MEDIDAS DE PREVENCIÓN

Desde hace siglos se practica la protección de los animales. Los cotos privados de caza fueron en realidad uno de los métodos primitivos de conservación. Los terratenientes nobles se dedicaron a proteger y alimentar ciertos animales para asegurarse de un buen abastecimiento de éstos con fines deportivos. Varias de estas especies, sobre todo de la familia de los ciervos, deben actualmente su existencia a la protección de los mismos hombres que los cazaban.

A partir del siglo XVII, se dictaron leyes locales para proteger las especies autóctonas que estaban en proceso de desaparecer. Las primeras leyes protectoras en el Nuevo Mundo fueron probablemente las dictadas por el gobierno de Bermudas en 1621 para proteger a un ave llamada "cahow" (Pteradroma cahow). Aparentemente a pesar de esa legislación, el ave se había extinguido. Sin embargo, en 1950 se descubrieron unos pocos especimenes vivos. En 1964 se prohibió en Massachusetts la caza del porque había sido diezmado.

En la actualidad, el Servicio de Supervivencia de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales es la principal agencia que alerta acerca de las especies en peligro. En su cede de Morges, Suiza, recibe informes naturalistas de todo el mundo acerca de la situación de determinados animales. Cuando llega al organismo un informe sobre una amenaza a una determinada especie, el Servicio de Supervivencia se pone en contacto con otros hombres de ciencia conocedores de estos animales o de la zona relacionada, para informarse sobre la condición anterior y actual de esa especie.

Si la información recibida indicara que existe una verdadera amenaza para ella, se imprime una página destinada al Libro rojo de datos. Aunque no disponga de suficiente información que le asegure que una especie está seriamente amenazada, la UICN puede incluirla en esta publicación.

La UICN y otros organismos, como el Fondo Mundial para la Vida Silvestre (World Wildlife Fund), tratan de que se estudien las especies en detalle para determinar cuántos animales quedan, cuáles son los principales peligros que amenazan su existencia y qué medidas pueden tomarse para preservarlas. Individuos y organizaciones de distintos países tratan de dictar leyes de protección de las especies. Todas estas actividades tienden a alertar sobre los peligros que éstas corren, promoviendo un mayor apoyo público para su conservación.

Aunque se dictan leyes sobre protección de las especies, queda pendiente el problema de hacerlas cumplir. Muchas especies en peligro habitan en zonas remontas, a menudo de densa vegetación donde es difícil encontrar a alguien que mata ilegalmente a los animales. En el caso de algunas de esas leyes, no se ha impuesto su aplicación. Y sin ésta no puede obtenerse una protección verdadera.

A mediados de la década de 1960 el interés respecto a las especies en peligro aumentó en forma notable, pues la situación de muchas se volvió rápidamente crítica. El Servicio de Seres Silvestres del Departamento del Interior de Estados Unidos publicó un libro titulado Seres Silvestres de los Estados Unidos raros y en peligro.

En 1966, el gobierno norteamericano dictó una ley titulada Acta de Preservación de las Especies en Peligro. De acuerdo con ella, las que figuran en la lista en esta situación no pueden ser introducidas en Estados Unidos; y las que no figuran en la lista, pero que están legalmente protegidas en otros países, tienen también prohibida la entrada.

Uno de los problemas de la protección es que una especie puede ser relativamente abundante en un lugar dado, pero muy escasa en otro. Puede estar protegida en el país donde es rara y no en el otro. Se da muerte a muchos animales en forma ilegal en el país donde están protegidos, y sus pieles son introducidas de contrabando en el país donde la matanza es legal. En muchos casos es sumamente difícil, por no decir imposible, descubrir la procedencia del animal con sólo revisar su piel.

Muchas pieles que entraron en los Estados Unidos fueron registradas como procedentes de lugares donde la especie abunda y no está protegida. Por ejemplo, los caimanes estaban protegidos en los Estados Unidos, pero muchos fueron muertos por cazadores furtivos y sus pieles llevadas de contrabando a Europa, desde donde se las exportó de vuelta a los Estados Unidos como si fueran de cocodrilo. Lo mismo sucedió con las pieles de leopardo, que fueron identificadas como procedentes de Somalia, donde la matanza era legal, cuando en realidad procedían de Kenia, donde es un delito.

En 1970, el estado de Nueva York dictó una ley sobre especies en peligro conocida como el Acta Mason, que proscribió el comercio de pieles de saurios de todo tipo, sean especies en peligro o no. también se prohibió el comercio de pieles de leopardos, guepardos, osos polares, lobos rojos, vicuñas, tigres, leopardos de la nieve y varias otras especies, prescindiendo de su procedencia.

Como Nueva York es el centro de la industria peletera y de la moda, el Acata Mason demostró ser uno de los actos legislativos más importantes en lo atinente a la protección de las especies en peligro.

En 1973, el Acta Norteamericana sobre Especies en peligro fue ampliada para incluir insectos. Y en 1975 cuarenta y una especies de mariposas fueron incluidas en la lista norteamericana de especies amenazadas y en peligro.

Sólo el tiempo permitirá apreciar el éxito de estos distintos tipos de protección. Algunas especies, como el Cóndor de California, la grulla blanca o el colimbo multicolor picudo de Guatemala, quizá no sobrevivan a pesar de estar perfectamente protegidas. Su escaso número tal vez no les permita multiplicarse adecuadamente. Especies como la foca de Alaska, la nutria de mar y la ballena gris de California tiempo atrás estaban próximas a extinguirse. Sin embargo, gracias a la cuantiosa protección fueron alcanzando niveles de relativa seguridad.

El futuro de muchas especies depende de la elección que haga ahora el hombre. La caza para fines comerciales y para conseguir trofeos fue detenida con facilidad mediante legislación y vigilancia efectivas. El envenenamiento del ambiente y la destrucción de los hábitats son más difícilmente controlables. La humanidad es capaz de muchas cosas, pero no de infundir vida a especies desaparecidas. Las que se extinguen mueren para siempre.

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