RECUERDO PERDIDO
"El_Angel_Gris[MR]"
"El amor que no le dije me
est� entristeciendo ahora
No sali� de mis labios y pas� por su lado como una suave sombra!
No lo supo mirar, no lo supo sentir, y mi boca tampoco se lo pudo decir...
Se perdi� como un canto que se muere en los labios, se muri� como un buque que se pierde
en el mar.
Pas� como una sombra... No lo supo sentir... no lo supo sentir... no lo supo
mirar...!"
"La copla del amor
perdido" - Pablo Neruda
Noche gris plagada de bruma, noche gris plagada de miedo,
noche gris.
Hace ya un rato que tengo noches grises, hace rato que no veo las estrellas, hace rato que
se fue, desde hace un buen tiempo que me quiero ir con ella.
�C�mo juntar coraje para cruzar esa barrera que nos separa? Esa barrera a la que muchos
se empecinan en llamar: Muerte. Sin embargo te encuentro en mis sue�os, veo tu cara en la
cara de todas las mujeres, siento tu cuerpo cada vez que me quedo dormido y me dejo ahogar
en el mar de tus cabellos... un mar on�rico, pero mar al fin. No quiero despertar solo
nunca m�s, quiero sentir tus brazos abraz�ndome nuevamente �Por qu� te fuiste? �por
qu� me dejaste? �por qu�?
En cada canci�n, en cada poema, en los gritos del viento, en el susurro del r�o oigo tu
voz.
Estas tan lejos, estas tan cerca.
Esta es la ambig�edad que quiebra mi realidad... ��� NUNCA MAS !!!
�Por qu� el tormento de no verte, sentirte u o�rte nuevamente? �por qu� yo? �es esta
la vida que escog� vivir?
Me hundo en una vieja botella de licor barato, en el humo de un cigarrillo, en el sordo
ruido de la calle, en el oscuro rinc�n de un bar. Me hundo, nuevamente, en mis
pensamientos tan solo para volver a encontrarte, ah�, donde estuviste siempre.
El licor empieza a abrumarme, el humo empieza a ahogarme, yo no soporto este maldito ruido
citadino, ni la oscuridad. El mozo no me presta atenci�n, esta muy entretenido
conversando con una se�orita en la barra, lo llamo por en�sima vez y refunfu�ando viene
a atenderme, quiz� con la leve esperanza de recibir un propina, propina que jamas
recibir�, por lo menos no de mi, por lo menos no hoy. Sin cruzar palabras le pago a
desgano por ese licor viejo y barato. Se quedo poco menos de medio segundo esperando,
despu�s de ese (cuasi) eterno medio segundo se dio media vuelta y se fue. En su corto
camino hasta el mostrador y entredientes se iba acordando de toda la rama femenina de mi
familia, pobre ni�o. No le di mayor importancia, tenia cosas mucho m�s importantes en
las que pensar. Al salir pase por delante de una mesa en la que se encontraba un se�or de
edad avanzada, no le di m�s de 70 a�os. Al pasar a su lado percib� el aroma al mismo
licor viejo y barato del cual fui v�ctima minutos antes. Solo que este se�or se habr�
dejado v�ctimar durante mucho m�s tiempo que yo. Antes de salir me dijo:
- che pendejo... - lo mire - ... no sabes la noche que te espera...
Habladur�as de borracho, pense y sal� sin siquiera contestarle.
Buenos Aires es una ciudad intranquila, impaciente. Es una ciudad gris. De noche uno puede
encontrar una fauna muy particular. Est�n los (pseudo) vendedores de artesan�as, con sus
mantitas negras estrat�gicamente colocadas en la calle para interrumpirle el paso a
cualquiera. Est�n los ni�os, esos que dejaron su libertad y sus sue�os en manos de vaya
uno a saber que tipo de padres, que venden flores para "su novia, se�ora, amante,
concubina o lo que sea". Est�n los espect�culos callejeros, esos que parecen
escapados de un circo de mala muerte, con sus comediantes, payasos, tragasables,
entrenadores de reptiles (ya domesticados imagino), mimos, estatuas vivientes (hacia los
cuales profeso una bronca muy expl�cita) y los gritones de puteadas del interior con un
acto de humor provinciano que resalta lo m�s bajo de los capitalinos. �Qu� gracia que
le ve toda esa congregaci�n de gente a dos pibes (por su acento del interior del pa�s)
que se pasan la noche entre gritos y puteadas?
Los dejo atr�s para caminar por la apacible Florida, apacible de noche porque de d�a es
un mar de gente imposible de flanquear. Antes de prender el ultimo cigarrillo paso por un
kiosco con un cartel que dice: "24 hour OPEN" (�no seria m�s f�cil escribir:
ABIERTO LAS 24 HORAS?). Esta especie de Fort Knox, por su excesivo (�?) enrejado, casi no
me deja ver la cara de la persona que atiende, tampoco me interesa mucho.
- Parisienne Box - pido escuetamente.
- No tengo - me contesta una voz cansada desde adentro
- �Com�n? - insisto
- Tampoco - me replica
- �Qu� tenes? -pregunto ya un tanto exasperado... y remarcando la "s".
- Camel, Marlboro, Chester...
- Dame Chester largos. - le digo interrumpiendo su interesantisima lista.
- No me quedan.
- Buenas noches.... - me despido, remarcando nuevamente la "s".
Definitivamente el borracho aquel tenia raz�n: No sabia la noche que me esperaba.
Resignado segu� caminando la noche. Hasta que di con un kiosco, ya no tipo fortaleza, que
supo satisfacer mis necesidades viciosas. Me promet� volver a ese lugar, pero nunca lo
hice.
A diferencia del resto del centro, la calle Florida por la noche es mucho m�s tranquila.
Poca gente, en su mayor�a parejitas, alguno que otro laburante y los infaltables, como en
toda la ciudad, pobres sin hogar. Me siento en un banquito y me pongo a observar una
parejita. Ella sentada en un cantero, �l de pie a su lado, ella esquiv�ndole la mirada,
�l deseando encontrar su ojos. Sin previo aviso ella lo abraza, sin previo aviso �l la
besa. Ella comienza a llorar, �l (me pude dar cuenta f�cilmente) no sabia que hacer.
Despu�s de un rato cesa el llanto y �l la vuelve abrazar. El amor verdadero (si es que
tal cosa sigue existiendo) tiene la particularidad de no tener verg�enza alguna. Despu�s
de mucho tiempo de estar en silencio, ambos empezaron a cantar una canci�n. La reconoc�
f�cilmente ya que era nuestra canci�n. Nuevamente su recuerdo me envolvi�, nuevamente
la tristeza se acerco a mi y como una eterna compa�era de viajes se sent� a mi lado.
Habr� estado perdido en mis pensamientos y en mis recuerdos un buen rato ya que cuando
volv� a la realidad la parejita se hab�a marchado.
Casi me sent� triste por no verlos ah� cuando despert�. As� que prend� un cigarrillo
y retome mi camino hacia ning�n lado. "El que no sabe cual es su destino final
siempre encuentra el camino" dec�a mi viejo.
Otra de las tantas cosas que me atraen de Buenos Aires por la noche son sus plazas.
Especie de bosques tenebrosos cercados por calles se erigen en el medio de un tumulto de
edificios malformados. En este caso fue la Plaza San Mart�n mi bosque tenebroso. Pero no
sent�a miedo, �por qu� deber�a de sentirlo?. En un banco de esa Plaza me los volv� a
encontrar. Esta vez, y con la misma falta de verg�enza se demostraban su amor sin miedos.
Como un testigo ciego yo era parte de esa escena. Escena que se vio interrumpida por la
aparici�n de un carrito de golf con aires de patrullero del Primer Mundo de donde sali�
una persona con aires de polic�a del Tercer Mundo. Luego de una breve charla con este
personaje inesperado mi parejita abandono el lugar. Nuevamente me quede solo.
La identidad nacional. Frente al lujoso hotel de Retiro, como dir�an en los noticieros, o
del "Yeraton", como dir�an las viejas del barrio de mi infancia, se levanta la
Torre de los ingleses. Esta construcci�n esta ubicada casi en el centro de la Plaza
Fuerza A�rea Argentina. �Es acaso un mal chiste de la historia que dicha torre se
levante en una plaza con ese nombre y justo enfrente del Monumento a los ca�dos en
Malvinas? Tengo tiempo para estos divagues, pero no tengo ganas de contestar mis
preguntas.
En la terminal de �mnibus de Retiro me detengo en busca de una cara conocida. Veo entre
los puestos callejeros, veo hacia el fondo de la estaci�n por los pasillos. Nadie, ni un
alma que conozca o me reconozca. Mejor as�, mi animo no esta para conversaciones sin
sentido.
El primer tramo de la avenida que costea el r�o es poco desalentador, muchos containers
alojados uno encima del otro, muchos camiones con aspecto de abandono, muy pocas luces y
demasiada bruma mental.
Ya superado el tramo de las d�rsenas el paisaje se va aclarando un poco, no as� la noche
que sigue tan gris como al principio. Entre la oscuridad de la noche, la oscuridad del
r�o y el ruido de los de los aviones se crea un conjunto un tanto Dantesco, por as�
decirlo. Por un lado la tranquilidad de la noche y el r�o. Por el otro la impaciencia de
la noche y el aeroparque. Es la misma noche para ambos lados, pero es tan distinta una de
otra.
Harto ya de tanto ruido me dispongo a encontrar un poco de tranquilidad en lo profundo de
la noche y el r�o. De la manera m�s rebuscada y resguardando mi secreto me interno en lo
que es el muelle del Club de pescadores. Ya en el final me quedo observando el r�o. Me
quedo observando la oscuridad, tratando de definir donde termina la noche y empieza el
r�o, y viceversa. Tanto mirar, tanto mirar y no logre nada.
Lo �nico que logre es ponerme a llorar. Recordaba el perfume que utilizaba por las
noches, el mismo que le hab�a regalado en nuestro primer aniversario, recordaba el
perfume natural de su cuerpo cuando despertaba por las ma�anas, recordaba como el perfume
de sus cabellos me hacia hundir en el m�s profundo de los sue�os. Record� sus ojos, su
boca, sus manos, sus piernas, su piel, pero no lograba recordar su mirada. Me esforc� en
hacerlo y no lo lograba. Me sum� en la desesperaci�n al darme cuenta que ya no tendr�a
su mirada. El cielo empezaba a despejarse y la noche, gracias a la luna dejaba de ser
gris. Las estrellas. La luna. El r�o. Todos fueron uno. Fue en esa conjunci�n que su
mirada me ilumino, no se desde donde... solo supe que ella me observaba.
Con ella sol�amos venir siempre por ac�. Amaba escuchar el r�o, sol�a decir que entre
ella y el r�o no hab�a secretos. Es por eso que desde que se fue vengo al r�o muy
seguido, quiz� en uno de esos murmullos ribere�os me divulgue el "POR QUE" de
su partida.
Esta noche no fue una noche de confesiones, por lo menos no de parte del r�o y de mi
parte creo que tampoco.
Ya no se que hacer con este sentimiento de soledad... Muchas veces pense que la mejor
salida era reunirme con ella, donde quiera que este, pero estar con ella.
La noche entera la pase en ese lugar. No me di cuenta que amaneci� hasta que el sol me
pego de lleno en la cara. Toda la noche pensando, recordando e intentando escuchar que el
r�o me develara alg�n secreto. Me doy cuenta que tengo que empezarle a confiarle alguno
de mis secretos.
Estoy muy cansado como para volver caminando, voy hasta la avenida y paro un taxi. El taxi
por dentro tenia una atm�sfera diferente. Entre la espesa nube de humo de cigarrillo se
pod�a distinguir a un hombre.
- �Hasta donde vas pibe? - me pregunta el hombre notablemente cansado y con ojeras del
tama�o un bolso.
- Sarmiento y Riobamba - le contesto en medio de un bostezo y el intento de prender un
cigarrillo como para contribuir con la nube gris de humo de faso.
- Listo - declara el hombre dejando salir una bocanada de humo.
El viaje fue m�s corto de lo que yo esperaba, a esas horas de la ma�ana no suele haber
mucho transito y los sem�foros en rojo son una utop�a (en especial para este hombre). La
ciudad se esta despertando de a poco. Mi mundo marcha al rev�s que la ciudad, soy un
hombre de la noche. Me gusta la noche. Soy parte de la noche.
Al llegar a mi departamento no prendo ninguna luz y voy a directo a mi habitaci�n. Me
desplomo sobre mi cama. El cansancio me termino ganando. El sue�o es su mejor aliado. Lo
ultimo que recuerdo es haberme dormido con m�sica de jazz, Miles Davis para ser exactos.
Me despert� con el sol que se colaba por un rinc�n de mi ventana. Lo primero que hago,
ya por costumbre, es prenderme un cigarrillo. Voy hasta el ba�o, me pego una ducha y me
quedo una hora debajo del agua, quieto, con la mente en blanco. Al salir busco en la
cocina alg�n resto de caf� instant�neo y no lo encuentro por ninguna parte.
Salgo de mi casa sin apuro. �Por qu� tendr�a que estarlo? Es s�bado, son las cuatro y
media de la tarde y no me espera nadie en ning�n lugar.
Por la Av. Corrientes me instalo en cada una de las librer�as con pinta de tugurio
tanguero. Son los mejores lugares para encontrar libros que quedan perdidos en el tiempo.
Entro, revuelvo los estantes y salgo. Lo hago una y otra vez. Muy rara vez compro alg�n
libro. Antes lo hacia m�s seguido, lo hacia con ella. Lo hacia para ella.
Llego al bar de siempre, ese bar de esquina, ese bar c�ntrico, ese bar de ciudad. Entro y
me siento en la mesa de siempre, pido el mismo licor viejo y barato de siempre, al mismo
mozo de siempre, ese que ayer se acord� de toda la rama femenina de mi �rbol
geneal�gico.
En la misma mesa de ayer estaba el viejo. Esta vez parec�a estar un poco m�s sobrio que
ayer. En otra de las mesas hab�a una chica escribiendo en un cuadernito, por un segundo
nuestras miradas se cruzaron. Me llamo la atenci�n su mirada triste pero con un aire de
alivio. Era bastante m�s joven que yo, tendr�a unos 20 a�os. Cuando se estaba yendo se
dio vuelta para volver a mirarme. �Por qu� lo habr� hecho? �Qu� le habr� llamado la
atenci�n de mi como para dedicarme esa ultima mirada?
No le di mayor importancia al asunto y me hund� nuevamente en mi licor viejo y barato, en
las paginas de deportes de un enorme e inmanejable diario y en el humo de mis cigarrillos.
No se bien por que pero me dieron ganas de irme de ese lugar, as� que llame al mozo, le
ped� la cuenta y al pagarle nuevamente se quedo esperando propina, no tardo mucho esta
vez, pero simplemente no quise d�rsela.
Al irme pase al lado del viejo quien me dice:
- Che, vo', pendejo... no sabes la noche que te espera - nuevamente percib� el aroma a
licor barato en sus palabras.
- No le entiendo - le dije - ayer me dijo lo mismo y no me paso nada extra�o.
- �Estas seguro pendejo? El d�a puede ser muy cruel... pero la noche es la mejor de
todas las novias, en especial para gente como vos que sabe lo que esta buscando pero no lo
quiere encontrar por miedo a perder algo mas valioso
- �De que me esta hablando? �Y usted que puede saber que es lo que estoy o no estoy
buscando? - le pregunte un poco intranquilo.
- Porque yo no sabia lo que buscaba, hasta que lo encontr� y cuando lo hice me arrepent�
de haberlo encontrado porque no sabia lo que hab�a perdido.
Volv� a pensar que solo se trataban de habladur�as de borracho, m�s que nada por lo
rebuscado de sus palabras, y me fui.
Esa tarde el sol castigaba muy fuerte, sus rayos eran como flechas que iban a clavarse en
el coraz�n del herido, las llagas de la ciudad se agrandaban. Por suerte el sol se estaba
ocultando detr�s de los edificios para luego morir en el horizonte, horizonte que nunca
veremos.
Nuevamente Lavalle. En s�bado toma una vida muy especial. Ruidos electr�nicos, gritos de
chicos, gritos de padres, silencios de pobres, cines repletos, tramos de calles desiertas,
predicadores (que anta�o sol�an ser predicadores callejeros de un Dios desvanecido por
la falta de fe... pero que ahora reverencian a un nuevo Dios: el dinero) instalados en
templos (que anta�o sol�an ser cines).
Me aleje de las avenidas y las calles transitadas, no se por que tengo esa man�a de andar
por calles semi desiertas. El microcentro en s�bado da un aspecto casi l�gubre. No hay
nadie. Los bancos est�n cerrados, los kioscos, los bares, los hombres de traje y corbata,
las motos, los taxis, todo. Todo esta muerto. Caminando sin pensar en nada, como es
costumbre en mi, llego a mi un quejido, un llanto s�rdido. A medida que caminaba el
llanto se volv�a m�s... �r�tmico?. La fuente de ese llanto era una mujer, estaba
sentada en lo m�s oscuro de un umbral, donde no llegaba ni el m�s m�nimo resquicio de
luz, pero tenia un brillo aquella mujer del cual no soy apto para describir con palabras.
Tenia puesto un vestido blanco, casi transparente, que dejaba intuir una figura perfecta.
Puedo soportar cualquier cosa, o casi cualquier cosa, pero no puedo soportar ver a una
mujer llorar. Me causa una impotencia insoportable. Cuando me intente acercar a ella se
alejo aun m�s, su rostro no era de miedo, era de p�nico. �P�nico hacia mi?.
- No tengas miedo - le dije, pero no hubo respuesta.
Me quede sentado a una distancia prudencial de ella. Saque el atado de cigarrillos y
extend� mi mano ofreci�ndole. Se arrinconaba aun m�s. Me prend� mi cigarrillo. No
termine de darle la primer pitada cuando sent� que una r�faga de viento me lo arrancaba
de mis labios, cuando voltee a mirarla... lo estaba fumando ella. �C�mo hizo para
sac�rmelo de la boca? No lo se. As� que me prend� otro. Nos quedamos en silencio, tan
solo fumando, era tal el silencio que ni su respiraci�n sent�a. Me gusta el silencio.
Disfrute de ese silencio.
La noche gano terreno al d�a. La oscuridad le ganaba la batalla a la luz. Y ella le gano
la lucha al silencio.
- Gracias por el cigarrillo - me dijo.
Sorprendido la mire, ese brillo indescriptible era aun m�s fuerte. Sus ojos se iluminaron
y hasta sus cabellos parec�an brillar.
- De nada - conteste - �Quiere otro?
Es una buena costumbre que tome de mi padre, nunca tratar de vos a una mujer, por lo menos
no hacerlo hasta lograr un confianza o hasta que lo pida. Ante todo el respeto.
- Si, por favor. Pero no me trate de usted, mi nombre es Kathrina, Kathrina Tepes.
Cuando dijo su nombre note un acento medio h�ngaro... o mejor rumano. Y su apellido me
resulto familiar. Tepes, se pronunciaba "Tefs".
- Ac� tiene... digo toma ac� tenes Kathrina - le dije un tanto nervioso ofreci�ndole un
cigarrillo - �Te puedo hacer una pregunta?
- Si, por supuesto.
- De Argentina no sos.. �de donde sos?
- Soy de Rumania, llegue hace poco al pa�s. Vine a visitara unos... - dudo un instante y
completo - familiares.
- �Por qu� llorabas? - le pregunte.
Su respuesta me hizo sentir m�s est�pido de lo que pensaba que era.
- Porque estoy perdida en un pa�s que no conozco. - dijo.
- Si claro... disculpa - no sabia que decirle, su respuesta fue m�s que humillante para
mi ego. - Para no conocer el pa�s hablas bastante bien el castellano.
No dijo nada, solo se levanto, me tomo de la mano y empezamos a caminar por las oscuras y
desiertas calles del microcentro.
No creo que supiera adonde iba, pero fui con ella. Me equivoque. Caminando llegamos hasta
un edificio en Paraguay al 600. Un hombre con aires de agente de seguridad al verla llegar
le hizo una especie de reverencia (�?).
- Buenas noches Se�orita Tepes. - dijo el hombre.
Era se�orita... el coraz�n me empez� a latir muy fuerte. Era se�orita. Pero... �por
qu� esa reverencia? y �por qu� ese silencio tan prolongado?
Subimos hasta un departamento en el piso 6. Mi coraz�n no dejaba de latir fuerte.
Kathrina segu�a sin decir una palabra. Al llegar al departamento se dirigi� a una
habitaci�n. Me quede solo en el medio de una sala desnuda de muebles. Al cabo de unos
minutos decid� entrar en esa habitaci�n.
Su cuerpo desnudo yac�a en una improvisada cama, pero segu�a sin decir palabras. Me
acerque casi con precauci�n. Obviamente era una invitaci�n, pero no sabia que hacer.
Segu� avanzando y me recost� a su lado. Sin que me diera cuenta empez� a desvetirme.
Sus labios empezaron a recorrer todo mi cuerpo. No exist�an las palabras. Solo hab�a
silencio. Mis brazos cubrieron aquel cuerpo desnudo. Nuestra piel empez� una partida de
p�ker de los sentidos, la apuesta mayor fue el placer. No hab�a reinas, reyes, ni ases,
las cartas... las cartas eran nuestros cuerpos. Tan desnudos, tan vulnerables, tan...
silenciosos.
Cada lagrima, cada gota de sudor y de sangre mor�a entre las sabanas que tambi�n fueron
protagonistas de este juego... de este juego de seducci�n.
De repente sent� como su sangre limpia, tibia y joven empezaba a invadir mis venas,
llenando de vida este cuerpo vac�o.
Al finalizar de aquel juego ella paso su brazo por mi cuello y me hizo apoyar mi cabeza en
su pecho. Sus cabellos casi me envolv�an. Su perfume me adormec�a. Sent� una extra�a
sensaci�n de protecci�n. Sin palabras y en silencio ca� en el mas profundo de los
sue�os.
Al despertar la busque... pero no logre encontrarla. De hecho ni siquiera estaba yo en
aquella habitaci�n. Estaba tendido en mi cama, desnudo y a oscuras. Por un momento pense
que hab�a sido tan solo un sue�o, pero al borde de mi cama se encontraba el vestido
blanco de Kathrina. Desesperado salte de mi cama y me vest� lo mas r�pido que pude,
sal� de mi departamento y baje las escaleras de a cuatro escalones, sal� a la calle,
pare un taxi y me fui.
- Paraguay y Maipu.. ��� RAPIDO !!! - le ordene al chofer.
El hombre sali� lo mas r�pido que pudo.
- No frene en ning�n sem�foro, yo le pago las infracciones. Es una emergencia.
El chofer ya un poco asustado hizo caso a mis ordenes y paso cuanto sem�foro en rojo
encontraba en el camino.
Al llegar a destino le tire un billete de $50 y sal� corriendo hasta el edificio. Al
llegar al lugar me sorprend� como nunca en mi vida. El lugar estaba desierto,
deshabitado. Vanos fueron mis intentos de golpear la puerta... hasta el punto de querer
derribarla. Un hombre que pasaba por ah� me dijo.
- EH! �Esta loco usted? �no se da cuenta que esta abandonado este lugar?
- ��� IMPOSIBLE !!! - le grite - Ayer estuve ac�... estaba habitado... estaba ella.
- Se�or, este edificio esta abandonado hace tres a�os. - me dijo un tanto asustado.
- ������ QUE !!!??? No puede ser, no puede ser.
Me quede solo, sentado en el suelo. �C�mo pod�a estar abandonado ese lugar? Ayer a la
noche yo estuve ac�... estuve con ella...
Me quede sentado y con las manos me cubr�a la cara para no dejar ver que lloraba. Cuando
termine de llorar. Me fui del lugar.
Al entrar al bar me sent�, nuevamente, en mi mesa. No hizo falta que pidiera nada, el
mozo hab�a tra�do ya mi licor viejo y barato. Uno tras otro... una y otra vez. Me
hund�a cada vez mas en los vapores del licor y de la duda.
En el punto mas alto de mi borrachera se acerco el viejo.
- No le dije... ya sabia... usted iba a encontrar eso que andaba buscando y no quer�a
encontrar.
- �Qu�? �de que esta hablando? �qui�n es usted? - le dije muy borracho.
- Pendejo... sabes muy bien quien soy yo.
- �qu�?
- Al encontrarlo perdiste algo mucho mas importante para vos.
- �Qu� encontr�? �qu� perd�? ��� No me joda !!! - le grite.
- Encontraste a Kathrina... perdiste tus recuerdos.
Dicho esto ultimo se levanto de la mesa y se fue del bar. Me levante como pude y lo
corr�, lo vi doblar la esquina pero cuando llegue no hab�a nadie...
Ahora estoy en el bar, de nuevo en la misma mesa, esta vez sin licores viejos y baratos
sino con un caf� bien cargado. Estoy ac�, intentando descubrir lo que me quiso decir
aquel hombre. �De que recuerdos me hablaba? �C�mo y de donde conoc�a a Kathrina?
�D�nde estaba Kathrina? Esta noche se cumple un a�os de aquel �nico encuentro. Durante
todo este tiempo la estuve buscando sin lograr encontrarla en ning�n lado.
Sin embargo la encuentro en mis sue�os, veo su cara en la cara de todas las mujeres,
siento su cuerpo cada vez que me quedo dormido y me dejo ahogar en el mar de sus
cabellos... un mar on�rico, pero mar al fin. No quiero despertar solo nunca m�s, quiero
sentir sus brazos abraz�ndome nuevamente �Por qu� te fuiste? �por qu� me dejaste?
�por qu�?
Volver
a la p�gina principal
|