S.O.S.
POR FAVOR, AYUDENOS, SE LEE EN ESTE TECHO DE NUEVA ORLEANS
Los
estragos de Katrina podrían dejar al mundo a las
puertas de una crisis energética
Casi una semana después de que el huracán
Katrina atravesara la principal arteria de la industria
energética de Estados Unidos, una gran cantidad de
infraestructura crucial sigue paralizada, dejando a la economía
mundial a las puertas de una potencial crisis energética.
La
zona del Golfo de México arrasada por Katrina alberga
una cuarta parte de la producción petrolera de EE.UU.,
plataformas flotantes kilómetros mar afuera, complejos
de refinerías que transforman el crudo en gasolina
y un conjunto de oleoductos que las conectan.
Aún
no hay un panorama claro del daño a la infraestructura,
pero es evidente que la industria enfrenta un doble problema.
Su
capacidad para convertir petróleo en gasolina está
bajo una enorme presión. Katrina paralizó
una capacidad de refinación de unos dos millones
de barriles al día, lo que resulta en la pérdida
de un millón de barriles diarios de producción
de gasolina, equivalente a un 10% de la demanda estadounidense.
Cuatro refinerías, que en su conjunto representan
un 5% de la capacidad estadounidense de refinación,
estarán fuera de combate durante al menos un mes,
mientras que otro 5% podría reanudarse en los próximos
días o semanas.
Al
mismo tiempo, las instalaciones en mar abierto que bombean
crudo y gas natural desde prolíficas reservas subterráneas
y trasladan el combustible a las costas, han sufrido extensos
daños. La producción se está reanudando
lentamente y no está claro si recuperar los niveles
normales de producción demorará semanas o
meses.
Una
crisis energética en EE.UU., que consume una cuarta
parte del crudo del mundo y cuya demanda por bienes foráneos
es un pilar del crecimiento de la economía mundial,
tendría repercusiones globales.
Los
economistas consultados por la firma estadounidense de proyecciones
económicas Macroeconomic Advisers, estiman que los
efectos de Katrina reducirán el crecimiento del producto
interno bruto, en promedio, entre un 0,5 y un 0,7% en el
tercer y cuarto trimestre de este año. Antes del
huracán, los economistas anticipaban que la economía
estadounidense se expandiría un 4,3% en el tercer
trimestre y un 3,6% en el cuarto. El gobierno, a su vez,
proyecta un crecimiento anual de 3,3% para el segundo trimestre.
"El
alza en los precios de la energía ya ha erosionado
los ingresos reales y reducirá, al menos en forma
temporal, la demanda agregada", observó la firma
en un informe.
Para
que la crisis energética se expanda y perdure lo
suficiente como para golpear a la economía, se tienen
que dar una serie de factores, entre ellos, que Europa y
otros países puedan proveer importaciones adecuadas.
Pero ahora que el mundo hace frente a una escasez en la
capacidad de refinación, los refinadores estadounidenses
están trabajando a toda potencia para satisfacer
la demanda de gasolina y diesel. El más mínimo
problema podría ejercer una gran presión sobre
los precios.
El
impacto sobre la producción de crudo del Golfo de
México también ejerce presión sobre
el mercado mundial de energía, dejándolo vulnerable
a una escasez de crudo en caso que un país productor
de petróleo sufriera un impacto parecido al del huracán
Katrina en EE.UU.
El
viernes, la Agencia Internacional de Energía (AIE)
acordó inyectar al mercado mundial dos millones de
barriles diarios de petróleo, gasolina y otros combustibles
provenientes de sus reservas estratégicas. La cifra
equivale a cerca del 2,4% del consumo mundial de combustible.
Pero
la osada decisión de la AIE es un aviso de que el
mundo empezó a gastar sus reservas acumuladas en
las últimas dos décadas. Las petroleras occidentales
están bombeando crudo a toda su capacidad. Rusia,
el segundo productor mundial, está produciendo todo
lo que puede. Arabia Saudita, el principal exportador, y
los miembros de la Organización de Países
Exportadores de Petróleo pueden hacer poco para aliviar
la crisis emergente. Los países de la OPEP tienen
una capacidad ociosa de cerca de 1,5 millones de barriles
diarios, lo que equivale a la producción perdida
la semana pasada en el Golfo de México.
La
principal incógnita es cuántas de éstas
plataformas flotantes, responsables de cerca de la mitad
de la producción del Golfo de México, podrán
reanudar sus actividades. Al menos una de ellas, de Royal
Dutch Shell PLC, fue seriamente dañada. Otras sobrevivieron
ilesas pero siguen paralizadas debido a la incierta condición
de los oleoductos.
Los
mercados están en un estado de "semiparálisis",
dice Tim Mingee, editor de la publicación especializada
Americas Crude Report. "Los productores desconocen
los volúmenes que podrán vender y por el lado
de los refinadores, no saben lo que podrán comprar."
Por
Russell Gold, en Dallas, y Thaddeus Herrick,
en Houston, The Wall Street Journal.
La Nacion, Lunes 5 de setiembre de 2005