidad no te gustaba tanto, no te atreves a ponértela y terminas por odiarla.
Gabriel: Estela decía lo mismo…
Sofía: (Respuesta inmediata y enérgica) No se te ocurra compararme con ésa. Y ya deja de mencionarla, es la quinta vez que dices su nombre este día.
Gabriel: Bueno, ¿qué te pasa? Ayer te enojaste porque mencioné al gato tres veces.
Sofía: Otra vez. ¿Tú quieres hacerme sentir culpable o qué? Deja de sacar a colación a ese pinche animal. El gato no tiene cola, ¿y qué? ¿Se va a acabar el mundo? ¿Crees que lo hice a propósito? Ándale, dímelo, sácalo y ya. Pero no quiero que me lo estés mentando a cada rato.
Gabriel: Yo no sé qué te ha pasado estos días, pero has estado insoportable. Le buscas el lado obscuro a todo, encuentras dobles intenciones donde no las hay…
Sofía: No te hagas pendejo. Al gato me lo mencionas con la intención de molestarme. Y te lo paso, porque ese animal ya es tuyo, te lo regalo. Pero lo que no te permito es que estés sacando a Estela cada que puedes y hasta cuando no viene al caso. Ya sé que esa idiota se arrepintió de haberte mandado a la chingada; pero no voy a dejar que nos moleste.
Gabriel: Creo que la visita de tu papá te está poniendo nerviosa. Si quieres le hablamos al hotel y dejamos la cena para mañana. Al fin que llegó apenas hace unas horas, vamos a dejarlo descansar. Si ya esperaron ocho años, esperen un día más. No pasa nada.
Sofía: Por fin decidí qué me voy a poner. Ahora vamos. Dejemos la discusión para después, concentrérnonos en la cena y en que todo salga bien.
Gabriel: Estoy seguro que él también ha de estar un poco alterado. (Busca algo en la mesita del teléfono) Si quieres le llamo, le explico que te sentiste un poco cansada y listo. (Abre el cajón y busca) ¿Dónde dejaste el número del…? (Se paraliza. Saca una pistola sosteniéndola con dos dedos) ¿Y esto?
Sofía: (Fría) Déjala ahí.
Gabriel: Pero… ¿por qué tienes esto? Es como tener la muerte dentro de la alcoba.
Sofía: (Se la arrebata) Deja eso donde estaba. (La guarda)
Gabriel: ¿He estado durmiendo junto a un arma?
Sofía: Hace apenas un par de semanas que está ahí.
Gabriel: ¡Un par de semanas! ¿Para qué? (Se busca algo en los bolsillos del pantalón y de la camisa)
Sofía: Para defenderme, para qué más.
Gabriel: ¿Para defenderte? ¿De qué? ¿De quién? ¿De mí? ¿Piensas que te voy a atacar mientras duermes o qué?
Sofía: No seas pendejo. Ha habido muchos robos.
Gabriel: Pero tener una pistola… un arma en la casa… es peligroso. (Levanta el colchón de la cama y saca un frasco de pastillas)
Sofía: "Las armas las carga el diablo", ¿no? Piensas como una abuelita.
Gabriel: Hay que deshacerse de…
Sofía: (Seca) La pistola se queda donde está.
Gabriel: Yo no voy a dormir donde hay un arma.
Sofía: Pues la sala está muy cómoda, es eso o…
Suena el teléfono. Ambos se quedan callados, casi inmóviles, ven el teléfono y luego se miran entre sí. Sofía reacciona. El teléfono sigue sonando.
Sofía: (Angustiada) ¿Qué esperas? Contesta.
Gabriel: Ha de ser para ti. ¿Por qué no contestas tú?
Sofía: No me gusta cómo sonó la primera vez.
Gabriel: (Va a contestar) Si es tu papá ¿qué le digo?
Sofía: Lo que quieras… pero no es él.
Gabriel: (Contesta) ¿Bueno?… ¿Mónica?… Ah, sí, Mónica, qué sorpresa. ¿Quién te dio este número?… ¿Qué pasó?… ¿Cómo?… (Se queda helado) ¿Pero cómo? ¿Cuándo lo encontraron?… Sí… ajá… ¿Y tú cómo estás?… me imagino… Sí, voy para allá… (Cuelga y, furioso, avienta las pastillas, que se esparcen por la habitación) ¡Chingada madre! ¡Por qué! ¡Chingada madre! ¡No! ¿Por qué? ¡Chingado!
Sofía: (Asustada) ¿Qué pasó?
Gabriel: (Totalmente alterado) ¡Chingado¡ ¡No! ¿Por qué? ¿Por qué lo hizo? ¡Chingada madre! ¿Cómo no me di cuenta? (Llora y golpea todos los muebles) ¡No mames! ¡No puede ser! ¡Chingado! (Se oprime el estómago)
Sofía: (Muy nerviosa) ¿Qué pasó? ¡Dime! (Comienza a recoger algunas pastillas y a meterlas en el frasco)
Gabriel: ¡Pinche Chope! ¡No mames! ¡Chingado! ¡Puta madre! ¿Por qué? (Se derrumba sobre la cama)
Sofía: ¿Qué fue? ¿Qué pasó? (Trata de darle una pastilla, pero Gabriel la rechaza. Ella lo seguirá intentando durante los siguientes diálogos)
Gabriel: ¡Pinche Chope! ¡Chingada madre! Se suicidó el cabrón, el muy pendejo. ¡Chingado! Le dije que no dejara de fumar…
Sofía: ¿Por qué lo hizo?
Gabriel: ¡Cómo no me di cuenta! Estaba apendejado con mis propios problemas y no le hice caso. Aquel día quería contarme algo y no lo escuché.
Sofía: ¿Pero por qué? ¿Qué te dijo Mónica?
Gabriel: No mucho. Lo encontraron hoy en la mañana, vieron un sobre con su nombre y la policía la contactó hace unas horas… Chingado…
Sofía: ¿Y cómo está ella?
Gabriel: Cómo crees que está.
Sofía: ¿Pero qué decía la carta?
Gabriel: No sé… casi no me dijo nada… Chingado… No sé… (Por fin toma la pastilla)
Sofía: (Empezando a enojarse) ¿La culpó?
Gabriel: No sé… no sé…
Sofía: Qué estupidez, culpar a otro de su muerte. Eso no se hace.
Gabriel: ¿Y tú qué sabes?
Sofía: Yo conozco a Mónica, ella me contó de su relación con Chope.
Gabriel: (Sorprendido) ¿Qué? ¿Cómo que la conoces?
Sofía: Poco antes de que tú vinieras a vivir aquí, ella se unió a la Liga Feminista, ella y su novia. Nos contó de su relación con un tal Schopenhauer. Y cuando me dijiste que ése era el nombre de Chope, pues, caí en cuenta que era él.
Gabriel: Pero lo que ella le hizo…
Sofía: Ella es feliz con su nueva pareja, ¿por qué no pudo entender eso? ¿Por qué no podía dejarla en paz? ¿Por qué acosarla?
Gabriel: Pero se mató por ella…
Sofía: No, se mató para no dejarla vivir en paz. Sabía que nadie era capaz de cargar con un remordimiento así. Era una venganza, la más estúpida de las venganzas. El tipo era un desgraciado.
Gabriel: ¿Qué chingados te pasa? No aguantó el sufrimiento y ahora está muerto. No puedes hablar mal de él.
Sofía: Yo sé que era tu amigo, pero eso no le quita que haya sido un chantajista.
Gabriel: ¿Estás pendeja? ¿Cómo puede llamarse Sofía una persona tan pendeja?
Sofía: Admítelo, se mató para no dejarla vivir en paz. ¿Quién puede cargar con el peso de un suicidio? Es peor que si ella lo hubiera matado. La verdadera víctima es Mónica.
Gabriel: (Seco) No tienes remedio. Piensa lo que quieras.
Sofía: Es que si él…
Gabriel: ¡Ya! Suficiente. No quiero oír más pendejadas. No se qué vayas a hacer tú, pero yo me voy al velorio.
Sofía: Voy contigo, quiero ver a Mónica.
Gabriel: ¡A la chingada! Tú ve a ver a quien se te pegue la gana. Yo voy a darle el pésame a los papás. Haz lo que se te dé la chingada gana, nomás no me jodas.
Sofía: ¿No vamos a ir juntos? (Pausa) ¿No somos pareja?
Gabriel: (Pausa larga. Finalmente un suspiro) Como quieras. Pero apúrate.
Sofía: No es como yo quiera. Si no quieres que seamos pareja nos vamos por separado y listo. ¿Eso es lo que quieres?
Gabriel: (Conteniendo la rabia) Entiéndeme que no estoy de humor para estas cosas. Mi mejor amigo se suicidó. No me hagas esto, por favor.
Sofía: (Desafiante) ¿Somos pareja o no?
Gabriel: No me estás escuchando, ¿verdad?
Sofía: ¿Sí o no?
Gabriel: (Un suspiro mayor que el otro) Sí. Ándale, vámonos. Pero date prisa, por favor. Háblale a tu papá y explícale.
Gabriel da media vuelta y comienza a salir de escena. Sofía se va a clóset. Comienza a sacar ropa nuevamente. Gabriel, antes de salir, se detiene, gira y observa a Sofía con incredulidad. Sofía se siente observada y voltea hacia Gabriel. Le sostiene la mirada.
Sofía: ¿Qué?
Gabriel: (Sorprendido) ¿Qué estás haciendo?
Sofía: (Como explicando algo que es obvio) Estoy buscando ropa negra.
Ella sigue con lo que estaba haciendo. Él sólo menea la cabeza en señal desaprobatoria y sale caminando lentamente.
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