MALAQUÍAS

Lecciones para nosotros

Mal. 1:10. A Jehová no le complacían las ofrendas de los codiciosos sacerdotes, que cobraban hasta por cosas tan simples como cerrar las puertas o encender el altar. Es esencial, pues, que el amor a Dios y al prójimo sea el verdadero motivo de nuestros actos de adoración, incluida nuestra participación en el ministerio cristiano. ¡Jamás lo hagamos por dinero! (Mateo 22:37-39; 2 Corintios 11:7.)

Mal. 1:14; 2:17. Jehová no soporta la hipocresía.

Mal. 2:7-9. Quienes reciben el privilegio de enseñar en la congregación deben siempre asegurarse de que lo que enseñan concuerda con la Palabra de Dios, las Santas Escrituras, y con las publicaciones bíblicas que proporciona “el mayordomo fiel” (Lucas 12:42; Santiago 3:11).

Mal. 2:10, 11. Jehová les pide a sus siervos que tomen en serio el consejo de casarse “solo en el Señor” (1 Corintios 7:39).

Mal. 2:15, 16. Los cristianos verdaderos deben honrar el pacto que los une a la esposa de su juventud.

Mal. 3:10. Si no le damos a Jehová lo mejor, nos perdemos sus bendiciones.

Mal. 3:14, 15. Por culpa del mal ejemplo de los sacerdotes, los judíos perdieron el aprecio por el servicio a Dios. Quienes ocupan puestos de responsabilidad en la congregación cristiana deben ser ejemplares (1 Pedro 5:1-3).

Mal. 3:16. Jehová lleva un registro de todos los que le temen y le son fieles, y los protegerá cuando acabe con el mundo malvado de Satanás. Por tanto, jamás permitamos que se debilite nuestra determinación de mantenernos íntegros (Job 27:5).

Mal. 4:1. En el día de ajuste de cuentas con Jehová, tanto la “raíz” como la “rama mayor” acabarán igual: los niños pequeños recibirán la misma condena que sus padres. En vista de la enorme responsabilidad que recae sobre los padres cristianos, ambos han de hacer un gran esfuerzo por buscar y mantener la aprobación de Dios (1 Corintios 7:14).

MALAQUÍAS

Respuestas a preguntas bíblicas

Mal. 2:2. ¿En qué sentido maldeciría Jehová las bendiciones de los sacerdotes rebeldes? En el sentido de que las bendiciones que ellos pronunciaran terminarían por convertirse en maldiciones.

Mal. 2:3. Jehová dijo que “esparcir[ía] estiércol” sobre el rostro de los sacerdotes. ¿Qué quiso decir? De acuerdo con la Ley, el estiércol de los animales ofrecidos en sacrificio tenía que quemarse fuera del campamento (Levítico 16:27). Por eso, al decir que les arrojaría estiércol en la cara, Jehová dio a entender que despreciaba aquellos sacrificios y a quienes los ofrecían.

Mal. 2:13. ¿De quiénes eran las lágrimas que cubrían el altar de Jehová? De las mujeres judías que iban al santuario a llorar sus penas ante Jehová. ¿Qué las hacía sufrir así? Que sus esposos las habían abandonado; se habían divorciado de ellas sin motivos válidos, tal vez para casarse con extranjeras más jóvenes.

Mal. 3:1-3. ¿Cuándo vinieron al templo “el Señor verdadero” y “el mensajero del pacto”, y quién fue enviado delante de ellos? Mediante Jesucristo como su representante, Jehová vino al templo el 10 de nisán del año 33 de nuestra era para limpiarlo. Ese día, Jesús entró al templo y echó a los que compraban y vendían en él (Marcos 11:15). Esto sucedió tres años y medio después de que Jesús fuera ungido para ser rey. Correspondientemente, parece que tres años y medio después de su coronación como rey celestial, Jesús acompañó a Jehová al templo espiritual y halló que el pueblo de Dios necesitaba una limpieza. Allá en el siglo primero, Juan el Bautista fue enviado a preparar a los judíos para la venida de Cristo. En tiempos más recientes, también se envió a un “mensajero” a preparar el camino para la venida de Jehová a su templo espiritual. Este mensajero fue un grupo de estudiantes que, ya desde la década de 1880, se dedicó a implantar muchas verdades bíblicas elementales en el corazón de personas sinceras.

Mal. 3:10. ¿Es dar el diezmo, es decir, “traer todas las décimas partes”, un símbolo de dedicación completa a Jehová? Aunque la Ley mosaica quedó anulada con la muerte de Jesús y ya no es un requisito entregar la décima parte de todo lo que tenemos, todavía el diezmo tiene un significado simbólico (Efesios 2:15). Pero no representa dedicarnos por completo a Jehová. ¿Por qué? Porque el diezmo se daba año tras año, mientras que la dedicación se hace una sola vez en la vida y se simboliza con el bautismo. A partir de ese momento, todo lo que tenemos le pertenece a Jehová. Pero aun así, él nos deja escoger una porción de ello —un diezmo simbólico— para usarlo en su servicio. Le entregamos a Jehová todo lo que las circunstancias nos permitan y el corazón nos impulse a dar. Nuestras ofrendas incluyen el tiempo, las energías y los recursos que empleamos en la predicación del Reino y en la obra de hacer discípulos. También incluyen asistir a las reuniones, visitar a hermanos enfermos o mayores y apoyar económicamente la adoración verdadera.

Mal. 4:3. ¿Cómo “pisotearán a los inicuos” los adoradores de Jehová? Los siervos de Dios en la Tierra no “pisotearán a los inicuos” literalmente; es decir, no serán ejecutores del juicio divino. Más bien, la frase da a entender que lo harán en sentido figurado, participando con entusiasmo en la celebración de victoria que seguirá al fin del mundo de Satanás (Salmo 145:20; Revelación [Apocalipsis] 20:1-3).

Mal. 4:4. ¿Por qué deberíamos “rec[ordar] la ley de Moisés”? Aunque dicha Ley no es obligatoria para el cristiano, contiene “una sombra de las buenas cosas por venir” (Hebreos 10:1). Al prestarle atención, vemos cómo se cumple lo escrito en ella (Lucas 24:44, 45). Además, también contiene “representaciones típicas de las cosas en los cielos”. Por consiguiente, es fundamental estudiarla para comprender las enseñanzas cristianas y cuál debe ser nuestra conducta (Hebreos 9:23).

Mal. 4:5, 6. ¿A quién representa “Elías el profeta”? La profecía indica que “Elías” haría una obra de restauración: la de preparar el corazón de la gente. En el siglo primero de nuestra era, Jesucristo identificó a Juan el Bautista como “Elías” (Mateo 11:12-14; Marcos 9:11-13). El “Elías” de nuestros tiempos, enviado “antes de la venida del día de Jehová, grande e inspirador de temor”, no es otro que “el esclavo fiel y discreto” (Mateo 24:45). Este grupo de cristianos ungidos también ha estado realizando con empeño una obra de restauración espiritual.