AYUDA.
UN AVION HERCULES DE LA FUERZA AEREA DE ESTADOS UNIDOS SIRVE
COMO HOSPITAL VOLANTE EN LA ZONA GOLPEADA POR EL HURACAN
KATRINA. AQUI AL LLEGAR A SU BASE EN FLORIDA
HURACáN
/ Miles de refugiados viajan a Texas tras la evacuación
del Superdome
El
Ejército de EEUU toma Nueva Orleans para imponer
orden
PD
/ Agencias
Domingo,
4 de septiembre 2005
Una
función central del Estado es proporcionar seguridad
a los ciudadanos o, como reza la Constitución norteamericana,
la "defensa común y el bienestar general".
Frente a la furia del huracán Katrina, el Estado
federal -en este caso la Administración Bush- no
ha cumplido con un deber constitucional primordial.
La catástrofe humana de los días posteriores
ha puesto de manifiesto una intolerable fractura social,
en la que la raza y la clase han sido determinantes: los
barrios de Nueva Orleans más afectados estaban habitados
en su práctica totalidad por negros, y en ellos una
tercera parte vive bajo el umbral de la pobreza. ¿Tiene
los pies de barro ese gigante llamado EEUU?
Intentando
demostrar lo contrario, con el peso de las críticas
reflejado en su rostro sombrío y una expresión
tensa, George W. Bush anunció ayer desde la Casa
Blanca el envío de 7.000 soldados -tropas de combate,
no guardias nacionales- a Nueva Orleans para controlar el
desorden y ayudar en la evacuación de la ciudad.
Subraya
Pedro Rodríguez en ABC que en su empeño por
no convertirse en una víctima política del
huracán «Katrina», el presidente salió
ayer a la rosaleda de la Casa Blanca para leer en directo
su discurso radiofónico semanal.
Durante
su aparición, a la que seguirá la semana que
viene otra gira por la zona afectada, Bush dejó claro
que manda a la zona devastada a la la flor y nata de las
Fuerzas Armadas estadounidenses: la 82 División Aerotransportada,
con base en Fort Bragg (Carolina del Norte); la Primera
División de Caballería, desde su cuartel general
en Fort Hood (Texas), y las divisiones primera y segunda
de las Fuerzas Expedicionarias de los Marines, desde Camp
Pendleton (California) y Camp Lejeune (Carolina del Norte).
Estos
contingente irán dotados de helicópteros y
reforzarán a los 21.000 reservistas de la Guardia
Nacional y 4.000 soldados regulares ya enviados a la región,
junto con otros 10.000 efectivos de la Guardia Nacional
cuya orden de despliegue emitió ayer el Pentágono.
El
presidente, flanqueado por su gabinete de crisis, insistió
en que la nación no abandona a sus ciudadanos «en
horas de necesidad».
Ante
el desastre, el Gobierno chino y la Casa Blanca han decidido
posponer para mejor ocasión la visita oficial del
presidente Hu Jintao, prevista para esta semana.
Cuenta
Mercedes Gallego en ABC que por primera vez en cinco días,
el silencio crispante que había dejado la desolación
del «Katrina» se vio interrumpido ayer por el
sonido de aviones militares que sobrevolaban las zonas más
necesitadas de Misisipi y Luisiana.
Los
camiones militares de la Guardia Nacional empezaron a recorrer
las calles. En Nueva Orleáns, donde el caos y el
pillaje se han adueñado de la ciudad, 300 de estos
soldados se desplegaron en los alrededores del Centro de
Convenciones que junto con el estadio «Superdome»
se han convertido en la imagen más flagrante de la
muerte y la desesperación.
Un cámara de una cadena norteamericana logró
entrar en el «Convention Center» el viernes.
«Ni siquiera se molestó en grabar, sabía
que nunca le dejarían sacar esas imágenes
al aire. Literalmente, dos personas murieron delante de
él», relató horas después uno
de sus jefes en presencia de esta corresponsal.
La
situación mejora
Miles de personas trasladadas en autobuses a Houston fueron
recibidas en el pabellón deportivo por médicos,
voluntarios con carritos cargados de medicinas, catres para
dormir y un plato de comida caliente. Ninguna baja que lamentar
a lo largo de la noche. Houston intentaba evitar los errores
cometidos por las autoridades de Nueva Orleáns; lo
primero, repartir a los recién llegados por otras
ciudades texanas que han ofrecido su ayuda, como San Antonio,
Dallas y Corpus Christie. Después, evitar el hacinamiento,
vigilar los posibles síntomas de epidemias, mantener
la higiene y, sobre todo, controlar el orden.
Bush
anunció que los 10.800 millones de dólares
concedidos a toda prisa por el Congreso representan sólo
«un pequeño anticipo de lo que va a costar»
reconstruir las ciudades devastadas. Se trata apenas de
poner agua y comida en las manos de los damnificados, porque
tan sólo drenar la ciudad de Nueva Orleáns
costará entre uno y dos meses de esfuerzo, una vez
que se hayan instalado las bombas de succión. Michael
Chertoff, secretario de Seguridad Interior, afirmó
ayer que 100.000 personas han recibido ayuda humanitaria
y 9.500 han sido ya evacuadas por la Guardia Costera.
Nick y Susan Symore, que llegaron el viernes a Biloxi desde
Tampa conduciendo sendos camiones de mercancías donadas,
no daban crédito. «Nos hemos quedado sorprendidos
de lo fácil que ha sido llegar hasta aquí.
Hemos tardado doce horas porque es una larga distancia,
pero todas las carreteras están abiertas.
La
pregunta es, si nosotros podemos llegar, ¿por qué
no la ayuda oficial?». Son las iniciativas privadas,
la mayoría completamente espontáneas, y sobre
todo las de la iglesias baptista y metodista que pueblan
estos Estados sureños las que todavía mantienen
a la gente con vida. Algunos de los hoteles-casino de la
playa han recolectado sus equipos de primeros auxilios,
medicinas y desfibriladores para donarlos a los hospitales
cercanos, donde las vidas penden de un hilo.
Con los primeros paliativos empezaban a llegar también
soluciones drásticas. A las cruces que los equipos
de emergencias pintaban en las casas para indicar la presencia
de muertos se han sumado otras de color naranja con nomenclatura
críptica. Es el caso de Jacob Dulier y Vanessa Hutton,
que desde el lunes viven en un albergue con su bebé
de cuatro meses. La señal indica que los bulldozers
tirarán abajo su casa por daños graves en
la estructura.
«Necesitamos
volver antes de que lleguen los bulldozers para poder sacar
las pocas cosas que nos quedan, pero no tenemos cómo.
La gasolina es tan escasa que nadie nos quiere llevar ni
pagando. Lo nuestro es lo de menos, lo que queremos es rescatar
las cosas del bebé», dice la joven madre, de
19 años.
Sacar
tajada en la anarquía
En la miseria, algunos han encontrado espacio para la codicia.
«Los chicos que duermen en aquella esquina consiguieron
ayer 400 dólares sacando gasolina de los coches abandonados
y revendiéndola por las casas a 15 dólares
por galón», cuenta la pareja. En contraste,
algunas gasolineras han decidido aplicar políticas
solidarias de precios anteriores a la tragedia, a 2.90,
cuando el precio actual se acerca a los 4 dólares,
pero sólo permiten comprar ocho galones por vehículo,
nada de garrafas y sólo efectivo. En esas estaciones
las colas se extienden a lo largo de varios kilómetros.
La
otra tímida señal de que puede haberse emprendido
el camino de la recuperación fue la puesta en marcha
el viernes de algunos cajeros automáticos, que dispensan
billetes frescos en una economía donde los «plásticos»,
como llaman en EE.UU. a las tarjetas de crédito,
se han convertido en sólo eso, plásticos sin
valor.