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La verdad del mito

Por:
Fernando Galvez
Antropólogo de la Universidad del Cauca

 

Hablar de la “verdad del mito” implica dar cuenta de concepciones del mundo, de maneras de pensar que son consideradas genuinas y demostrables por la experiencia. La palabra mito se deriva del término griego mizos que en un principio significaba “palabra”, “dicho” o “cuento”. Tras las obras de Heródoto (siglo IV a.C), en especial la que se refiere a la historia de la guerra entre griegos y persas, se estableció el concepto de hecho histórico en el pensamiento griego y esto hizo que mizos adquiriera el significado de “ficción” e incluso “falsedad” en contraposición con logos, la palabra de la verdad (Willis. 1993. P.10).

Cuando en la vida cotidiana hablamos de los mitos vienen a nuestra mente el recuerdo de historias fantásticas e irreales producto de la imaginación de nuestros abuelos, de la locura de algunos hombres o de las rarezas en la manera de pensar de otros grupos humanos de costumbres diferentes a las nuestras. En otras ocasiones los mitos son pensados como una serie de creencias exóticas alimentadas por la ignorancia de quienes no conocen la explicación científica de los hechos sociales o los fenómenos de la naturaleza. Sin embargo, en un sentido más amplio podemos decir que el mito es una creencia y como toda creencia, encierra una verdad para quienes la practican.

Los mitos son relatos “anónimos” – sin un autor determinado - que tratan de explicar los orígenes del mundo, la sociedad y la cultura humana. En muchas ocasiones los mitos se pueden confundir con las leyendas o con los cuentos populares ya que los tres hacen gala de elementos fantásticos. Cabe aclarar entonces, que la leyenda es un relato literario basado en acontecimientos o personajes que se sitúan en un lugar y una época histórica específica. Ésta parte de hechos que presumiblemente se consideran reales (que ocurrieron históricamente) los cuales se relatan de manera idealizada y se halla  usualmente salpicada de ciertos elementos o temas míticos. Los cuentos populares, por su parte, al igual que los mitos son producto de la tradición oral pero, a diferencia de éstos, versan sobre temas relacionados con los conflictos y problemas sociales cotidianos, dejando de lado los temas cósmicos propios de los mitos (Ibid P. 13-16).     

Se puede decir que cada ser humano tiene sus propios mitos, que comparte con otros: unos creen en la existencia de extraterrestres y universos paralelos, otros piensan que después de la muerte no existe nada y que somos producto de “el azar y la necesidad” y de una evolución netamente biológica, otros ven al mundo como un territorio poblado de seres sobrenaturales (dioses, espíritus, monstruos, demonios, elementales, marcianos, etc) los cuales tienen ciertos propósitos bien definidos y se interrelacionan con los seres humanos. Otros, tal vez los más osados, dicen “no creer en nada” y no se dan cuenta de que es ésta engañosa afirmación la que define su propia creencia, la cual evidentemente está mediada por la cultura en la cual fueron socializados.

Cuando hoy en día leemos mitos de civilizaciones lejanas a las nuestras o de épocas pasadas, pocas veces nos detenemos a pensar que muchas de las cosas que se expresan de una manera simbólica en estos relatos son o eran consideradas reales para quienes las escribieron o las contaron (tradición oral) a través de los tiempos. Para tomar un ejemplo relativamente reciente, en la comarca catalana de Montseny, en España, existen toda una serie de creencias en torno a ciertos seres malignos que manipulan los fenómenos de la naturaleza, cuya presencia se considera tan real que incluso los habitantes de esta región temen por sus vidas y han ideado toda una serie de procedimientos para repelerlos. Según relata Víctor Balaguer:   

“Toda esta comarca de Montseny, amigo mío, está llena de supersticiones y leyendas. Todos son cuentos de brujas, de encantamientos, de maravillas, de desaparecidos, de damas blancas y damas rojas, de diablos negros y demonios colorados, de brujas que cabalgan invisibles por los aires montadas en palos de escoba, conductoras y guías de tempestades que por enojo o venganza descargan sobre sitios determinados. Y como para concluir con las brujas, según decir del pueblo, no hay sino el humo de laurel que las ahoga y la bala bendecida que las mata, de ahí que cuando el lejano trueno en el espacio y las nubes aturbonadas en el Montseny anuncian la tempestad, las mujeres acuden presurosas a encender grandes hogueras de lauro que elevan al aire su densa y odorífera humareda, y los hombres no cesan de disparar escopetazos a las nubes, cargada su carabina con balas en las que hay una señal de la cruz y están bendecidas por el cura párroco” (Callejo.1996. P 224).    

El mito, independientemente de que exista una verdad real y objetiva, es imaginación y creatividad que el hombre usa para dar explicación y sentido a lo que lo rodea. Intenta dar respuesta, bien de una manera general o específica, a las dos preguntas más amplias que todo ser humano se hace necesariamente: ¿quién soy yo? Y ¿qué significa la vida? De esta manera lo que cuenta el mito sirve de orientación al hombre a la hora de actuar pues le ayuda a conocer su pasado, a vivir su presente y a planear su futuro.

El antropólogo Clifford Geertz cita un testimonio recogido por James Walker que proveniente de uno de sus informantes oglala (Sioux), el cual nos expresa la manera como un mito puede servir de referencia para organizar la vida cotidiana de un grupo:

“Los Oglala creen que el círculo es sagrado porque el gran espíritu hizo que todas las cosas de la naturaleza fueran redondas con excepción de la piedra. La piedra es el instrumento de destrucción. El sol y el cielo, la tierra y la luna son redondos como un escudo, aunque el cielo es profundo como un cuenco. Todo cuanto alienta es redondo, cual el tallo de una planta. Puesto que el gran espíritu ha hecho que toda cosa fuera redonda, la humanidad debería considerar el círculo como sagrado, pues el círculo es el símbolo de todas las cosas de la naturaleza, salvo la piedra. También es el símbolo del círculo que forma el borde del mundo y, por lo tanto, el símbolo de los cuatro vientos que lo recorren. En consecuencia, es también el símbolo del año. El día, la noche y la luna se mueven en círculo por el cielo. Por eso el círculo es un símbolo de estas divisiones de tiempo y, por lo tanto, el símbolo de todos los tiempos. Por estas razones los oglala hacen circulares sus tipis, hacen circulares sus campamentos y en toda ceremonia se sientan en círculo. El círculo es también el símbolo del tipi o del refugio o albergue. Si uno traza un círculo para adornar algo y ese círculo no está dividido de ninguna manera deberá entendérselo como el símbolo del mundo y del tiempo” (Geertz. 1997. P. 119).

De esta manera, el mito comunica un mensaje práctico a quienes lo escuchan y en esta medida es una forma valiosa de transmitir conocimientos de una generación a otra y conservar la cultura de un grupo. La creación de un mito es equivalente a la creación del mundo ya que el mito crea todo un universo de personajes, objetos y situaciones, considerados reales, que afectan el devenir cotidiano de las personas y las lleva a vivir en función de estas ideas. Como en gran medida “vemos lo que creemos”, pues nuestra manera de concebir el mundo determina ampliamente la interpretación que le damos a las cosas que ocurren en él, hacemos que nuestras sensaciones (nuestros sentidos) operen para respaldar lo que pensamos. A través de distintas ceremonias o rituales los mitos cobran vida, son representados y recordados por los grupos que les dieron origen.

Por otra parte, siempre intentamos interpretar lo “inexplicable” para que ya no aparezca como algo incierto ante nuestros ojos, sino como un fiel reflejo de lo que conocemos, de lo que nuestra sociedad nos ha enseñado a percibir y a creer. A través de la ciencia y el mito el Hombre encuentra una explicación al mundo que lo rodea y entiende el papel que debe desempeñar en él. Mientras en la Edad Media el Dios de los cristianos estaba para muchas personas literalmente “en el cielo” hoy en día el concepto de cielo representa para los actuales creyentes otra dimensión de carácter espiritual y ya no un lugar ubicado sobre la bóveda celeste. De esta manera, las creencias se adaptan a los nuevos descubrimientos de la ciencia o a los conocimientos (paradigmas o modelos) que predominan en la sociedad. Cabe aclarar que también en algunas circunstancias la ciencia misma se ha adaptado a las concepciones míticas predominantes en determinada sociedad y a tratado de legitimar estas creencias.

En el siglo XVI Paré (Ambroise) escribe en su libro Des monstres et Prodigues las “causas” que originan a los monstruos, entre las cuales menciona: 

Capítulo primero: De las causas de los monstruos.
Las causas de los monstruos son varias.
La primera es la gloria de Dios. La segunda su ira. La tercera, la cantidad excesiva de semen. La cuarta, la cantidad muy escasa de semen. La quinta, la imaginación. La sexta, la angostura o estrechez de la matriz. La séptima, la posición indecente de la madre que cuando está embarazada se sienta por mucho tiempo con las piernas cruzadas o apretadas contra el vientre. La octava, por golpes dados en el vientre de la madre cuando está embarazada. La novena por enfermedades hereditarias o accidentales. La décima, por podredumbre o corrupción del semen. La onceava, por mixtura o mezcla de semen. La doceava, por artificio de los perversos bigardos. La treceava, por los demonios o diablos” (Kappler. 1986. P.256).   

Éste es un ejemplo de la manera como los acontecimientos inciertos intentan ser explicados a toda costa de acuerdo a los conocimientos que se presumen son verdaderos en determinada época y lugar. En distintos espacios y tiempos ciertos mitos han surgido, se han readaptado a las nuevas condiciones de vida o han ido desapareciendo quedando en el olvido. Incluso con el pasar de los años distintas tradiciones míticas se mezclaron (sincretismo) dando origen a nuevas creencias. Hoy en día la televisión y el cine (la bien llamada “máquina de sueños”) reviven temáticas y personajes que son comunes en las tradiciones míticas de distintas culturas de la tierra.

En la Edad Media fueron las brujas y los demonios los principales causantes de los males y las enfermedades de las gentes. En ciertas regiones de Europa (como España e Inglaterra) los duendes, gnomos y hadas (llamados en conjunto “los elementales” o la “gente menuda”) eran los protagonistas de muchos de los acontecimientos asombrosos de la época. Y hasta hace algunos años cuando en Colombia la luz eléctrica no tenía mayor cobertura en las ciudades o en el campo distintas variaciones de espíritus y espantos eran visualizados a diario y hacían parte de la cotidianidad de los diversos grupos humanos. Aún hoy en día muchos de estos seres míticos (como el duende) perviven en el imaginario de los pobladores de las zonas rurales e incluso entre ciertas personas de las ciudades y son considerados “tan reales como el agua”. En la actualidad los extraterrestres parecen haber tomado un lugar importante en la mitología contemporánea e incluso a nivel mundial ciertos grupos de personas se consideran adoradores de los “platos voladores” y se congregan en torno estas creencias.

Para Mircea Eliade el hombre profano (el ser humano no religioso) conserva aún huellas del comportamiento religioso, pues dispone aún de toda una mitología camuflada en numeroso ritualismos degradados. Así, por ejemplo, los regocijos que acompañan al año nuevo o la instalación de una nueva casa representan en forma laica, la estructura de un ritual de renovación. Similarmente hay mitologías camufladas en el cine “esa fábrica de sueños” que utiliza innumerables motivos míticos: la lucha entre el héroe y el monstruo, los combates y las pruebas iniciáticas, las figuras e imágenes ejemplares (como la joven, el héroe, el paisaje paradisíaco, el infierno, etc) y en la lectura que procura “una salida del tiempo” – proyecta al hombre fuera de su duración personal y le hace vivir otros ritmos, otra “historia”-  comparada a la efectuada por los mitos. (Eliade. 1996 P.160-173). Similarmente, técnicas modernas como el psicoanálisis conservan una trama iniciática en donde se invita al paciente a descender en sí mismo, a revivir su pasado, a afrontar de nuevo sus traumatismos – operación que recuerda a los descensos iniciáticos a los infiernos entre las larvas y a los combates con monstruos - y a salir victoriosos de sus pruebas, “morir” y “resucitar”, para tener acceso a una existencia plenamente responsable y abierta a los valores espirituales (Ibid. P 175).

Charles Bowen escritor de uno de los tantos libros que habla sobre el fenómeno de los ovnis intenta recoger distintos testimonios provenientes de diversos lugares del mundo con el propósito de demostrar la existencia de los extraterrestres y la veracidad de los avistamientos y contactos con seres de otros planetas.

Este es un fragmento del relato de lo que ocurrió a Hideichi Amaro en la ciudad de Sayama (Japón) el 3 de Octubre de 1978 a las 8:30 P.m:

“(...) miró rápidamente a ambos lados y vio una criatura humanoide, no terrícola, parada allí con un aparato como de tubo en la boca, con el cual le estaba presionando la cabeza. De ese tubo salía una incesante charla, como se oye una grabación cuando se pasa muy rápido. El testigo dijo que la criatura tenía una cara redonda pero no cuello, dos orejas muy puntiagudas, dos ojos pequeños, inmóviles, que emanaban un resplandor blanco azuloso, y una depresión puntiaguda en la frente. Tenía la boca apretada alrededor del tubo y no se le veía nariz. Amaro dice que le resultó difícil moverse y sus ideas eran “vagas”. El aterrorizado radioaficionado trató de encender el carro para escapar del lugar, pero el motor no respondió y las luces tampoco funcionaron. Entonces, al cabo de cuatro o cinco minutos, la criatura empezó a apagarse y lentamente se desvaneció. La luz anaranjada desapareció. La luz interior volvió a la normalidad y el resto del equipo que él había encendido empezó ahora a funcionar” (Bowen. 1994. P. 105-106). 

La descripción de este ser extraterrestre bien podría acomodarse a la apariencia de otra clase de ser sobrenatural, descrito por otras personas en contextos muy diferentes, pero en este caso la manera como Hideichi Amaro explica lo que le ocurrió esa noche, está en gran parte influenciada por su manera particular de ver el mundo y de situarse en él. En una era que privilegia la ciencia y la tecnología nuestros temores y expectativas han modificado su orientación y creado nuevas posibilidades de repensar el mundo y nuestro papel en él.  

Las máquinas con inteligencia artificial han tomado el control de la tierra, el clima ha cambiado drásticamente generando serios impactos perjudiciales en el medio ambiente y nocivos para el hombre, la Tercera Guerra Mundial amenaza con destruir el mundo, los seres humanos han debido dejar la tierra para conquistar otros planetas, seres de otras galaxias han colonizado nuestro mundo y pretenden esclavizarnos, destruirnos o utilizarnos como alimento, los hombres han adaptado partes mecánicas a su propio cuerpo y ahora pueden efectuar tareas asombrosas y de alto riesgo, viajes al pasado o al futuro son posibles, la clonación ha permitido revivir criaturas del pasado, mezclar genes de distintas especies (hibridación) y crear humanos genéticamente programados y especializados en la realización de ciertas funciones como la guerra. Estas son algunas de las temáticas que hoy en día son abordadas por las películas de ciencia ficción, los comics, los documentales científicos y cierto tipo de literatura, en general. Estas historias imaginarias, sumadas a muchas otras, son las que en la vida cotidiana las personas llevan en mente y se convierten en temas de común discusión, sirviendo al tiempo como punto de partida para nuevas mitologías. El hombre es el único ser de la naturaleza que se proyecta en el futuro y tiene la capacidad de soñar, imaginar y prever las consecuencias de sus actos. Hoy en día en un mundo que cambia segundo a segundo la pregunta de ¿qué es lo que sobrevendrá en el futuro? Es la permanente compañera de los seres humanos y el semillero de la mitología contemporánea, que en ocasiones también manifiestan el anhelo de volver al paraíso, a un mundo primigenio donde los seres humanos viven en armonía unos con otros y alcanzan la plena felicidad.

En conclusión el mito, al interior de la sociedad que le dio origen, no es tan solo una realidad contada, es una realidad vivida que se puede “palpar” diariamente. Es una certeza que se recrea y se adapta a la luz de los nuevos conocimientos y las circunstancias cambiantes. Esta es la verdad que entraña el mito.

 

REFERENCIAS:

Bowen Charles. Ovnis: libro de casos. Elektra editores. Bogotá: 1994.

Callejo Cabo Jesús. Gnomos: Guía de los seres mágicos de España. Editorial EDAF. Madrid: 1996.

Eliade Mircea. Lo sagrado y lo profano. Editorial Labor. Colombia: 1996.

Geertz Clifford. La interpretación de las culturas. Editorial Gedisa. Barcelona: 1997.

Kappler Claude. Monstruos, demonios y maravillas. Editorial Akal. Madrid: 1986.

Willis Roy. Introducción. En: Mitología: Guía ilustrada de los mitos del mundo. Editorial Debate. Barcelona: 1993.           

 
       
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