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La Luna y la vegetación. Ignacio Puig

 

     Capítulo X del libro MANUALES "REVISTA IBÉRICA" Nº 20. ¿Influye la Luna en la Tierra? por el P. Ignacio Puig. Segunda edición. Imprenta revista "Ibérica". Barcelona. ¿1946? Este texto está mecanografiado del ejemplar que se conserva en la Biblioteca Fages de Climent de Figueres. Se omite la numeración que va delante de las frases en negrita.

 

Opinión del abate Moreux. ― La creencia del influjo de la Luna sobre los vegetales puede decirse que es tan antigua como el mundo, y aun en la actualidad se halla profundamente arraigada en todos los países, según pudo comprobarlo el abate Moreux en una encuesta organizada a este propósito.

     En general, los botánicos, astrónomos y meteorólogos niegan todo fundamento a estas creencias, que califican de prejuicios. ¿Dónde está, pues, la verdad? Difícil se hace el decidirlo, y el único medio para llegar a ella sería ampliar el campo de la experimentación multiplicando las observaciones en todas las partes del globo: tal vez así se podría poner en claro que la influencia de la Luna, alterada en las latitudes medias por otras acciones, sería más acentuada en las regiones ecuatoriales, como lo creen muchas personas que se han tomado las molestias de realiar en la zona tórrida, siquiera algunas observaciones elementales.

     El abate Moreux, perfecto conocedor de las tendencias de los astrónomos, meteorólogos y botánicos, confiesa de sí que no dista mucho de creer en semejante acción de la Luna, por entender que la influencia de la Luna sobre los vegetales es tan compleja, como la influencia que ejerce sobre el tiempo; pues, por muchos documentos que tiene a la vista, no puede dudar de la acción real y efectiva de la Luna sobre el crecimiento de la célula.

     Y a este propósito el astrónomo de Bourges se desata contra ciertos sabios, que supone excesivamente encerrados en su especialidad. "He encontrado matemáticos ―dice― incapaces de distinguir una planta de maíz de una de guisantes; físicos desconocedores de los los más elementales principios de fisiología, y geólogos que, por el contrario, en 20 años no habían abierto un libro de física. Esta especialización exagerada, con desdén de lo que está a nuestro lado, origina los más lamentables resultados. Hay gentes añade que ensalzan el método experimental y aun lo practican, pero en el laboratorio, no en la naturaleza. Para zanjar la cuestión deberían organizarse series de experiencias científicas, debidamente controladas; pero no conozco a ningún astrónomo ni meteorólogo que se haya tomado la molestia de emprender seriamente una investigación de esta índole."

     Es curioso el fundamento de las leyes de ciertos países sobre la corta del árbol maderable en montes públicos. Plinio y Vitrubio preconizaron la corta en invierno; Teofrasto, Palladio y Catón el Antiguo tenían gran fe en la acción de las fases de la Luna sobre la conservación de la madera cortada, idea encontrada también por Sant Hilaire en el Brasil, y que Burgsdorff en Alemania, Deshamel en Francia y Arago posteriormente trataron de destruir y borrar de las creencias populares montañesas.

     La Enciclopedia Espasa dice a este propósito: "La época más adecuada para la corta de los árboles es de mediados a últimos de otoño, que es cuando la circulación de la savia es más lenta. La creencia de si los árboles han de derribarse estando la Luna en menguante o en creciente, no está comprobada, y por el contrario, no se atribuye a este satélite eficacia alguna."

     Tratándose de una materia tan compleja y tan discutida, el método más imparcial creemos será aducir testimonios de ambas tendencias para que el lector juzgue directamente y apoye o deseche su antecedente opinión.

 

Anécdotas relativas a la supuesta influencia de la Luna sobre la vegetación. El secretario del sindicato agrícola de Lagnes, en Francia, Enrique Aymie, confiesa paladinamente su incredulidad en el influjo de la Luna sobre la fisiología vegetal, no precisamente por no atinar a explicarse cómo tendría lugar este influjo, sino sobre todo porque durante 25 años de práctica agrícola no `pudo descubrir ningún hecho favorable a esta creencia, e si, por el contrario, muchos en contra.

     Una de las creencias más extendidas entre los agricultores es que los árboles podados en Luna vieja crecen con menos vigor que los podados en Luna nueva, siendo considerado como el día más nefasto el último miércoles de la Luna, hasta el punto de que todo árbol podado en dicho día ya no prospera más, por lo cual suele recomendarse este día para hacer desaparecer definitivamente los árboles dañinos.

     Pues bien, he aquí lo que, según refiere el propio Aymie, sucedió a un agricultor. En cierta ocasión comenzó a podar seis moreras sin pensar ni en el día de la semana ni en la Luna; pero cuando ya había podado tres, cayó en la cuenta de que era el último miércoles de la Luna. Al instante interrumpió el trabajo, en la persuasión de que había matado a las tres moreras. En la próxima Luna nueva podó las tres moreras restantes; y no sin sorpresa aquel mismo año y los siguientes no pudo apreciar la más pequeña diferencia entre las moreras que, según la creencia popular, debían morir y las que, conforme a la misma creencia, debían haberse desarrollado con inusitado vigor y lozanía.

     He aquí otro caso que aconteció al mismo Aymie. Se hallaba en cierta ocasión ocupado en la siembra de patatas, cuando un vecino le increpó diciendo: ―"¿Quiere usted cosechar granos de rosario?" ―"¿Por qué dice usted eso?" ―replicó Aymie. ―"La Luna no le va a ayudar en este trabajo: cosechará, sí, muchas patatas, pero sumamente pequeñas; la Luna no les va a dar fuerza para desarrollarse." ―"Era de ver ―hace notar Aymie― la persuasión con que hablaba aquel agricultor." ―"La cosecha ―añade― nada tuvo de extraordinario en el número de patatas, pero sí en el tamaño." Y termina esta anécdota en tono socarrón: "Si yo llego a sembrar las patatas cuando la Luna tenía toda su fuerza, seguramente las hubiera cosechado del tamaño de un melón."

     En otra ocasión el propio Aymie se hallaba ocupado en injertar damascos, cuando le atajó un injertador de profesión diciendo: ―"¡Cómo! ¿Injertas? y ¿no tienes en cuenta la luna?" ―"Te he de confesar que no la he consultado" ―respondió Aymie. El profesional, con una sonrisita piadosa, le dijo entonces: ―"El injerto prenderá, pero jamás llevará frutos, por haberse hecho en Luna nueva." Nuestro despreciador de las influencias lunares refiere que el injerto prendió bien, y que ya aquel mismo año dió el árbol seis frutos y en el decurso de los 20 años siguientes el damasco se mostró siempre un árbol fructífero, pese a los augurios del injertador de profesión, que lo condenaba a la esterilidad.

 

Creencias populares sobre el influjo de la luna. ― Tampoco cree Aymie que la carcoma de la madera tenga nada que ver con la fase de la Luna en el momento de la tala de los árboles; pues en repetidas experiencias comprobó que la madera cortada en cuarto menguante sufrió los efectos de la carcoma, lo mismo que la cortada en otras fases.

     En cuanto a la creencia de que la madera sobrenade o se vaya al fondo. según haya sido vieja o nueva la Luna al tiempo de cortarla, asegura Aymie que jamás lo ha experimentado, y que gustaría infinito de verlo confirmado, ya que tiene razones poderosas para ponerlo en duda. Lo mismo dice acerca de la práctica de los jardineros de tener en cuenta las fases de la Luna para las siembras, y acaba su informe deseando que, para bien de los agricultores, se deje de consultar a la Luna.

     El abate Moreux se pregunta a este propósito: ¿Sería un bien para la agricultura negar toda la influencia de la Luna en la vegetación? Aquí está precisamente el nudo de la dificultad. Habiendo tantos que creen en ella, vale la pena considerar sus razones.

     El horticultor Gallé-Defond, en una Memoria acerca de la Acción vital de la Luna, propone unas observaciones que, en lenguaje claro y preciso, darían la explicación científica de un influjo real de la Luna sobre la vegetación. "La Luna nueva ―dice― parece favorecer la ascensión de la savia de las plantas, las cuales por esta razón, adquieren en esta lunación cierto mayor vigor." De aquí deduce el distinto tratamiento a que deben ajustarse las plantas, según los resultados que de ellas se pretende. Las plantas cultivadas por sus raíces y tubérculos, como nabos, zanahorias, patatas, etc, conviene sembrarlas entre los días 5 a 15 de la Luna; en cambio, las plantas cultivadas por sus frutos aéreos, como berenjenas, tomates, guisantes, melones y sandías, deben sembrarse durante el menguante de la Luna. Esto se debería ―de ser cierta la teoría de Gallé-Defond― a que la savia sube con mayor abundancia durante la primera parte de la lunación, que no en la segunda. Realmente valdría la pena de intentar la comprobación de esta teoría con largas y concienzudas experiencias, que no sabemos se hayan practicado nunca, cuando menos con la asiduidad que fuera desear.

 

Casos concretos en apoyo de las creencias populares. ― El horticultor Cordier, consagrado al cultivo de setas, asegura que la cosecha es siempre especialmente abundante durante los días 8 a 15 de cada lunación, y como necesitan de 4 a 5 días para desarrollarse, de aquí que, según sus cálculos, el crecimiento máximo de las setas tenga lugar durante la primera mitad de la lunación. El mismo horticultor observó que los melones se forman mejor en Luna vieja que no en la Luna nueva, y para suplir la acción especial de la Luna vieja que naturalmente falta en la Luna nueva, preconiza durante este tiempo activar la savia, bien por el riego, bien por el calor.

     Compiègne ha hecho la siguiente observación: si se corta transversalmente una remolacha, se podrán contar tantas zonas circulares concéntricas desde el eje central a la periferia, como revoluciones de la Luna se han sucedido desde que se plantó la remolacha.

     Un hacendado francés, Jacques, residente en Nueva Caledonia, no creía en la influencia de la Luna sobre la conservación de la madera, según la época de la poda, y así en la explotación de los bosques de su propiedad no la tenía en cuenta al principio. Los indígenas le hicieron notar que la madera cortada en Luna nueva era rápidamente carcomida por los gusanos y que al poco tiempo se hacía inservible; no así la madera cortada en Luna vieja, que resistía muchos años en perfecto estado de conservación. En adelante prestó atención a este fenómeno y halló, según dice él, ser verdad.

     Gallé-Defond recomienda encarecidamente no plantar jamás ningún árbol frutal durante la primera quincena de la Luna, si se desea que fructifique bien.

     Algunos observadores aseguran que la actividad de la vegetación criptogámica en las aguas estancadas alcanza su máxima intensidad en los plenilunios, y esto explicaría la práctica observada en muchos horticultores de sembrar ciertas plantas durante el cuarto creciente o decreciente, según los efectos que se deseen obtener.

 

La Luna y la corta de árboles. ― En algunos países está todavía muy extendida la creencia de que la fase lunar influye en la madera de los árboles. Según el ingeniero agrónomo J. Benito Martínez, a esta creencia parece contribuyeron las dos falsas teorías siguientes: 1.ª Durante la noche, las sustancias nutritivas acumuladas en el tronco pasan a las hojas, y la madera llega a ser de este modo un sustrato menos favorable para el desarrollo de los hongos lignícolas. Por esto se creía que la madera, apeada por la noche, duraba más que la cortada durante el día. Pues bien, las investigaciones modernas sobre amilogénesis demuestran más bien lo contrario.

     2.ª El forestal Sauer, tratando de explicar de un modo científico la supuesta influencia de la Luna sobre la madera, la atribuyó a que la fuerza ascendente de la savia era mucho mayor durante el cuarto creciente que durante el menguante. Por esto decía que la madera cortada antes del plenilunio era más esponjosa, tardaba más en secarse y estaba más expuesta a agrietarse y a los ataques de los hongos e insectos. Pero de ningún modo pueden atribuirse estas diferencias observadas por Sauer a la acción de la Luna, por varias razones: en primer lugar, porque no se puede aplicar la ley de la gravitación universal a la insignificante masa que constituye la columna de filetes líquidos capilares de la savia, y, en segundo lugar, porque la Luna no ejerce influencia sobre el régimen de lluvias.

     Y en lo que atañe a la posible influencia de la Luna sobre el follaje, ni siquiera en el plenilunio, que sería cuando la Luna ejercería el máximo influjo, son a todas luces insuficientes los rayos luminosos y caloríficos de este astro para producir acciones perceptibles sobre la clorofila. Además, la teoría de Sauer dista mucho de estar sancionada por la experiencia.

     Respecto a la época de apeo, en relación con las alteraciones biológicas de la madera, el señor Martínez ha estudiado, en primer término, los hongos lignívoros y después los insectos xirófagos. Analizó, además, la influencia de la temperatura y de la humedad sobre el desarrollo de los hongos destructores de la madera, así como la influencia del sustrato leñoso sobre el desarrollo de los hongos lignícolas. Para esto último se fijó en la estructura y biología del árbol, toma del agua y de las sales nutritivas del suelo, ascensión de la solución acuosa, elaboración de la materia orgánica vegetal, descenso y asimilación de la solución de productos transformados y variaciones estacionales en la composición del jugo celular.

     De todos sus trabajos, dedujo el citado autor las siguientes conclusiones: 1.ª El arbolado, en general, destinado a la producción de madera, debe ser apeado en invierno; 2.ª, la madera procedente de los árboles apeados en invierno debe sacarse del monte antes del verano. Como se ve, para el apeo de la madera no es necesario tener para nada en cuenta las fases de la Luna.

 

Pareceres encontrados entre los hombres de ciencia. ― El abate Moreux, que se inclina a creer en esta acción de la Luna, propone una explicación científica del fenómeno, en los siguientes términos: "Se trata ―dice― de hechos indudables, y cualquiera que sea la teoría propuesta para explicarlos, es un hecho reconocido por los botánicos que las plantas crecen a expensas del anhídrido carbónico existente en la atmósfera; ahora bien, este fenómeno se realiza por influencia de la luz; sin luz no hay clorofila y, en consecuencia, tampoco crecimiento vegetal. Esto explicaría por qué las semillas se desarrollan más rápidamente si han sido sembradas en Luna nueva, que no en Luna vieja. En el primer caso, al salir a flor de tierra, se encontrarán con la luz de la Luna, que activará la fijación del carbono; en el segundo caso, saldrán al tiempo de Luna nueva y se verán privadas de luz durante la noche."

     El Dr. Jardi dice, refiriéndose a la influencia de la Luna: "Ciertas prácticas agrícolas, regidas por las fases de la Luna, hállanse desprovistas completamente de fundamento; pues, si es muy difícil, por no decir imposible, obtener resultados positivos en la discusión de largas series de precisas mediciones, compréndese la completa imposibilidad en que se hallaban los antiguos para deducir reglas empíricas con la sola observación y las estadísticas obtenidas sin instrumento alguno de medición. Tales reglas eran completamente supersticiosas y no científicas."

     En cambio, el director del Observatorio de Bourges se expresa en términos mocho más benévolos diciendo: "En lugar de negar los hechos, haríamos mejor en estudiarlos más de cerca; las explicaciones vendrían más tarde."

     Séanos permitido poner como colofón algo de nuestra propia cosecha. No podemos dudar de que debe existir alguna influencia de la Luna sobre la vegetación y que muchas de las creencias de los antiguos y aun de los actuales campesinos están desprovistas totalmente de fundamento. La manera más segura de zanjar la cuestión sería organizar con método riguroso largas series de observaciones, cosa que hasta ahora no hemos visto practicada ni por los admiradores ni los contradictores de la influencia de la Luna, como se ha hecho con respecto a su influencia meteorológica. En meteorología se han llegado a precisar, casi sin género de duda, influencias reales, aunque diferentes de las señaladas por el vulgo, pues no se hallan vinculadas a las fases; algo parecido sucederá sin duda en el reino orgánico el día en que emprendan observaciones sistemáticas para precisar la influencia de la Luna en la vegetación.

Antonio Lagordo. Vilaür, 15 de abril de 2003.


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