HABACUC

Lecciones para nosotros

Hab. 1:1-4; 1:12–2:1. Habacuc hizo preguntas sinceras, y Jehová le respondió. El Dios verdadero escucha las oraciones de sus siervos fieles.

Hab. 2:1. Al igual que Habacuc, debemos mantenernos siempre en guardia y activos espiritualmente. También hemos de estar dispuestos a cambiar nuestro punto de vista si se nos “censura” o corrige.

Hab. 2:3; 3:16. Debemos esperar con fe la venida del día de Jehová, sin perder el sentido de urgencia.

Hab. 2:4. Para sobrevivir al cercano día del juicio divino, tenemos que aguantar fielmente (Hebreos 10:36-38).

Hab. 2:6, 7, 9, 12, 15, 19. A los codiciosos, los que buscan ganancias ilícitas, los violentos, los inmorales y los idólatras les aguarda un futuro calamitoso. Debemos evitar a toda costa comportarnos como ellos.

Hab. 2:11. Si no denunciamos la maldad de este mundo, “una piedra [...] clamará lastimosamente”. Por eso, es importante que prediquemos el mensaje del Reino con valor y tesón.

Hab. 3:6. Cuando Jehová ejecute su juicio, nada se interpondrá en su camino, ni siquiera las organizaciones humanas que parecen tan perdurables como colinas y montañas.

Hab. 3:13. Tenemos la seguridad de que Jehová no destruirá de manera indiscriminada a las personas en Armagedón, pues salvará a las que le sirvan fielmente.

Hab. 3:17-19. Estamos seguros de que, a pesar de sufrir penalidades antes de la guerra de Armagedón o durante esta, Jehová nos dará “energía vital” para que sigamos sirviéndole gozosamente.

HABACUC

Respuestas a preguntas bíblicas

Hab. 1:5, 6. ¿Por qué se asombrarían los judíos de que Dios levantara a los caldeos contra Jerusalén? Cuando Habacuc empezó a profetizar, Judá se hallaba bajo el control de Egipto (2 Reyes 23:29, 30, 34). Aunque los caldeos (o babilonios) iban creciendo en poderío, todavía no habían logrado derrotar a los ejércitos del faraón Nekó (Jeremías 46:2). Además, en Jerusalén estaban el templo de Jehová y la sede del gobierno, que había ejercido de forma ininterrumpida la casa de David. Por eso, a los judíos les resultaba inconcebible la “actividad” que Jehová iba a efectuar, a saber, permitir que los caldeos destruyeran Jerusalén. Pero en el año 607 antes de nuestra era, la visión que anunciaba la destrucción de la ciudad a manos de los babilonios “sin falta se realiz[ó]” (Habacuc 2:3).

Hab. 2:5. ¿Qué representa el “hombre físicamente capacitado” de este versículo, y por qué “no alcanzará su meta”? Dicho hombre representa el Imperio babilónico, que con su pericia militar había conquistado una nación tras otra. Tantas victorias lo habían embriagado, como si de vino se tratara. Sin embargo, no lograría su meta de ‘recoger todas las naciones’ (es decir, controlarlas), pues Jehová lo derrocaría valiéndose de los medos y los persas. En nuestros días, el “hombre físicamente capacitado” constituye un conjunto de potencias políticas. Este hombre, al igual que el de tiempos antiguos, está ebrio de arrogancia y tiene una insaciable sed de conquista. Pero tampoco él alcanzará su objetivo de ‘recoger todas las naciones’. Jehová es el único que conseguirá reunir a la humanidad bajo un solo gobierno: el Reino de Dios (Mateo 6:9, 10).