LAMENTACIONES

Lecciones para nosotros

Lam. 1:1-9. Jerusalén da rienda suelta al llanto durante la noche, y las lágrimas corren por sus mejillas. Sus puertas están desoladas, gimen sus sacerdotes, sus vírgenes están afligidas y ella misma está llena de amargura. ¿Cuál es la causa de tanto sufrimiento? Su infame pecado. Su inmundicia está en sus faldas. El fruto del pecado no es felicidad, sino lágrimas, suspiros, aflicción y amargura.

Lam. 1:18. Jehová es siempre justo al castigar a los transgresores.

Lam. 2:20. A los israelitas se les advirtió que si no escuchaban la voz de Jehová, les sobrevendrían maldiciones, entre ellas la de tener que comerse ‘la carne de sus hijos e hijas’ (Deuteronomio 28:15, 45, 53). ¡Qué gran insensatez es desobedecer a Dios!

Lam. 3:8, 43, 44. Durante las calamidades que padecieron los habitantes de Jerusalén, Jehová se negó a escuchar sus gritos de auxilio. ¿Por qué razón? Por su desobediencia y falta de arrepentimiento. De manera que si queremos que Jehová conteste nuestras oraciones, tenemos que obedecerle (Proverbios 28:9).

Lam. 3:20. Jehová, “el Altísimo sobre toda la tierra”, es tan excelso que tiene que condescender para “tender la vista sobre cielo y tierra” (Salmo 83:18; 113:6). Pero Jeremías sabía muy bien que el Todopoderoso está dispuesto a inclinarse hacia la gente, es decir, a descender a su nivel para animarla. ¡Qué felices podemos estar de que el Dios verdadero no solo sea omnipotente y omnisciente, sino también humilde!

Lam. 3:21-26, 28-33. ¿Cómo podemos aguantar hasta el sufrimiento más intenso? Jeremías nos da la respuesta. No debemos olvidar que los actos de bondad amorosa de Jehová son abundantes y que sus misericordias son muchas. Hay que recordar asimismo que el solo hecho de estar vivos es motivo suficiente para no perder la esperanza, y que es preciso ser pacientes y esperar la salvación de Jehová en silencio, sin quejarnos. Además, debemos ‘poner la boca en el mismísimo polvo’, es decir, someternos humildemente a las pruebas reconociendo que si Dios las permite, es por una buena razón.

Lam. 3:27. Las pruebas de fe que sobrevienen en la juventud quizás impliquen aguantar penalidades y burlas; pero “bueno le es al hombre [...] llevar el yugo durante su juventud”. ¿Por qué? Porque aprender a llevar el yugo del sufrimiento en la juventud lo prepara para afrontar los problemas que surjan más adelante en la vida.

Lam. 3:39-42. No conviene “entregarse a quejas” cuando se está sufriendo debido a los propios pecados. En lugar de quejarnos por las consecuencias de las malas acciones, “escudriñemos nuestros caminos y explorémoslos, y volvámonos [...] hasta Jehová”. Lo más sabio es arrepentirse y rectificar nuestra conducta.

LAMENTACIONES

Respuestas a preguntas bíblicas

Lam. 1:15. ¿En qué sentido “ha pisado [Jehová] el mismísimo lagar que pertenece a la virgen hija de Judá”? Al arrasar la ciudad —asemejada a una virgen—, los babilonios hicieron correr tanta sangre que parecía como si se estuviera pisando uvas en un lagar. Puesto que fue el mismo Jehová el que predijo y permitió esta aniquilación, podía decirse que él había ‘pisado el lagar’.

Lam. 2:1. ¿De qué manera fue ‘arrojada del cielo a la tierra la hermosura de Israel’? En vista de que “los cielos son más altos que la tierra”, a veces se representa la humillación de las cosas encumbradas diciendo que son ‘arrojadas del cielo a la tierra’. “La hermosura de Israel” —el esplendor y poder de que gozaba cuando tenía la bendición de Jehová— fue ‘arrojada’ al quedar destruida Jerusalén y desolada la tierra de Judá (Isaías 55:9).

Lam. 2:1, 6. ¿Qué son el “escabel” y la “cabaña” de Jehová? El salmista cantó: “Entremos en su magnífico tabernáculo; inclinémonos ante el escabel de sus pies” (Salmo 132:7). Por lo tanto, el “escabel” de Lamentaciones 2:1 es el templo, o casa de adoración, de Jehová. Los babilonios “quemar[on] la casa de Jehová” como si fuera una cabaña, o una simple choza, en medio de un jardín (Jeremías 52:12, 13).

Lam. 2:16, 17. Siguiendo el orden del alfabeto hebreo, ¿no debería comenzar el versículo 16 con la letra á·yin y el 17 con la letra pe’? Al componer poemas de este estilo, los escritores inspirados solían seguir el orden alfabético, pero no a costa de sacrificar la naturalidad. El significado del contenido era más importante que ceñirse a una técnica literaria cuyo único objetivo era facilitar la memorización. La inversión del orden de estos dos caracteres se da también en los cantos tercero y cuarto (Lamentaciones 3:46, 49; 4:16, 17).

Lam. 2:17. ¿Qué “dicho” en particular tocante a Jerusalén realizó Jehová? Al parecer, aquí se hace referencia a Levítico 26:17, donde dice: “Fijaré mi rostro contra ustedes, y ciertamente serán derrotados delante de sus enemigos; y simplemente los pisotearán aquellos que los odian, y ustedes realmente huirán cuando nadie los esté persiguiendo”.

Lam. 3:16. ¿Qué quiere decir la expresión: “Con grava hace que se me quiebren los dientes”? Según una obra de consulta, “en el camino al destierro, los judíos se vieron obligados a cocer su pan en huecos abiertos en la tierra, lo que hacía que se mezclara con grava”. Al comerlo, podían rompérseles los dientes.

Lam. 4:3, 10. ¿Por qué compara Jeremías “la hija de [su] pueblo” a “avestruces en el desierto”? Job 39:16 dice que el avestruz “trata a sus hijos bruscamente, como si no fueran suyos”. Por ejemplo, cuando los polluelos salen del huevo, la madre se marcha con otras hembras y el macho se queda a cargo. ¿Y cómo proceden ambos padres cuando se encuentran frente a un peligro? Huyen del nido, abandonando a sus pequeñuelos. Durante el sitio babilónico, el hambre en Jerusalén fue tan grave que las madres, que por naturaleza son compasivas, se volvieron crueles con sus propios hijos, como los avestruces en el desierto. Hasta los chacales mostraban mejores sentimientos maternales.

Lam. 5:7. ¿Pide cuentas Jehová a la gente por los errores de sus antepasados? No, Jehová no castiga directamente a la gente por los pecados de sus antepasados. “Cada uno de nosotros rendirá cuenta de sí mismo a Dios”, sostiene la Biblia (Romanos 14:12). No obstante, las consecuencias de tales errores pueden perdurar y afectar a las nuevas generaciones. Por ejemplo, la idolatría de los israelitas hizo difícil que hasta los fieles de tiempos posteriores siguieran la senda de la rectitud (Éxodo 20:5).