La milagrosa lengua de Briggitte
de Jorge Silva

Personajes:
CARLOS, joven de dieciséis años.
UNA MUJER, unos años mayor.

ESCENARIO: Hay un sillón individual que está dando la espalda al público. Frente a éste, una televisión hueca, sin pantalla; debajo de ella, una videocasetera también hueca. En el extremo izquierdo hay una silla. A su lado, una mesita con un teléfono y un florero. En la parte central, y más cerca del espectador, hay un baúl dentro del cual se encuentran numerosas revistas pornográficas, así como videos con filmes del mismo tipo. Se escucha la parte más intensa de la Obertura de Guillermo Tell, de G. Rossinni. Entra CARLOS. Se coloca detrás del sillón, también dándole la espalda al público. Desabrocha su pantalón y empieza a masturbarse al compás de la música.

CARLOS: (Fuera de sí) Soy feliz, soy feliz, soy feliz.

La música va en crescendo, al igual que la sensación de placer por parte de CARLOS. Se escucha que alguien toca la puerta. Se escucha la voz de una MUJER.

MUJER: (Desde afuera) Carlos, ya está la comida.

La música para de golpe. CARLOS detiene su actividad visiblemente perturbado.

CARLOS: (Aún jadeante, nervioso) ¿Eh?

MUJER: Que ya está la comida. Cuando gustes bajar.

CARLOS: (Seco) Gracias. (Reflexiona molesto unos segundos) Pendeja.

CARLOS suspira resignado. Posteriormente camina hacia su baúl, lo abre y saca de él una revista que empieza a hojear. Su mirada es lasciva. Mientras la hojea, se escucha su voz en el aire.

CARLOS: (Off) Yo no tengo la culpa. Fue ella la que se me ofreció. ¡Que no se haga la muy puta! (...) De verdad, papá; yo no fui, fue ella. (...) ¿Yo para qué la necesitaba? Si tengo a Briggitte.

Entra a escena la MUJER. Viste de forma pronunciadamente sensual. Se acerca a CARLOS sin hacer ruido. Se coloca detrás de él y comienza a besarlo en el cuello. CARLOS se deja llevar por la agradable sensación. La MUJER hace que CARLOS suelte la revista y después se coloca frente a él. Lo besa de forma por demás sensual. CARLOS sólo se deja llevar. Es un muñeco. La MUJER separa sus labios de los de CARLOS y lo observa con ternura. Los diálogos de la MUJER deberán ser pronunciados con acento francés.

MUJER: Mon petit cochon. Mami te ha dicho que eso no se juega, ¿verdad?

CARLOS asiente aún fuera de sí.

MUJER: ¿Entonces? (Toma la mano de Carlos y le da un par de palmadas) Mano mala, mano mala. (...) Van a salirte pelos si sigues jugando a eso; o peor aún, a lo mejor quedas tonto. (...) Cuando te sientas solo, nada más llámame.

La mujer vuelve a besar a CARLOS. Al terminar se pone de pie. CARLOS comienza a besar de forma impulsiva a la MUJER. Ella se muestra un tanto sofocada ante la actitud desesperada del joven. Lo detiene.

MUJER: Espérate, la cosa no es así. (Toma su mano y la coloca sobre su pecho. Empieza a hacer que lo frote despacio) Es despacito, suave.(...) Así como tú quieres nada más lo hacen los animalitos.

CARLOS aprieta los pechos de la mujer y luego empieza a besarlos. La MUJER acaricia la cabeza del muchacho. CARLOS la toma de las manos y la besa en los labios.

MUJER: (Tratando de desasirse) Ya está la comida.

CARLOS: (Sin dejar de besarla) Ya sé, ya sé.

El chico continúa besando a la MUJER cada vez de forma más impulsiva. El semblante de la mujer cambia repentinamente. Aparta a CARLOS de sí y luego le da una bofetada. CARLOS la contempla asustado. A partir de aquí, la mujer habla con acento normal.

MUJER: Carlos, ¿estás loco? (...) ¿Cómo se te ocurre hacer esto?

CARLOS contempla confundido a la MUJER.

CARLOS: Perdón.

MUJER: ¿Perdón? ¿eso es lo único que me puedes decir? Si tu padre se enterara...(Se calma un poco) Mira, por esta vez lo voy a pasar por alto. Entiendo que aún no estás acostumbrado a mí, pero no eres un niñito como para que hagas cosas de este tipo. (...) Que no vuelva a pasar, por favor.

CARLOS asiente. La MUJER sale visiblemente turbada y se sienta en la silla que está del lado izquierdo. CARLOS, medita unos instantes con un semblante claramente confundido. Oscuro para marcar un cambio de tiempo. Posteriormente la luz regresa. CARLOS está sentado en el sillón, de espaldas al público. Dirige su mano hacia la televisión como si tuviera un control remoto. Empieza a escucharse el sonido de la televisión. Las voces irán escuchándose de forma interrumpida, cada cambio de voz es un cambio de canal.

VOZ 1: Esta noche hablaremos sobre la importancia de usar preservativos durante una relación sexual, lo esperamos en su progra...

VOZ 2: (Una mujer) Yo no quería entregarme a él. Me obligó, mamá, me obligó...

VOZ 3: Aproveche grandes rebajas durante la quincena de la ropa interior para dama en su tienda...

VOZ 4: Compra tu revista "Soy"; en este número, un candente reportaje sobre las piernas más bellas de la televisión...

CARLOS apaga la televisión. Voltea hacia el público sujetándose del respaldo del sillón. Su rostro luce aburrido. Tras unos segundos de inactividad, se pone de pie y camina hacia el baúl. Lo abre, extrae de él otra revista y la vuelve a hojear con la misma mirada lujuriosa. Guarda la revista, saca un videocasete, lee el título.

CARLOS: La milagrosa lengua de Briggitte. (Para sí) ¡Ésta mera!

CARLOS camina hasta el sillón. Se sienta de nuevo. Coloca el video en la videocasetera vacía. Empieza a escucharse una música barata, de caja de ritmos de mala calidad. El ritmo de la música es pegajoso; de repente cambia a uno sugestivo con instrumentos de aliento sintetizados. Sobre la música empieza a escucharse el sonido tradicional de las películas pornográficas: gemidos, exclamaciones de placer, etc. CARLOS se pone de pie de espaldas al espectador y vuelve a desabrocharse el pantalón. Se sienta y coloca una de sus manos en el respaldo del sillón. Hay un ruido del sillón que denota que se está masturbando nuevamente.

CARLOS: (Con la voz entrecortada) Así, así, chiquita, así, mamita.

CARLOS continúan haciendo exclamaciones de esta índole. Se escucha una voz alternada con los gemidos del sonido de la película.

VOZ: (De hombre, jadeante, extasiada) Las francesas son las que mejor saben mover la lengua.

OTRA VOZ: (Igual que la anterior) Sí, sobre todo Briggitte.

AMBAS VOCES: (Extasiadas) Briggite...Briggitte.

CARLOS: (Extasiado, casi hipnotizado) Briggitte, Briggitte...

CARLOS comienza a lanzar gemidos de placer, enmarcados por el sonido de la película. De repente, el sonido comienza a escucharse como si la videocasetera estuviera mordiendo la cinta. Al notar el desperfecto CARLOS se ve en la necesidad de dejar su actividad para sacar apresuradamente el casete de la videocasetera. Está atorado. CARLOS forcejea unos segundos y finalmente lo saca. La cinta se sale del casete.

CARLOS: No, no, por favor.

CARLOS contempla el desastre con un semblante molesto y, a la vez, asustado. Se sienta en el suelo, dándole la espalda a la parte trasera del sillón. Intenta arreglar el videocaset. Hay un oscuro en el área donde está CARLOS. La luz se dirige hacia la silla del lado izquierdo, dónde está la MUJER hablando por teléfono.

MUJER: ¿Qué tal el vuelo, amor? (...) ¿Está bonito Houston? (...) Ay, quisiera estar contigo. (...) ¿Carlos? Sí, está bien. (...) Aunque te diré que nada más llega de la prepa y se encierra en su cuarto. (...) No, no sale para nada. (...) ¿Al panteón? ¿Para qué? (...) Ay, ¿es hoy? Amor, me hubieras dicho. (...) Al ratito le pregunto si quiere ir. (...) No te preocupes, yo me encargo de él. (...) Adiós, amor.

La MUJER cuelga el teléfono y camina hacia la parte central. Se detiene como si estuviera frente a la puerta cerrada del cuarto de CARLOS.

MUJER: Carlos, Carlos, ¿puedo pasar?

CARLOS advierte la presencia de la MUJER. Su semblante cambia.

CARLOS: Este...sí...voy...espéreme.

Un tanto nervioso busca un escondite para la cinta. Finalmente la coloca en el sillón y pone un cojín sobre ella. Olvida un detalle: el baúl quedó abierto.

CARLOS: Ya, pásele.

MUJER: (Entra) ¿No vas a comer?

CARLOS: No, no tengo hambre.

MUJER: Habló tu papá de Houston. Te manda saludar.

CARLOS ¿Por qué no me lo pasó? Quería hablar con él.

MUJER: Pensé que estabas ocupado. Además fue una llamada muy corta.

CARLOS hace una mueca desaprobatoria y se sienta en el sillón.

CARLOS: ¿Y qué quería mi papá?

MUJER: Pues...ver cómo estábamos y...y recordarme lo de tu mamá.

CARLOS voltea apoyándose del respaldo del sillón.

CARLOS: (Indiferente)¡Ah! (Vuelve a voltearse)

MUJER: Podemos ir al panteón si quieres.

CARLOS: Gracias, ya fui.

MUJER: ¿Ya fuiste? ¿cuándo?

CARLOS: Después de la prepa.

MUJER: Hubiera querido ir contigo.

CARLOS: ¡Por favor! Ni siquiera se ha de haber acordado.

La MUJER calla un tanto apenada. Se acerca al baúl. Algo le llama la atención. Se inclina y recoge una revista. La hojea asqueada.

MUJER: ¿Qué es esto?

CARLOS advierte que la MUJER ha descubierto su "tesoro" y se apresura a arrebatárselo.

CARLOS: ¡Démela! Esto no es asunto suyo. (Empieza a guardar las revistas)

MUJER: ¿Cómo puedes ver estas porquerías?

CARLOS: ¿Qué le importa?

MUJER: (Vuelve el acento francés, adquiere una actitud por demás insinuante ) Pero, mon cher...tú no necesitas de esto.

CARLOS: (Confundido) ¿Cómo?

La MUJER le quita una de las revistas que aún no había guardado. La hojea con una actitud escéptica.

MUJER: Mira esto: ¡qué posiciones tan pasadas de moda! ¿Y estos cuerpos? ¿Cómo se atreven a decir que son modelos porno? (...) Esto es un asco. (Tira la revista al suelo, se acerca a Carlos) Mon amour...yo te puedo ofrecer mucho más de lo que te ofrecen esas putas...

La MUJER lo besa. Él sigue confundido. No le responde. La mujer lo ve y sonríe. Se abre el vestido a la altura de los pechos. Se los muestra a CARLOS.

MUJER: Mira estas son de verdad, completamente naturales. ¡Y son tuyas!

CARLOS: (Fuera de sí) ¿Mías?

MUJER: (Ríe) Totalmente.

CARLOS se acerca a la MUJER y la besa.

CARLOS: (Al separarse de ella) ¿Tú eres Briggitte?

MUJER: ¿Quieres que lo sea? (Carlos asiente) Bueno...entonces sí...soy Briggitte.

CARLOS: Briggitte...pensé que te había perdido.

MUJER: Jamais, mon petit.

CARLOS: ¿Puedo pedirte un favor?

MUJER: Oui. Haré lo que tú me pidas.

CARLOS: Quiero que me la mames.

La MUJER cambia de semblante. Nuevamente estrella su mano en la mejilla de CARLOS. Esta vez con más fuerza. El acento de la MUJER desaparece.

MUJER: (Alterada) ¿Cómo te atreves a hablarme así?

Silencio y confusión por parte de CARLOS.

MUJER: Esto está llegando muy lejos. (...) Te guste o no, soy la esposa de tu padre y debes guardarme algo de respeto. Sobre todo cuando él no está aquí en la casa. (...) Que no vuelva a suceder algo como esto. De lo contrario, voy a tener que hablar con tu papá. (Se inclina y recoge el baúl) Voy a llevarme esto. ¡Nada más es para gente enferma!

CARLOS no protesta. Está demasiado confundido. La MUJER sale del cuarto. CARLOS se rasca la cabeza sin saber ni que pensar. Oscuro y música para marcar un cambio de tiempo. Al regresar la luz, CARLOS está nuevamente en el sillón. Intenta arreglar la película, pero la cinta se enreda entre sus manos cada vez más. Llega un punto en el que pierde el control y la arroja al suelo. Jadea. Es notorio el coraje contenido ante la impotencia de arreglar el casete. Voltea hacia diversos puntos del espacio cómo buscando a alguien. Sus movimientos son lentos

CARLOS: (Al aire, a punto de llorar) Briggitte...Briggite...¿en dónde estás? Te necesito...Briggitte.

Oscuro en la parte donde está CARLOS. Se ilumina el área del teléfono. La mujer habla con alguien.

MUJER: No sé qué pensar. (...) Es que a lo mejor me lo imaginé...no, imposible, me estaría volviendo loca. (...) Me asusta su actitud, no sé que le pasa. (...) No, yo jamás le he dado razones, ¿cómo se te ocurre? ¡Es casi un niño! (...) ¿Y qué le voy a decir? Carlos, tu hijo intentó besarme y me pidió que...(...) Ay, ya no sé ni qué pensar.

CARLOS: (Desde el cuarto, un grito fuertísimo) ¡Briggitte!

MUJER: (Al oír el grito) Luego te hablo, ¿sí? (...) No, no es nada malo. Te hablo, bye.

La MUJER cuelga el teléfono. Suspira un tanto nerviosa y entra sin pedir permiso al cuarto de CARLOS. El área se ilumina. Ahora CARLOS está sentado en el piso. Luce mal encarado.

MUJER: ¿Qué pasa, Carlos? ¿por qué estás gritando?

CARLOS: (Indiferente) Yo no estoy gritando.

MUJER: Pero...acabo de escucharte.

CARLOS: Sería un grito de la calle.

MUJER: (Tras una pausa) No, el grito vino de aquí.

CARLOS: Está alucinando.

Silencio incómodo. La MUJER se acerca a él con una actitud relajada, tratando de establecer una comunicación pacífica.

MUJER: Carlos, quisiera que las cosas entre tú y yo fueran más pacíficas. Ni a tu papá ni a mí nos gusta que seas tan...tan...(busca una palabra adecuada) distante. (...) Me preocupa que puedas tener problemas y quisiera que me los platicaras, claro, en caso de que los tuvieras.

CARLOS: Nada más tengo un problema...usted.

La MUJER guarda silencio. El comentario fue incisivo.

MUJER: Bueno...yo...respeto...respeto tu actitud. No es fácil una situación como la tuya. (Silencio, ya no sabe qué decir) En la cocina está tu comida; digo, por si...te da hambre.

La MUJER se pone de pie y se dispone a salir.

CARLOS: Gracias, pero ya le dije que no tengo hambre.

La MUJER se detiene y voltea hacia CARLOS. Se acerca a él con una actitud insinuante. Vuelve el acento francés.

MUJER: ¿No tienes hambre, mon petit cochon?

CARLOS: No, y quiero que te vayas. Eres una puta mentirosa.

MUJER: Moi? Pero, ¿por qué?

La MUJER abraza a CARLOS, él se aparta de ella poniéndose de pie.

CARLOS: Me dices que me quieres y es pura pinche mentira. No vales madre.

MUJER: (Empieza a llorar) No me hables así, me duele. Je t'aime, mon amour. Tu ne sais pas combien.

CARLOS: Y no me hables en francés, pinche puta.

MUJER: (Se hinca ante él) No me digas puta, tú no. Eres el único hombre del que he estado enamorada.

CARLOS: (La avienta de una patada) ¡Mamadas! ¡las tuyas son puras mamadas!

MUJER: (Persuasiva) Ah, ese es todo el problema, ¿verdad? (...) ¿Eso es lo que quieres? ¿mamadas?

CARLOS no sabe qué contestar. La MUJER se levanta y se acerca a él, lentamente. Empieza a besarlo, él no opone resistencia alguna.

MUJER: Me lo hubieras dicho, cochon. Si ese era el problema, me lo hubieras dicho. Ya sabes que esto es lo que mejor hago.

CARLOS: Te dije que era lo que quería.

MUJER: No, a mí no me lo dijiste, se lo dijiste a ella, ¿te acuerdas?

CARLOS: (Nervioso) ¿A ella, quién?

MUJER: A ella, a la puta.

La MUJER pone de espaldas al público a CARLOS. Le desabrocha el pantalón y comienza a simular que le hace sexo oral. El muchacho se nota extremadamente extasiado. De repente, la MUJER abandona su actividad y se pone de pié adoptando una actitud infantil, caprichosa. CARLOS, jadeante, se vuelve hacia ella.

CARLOS: Hey, ¿qué pasó? Regresa.

MUJER: No, Carlos, hasta que me digas que me quieres.

CARLOS: Ya te lo he dicho muchas veces.

MUJER: Quiero que me lo digas ahorita.

CARLOS: (Desesperado) Bueno, te quiero; pero síguele. Me dejaste picado.

MUJER: No, Carlos, así no. Quiero que me lo digas parado de manos.

CARLOS: Pero...

MUJER: Allé, parado de manos.

CARLOS hace un refunfuño y se dispone a cumplir el capricho de la MUJER. Intenta parase de manos, pero fracasa en un primer intento. Al segundo, logra permanecer un poco más de tiempo en esa posición, pero no logra decir "te quiero". Hasta el tercer intento, lo consigue.

CARLOS: (Parado de manos) Te quiero. (Posición normal) Ya está, ¿conforme?

MUJER: No.

CARLOS: ¿No?

MUJER: No, no me basta que me quieras. Quiero que me ames.

CARLOS: Te amo.

MUJER: Demuéstramelo.

CARLOS: Entiéndelo: te amo, te amo, te amo, te amo.

Cada "te amo" lo dice de una forma cada vez más impulsiva. Finalmente besa a la MUJER y sus manos recorren su cuerpo de una forma desesperada. La MUJER se siente sofocada, intenta desasirse de él, pero no lo logra. Forcejean, caen al suelo. La MUJER lucha por apartarse de CARLOS, pero él la tiene sometida.

MUJER: (Ya sin acento) Suéltame, Carlos, ¿qué estás haciendo?

Continúa la batalla. La MUJER araña a CARLOS en la cara y lo patea en el sexo. Él se retuerce de dolor y finalmente la deja libre. Ella se pone de pie, jadeante y a punto de la histeria.

MUJER: ¡Eres un degenerado! ¡Un enfermo! (Llanto nervioso) Ahora mismo le voy a hablar a tu padre y voy a contarle todo. Esta situación no puede continuar así, ¡no puede!

La MUJER sale del cuarto y se dirige al teléfono. Está sumamente alterada. Toma el auricular y empieza a marcar. CARLOS se pone de pié aún adolorado y va tras ella. La toma por la cintura y se tumban al piso. del forcejeo tumban la mesita junto con el teléfono y el florero. La lucha prosigue.

MUJER: Suéltame, Carlos, suéltame.

CARLOS: (Fuera de sí) Bájate, bájate...

MUJER: (Llorando aterrorizada) No, Carlos, por favor.

CARLOS la toma por la cabeza y la empuja hacia su sexo.

MUJER: Carlos, basta ya.

CARLOS se pone de espaldas al público arrastrando a la MUJER. Toma el teléfono y lo estrella repetidas ocasiones en la cabeza de la MUJER. La mujer grita de dolor ante los golpes recibidos, hasta que de repente, deja de gritar. CARLOS se levanta jadeante y con las manos llenas de sangre. El cuerpo de la MUJER yace en el suelo. CARLOS da el frente al público. Su mirada luce ausente. Continúa su jadeo. Da un par de vueltas alrededor del cuerpo de la mujer. Se detiene tras ella y acaricia su cabello ensangrentado.

CARLOS: (Fuera de sí) ¿Lo ves? Te amo. (...) ¡Ah! ¿Todavía no estás convencida? Pues, entonces ven.

CARLOS empieza a arrastrar el cuerpo hasta su cuarto. Lo carga y lo arroja sobre el sillón. Se desabrocha el pantalón y se tumba sobre él. Por el movimiento del sillón, asumimos que le está haciendo el amor. Mientras esto sucede. Se escuchan diálogos en Off.

MUJER: (Con acento francés) Sí, es verdad. Me amas.

CARLOS: ¿Por qué lo dudabas?

MUJER: Pensé que la amabas a ella.

CARLOS: ¿A ella? Claro que no. Esa es una puta. En cambio tú...

MUJER: ¿Quieres que te...ya sabes?

CARLOS: (Entusiasmado) Sí, sí, por favor.

MUJER: Bueno, pero cierra los ojos.

CARLOS: Al fin voy a saber por qué dicen que tu lengua es milagrosa.

MUJER: Es porque revive a los muertos...

CARLOS se deja ver tras el respaldo del sillón. Se nota por demás extasiado, absorto en el acto. Al término de las voces en off. Lanza un gemido de placer. En ese instante comienza a escucharse el primer movimiento de la pequeña serenata para cuerdas de Mozart. CARLOS sonríe después de haber alcanzado el clímax. La zona comienza a oscurecerse poco a poco al tiempo que la música se extingue.

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