EZEQUIEL

Lecciones para nosotros

Eze. 2:6-8; 3:8, 9, 18-21. No deberíamos temblar ante los malvados ni retraernos de predicar el mensaje divino, que incluye una advertencia para ellos. Cuando afrontamos indiferencia u hostilidad, debemos ser tan duros como el diamante, pero sin hacernos agresivos, insensibles o despiadados. Jesús se compadeció de la gente a la que predicaba, y a nosotros también debe motivarnos la compasión al predicar (Mateo 9:36).

Eze. 3:15. Tras recibir su comisión, Ezequiel moró en Tel-abib, ‘aturdido por siete días’, digiriendo el mensaje que habría de anunciar. ¿No deberíamos dedicar tiempo al estudio diligente y la meditación a fin de entender las profundas verdades espirituales?

Eze. 4:1–5:4. Se requirió humildad y valentía por parte de Ezequiel para representar con pantomima las dos profecías. De igual modo, nosotros debemos ser humildes y valientes al cumplir cualquier asignación que Dios nos dé.

Eze. 7:4, 9; 8:18; 9:5, 10. No hay por qué dejar que nuestro ‘ojo se sienta apenado’ por aquellos que reciben el juicio adverso de Dios ni tenerles compasión.

Eze. 7:19. Cuando Jehová ejecute su sentencia sobre el presente sistema de cosas, el dinero no tendrá ningún valor en absoluto.

Eze. 8:5-18. La apostasía es mortal en sentido espiritual: “Por su boca el que es apóstata arruina a su semejante” (Proverbios 11:9). Si somos sensatos, ni siquiera nos plantearemos la idea de escuchar a los apóstatas.

Eze. 9:3-6. Obtener la marca —la prueba de que somos siervos de Dios dedicados y bautizados y que tenemos la personalidad cristiana— es vital para sobrevivir a la “gran tribulación” (Mateo 24:21). Los cristianos ungidos, representados por el hombre con un tintero de secretario, encabezan la labor de marcar, es decir, de predicar el Reino y hacer discípulos. Si queremos conservar nuestra marca, tenemos que colaborar diligentemente con ellos en esta obra.

Eze. 12:26-28. Incluso a aquellos que se burlan de su mensaje, Ezequiel debe decirles: “Ya no habrá más postergación en cuanto a cualesquiera palabras [de Jehová]”. Debemos hacer cuanto podamos por ayudar a otros a confiar en Jehová antes de que acabe con el presente sistema de cosas.

Eze. 14:12-23. Obtener la salvación es una responsabilidad personal. Nadie puede hacerlo por nosotros (Romanos 14:12).

Eze. 18:1-29. Cada cual es responsable de sus propios actos.

Eze. 20:1, 49. La reacción de los ancianos de Israel indica que eran escépticos a lo que Ezequiel estaba anunciando. No desarrollemos jamás una actitud escéptica ante las advertencias divinas.

Eze. 21:18-22. Aunque Nabucodonosor empleó la adivinación, fue Jehová quien se aseguró de que aquel rey pagano viniera contra Jerusalén. Esto nos enseña que ni siquiera los demonios pueden impedir que los agentes ejecutores de Jehová lleven a cabo su voluntad.

Eze. 22:6-16. Jehová detesta la calumnia, la conducta relajada, el abuso de poder y el soborno. Debemos evitar a toda costa dichas prácticas.

Eze. 23:5-49. Las alianzas políticas llevaron a Israel y Judá a adoptar la adoración falsa de sus aliados. Tengamos cuidado de no formar lazos con el mundo que puedan quebrantar nuestra fe (Santiago 4:4).

Eze. 29:19, 20. Como los habitantes de Tiro escaparon con muchas de sus riquezas a una parte de la ciudad situada en una isla cercana, quedó muy poco despojo para el rey Nabucodonosor. A pesar de que él era un gobernante pagano muy orgulloso y egocéntrico, Jehová le dio Egipto como “salario para su fuerza militar”, compensándolo por el servicio que le había rendido. ¿No deberíamos nosotros imitar el ejemplo de Dios y pagar nuestros impuestos al Estado por los servicios que nos presta? Prescindiendo de la conducta de las autoridades civiles y del uso que den a los impuestos, es nuestro deber pagarlos (Romanos 13:4-7).

Eze. 33:7-9. La clase del atalaya de hoy día —el resto ungido— y sus compañeros no deben retraerse nunca de predicar las buenas nuevas del Reino y de advertir a la gente sobre la venidera “gran tribulación” (Mateo 24:21).

Eze. 33:10-20. Nuestra salvación depende de que abandonemos el mal camino y obedezcamos a Dios. Nadie puede negar que el camino que “está bien ajustado” es el de Jehová.

Eze. 36:20, 21. Entre las naciones se conocía a Israel como “el pueblo de Jehová”. No obstante, los israelitas pisotearon el nombre de Dios al vivir de una manera indigna de él. Evitemos ser adoradores de Jehová tan solo de nombre.

Eze. 36:25, 37, 38. Pertenecemos a “un rebaño de personas santas” que mora en un paraíso espiritual. Por tanto, debemos esforzarnos por permanecer limpios.

Eze. 38:1-23. ¡Qué tranquilizador es saber que Jehová rescatará a su pueblo del ataque de Gog de la tierra de Magog! Gog es el nombre por el que se conoce a Satanás, el “gobernante de este mundo”, desde que fue expulsado del cielo. Magog se refiere al ámbito terrestre, al que están confinados Satanás y sus demonios (Juan 12:31; Revelación [Apocalipsis] 12:7-12).

Eze. 40:14, 16, 22, 26. Las palmeras grabadas en los muros de los pasos de entrada al templo son una indicación de que solo se admite a personas rectas (Salmo 92:12). De esta ilustración aprendemos que Jehová no aceptará nuestra adoración a menos que seamos rectos.

Eze. 44:23. ¡Qué agradecidos podemos estar por todo lo que la clase sacerdotal de nuestros días hace a favor de nosotros! “El esclavo fiel y discreto” ha asumido la tarea de darnos alimento espiritual oportuno de modo que podamos distinguir entre lo que es limpio y lo que es inmundo a los ojos de Jehová (Mateo 24:45).

Eze. 47:9, 11. El agua simbólica —que incluye el valiosísimo conocimiento de Dios— está teniendo un maravilloso efecto revitalizante en quienes la beben (Juan 17:3). En contraste, quienes rechazan el agua de vida serán dados “a sal”, es decir, serán destruidos para siempre. Es vital, por lo tanto, que hagamos “lo sumo posible para [...] maneja[r] la palabra de la verdad correctamente” (2 Timoteo 2:15).

EZEQUIEL

Respuestas a preguntas bíblicas

Eze. 1:4-28. ¿Qué representa el carro celestial? Representa la parte celestial de la organización de Jehová compuesta por seres espirituales fieles. Su fuerza motriz es el espíritu santo, y su Conductor —Jehová— es indescriptiblemente glorioso. Un hermoso arco iris simboliza la calma que emana de Dios.

Eze. 1:5-11. ¿Quiénes son las cuatro criaturas vivientes? En su segunda visión del carro, Ezequiel identifica a las cuatro criaturas vivientes como querubines (Ezequiel 10:1-11; 11:22). En esta descripción posterior, él llama a la cara del toro “la cara del querubín” (Ezequiel 10:14). Se trata de una designación muy atinada, pues el toro simboliza el poder y la fuerza, y los querubines son espíritus poderosos.

Eze. 2:6. ¿Por qué se llama reiteradamente “hijo del hombre” a Ezequiel? Jehová se dirige al profeta de este modo para recordarle que es una persona de carne y hueso, acentuando así el contraste entre el mensajero humano y el Autor divino del mensaje. El mismo nombre se da a Jesucristo unas ochenta veces en los Evangelios, indicando claramente que el Hijo de Dios había venido como ser humano, no como una encarnación.

Eze. 2:9–3:3. ¿Por qué le resultó dulce a Ezequiel el rollo de endechas y gemidos? Lo que hizo que el rollo le resultara de un sabor dulce fue su actitud ante la misión encomendada. Apreciaba mucho su servicio como profeta de Jehová.

Eze. 4:1-17. ¿Representó realmente Ezequiel la escena que describía el cercano asedio de Jerusalén? El hecho de que Ezequiel le suplicara a Jehová que le permitiera cocinar con otro combustible y que se le concediera su petición indica que Ezequiel realmente representó la escena. Se recostó sobre su lado izquierdo por los trescientos noventa años de culpa del reino de diez tribus, desde su inicio en el 997 antes de nuestra era hasta la destrucción de Jerusalén en el 607. Después se recostó sobre su lado derecho por los cuarenta años de pecado de Judá, que iban desde el nombramiento de Jeremías como profeta en el 647 hasta el 607. Durante todo este período de cuatrocientos treinta días, Ezequiel subsistió con muy poco alimento y agua, apuntando proféticamente al hambre que habría durante el sitio de Jerusalén.

Eze. 5:1-3. ¿Qué tiene de significativo que Ezequiel tomara unos pocos cabellos de los que había esparcido al viento y los envolviera en los pliegues de las faldas de su vestidura? Este acto sirvió para señalar que un resto regresaría a Judá y reanudaría la adoración verdadera después de los setenta años de desolación (Ezequiel 11:17-20).

Eze. 17:1-24. ¿Quiénes son las dos águilas grandes, en qué sentido se arrancan los vástagos de un cedro, y quién es la ‘ramita tierna’ trasplantada por Jehová? Las dos águilas representan a los reyes de Babilonia y Egipto. La primera viene sobre la copa de un cedro, que simboliza al soberano del linaje real de David. Esta águila arranca la cima de los vástagos —las ramas nuevas— al sustituir al rey Joaquín de Judá por Sedequías. Pese al juramento de fidelidad a Babilonia, Sedequías procura el auxilio de la otra águila, el faraón de Egipto, pero es inútil: será llevado cautivo y morirá en Babilonia. Jehová también arranca ‘una ramita tierna’, a saber, el Rey Mesiánico. Esta es trasplantada “sobre una montaña alta y encumbrada” —el monte Sión celestial—, donde “llegará a ser un cedro majestuoso”, fuente de verdaderas bendiciones para la Tierra (Revelación [Apocalipsis] 14:1).

Eze. 21:3. ¿Qué es la “espada” que Jehová desenvaina? La “espada” que Jehová usa para llevar a cabo su sentencia contra Jerusalén y Judá es Nabucodonosor, el rey de Babilonia, junto con su ejército. También podría incluir a la parte celestial de la organización de Dios formada por poderosos seres espirituales.

Eze. 24:6-14. ¿Qué representa la herrumbre de la olla? La Jerusalén sitiada se compara a una olla de boca ancha. Su herrumbre simboliza la corrupción moral de la ciudad: la inmundicia, la conducta relajada y el derramamiento de sangre de los que es responsable. Es tal su inmundicia que ni aun dejándola vacía sobre las brasas para que se caliente al rojo vivo es posible desprender su herrumbre.

Eze. 29:8-12. ¿Cuándo estuvo desolada por cuarenta años la tierra de Egipto? Los sobrevivientes que quedaron en Judá tras la destrucción de Jerusalén en el año 607 desoyeron la advertencia del profeta Jeremías y huyeron a Egipto (Jeremías 24:1, 8-10; 42:7-22). Pero no lograron ponerse a salvo, pues Nabucodonosor atacó la tierra de Egipto y la conquistó. Es probable que los cuarenta años de desolación empezaran después de esa conquista. Aunque en la historia no encontramos pruebas de esta devastación, podemos estar seguros de que sí ocurrió, pues Jehová siempre se encarga de que sus profecías se cumplan (Isaías 55:11).

Eze. 29:18. ¿Cómo fue que “toda cabeza [...] quedó calva, y todo hombro [...] quedó pelado por frotación”? El asedio de la ciudad costera de Tiro fue tan intenso y extenuante que los soldados de Nabucodonosor quedaron calvos por el roce de los cascos. También se les pelaron los hombros debido a la fricción de los materiales que cargaban para la construcción de torres y fortificaciones (Ezequiel 26:7-12).

Eze. 40:3–47:12. ¿Qué representa el templo de la visión? El colosal templo que Ezequiel observó nunca fue construido. Más bien, sirvió para representar el templo espiritual de Dios, es decir, las disposiciones que él ha establecido en nuestros días para que lo adoremos (Ezequiel 40:2; Miqueas 4:1; Hebreos 8:2; 9:23, 24). Aunque la visión del templo se cumple durante “los últimos días” —cuando se refina a la clase sacerdotal—, su cumplimiento final ocurrirá en el Paraíso (2 Timoteo 3:1; Ezequiel 44:10-16; Malaquías 3:1-3). En el tiempo de Ezequiel, esta visión sirvió para asegurar a los judíos exiliados que la adoración verdadera se restauraría y que cada familia judía recibiría su propia herencia en la tierra.

Eze. 40:3–43:17. ¿Por qué es significativo que se midiera el templo? Porque constituyó una garantía de que el propósito de Jehová de restablecer la adoración pura se cumpliría sin falta.

Eze. 43:2-4, 7, 9. ¿Qué eran “los cadáveres de sus reyes” que debían sacarse del templo? Según parece, dichos cadáveres eran ídolos. Tanto la clase gobernante de Jerusalén como el pueblo habían contaminado el templo de Dios con sus ídolos. Para todos los efectos, estos habían llegado a ser sus reyes.

Eze. 43:13-20. ¿Qué representó el altar que Ezequiel contempló en la visión? Representó el propósito de Dios de rescatar a la humanidad mediante el sacrificio de Jesucristo. Gracias a dicho sacrificio es posible que los ungidos sean declarados justos y que la “gran muchedumbre” tenga una condición limpia ante Dios (Revelación 7:9-14; Romanos 5:1, 2). Esto explicaría por qué en la visión de Ezequiel no aparece “el mar fundido” del templo de Salomón, aquel gran recipiente que los sacerdotes usaban para lavarse (1 Reyes 7:23-26).

Eze. 44:10-16. ¿A quién prefiguró la clase sacerdotal? Prefiguró al grupo de cristianos ungidos de nuestros días, al cual Jehová ‘refinó y limpió’ cuando vino a su templo en 1918 (Malaquías 3:1-5). A los que estaban limpios o se habían arrepentido se les permitió seguir sirviendo a Dios. Pero tendrían que esforzarse por “mantenerse sin mancha del mundo” y así dar el ejemplo a la “gran muchedumbre”, representada por las tribus no sacerdotales (Santiago 1:27; Revelación 7:9, 10).

Eze. 45:1; 47:13–48:29. ¿Qué representan “la tierra” y su repartición? “La tierra” representa el ámbito de acción del pueblo de Dios. Sin importar el país en el que viva, cada siervo de Jehová de nuestros días tiene un lugar en esa “tierra” restaurada, siempre y cuando mantenga pura su adoración. La repartición de “la tierra” tendrá su cumplimiento final cuando llegue el nuevo mundo; allí todos los fieles heredarán un lugar en el cual vivir (Isaías 65:17, 21).

Eze. 45:7, 16. ¿Qué prefigura la contribución del pueblo para el sacerdocio y el principal? En el templo espiritual de nuestros días, la contribución es principalmente de carácter espiritual e implica estar prestos a ayudar y ser cooperadores.

Eze. 47:1-5. ¿Qué simbolizan las aguas del río que Ezequiel contempla en visión? Simbolizan los medios que Jehová ha dispuesto para que obtengamos vida. Estas aguas incluyen el sacrificio redentor de Jesucristo y el conocimiento de Dios que se halla en la Biblia (Jeremías 2:13; Juan 4:7-26; Efesios 5:25-27). En nuestros días, el caudal del río ha ido aumentando gradualmente a fin de satisfacer las necesidades de la gran cantidad de personas que están abrazando la adoración verdadera (Isaías 60:22). Y en el Milenio, las aguas de vida de este río fluirán con todo su poder e incluirán los “rollos” que serán abiertos para aumentar nuestra comprensión espiritual (Revelación 20:12; 22:1, 2).

Eze. 47:12. ¿Qué representan los árboles frutales? Estos árboles simbólicos representan las dádivas espirituales de Dios que permitirán a la humanidad recuperarse y alcanzar la perfección.

Eze. 48:15-19, 30-35, nota. ¿Qué prefigura la ciudad de la visión? El hecho de que “Jehová-Samah” se sitúe en suelo “profano” nos hace pensar en algo terrenal. Según parece, la ciudad prefigura una administración terrestre que beneficiará a los miembros de la justa “nueva tierra” (2 Pedro 3:13). Las puertas ubicadas en cada uno de sus lados ilustran lo accesible que es. Los superintendentes del pueblo de Dios deben ser tan accesibles como esta ciudad.