Testimonio
El recuerdo de una ciudad alegre y vital
Por
Charlotte Porter
De la agencia AP
NUEVA ORLEANS.- Hoy cobra un significado completamente nuevo
aquella canción favorita de Louis Armstrong, "¿Saben
lo que significa extrañar a Nueva Orleáns?"
Ahora lo sabemos muy bien.
Mientras
escribimos esto, no sabemos si nuestras casas siguen en pie,
qué les pasó a muchos de nuestros amigos o qué
queda de nuestra ciudad. ¿Deberíamos escribir
una nota necrológica o tan sólo una carta de
amor a una ciudad que, pese a la pobreza y el deterioro, pese
a la corrupción y la decadencia, siempre fue tan vital
y alegre?
No
en vano la llamaban "la ciudad que el cuidado olvidó".
La
hemos amado por su desparpajo, por los gigantescos robles
que bordean la majestuosa avenida St. Charles, por los extravagantes
negocios de la calle Magazine, por la música y los
olores de los bares y restaurantes del Barrio Francés,
por los helechos que brotaban al costado de los viejos y descuidados
edificios.
La
hemos amado por el [carnaval de] Mardi Gras, tanto por las
estridentes fiestas del Barrio Francés como por los
más moderados pero también jubilosos desfiles
carnavalescos a lo largo de St. Charles, pasando por la Municipalidad,
hasta la calle del Canal.
La
hemos amado por su Festival de Jazz, por las decenas de miles
de personas que concurrían cada primavera a los llamados
Fair Grounds a escuchar jazz, zydeco [estilo musical típico
de Louisiana], ritmos africanos y cajunes, por sus mariscos
con salsa picante y su cerveza helada.
La
hemos amado por los cocodrilos y los búhos que merodean
por los terrenos pantanosos, algunos de ellos incluso dentro
de la ciudad.
Otras
razones
La
hemos amado también por su café, tan delicioso
y negro que cualquier otra cosa tiene gusto a agua con tintura.
Por el café con leche, dulce y de color tostado, y
los "beignets" (pancitos) cuya azúcar espolvoreada
se le cae a uno encima mientras distraídamente mira
pasar a los turistas.
La
hemos amado por su lenguaje, extraño y diferente, una
especie de acento de Brooklyn arrastrado.
La
hemos amado por los Saints, [su equipo de fútbol americano],
aunque nunca ganaron un campeonato, y aunque, como hinchas,
el resultado era muchas veces tan embarazoso que debíamos
taparnos la cara con bolsas de papel marrón.
La
hemos amado por los policías que sacaban fotografías
de las mujeres que dejaban sus pechos al descubierto en la
calle Bourbon, y por los que se disfrazaban de travestis,
el Día de las Brujas, para impedir la venta de droga
en el Barrio Francés, levantándose la pollera
para sacar las esposas de los bolsillos de sus pantalones
cortos.
La
hemos amado por los borrachos, los lunáticos, los punks,
los aspirante a vampiros salidos de las novelas "góticas"
de Anne Rice. Y por mucho más también.
La
autora es jefa de la corresponsalía de la agencia noticiosa
The Associated Press en Nueva Orleáns y escribió
este artículo con ayuda de su personal. |