Naruru tiene 14 años, va a Tercero de Secundaria en la Secundaria de Sinjuku, la zona en la que ella vive. Es rubia y tiene los ojos marrones y anaranjados. También tiene el pelo corto porque le resulta más cómodo de peinar y demás. Pero había una cosa que Naruru tenía ahora en mente, su 15º cumpleaños. Por fin tendría quince años como el resto de sus compañeros, ya que ella es la más pequeña de la clase.
Ya el día del cumpleaños...
-¡Feliz cumpleaños, Naruru!- gritaron todos los invitados a la vez. -Gracias a todos. Es un placer teneros aquí, en mi fiesta.- -Ya tienes quince, ¿eh Naru (así le llaman cariñosamente)?- le dijo Rika, una amiga suya.
-Sí, por fin. Ya tenía ganas.- le dijo Naru. -¡Ya eres nada más que un año menor que Yamato!- dijo Makoto, otra amiga.
-¡Cállate!- Naruru le tiró un cojín sonrojada. Luego se rieron.
-¿Por qué no le has invitado?- le preguntó Miki, su hermanita pequeña.
-Porque... No es muy amigo mío...- le respondió Naruru sentándola en sus rodillas.
-Ya le gustaría a ella...- dijo Makoto.
-¡Ay! Me ponéis de los nervios...- se quejó Naruru.
Luego todos sus familiares y amigos le dieron sus regalos. Mucha ropa, bañadores, peluches... Pero el regalo más significativo aún quedaba por llegar... Luego sus amigos se fueron, y sólo se quedó Naruru, sus padres y su hermana.
-Naruru, la abuela me ha dicho que siente no haber venido a tu fiesta, pero que ya mismo estará aquí.- le dijo su madre.
-¿A qué hora más o menos?-
-Pues se supone que...- De repente llamaron a la puerta.
-Ya.- confirmó su padre.
Miki fue corriendo a abrir la puerta y se encontró con su querida abuela, una mujer que no tenía canas aún, si no el pelo normal. Y siempre iba vestida con típicos atuendos japoneses.
-¡Hola abuela!- la saludó Miki.
-¡Miki! ¡Qué grande estás, cielo!- le dijo cogiéndola.
Naruru fue a recibir a su abuela y la abrazó al verla.
-¡Qué alegría verte, abuela!- dijo Naruru emocionada. -
Cómo se notan ya esos quince años, casi estás más grande que yo...-
-Pasa mamá, he preparado un té.- le dijo la madre de Naruru. Se sentaron todos y Naru le habló de la fiesta y de los regalos. Entonces su abuela se acordó del suyo. Fue a la entrada y trajo un gran paquete que había dejado allí.
-Ábrelo, a ver si te gusta.- Naru lo abrió con ganas y cuando consiguió desenvolverlo, vio que era un espejo de cuerpo entero.
-¡Vaya Naru, qué bonito!- le dijo a su padre.
-Sí. Es un espejo muy bonito. ¡Gracias abuela!- dijo Naru abrazándola.
-Me alegro de que te guste.- la abuela miró a la ventana, estaba anocheciendo, y luego miró de nuevo a Naru.
-Llévatelo a tu cuarto ya, aquí se puede estropear.- dijo la abuela.
Naru la obedeció y lo colocó en su habitación. Luego Naru comenzó a mirarse en él, se comenzó a probar la ropa que le habían regalado y a ver como le quedaba en su espejo. Hasta que hubo un momento en el que Naruru se asustó. No tenía reflejo en el espejo, como los vampiros. Se frotó los ojos y volvió a mirarse, al fin estaba su reflejo en el espejo, pero se dio cuenta de que la ropa que tenía puesta no era la misma en el espejo. Era un vestido rosa, bastante corto, con unos zapatos de tacón blancos, unas tobilleras doradas al igual que unas pulseras. Y llevaban desde atrás del vestido un fular naranja que se terminaba en las manos. Ella estaba asustada, no sabía si era producto de su imaginación o la pura realidad.
De repente, una luz salió desde el espejo y Naruru se acercó. Tocó el cristal del espejo y vio que su mano lo traspasaba. Luego decidió ver si su cuerpo también podía traspasarlo. Y de repente apareció en una calle solitaria. Naruru se miró la ropa y vio que tenía puesta la del espejo. Miró hacia atrás y vio que había una ventana de una gran fábrica abandonada en la que se veía su habitación tal y como fuese un espejo.
-¡¿Dónde estoy?! ¡¿Cómo he llegado hasta aquí?!- Naruru si que estaba asustada ahora, e intentó volver a su cuarto, pero no podía traspasar de nuevo el espejo.- ¡Mamá, papá, abuela, Miki. Venid a ayudarme!- gritaba Naruru. Una mujer que pasaba la vio y se apartó de ella. Naruru se acercó a preguntarle.
-¿Podría decirme dónde estoy? ¿Qué sitio es éste?- -Esto es Parallel Sinjuku, pequeña. Pero no son horas de que estés por aquí.- después la mujer siguió su camino.
-¿Parallel Sinjuku? ¡Esto no es Sinjuku!- dijo Naruru sentándose en la acera.
A lo lejos se oían unas bocinas parecidas a las de los policías y mucho alboroto. Naru se acercó al jaleo a ver que pasaba. La gente corría y Naru miraba a todos lados, de repente un chico se tropezó con ella y los dos cayeron al suelo.
-¡Perdona, chica! Es mejor que corras o te atacarán.- le dijo el chico. Tenía los ojos azules, y era una mirada penetrante. Ayudó a Naru a levantarse y luego siguió corriendo.
Ya apenas pasaba gente, y el suelo comenzó a temblar al son de unos pasos gigantescos.
-¡¿Qué es eso?!- exclamó Naruru. Un robot gigante se acercaba, y dos chicas se tropezaron y cayeron al suelo. El robot vio a las dos chicas y las iba a pisar.
-¡¡Cuidado!!- exclamó Naruru lanzándose a las chicas y empujándolas a la otra acera. -¡Ahhh!- gritaron las tres. Naruru se levantó a duras penas y vio como el robot la había visto.
Las dos chicas se escondieron detrás suya. El robot volvió a levantar su pierna e iba a pisar a Naruru. Ella asustada alzó las manos para protegerse y éstas comenzaron a brillar. El robot no pudo pisarlas.
Naruru se quedó mirando sus manos y luego la luz tomó la forma de un pequeño espejo de mano (como el de Guerrero Neptuno). Se quedó mirándolo. Y el robot volvió por tercera vez a intentar pisarlas. Pero una voz interior le dijo algo a Naruru.
-Usa el espejo contra el robot y grita "Desaparición Dimensional".- Naruru miró a todos lados a ver quién era, y al no ver a nadie se extrañó. El robot comenzó a bajar su pierna, pero Naruru gritó:
-¡Desaparición Dimensional!- Una luz comenzó a salir del espejo y fue envolviendo al robot hasta que lo hizo por completo. Entonces se empezó a hacer más pequeño hasta que se metió en el espejo sin dejar rastro.
Naruru tenía el corazón a mil por hora. Estaba muy asustada. Miró en el espejo y no vio más que su reflejo, y de repente, el reflejo de una pequeña parte de las caras de las otras dos chicas. Naru las miró y ella se sobresaltaron levemente.
-¿Quiénes sois?- le preguntó Naruru.
-Me llamo Suzu.- dijo una con el pelo negro.
-Yo soy Yume.- dijo la otra de pelo blanco.- ¿Y tú?-
-Mi nombre es Naruru.- dijo ella con voz tímida.
-¿Sabes que eres nuestra heroína?- le dijo Suzu (tenía los ojos con estrellas estilo Anime).
-¡Gracias a ti sigo viva!- le dijo Yume (también con la misma expresión).
-¿Cómo decías que te llamabas?- le volvió a preguntar Suzu.
-Na... Naruru.- repitió. Suzu y Yume se miraron, se dieron la vuelta y comenzaron a cuchichear.
-Qué nombre más hortera...- dijo Yume.
-Sí...- dijo Suzu pensativa.- Ya que ella nos ha salvado la vida, salvémosle nosotras el nombre...-
-Es una gran idea... Pero, ¿cuál es propicio para ella?- Naruru las miraba extrañada, no tenía ni idea de qué hablaban.
-¡Ya sé!- exclamó Yume.- Para que ni tú, ni yo, ni ella nos hagamos un lío de nombres, ella se rellamará Ruruna.-
-¿Ruruna?- Suzu se paró a pensar.- ¡¡Es súper!!- Las dos se dieron la vuelta y fueron a hablar de nuevo con Naru.
-Mira "Narururú", como nos has caído bien, vamos a devolverte el favor de salvarnos la vida cambiándote ese nombre tan... feo... por otro mucho más guay.- dijo Suzu.
-¡¿Qué?! ¡Mi nombre es Naruru! No " Narururú" ni cualquier otro.- dijo Naruru enfadada.
-¡Por favor! ¡Sólo lo hacemos por tu vida social en ésta ciudad!- le pidió Yume de rodillas.
Naru la miró y luego le preguntó:
-¿Y... cuál es ese nombre?-
-¡Ruruna!-
-¡¿No es genial?! ¡Es lo más!- dijo Suzu orgullosa del nombre.
-Lo más ridículo, ¿no creéis?-
-¿No te gusta?- dijo Yume arrodillándose de nuevo llorando al estilo Anime.
-Lo habíamos pensado con todo el cariño para ti... sniff...- dijo Suzu poniéndose de rodillas con la misma expresión. Naruru las miró con compasión. Se paró a pensar y dio un suspiro.
-Está bien... Para vosotras seré Ruruna...- accedió finalmente.
-¡¡Bien!!- exclamaron las otras dos saltando a la vez. -¡Cómo en los viejos tiempos! ¡Conseguíamos todo lo que queríamos!- gritó Yume.
A Ruruna se le calló la típica "gotita".
-Por cierto... ¿Me podéis decir dónde estoy?- les preguntó Ruruna.
-Estás en Parallel Sinjuku.- -¡¿Qué ciudad es ésta?!- preguntó Ruruna desesperada.
-Estás en Tokio Paralelo.- dijo Suzu.
-¿Tokio Paralelo? ¡Eso no existe, existe Tokio a secas!- les gritó.
-¿Eh?- Suzu y Yume se miraron y se dieron cuenta de algo.
-¡Vienes del mundo real!- exclamaron a la vez.
-¿Es que esto no lo es?- preguntó Ruruna extrañada.
-¡Qué va! ¡Bienvenida al Mundo Paralelo! Este es un mundo paralelo al real, aquí es todo igual pero diferente a la vez de tu mundo.- dijo Suzu.
-¡No entiendo nada!-
-Pues éste mundo es igual físicamente al tuyo. Pero aquí las cosas son diferentes.-
-Por ejemplo, el robot al que venciste con tu espejo era de la Brigada Anti-Paralela. Unas banda de malhechores que quieren encontrar el sitio del espejo mágico para ir al Mundo Real.- le explicó Suzu.
-¿Y ahora cómo vuelvo a mi casa?- les preguntó Ruruna. -Pues esperándote a que aquí se haga de día, para que allí también y la puerta del espejo se abra de nuevo por última vez en el día.-
-Está bien, esperaré y me iré...- -¡Y mientras visita nocturna a la ciudad!- Suzu y Yume le enseñaron Tokio Paralelo a Naruru, que en el Mundo Paralelo se llama Ruruna.
¿Conseguirá volver Ruruna a su Mundo? Esto y más en el próximo capítulo.