Cristo, ungido y preparado por mi Dios. Enviado, por enviarnos tú mismo te enviaste, A este mundo vil y pecador. Cuantas veces quisiste restaurarnos A la belleza de tu misma creación, Y dándote la espalda caminamos Errantes, perdidos, y sin salvación. Profetas y maestros anunciaban, Tu Santo Espíritu se lo reveló. Benditos hombres, fieles te esperaban, Como la dulce Ana, y el sabio Simeón. Si bella fue la profecía dada, Más bello fue el hecho de tu amor. Como un pesebre por cuna te aguardaba, Bendita cuna... Bendita humillación. Y mas bendita fue la obra tuya, Sanando, dando vida, dando amor. Pues por darnos, te distes a Ti mismo, Cual grata ofrenda por el pecador. Y allí en la cruz, podemos contemplarte, Clavado y coronado de dolor, Pues son espinas las preciosas perlas Que, en tu cabeza, el hombre colocó. Señor, la obra que tu hiciste no fue en vano; El plan bendito, el Plan de Salvación, Llevó su fruto y seguirá llevando A muchas almas a la Redención. ¿Cómo podré, Señor, agradecerte, Tanta bondad, tanto cariño, tanto Amor? Quisiera darte lo que más te agrada Toma mi vida y úsala Señor. Juan Antonio Pérez Martínez

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