SEGUNDO DE LAS CRÓNICAS

Lecciones para nosotros

2 Cró. 1:11, 12. La petición que hizo Salomón mostró a Jehová que el rey deseaba de corazón adquirir sabiduría y conocimiento. De igual modo, las oraciones que elevamos a Dios revelan lo que tenemos en el corazón, por lo que hacemos bien en analizar lo que decimos en ellas.

2 Cró. 6:4. El agradecimiento sincero por la bondad amorosa y la benignidad de Jehová debe impulsarnos a bendecirlo, es decir, a alabarlo con afecto y gratitud.

2 Cró. 6:18-21. Si bien ningún edificio puede contener a Dios, el templo sería el núcleo de la adoración a Jehová. Así mismo, los Salones del Reino de los Testigos de Jehová son hoy día el núcleo de la adoración verdadera en la comunidad.

2 Cró. 6:19, 22, 32. Jehová sería accesible a todos: desde el rey hasta los miembros más humildes de la nación, e incluso al extranjero que de veras lo buscara (Salmo 65:2).

2 Cró. 13:13-18; 14:11, 12; 32:9-23. ¡Qué gran lección podemos aprender sobre la importancia de apoyarnos en Jehová!

2 Cró. 16:1-5, 7; 18:1-3, 28-32; 21:4-6; 22:10-12; 28:16-22. Hacer alianzas con extraños o no creyentes tiene trágicas consecuencias. Damos prueba de sensatez cuando evitamos mezclarnos innecesariamente con el mundo (Juan 17:14, 16; Santiago 4:4).

2 Cró. 16:7-12; 26:16-21; 32:25, 26. La altivez hizo que el rey Asá se comportara mal en los últimos años de su vida. Una actitud arrogante fue la perdición de Uzías. Ezequías obró imprudentemente y quizás con orgullo cuando mostró su tesoro a los emisarios babilonios (Isaías 39:1-7). “El orgullo está antes de un ruidoso estrellarse —advierte la Biblia—; y un espíritu altivo, antes del tropiezo.” (Proverbios 16:18.)

2 Cró. 16:9. Jehová ayuda a cuantos le sirven de todo corazón y está presto a emplear su poder a favor de ellos.

2 Cró. 18:12, 13, 23, 24, 27. Como Micaya, debemos ser valientes y audaces al hablar de Jehová y sus propósitos.

2 Cró. 19:1-3. Jehová busca lo bueno en nosotros aun cuando le demos motivos para enojarse.

2 Cró. 20:1-28. Podemos estar seguros de que Jehová se dejará hallar si buscamos su guía humildemente (Proverbios 15:29).

2 Cró. 20:17. Para ‘ver la salvación de Jehová’, debemos ‘tomar nuestra posición’ apoyando activamente el Reino de Dios. En vez de querer arreglar las cosas por nuestra cuenta, tenemos que ‘estarnos quietos’, mostrando confianza absoluta en Jehová.

2 Cró. 24:17-19; 25:14. La idolatría entrampó a Jehoás y a su hijo Amasías. En la actualidad, la idolatría puede ser igual de cautivadora, sobre todo cuando adopta la forma sutil de la codicia o el nacionalismo (Colosenses 3:5; Revelación 13:4).

2 Cró. 32:6, 7. Nosotros también debemos ser fuertes y valerosos al ‘ponernos la armadura completa que proviene de Dios’ y librar la batalla espiritual (Efesios 6:11-18).

2 Cró. 33:2-9, 12, 13, 15, 16. El verdadero arrepentimiento se demuestra abandonando el mal proceder y esforzándose al máximo por hacer lo que es bueno. Sobre la base del arrepentimiento sincero, hasta alguien que haya sido tan perverso como el rey Manasés puede recibir la misericordia de Jehová.

2 Cró. 34:1-3. Las circunstancias negativas de la niñez no implican que uno no pueda conocer y servir a Dios. Es posible que Josías haya contado de niño con la influencia positiva de su arrepentido abuelo, Manasés. Sea lo que sea que haya influido en él, dio buenos resultados. Lo mismo nos puede suceder a nosotros.

2 Cró. 36:15-17. Jehová es compasivo y paciente; sin embargo, su compasión y paciencia no son ilimitadas. La gente tiene que aceptar el mensaje del Reino si desea sobrevivir cuando Jehová elimine el presente sistema de cosas malvado.

2 Cró. 36:17, 22, 23. Jehová siempre cumple su palabra (1 Reyes 9:7, 8; Jeremías 25:9-11).

SEGUNDO DE LAS CRÓNICAS

Respuestas a preguntas bíblicas

2 Cró. 2:14. ¿Por qué difiere aquí el origen del artesano del que se da en 1 Reyes 7:14? Primero de los Reyes dice que la madre del artesano era ‘una viuda de la tribu de Neftalí’ porque estuvo casada con un hombre de dicha tribu, pero ella era de la tribu de Dan. Al enviudar, se casó con un natural de Tiro, de cuya unión nació el artesano.

2 Cró. 2:18; 8:10. Estos versículos indican que el número de comisarios empleados como supervisores y capataces para vigilar las obras era de 3.600 más 250, mientras que en 1 Reyes 5:16 y 9:23 se dice que el número era de 3.300 más 550. ¿A qué se debe la diferencia? La diferencia parece radicar en los métodos de clasificación de los comisarios. Puede ser que Segundo de las Crónicas distinga entre 3.600 comisarios no israelitas y 250 israelitas, en tanto que Primero de los Reyes establezca una diferencia entre 3.300 capataces y 550 supervisores de mayor rango; de cualquier modo, la cifra total en cada caso es la misma: 3.850.

2 Cró. 4:2-4. ¿Por qué se usaron representaciones de toros para construir la base del mar fundido? En las Escrituras, el toro es símbolo de fuerza (Ezequiel 1:10; Revelación [Apocalipsis] 4:6, 7). Elegir este animal como representación simbólica fue muy apropiado, pues los doce toros de cobre sostenían el gran “mar”, que pesaba unas 30 toneladas. La fabricación de estas figuras no quebrantó de ningún modo el segundo mandamiento, que prohibía hacer imágenes para adorarlas (Éxodo 20:4, 5).

2 Cró. 4:5. ¿Cuál era la capacidad máxima del mar fundido? Aunque le cabían tres mil medidas de bato (66.000 litros), probablemente solo se llenaban dos tercios de su volumen; de ahí que 1 Reyes 7:26 diga: “Dos mil medidas de bato [44.000 litros] era lo que [el mar] contenía”.

2 Cró. 5:4, 5, 10. ¿Qué objetos del tabernáculo original formaron parte del templo de Salomón? El único objeto de la tienda de reunión original que se puso en el templo de Salomón fue el Arca. Cuando finalizaron las obras del templo, el tabernáculo se llevó de Gabaón a Jerusalén, donde al parecer se guardó (2 Crónicas 1:3, 4).

2 Cró. 13:5. ¿Qué significa la expresión “un pacto de sal”? En virtud de las propiedades conservantes de la sal, esta se convirtió en símbolo de permanencia e inmutabilidad; por lo tanto, “un pacto de sal” denota un acuerdo de carácter vinculante u obligatorio.

2 Cró. 14:2-5; 15:17. ¿Quitó el rey Asá todos “los lugares altos”? Por lo visto, no. Puede que solo derribara los que estaban relacionados con el culto a dioses falsos, pero no aquellos donde el pueblo adoraba a Jehová; o puede que los lugares altos se hayan vuelto a construir al final de su reinado. Aunque estos fueron destruidos por su hijo Jehosafat, lo cierto es que ni siquiera durante su reinado desaparecieron del todo (2 Crónicas 17:5, 6; 20:31-33).

2 Cró. 15:9; 34:6. ¿Qué postura adoptó la tribu de Simeón con respecto a la división del reino de Israel? Puesto que su herencia consistía en varios enclaves en medio de Judá, la tribu de Simeón se hallaba geográficamente dentro del territorio del reino de Judá y Benjamín (Josué 19:1). Sin embargo, en el aspecto religioso y político estaba alineada con el reino norteño (1 Reyes 11:30-33; 12:20-24). Así pues, la tribu de Simeón se contaba como parte del reino de diez tribus.

2 Cró. 16:13, 14. ¿Fue incinerado Asá? No. La “quema funeral extraordinariamente grande” alude, no a la cremación de Asá, sino a la quema de especias (nota).

2 Cró. 35:3. ¿De dónde mandó traer Josías el Arca santa para ponerla en el templo? Ya sea que uno de los reyes malvados anteriores la haya quitado, o que Josías la haya cambiado de lugar para protegerla durante las importantes obras de reparación del templo, la Biblia no lo dice. La última vez que la historia alude al arca después de los días de Salomón es cuando Josías la trae al templo.