DESCAMADO
Personajes
Hija. Embarazada.
Padre
Madre
1
HIJA. (Saca su cabeza de un balde de agua)
Llegaban papá y mamá me estaba arreglando igual que mamá cuando esperaba a papá y se arreglaba el pelo y la pintura de la cara dos veces en una hora cuando llegaban mamá decía que tal estoy y papá que hiciste bebé a lo cual no sabía que responder igual que mamá cuando esperaba a papá y contestaba fantástica mamá estás fantástica y a papá te extrañé cosa que era mentira porque es mentira me mostraban su alegría y escuchaba todos los detalles del viaje fantástico y como me extrañaban cosa que era mentira porque me habían llamado una sola vez y yo no estaba y papá preguntaba dónde estaba cuando llamaron una sola vez y voy a contestar contesté que la planta fue un regalo horrible de quién preguntaba preguntó papá y no voy a saber responder rápido como me dijo mamá que le dijo papá que tendría que contestar para que papá no se enoje entonces voy a decir la verdad cosa que a mamá sé que la pone mal porque a veces hay que mentir pero ya será tarde porque ya habré dicho que es hermosa hermoso que me gustó la sonrisa simplemente la sonrisa y porqué mentiste porqué no me respetás y ahí yo voy a pensar que nunca sentí respeto por mi madre pero no lo voy a decir y mamá totalmente arreglada y con la cara desencajada va a decir que suerte que llegamos justo no bebé (Se coloca un bonete)
2
Arriba, en el último peldaño de una escalera, el padre infla globos. La madre, abajo, sentada sobre una valija.
MADRE. Qué suerte que llegamos justo ¿no, bebé? ¿Qué tal estoy?
HIJA. Fantástica, mamá, estás fantástica.
MADRE. De Lafayette, ¿qué tal?
HIJA. Son muy lindas.
PADRE. ¿Te creíste que nos habíamos olvidado, bebé?
HIJA. Sí.
PADRE. ¿Cómo nos íbamos a olvidar? Mirá, me acuerdo que estábamos en la Piazza... ¿cómo se llamaba?... la del salame...
HIJA. Milán.
PADRE. Gorda, ¿cómo se llamaba la plaza del salame?...
MADRE. Milan.
PADRE. ... bueno no importa, te decía, que estábamos en un banco sentados y tu madre me dijo textualmente: "Hoy cumple 20 la nena"... ¡Se nos caían las lágrimas!...
HIJA. No me llamaron.
PADRE. ¿Te creés que es fácil? No es como acá. Europa es una vorágine. (A la madre) Contale.
MADRE. (A la hija) Allá te olvidas de todo, con decirte que tu cumpleaños se nos pasó. Recién cuando bajamos del avión...
PADRE. No es fácil comunicarse... bueno, ahí estábamos y tu mamá dijo...
HIJA. ... que yo cumplía 20.
PADRE. ¡Cómo cagan las palomas! Y nos reímos como media hora sin parar... porque es una vorágine allá en Mílan o Milan, no parás de reírte.
HIJA. Y, sí.
PADRE. ¿Y sí qué?
HIJA. No, digo, que debe ser muy lindo.
PADRE. Sí, las palomas de ahí son algo especial, hay todo un comercio alrededor de esos bichos... ¿cómo era Milan... o Milán?...
MADRE. ¿Querés inflar uno? (La hija niega con la cabeza) Mejor. No gastes aire.
PADRE. (Le acomoda el bonete y la abraza) ¡Veinte años! ¡Quien te ha visto y quien te ve!
MADRE. Mirá los pitos que trajimos de Hamburgo... soplá, dale... son bárbaros...
PADRE. Y la matraca, hacé sonar la matraca. (La hija da dos vueltas la matraca. El padre y la madre hablan con los pitos) ¡Soplá el pito! (La hija sopla el pito)
MADRE. (La madre saca un regalo) ¡Sorpresa!... Abrilo bebé, te va a encantar... (El padre saca fotos) ¡Qué los cumplas feliz, que los... vamos todos, feliz (Se suma el padre. También la hija que no llegó a desenvolver el regalo) que los cuuuumplas goordiiita, que... los... cuuumplas... feeeliz. ¡Otra sorpresa! (Enciende un encendedor. Foto sobre la madre) Pedí tres deseos... que salga el moño... dale que me quemo... (La hija sopla) ¡Bieeen!
PADRE. Nace un afecto. (La abraza y la besa) Milán ¿no? como el salame Milán, los nacidos hombres, milaneses y las mujeres, milanesas, ahí está, son milanesas, las mujeres son milanesas o milaneras... Bueno, de vuelta en casa.
MADRE. Siete meses, no sabés como te extrañamos, ¿no, qué la extrañamos?
PADRE. (Se ríe a carcajadas) ¡Qué risa! (Imitando a la madre) ¡Cómo cagan las palomas! ¿Te acordás?
MADRE. ¡Ay, sí, que día! No, me hagás acordar.
PADRE. ¿Por qué no te querés acordar?
HIJA. ¿Y a los museos? ¿fueron?
MADRE. No es que no me quiera acordar, dan ganas de volver.
HIJA. A los museos...
PADRE. Qué te pasa con los museos.
HIJA. No, si fueron.
MADRE. A uno fuimos. (La hija se saca el bonete) ¿Qué hacés?
HIJA. Ma... no quiero.
MADRE. ¿Qué no querés?
HIJA. Festejar. Ya pasó.
MADRE. ¿¡Qué decís!? No seas aguafiestas. Ojalá yo cumpliera 20 años. Todo el viaje esperando este momento bebé...
PADRE. ¡Milanos!, también puede ser... mileneros...
MADRE. ... dejáme hablar... ya me perdí, ¿qué estaba diciendo?
PADRE. Lo último que dijiste fue "bebé".
MADRE. ¿Bebé?... Así, sacado de contexto no me acuerdo, ¿no tenés la frase entera? ... dejá, no importa. ¡Brindemos!
PADRE. ¡Felicidades! (Abrazando a la hija) ¡Forza Italia! (A la madre) Abrazála.
MADRE. Ya la abrazaste vos.
PADRE. Abrazala.
MADRE. La vamos a ahogar, ¿no bebé? Lo importante es darle lo que le faltó, enmendar, reparar. Hablando de reparar, no sabés como restauran cuadros en Italia. Toman el pincel y... no, primero con una estápula, espátula ¿cómo se dice?
HIJA. Espátula.
MADRE. ... bueno no importa, remueven...
PADRE. ¡Abrazála!
HIJA. No importa papi.
PADRE. ¡Si importa! (A la madre) ¡Abrazála!
MADRE. ...vos no fuiste, no sabés lo que te perdiste, es apasionante.
PADRE. Hacelo.
MADRE. (Silencio. Intenta abrazar a su hija) No puedo, así en frío no puedo.
Además ella no quiere. ¿No, que no querés? Para qué la vamos a obligar. ¿no bebé?
HIJA. No me digas bebé.
MADRE. ¡Qué divina!... me hiciste acordar cuando naciste, eras para mi un capullito cálido, un pedacito de carne redonda... unos pelitos pinchudos que te cubrían toda la cara...
PADRE. No la vas a abrazar.
MADRE. Por favor... (Padre y madre se miran)... me perdí... en Francia no se depilan, las mujeres... en Holanda fuimos a un porno-shop... no estaba preparada... cuando naciste... no quería tenerte. (Todos se miran)
PADRE. ¿Cómo no querías tenerla?
MADRE. No dije que no quería tenerla.
PADRE. (A la hija) ¿No dijo que no quería tenerte?
HIJA. ... Voy a ver el pescado (Sale)
MADRE. Contestá... ¿Dije eso yo?... está bien, no digas nada. ¡Nunca estás de mi parte! ¡Después no digas que te digo bebé, de bronca te lo digo!...
PADRE. No le digas bebé.
MADRE. Tenía unas tetas bárbaras, duras... redondas. Las axilas depiladas...
PADRE. Yo admiro a los peces. Un pez no tiene manos, ni lengua. Lo que admiro me lo como. (Entra la hija con una fuente)
PADRE. ¿Todo bien nena?
HIJA. No me digas, nena.
MADRE. ¡No me digas nena, no me digas bebé! ¿Cómo te llamamos?
HIJA. Confundís todo, ma.
MADRE. No me digas ma, me siento una mitad.
PADRE. ¿No abrís el regalo?
(Apagón)
3
(Baño. La hija está con la cabeza dentro de un balde con agua. La madre sentada en un inodoro. El padre se saca la ropa y abre la ducha)
MADRE. ¿Ya salió?
PADRE. No. Eso le hace bien. No puede desperdiciar los dones que tiene.
Yo estoy orgulloso de ella, aguanta una barbaridad.
MADRE. Una vez pensé que se había ahogado. Pero no, ahí estaba, conteniendo, conteniendo. (La hija saca la cabeza. Controla el tiempo)
PADRE. Tenés que tener la mente ocupada, concentrada...
HIJA. Tengo frío.
MADRE. ¿Querés un caramelo?
HIJA. No.
MADRE. Estás transpirando.
PADRE. Se indispuso. ¿Qué hago, me voy?
MADRE. Quedate.
PADRE. Abrazala que se siente mal.
MADRE. ¿Te parece? (La madre la abraza por el cuello)
HIJA. Ya, ya se me está pasando. (El padre abraza a la madre)
MADRE. Ahhh, que calor... (Se saca de encima al padre) ... en Barcelona, un día llegó a 42º. ¡Insoportable!
HIJA. Me estás apretando.
PADRE. En las playas andan todos en bolas...
HIJA. Me estás apretando.
MADRE. Tenés la cabeza sucia, bebé.
PADRE. ... son más libres.
HIJA. Me estás apretando.
MADRE. Te voy a prestar mi shampoo, que es de cuerpitos de tortugas licuadas, que estaban de oferta en París. (Al padre) ¿Te acordás que fue lo que te impresionó de mí?
PADRE. No.
MADRE. Mi pelo. ¿Te conté, bebé?
HIJA. Fedra.
MADRE. ¿...?
HIJA. Me llamo Fedra. (La hija mete su cabeza en un balde con agua)
MADRE. ¡No podés mojarte la cabeza! ¿Ahora que estamos hablando, vas a entrenar? ¡Te dije que no me gusta que lo hagas delante de mío! ¡Fedra! Estoy harta, te lo dije. Me sofoca que lo hagas.
PADRE. Dejala. ¿No podés esperar?
MADRE. Estámos hablando madre e hija.
HIJA. (Saca la cabeza) ¡Estoy embarazada! (Mete la cabeza)
MADRE. ¿Qué dijo? No habla nunca, encima cuando habla tiene una papa en la boca.
PADRE. ¡La boca y el culo!
MADRE. ¿Qué?
PADRE. Lo que me impresionó de vos, la boca y el culo.
MADRE. No seas asqueroso. ¡Inmundo! (Silencio. Miran a su alrededor)
PADRE. ¿Viste?
MADRE. Sí. Ni bien entré.
MADRE. (La hija saca la cabeza) Mirá como está el piso. Secá, secá todo.
PADRE. Preguntále.
MADRE. Aquí pasó algo, no quiero decir que la casa no esté en orden, bebé, no es que quiera decir eso, pero...
PADRE. Esa planta de donde salió.
HIJA. Evidentemente comer pescado era de una importancia insignificante comparado con lo de la planta no era un indicio ni una señal aunque más adelante me pregunté si había sido un indicio o una señal el que yo haya traído la planta.
PADRE. No nos dijiste nada.
MADRE. En esta casa nunca hubo secretos.
PADRE. ¿De dónde salió?
HIJA. Fue un regalo.
PADRE. ¿Regalo de quién?
MADRE. Contestá rápido, por favor.
PADRE. Fue el día que llamamos ¿no?
MADRE. Sí, ¿no?
HIJA. Sí.
MADRE. Dijo que sí.
PADRE. ¿Adónde fuiste?... Saliste con tus amigas... ¿con Adriana?... sí con Adriana... ¿fueron a tomar algo?... ¡Sí! ¡Contestá, fui a tomar algo!
HIJA. Fui a tomar algo.
MADRE. Dijo que fue a tomar...
PADRE. Ya escuché. ¿Alguien más?... ¿Fueron con alguien más?... No, sólo fuiste con Adriana... al barcito de la esquina... ¿o más lejos?... ¿al bar nuevo?, al bar nuevo, fuiste al bar nuevo, tomaron algo, volvieron temprano. ¿Y la planta?
HIJA. Fue un regalo.
PADRE. ... saliste del bar nuevo, caminaron cuatro cuadras...
MADRE. ¡Vamos, bebé! ¿no te acordás? La encontraste. (Al padre) La encontró. (A la hija) ¿No qué la encontraste? Estaba tirada en el piso, en la esquina, uno siempre se olvida de algunas cosas... que no son importantes... que más vale... que son desechos, que no vale la pena recordar...
PADRE. Si son desechos, la tiro a la basura. (Toma la planta)
HIJA. El que yo haya traído la planta se debió a una causa ínfima difícil de explicar como caminar por la calle y que un tipo con una sonrisa hermosa que yo necesitaba quiera vendérmela yo era el elemento decisivo de una situación sin tener más relación con ella que la de gustar a alguien con una sola mirada. (Al padre) No quiero comer pescado.
PADRE. ¿Cómo no querés pescado?
HIJA. No me gusta. (El padre se levanta y sale con la planta)
MADRE. ¿Cómo que no te gusta? ¿No podés fingir? Un poquito, una mentira chiquita, sin jurar.
HIJA. ¿Vos?
MADRE. ¿Qué te creés que hice toda la vida? Yo no me atrevo a decir nada. ¿Cómo se logra no hablar en esta familia? Les tengo miedo. Siempre comimos pescado. Todos tenemos branquias en esta casa. Es una cosa digna el pescado, noble, limpia, que todos tendríamos que comer. Buscas excusas, mentís, acusás... (La hija mete su cabeza dentro del balde) ¡Escucháme, mocosa de porquería! Desenvolvé el regalo.
4
(El padre frente al lavabo abre un pescado. La hija con su cabeza en la bañera)
MADRE. Antes de que esa planta entre en esta casa, si yo te decía desenvolvé, vos desenvolvías inmediatamente. (La madre desenvuelve el regalo)
PADRE. Cortás la panza con un cuchillo bien afilado, así ves, de atrás para adelante. Después lo metés en el agua, lavás y secás. Te olvidás, no, no te olvidás, sigue siendo un pez.
HIJA. (Casi sin aire) No tengo recuerdos, sólo una sensación de que el agua era penetrable.
MADRE. ¿Vos sabés que las plantas nos quitan oxígeno?... una cabeza sin oxígeno se desorganiza, se llena de anomalías, se deforma, se distorsiona el orden.
PADRE. Es importante secar muy bien la cavidad. Dar un paso, y otro y otro...
HIJA. Soy parte del agua un agua que no llega a cubrirme. Los peces tienen escamas para que el agua no entre en su cuerpo.
MADRE. ¡Llenar la casa de plantas quitadoras de oxígeno es instalar un virus que va a cambiar nuestra relación! Es como un tumorcito, bebé.
PADRE. Enganchás la agalla con el pulgar y agrandás el orificio. Agrandás. Cuesta, ojo que cuesta. Tirás y arrastrás la agalla con las vísceras. No mirés, impresiona.
HIJA. No estoy mintiendo, lo juro, bueno no sé si jurarlo... desde aquella vez no juro más.
MADRE. (Termina de desenvolver y asoma una planta de plástico blanco llena de manchas marrones) ... no se riega, no requiere cuidados...
PADRE. Quitás la otra agalla, lo lavas nuevamente bien, que no quede nada y lo secás... hasta darte cuenta que no hay retorno.
HIJA. Papá entraba al baño y yo escondía la cabeza debajo del agua... y se acercaba... me hundía más en la bañera... quería quedarme ahí... que no me toque... que no me toque más... (Mete la cabeza en el balde)
MADRE. Parece sucia, pero no, es caquita original de las palomas de Milán.
PADRE. Metés el pescado en agua fría, helada, lo sostenés de la cola y con un cuchillo raspás el pellejo en sentido contrario a las escamas.
HIJA. ... descubrí tu llanto ahogado mamá cuando veías a papá metiendo sus manos yo abría los ojos para ver el tapón de salida...
MADRE. Es un toque de color. Son pinceladas de mierda de paloma santa. Yo tengo ojo para el color.
PADRE. Tiene que ser contrario a las escamas. Yo muerdo ella traga ella muerde yo trago.
HIJA. (Saca la cabeza) ... y después me ahogaba entre las sábanas, me ahogaba en esas noches que fueron muchas casi todas iguales insoportablemente iguales... y él diciéndome bueno mi nena nenita venga con papi...
MADRE. Esa se te va a morir.
PADRE. Cortas la piel a lo largo de la aleta dorsal y sacas las espinas. Te olvidás, ya no quedan espinas. Ya no vale la pena ni mi lengua ni mis manos.
HIJA. ... y quiero decírtelo mamá... quiero decírtelo pero no me salen las palabras...
MADRE. Lleve de plástico, dijo el tipo, no se mueren nunca.
PADRE. Para cortar las aletas usa las tijeras ¿Ves?... Así. Cortás, cortás. Ya no tiene más aletas, pobrecito. Te olvidás. Hay que parecer otra cosa menos vulnerable.
HIJA. ... una causa ínfima, con una sonrisa que yo necesitaba...
PADRE. (A la hija) ¿Qué dijiste?
MADRE. ¡Qué hiciste por una sonrisa! ¡Puta! ¡Te regalaste por una planta de mierda!
5
HIJA. Llegaban papá y mamá me estaba arreglando igual que mamá cuando esperaba a papá y se arreglaba el pelo y la pintura de la cara dos veces en una hora. Fue una noche muy particular luego diría única. Mamá decía que tal estoy y papá que hiciste bebé y yo contestaba fantástica estoy fantástica. Hubo una pequeña desviación, un descuido a lo cual no sabía que responder igual que mamá empecé a sentirme fantástica a pesar de que a mi padre no le gustaba sentarse y enterarse que el cuchillo no era coincidencia. Cenar pescado comenzó a ser insignificante, cortar la panza con un cuchillo bien afilado, una señal desagradable. Nada de espinas, nada de escamas. No es fácil descamar. (De la boca de los padres, comienza a salir sangre) Desencajada, comenzó a gustarme lo inusual y no había nada más inusual que ver a papá tirado sobre la mesa cosa que a mamá sé que la pone mal pero ya será tarde. Abrir a mamá, siempre era una señal. Rápido, como me dijo mamá que le dijo papá, esa noche comería las vísceras frías sobre un mantel blanco. Al otro día lavé el mantel, estaba sucio... cinco minutos, esta vez llego a cinco (Mete la cabeza en el agua)
APAGON
Hugo Men