Personajes:
Cazador
Lobo Ensangrentado
Niña
Mamá
Abuela
Lobos que duermen
Lobos que juegan
Lobos que fornican
(En el escenario se encuentra la pieza de la niña. Sobre ella otro lugar que puede ser un bosque, el techo de la pieza, o ningún lugar específico, todas estos espacios mezclados.
La luz se alterna entre ambas zonas o bien, se iluminan simultáneamente.)
(Bosque. Varios lobos están jugando. Se muerden, corren, se rasguñan, como juegan los animales. Luego de un rato quedan cansados. Una vez que duermen entra el Cazador y sin que lo noten asesina un lobo de un puro golpe. Sale con el cuerpo. Se ilumina simultáneamente otra escena: la Madre pariendo a la Niña. Los lobos despiertan y encuentran la sangre. Aúllan. Un lobo se acerca al charco y se revuelca en la posa. )
Lobo ensangrentado (A la Niña): Sangre dulce…es el olor fresco de la sangre joven, mi lengua saliva un gusto distinto ante tu sudor de miedo, tu propio instinto llamando al dolor… quedará entre mis dientes tu carne virgen desgarrada y nada podrá borrar este apetito, este placer… la muerte esta aquí, ustedes la trajeron, ahora yo la traigo puesta para llevarla a toda tu gente.
(La pieza de la niña, está la madre con su hija en brazos y la abuela.)
Mamá: (A la abuela.) Mamá, tengo miedo por la niña. El cazador dice que anda un lobo cerca, que no es un lobo cualquiera porque le dijo que andaba buscando una niña, recién nacida, que quería comérsela porque era importante para él, ¡y que la amaba! porque eso es parte del amor para aquel lobo… ¡todo eso le decía el lobo al Cazador! No es un lobo cualquiera, te lo digo. Dice que vive en medio de lo más frondoso del bosque, con sus hermanos con los que comparte su comida, o sea que serían – yo pienso – una manda de animales feroces – pienso yo – terriblemente feroces, bestias sangrientas – pienso, pienso, pienso – que no dudarían en mascar el corazón de mi pequeña…
Abuela: Mijita… aunque el lobo quiera acercarse el Cazador anda siempre cerca. Permanece tranquila y contenta, sabiendo que mientras estemos acá no podrá entrar, mientras el cazador continúe vigilando, mientras nosotros estemos vivas…
Mamá: Pero y cuando nosotras estemos muertas, qué hará la niña cuando estemos muertas, correrá todo lo que pueda, se hará caca, vomitará, y terminará siendo el alimento de un animal.
Abuela: Si el lobo dijo que la ama tal vez ese final no sea tan triste para tu hija
Mamá: kkkk… kkk…
Abuela: Si, es su deseo, y los animales, no tienen miedo, nunca paran realmente. Ya serán muchos algún día, tantos que no podremos pararlos y nos dirán que tú, que tu hija, que todos nosotros también somos animales, pero ellos serán más y no nos preguntarán nada…
(La manada de los lobos. Entre ellos forman grupos, unos duermen, otros juegan, o fornican y también se encuentra el Lobo Ensangrentado.)
Lobo que duerme: Despierto con la sensación de que mi sueño es algo, que los que conozco ahí realmente existen de alguna forma en mi vida, porque lo compruebo también, cuando siento eso en alguna de mis mañanas, guardo la sensación hasta que exista la improbable situación, que siempre existe. Y ahí esta ella de esos rasgos y soltura que soñé, tan cerca como la soñé y su olor es el mismo con sus carnes y huesos. Lo sé por la forma en que mi piel se eriza cuando aparece, y un solo centímetro de su piel es un portal a los desconocido, a donde están mis sueños, donde existen ciudades que no existen en otra parte con su propia gente que los habita y lugares que podrían estar o que podría o conocer o que podría soñar pero quizás no estén ahí aún… Me despierto y guardo el recuerdo de mi noche como un tesoro que podría valer algo algún día, y cuando llega el día…
Lobo que juega: Suele ser la última oportunidad de realizar lo que nunca tuviste que hacer, pero nunca queda un gusto de hacer algo realmente… no tengo que parar de jugar, no quiero parar, quizás un día quiera parar, y cuando viejo desee no haberme detenido nunca, y en ese preciso momento volveré (Hace un salto, en su juego.) Afilar las garras, por puro gusto, porque siempre llega el día en el que deben usarse sin remedio, aunque este nunca llegue…
Lobo que fornica: Cuando todo baja y me da vueltas, y mi cuerpo se hincha de placer crepitante, un gusto ladrón me arrebata el cuerpo y todo mi aire se contorsiona buscando una salida, mis patas quedan inertes al bombeo de un sexo en erupción, ahí viene bajando, va a llegar, al fin ocurre es imparable, sin control, sin opción, y mi cuerpo se rinde en el instante…
Lobo ensangrentado (Lobo que come): Ya es hora… No puedo seguir resistiendo esta fuerza que me cierra la garganta, que me conmueve desde la raíz y esta esperando salir. El instinto me dirige, es la misma vida que está esperando por salir, mi sangre que busca alimento, renovarse como una luna. Todo mi cuerpo es un latido y ya no hay partes, sino un deseo de que traspases mi piel y mis huesos y que no haya más que este deseo desconocido, y que tu y yo continuemos en el flujo de una sangre futura, una misma sangre, siempre es la misma. El amor…
(La pieza, oscura. Afuera se escuchan muchos lobos aullando, disparos, y toda clase de gritos de hombres y mujeres. La niña abraza el cuerpo muerto de la madre, al que le falta una pierna.)
Niña: Mamá, está rasguñando las paredes… los lobos ya llegaron, mamá… van a comernos. Tú decías que en la casa era seguro, que afuera andaba el lobo y por eso no podíamos salir, y yo no salí. Pero era una mentira, era una mentira tuya, tú me mentiste, mamá… Son demasiados…
(Entra el cazador.)
Cazador: Niña, deja de hablarle a tu madre… está muerta… Ya llegaron los lobos… ¡Suéltale el pelo! Si la dejamos en la entrada nos servirá para demorarlos.
Niña: Tío, yo soñé todo esto hace algunos días, no sentí que lo soñé, lo soñé de verdad. También soñé que decías que mi mamá estaba muerta… pero no está muerta, tío… se quedó dormida mientras le contaba un cuento, el cuento de cuando los lobos iban a comernos… (Llora desesperadamente aferrándose al pelo de la madre.)
Cazador: ¡Tienes que callarte! (El cazador sujeta el cuerpo de la madre y la arrastra hacia la puerta. La niña se resiste sin parar de llorar, ni de levantarse de la cama. El cazador finalmente le arrebata el cuerpo, abre rápidamente la puerta, deja el cuerpo afuera y cierra. Por sonidos se sabe que los lobos se comen el cuerpo de la madre, luego rasguñan ferozmente la puerta, casi la van a echar abajo. Mientras tanto el Cazador se carga de cuanta arma tiene, quedando tan pesado que grita de dolor y empieza a sangrar por todos sus orificios, sobre todo por la boca. La niña mientras tanto arma un ritual con sus juguetes, algo que ha hecho siempre, como una secuencia aprendida y sagrada que realiza todas las noches antes de dormir. Finalmente los lobos derriban la puerta. La mayoría atacan al Cazador, descuartizándolo a mordiscos. El lobo ensangrentado mira fijo a la niña, da un salto y se la engulle, de una sola vez. Oscuridad por un segundo y aparece la niña bajo una pequeña luz, que borra todo espacio que pudiese haber definido una escenografía.)
Niña: Lobito, mi madre me dijo que me escapara de ti… ella creía que podías comerme, en verdad a las dos nos comieron, también al cazador, como a toda la ciudad. Caliente. Otra vez dentro, como antes de nacer pero esto es después, después de la muerte. Lobito, por dentro no eres feo ni malo, nunca lo has sido quizás, podría ser un buen final, ser tu comida, ser carne de lobo, vivir aquí unos días y en tu sangre para siempre. Algo parecido a un sueño, un espacio oscuro y desconocido donde entiendo al final que fue haber estado viva y como son las vueltas… como en un sueño, en el que puedo dar la vida.
Rodrigo Ríos Gutiérrez